sábado, 8 de diciembre de 2012

Barenboim interpreta Beethoven, Boulez y Bruckner en Salzburgo

El concierto inaugural del Festival de Salzburgo de 2010, celebrado el 26 de julio del referido año y protagonizado por Daniel Barenboim y -cómo no- la Filarmónica de Viena, lo vi en directo por la tele en su momento. Luego compré el Blu-ray editado por CMajor, pero hasta ahora no me había atrevido a comentar las interpretaciones porque no tenía las ideas muy claras. Ángel Carrascosa sí que escribió algo en su blog. Pues bien, he vuelto a la grabación realizado las comparativas pertinentes y me encuentro por fin en condiciones de decir algo, al final resulta que parecido a lo que en su momento opinó Ángel, aunque no he vuelto a leer su texto hasta no poner yo por escrito mis ideas en mi cuaderno de notas particular. Vamos a ordenarlas.

Barenboim Salzburgo 2010 Boulez Beethoven Bruckner

La velada se abrió con el Cuarto concierto para piano de Beethoven. He comparado esta interpretación con la que hasta ahora más me gustaba de Barenboim, la de 1985 para EMI con la Filarmónica de Berlín. Pues bien, esa sigue siendo mi favorita. La Staatskapelle de Berlín de 2007 (DVD en Euroarts y CD en Decca) no la he vuelto repasar, pero la tengo reciente: el primer movimiento anda un poco desconcentrado.

Esta de 2010, en la que por cierto la orquesta no me convence tanto con las dos berlinesas, es en cualquier caso de muy alto nivel, uniendo la enorme concentración del primer movimiento de la citada en primer lugar con la vitalidad más dramática y salvaje que jubilosa en el tercero; el Andante con moto -brevísimo y genial creación beethoveniana- lo aborda, como siempre, con un regusto particularmente amargo, aunque menos que en las citadas ocasiones. Hay también aquí una dosis mayor (quiero decir ¡aun superior!) de vuelo lírico, de ternura y de carácter contemplativo, como ocurre en su integral de sinfonías con la WEDO en comparación con la registrada en su momento con la Staatskapelle para Teldec. Y también hay una enorme creatividad en el fraseo, aunque no sea siempre para convencer más que antes: la cadenza del primer movimiento me parece más rara de la cuenta.

En cuanto al hecho de que, con claridad, Barenboim está aquí peor de dedos, creo que no tiene la menor importancia cuando se frasea con semejante naturalidad, con un sonido tan hermoso y tan puramente beethoveniano, con tanta capacidad para el matiz, para diferenciar una nota de otra, para resultar poderoso o tierno según las circunstancias, para matizar hasta el infinito… Valorar a un solista en función de la cantidad de notas falsas que ofrezca me parece un gravísimo error, y por ende me parece vergonzoso que todavía haya críticos que sigan semejante línea más bien propia del peor de los Beckmessers.


Boulez abriendo la segunda parte. Esta es la cuarta grabación de las Notations orquestales a cargo de Barenboim. Primero salió una en el sello Erato con la Orquesta de París, que pueden ustedes escuchar justo aquí encima. Luego circuló una filmación televisiva -no editada comercialmente- con la Orquesta de la Radio Bávara, muy significativa porque en los ensayos se vería, descaradamente, al compositor francés trabajándole, subido al podio, la polifonía de la partitura al argentino. Más tarde vino el DVD filmado en Colonia con la Sinfónica de Chicago. Finalmente llega esta recreación salzburguesa, que es la única que incorpora a las cuatro notations ya existentes la orquestación de la nº 7 encargada precisamente por Barenboim y la orquesta  norteamericana, que por cierto la habían grabado de manera independiente en un disco que traía El mar y La consagración de la Primavera. La fascinante obra gana bastante con esta nueva incorporación, por cierto.

¿La interpretación? Pues en la misma línea que su filmación con Chicago diez años anterior, esto es, con menor tensión interna pero mayor sentido del misterio y podríamos decir que del “lirismo misterioso” que las que conozco del propio Boulez; en 1997 le escuché la obra en los Proms, por cierto, y fue una inolvidable experiencia. Pero volviendo a Barenboim, lo cierto es que ahora repite y mejora su aportación añadiendo una dosis mayor de refinamiento en las texturas, del sentido del color, de detallismo y hasta de imaginación, siempre con una apreciable flexibilidad y capacidad para ofrecer sugerencias sin atentar contra el espíritu de la partitura. La orquesta, sin ser la mejor posible para esta música, ofrece su singular belleza tímbrica. Y un dato importantísimo: la toma sonora es ahora mejor, más espaciosa y definida.

Te Deum de Bruckner pata terminar. He escuchado seguidas las tres grabaciones del maestro. La de la New Philharmonia de 1969 para EMi sigue siendo tremebunda, una impresionante recreación que renuncia por completo a lo épico y lo espectacular para volcarse en una tensa rebeldía en los momentos más extrovertidos (visceral a más no poder el “Aeterna fac”) y en un apreciable vuelo lírico en los introvertidos, siendo Barenboim capaz incluso de descender al detalle refinado; todo ello haciendo uso de una enorme claridad a la que no es ajeno el virtuosismo de la orquesta y coros a su disposición (¡impresionantes, los mejores de las tres grabaciones!) y de un portentoso sentido de las texturas, consiguiendo además a la perfección la sonoridad organística. La sinceridad impera en todo momento y la tensión es permanente hasta el punto de que parece en más de un momento a punto de desbordarse, pero sin resultar excesivo, cuadriculado ni machacón. El cuarteto, encabezado por un notable Robert Tear y completado por unos solventes Anne Pashley, Birgit Finnilä y Don Garrard, cumple con solidez


La de 1982 con la Sinfónica de Chicago para DG se encuentra en la misma línea visionaria y por completo ajena a la retórica de su registro doce años anterior, pero quizá ahora algo menos visceral y abrumadora, un punto menos inspirada también en lirismo y sensualidad, si bien aún más depurada y desde luego más ortodoxa. La grabación es obviamente mejor, y además se beneficia de un cuarteto solista netamente superior al de antes integrado por Jessye Norman, Yvonne Minton, David Rendall y Samuel Ramey. Pueden escucharla en su integridad en el vídeo de arriba.


Esta de Salzburgo sigue siendo una magnífica lectura en la que Barenboim continúa con su aproximación escarpada e incendescente de sus dos grabaciones anteriores (no tanto como la de Londres de 1969, inigualada en este sentido), por momentos más desafiante hacia la divinidad que religiosa, pero añadiendo ahora una dosis mayor de misterio y sentido místico, como quizá también de sensualidad. Es decir, en la línea de las últimas recreaciones brucknerianas del maestro. Lástima que el Coro de la Ópera de Viena, espléndido, no esté a la impresionante altura del de la New Philharmonia. El cuarteto se ve desequilibrado por su parte más importante, la del tenor, debido a la voz blancuzca y expresividad poco viril de Klaus Florian Vogt. Espléndidos, en cualquier caso, Roschmann, Garança y Pape. La grabación es impresionante en DTS-HD Master Audio, como lo es también la imagen. O sea, un Blu-ray de los que hay que tener.

1 comentario:

José María Souza Costa dijo...

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