jueves, 10 de enero de 2013

María Callas: el mito y su eterno retorno

CALLAS, María: Arias líricas y de coloratura. Arias de VERDI. Callas en París. Debut en París en 1958.
Varios directores y orquestas.
EMI, 5677330
3 CDs, 1 DVD
EMI-Hispavox
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Cinco años después de la última gran edición en EMI, nos reencontramos con la diva por excelencia en su eterno retorno. Veamos qué nos toca comentar: el recital de coloratura y verismo del 54 con Serafin, el disco Verdi con Rescigno y la Philarmonia del 58, el DVD de su tardío debut parisino en ese mismo año y el primer volumen de arias francesas con Prêtre del 62. Todo ello presentado de manera soberbia, incluyendo abundante material fotográfico para solaz de sus viudos. A quien sea callasiano viejo pero no tenga los últimos reprocesados (1997) ni el DVD seguramente le compensará la inversión, ya que el precio es atractivo. Claro que a quienes realmente les ha de interesar es a los que no tengan aún todo este material, dado que el conjunto cubre un amplio espectro del arte de la soprano griega y abundan los momentos capaces de estremecer incluso a quienes no sean (no somos) sus incondicionales.

Callas pack EMI 3 CDs 1 DVD

Cambios de color, agudos gritados, estrangulamientos y otros problemas vocales, tópicos inevitables a la hora de hablar de la Callas, justifican que a veces se le puedan poner serios reparos. Eso sí, siempre y cuando seamos conscientes de que lo que fallaba era el instrumento, de timbre ingrato y deteriorado prematuramente, no la técnica. ¿Cómo podría sin ella abordar con éxito papeles vocalmente tan diferenciados entre sí? ¿Cómo si no construir musicalmente todos esos roles, independientemente de la actuación escénica? Claro que esto nos lleva a la pregunta tantas veces formulada: si una intensidad dramática sin parangón debe hacernos perdonar importantes baches en la línea vocal, al menos en el bel canto. A partir de aquí se podría discutir si habido quienes han recogido su legado para entregárnoslo en condiciones más “perfectas”, a la manera en que algunas batutas han “depurado” el arte -filosóficamente inalcanzable, formalmente en ocasiones discutible- de un Furtwängler. Pero volvamos a los discos.

El recital del 54 es revelador: en las arias veristas, incandescentes pero sin excesos, nos encontramos a la Callas genial, de una sinceridad expresiva apabullante, mientras que en las de coloratura tenemos a la cantante harto discutible pero personal, con muchas cosas que decir. El de Verdi no resulta menos imprescindible. Sus Elvira (Ernani) y Elisabetta seducen por ser más activas y apasionadas que frágiles, pero se encuentra más en su salsa encarnando a Abigaille y Lady Macbeth. Como dice un amigo, bordaba los papeles “de bruja”: con ella la perfidia es más atractiva que nunca. Por otra parte, la manera de sacar partido de sus insuficiencias (por ejemplo, las de su zona grave) nos habla de una artista sabia e inteligente, no sólo intuitiva.


Portentoso el DVD. El segundo acto de Tosca, como es bien sabido una de sus especialidades, resulta preferible a la filmación posterior del Covent Garden (entre otras cosas, porque Gobbi está aquí menos tosco y vulgar).Y ya se sabe que viendo a la Callas en acción se comprende mucho mejor su magnetismo personal. Pero son igualmente reveladoras las páginas de Bellini, Verdi y Rossini. Escúchese su acongojante Casta Diva: antes que atender a la hermosura del sonido nos anticipa la tragedia de Norma, demostrando hasta qué punto fue una revolucionaria al poner la técnica al servicio exclusivo de la construcción dramática del personaje, en un contexto histórico-artístico en el se admiraba ante todo la belleza o el poderío del instrumento.

En el disco de páginas francesas es donde se encuentra relativamente menos afortunada, tanto por el deterioro instrumental -y encima, enfrentándose a papeles de mezzo-, como por su a veces discutible estilo y heterodoxa línea de canto. Su Gluck y su Gounod dejan que desear, mientras que en Bizet y Saint-Säens, siendo personalísima y sugerente, se pueden echar de menos morbidez y sensualidad. Claro que también nos encontramos con joyas como un “Pleurez mes yeux” de una intensidad inigualable.

En fin, testimonio de una artista descomunal cuyo legado, de extraordinaria magnitud, aún está por asumir hasta las últimas consecuencias. Basta para percatarse de ello con reparar en este país nuestro en el que músicos, público y crítica centran su atención en si el tenor de turno emite o no el Do de la pira. De ahí que sea necesario seguir recalando en María Callas. Por mucho tiempo.

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Este artículo fue publicado en el nº 810, julio-agosto de 2008, de la revista Ritmo.

PS. El pack comentado se encuentra hoy fuera de catalogo, pero todo este material se puede encontrar fácilmente en multitud de ediciones.

2 comentarios:

Juan Angel Saiz dijo...

He recibido una caja de Maria CAllas con 30 CDs. Se llama La Divina y recoge bastantes trabajos suyos.

Dulce Gomez dijo...

Muy interesante texto, a mí ella me parece toda una leyenda, tuvo una vida muy interesante como su relación con Onasis, he visto algunas películas como Callas Forever y creo que sufrió mucho y eso le ayudó a ser tan grande.