viernes, 26 de octubre de 2012

Sexta y Novena de Shostakovich por Bernstein (¡y Klemperer!)

Suele ser un placer reencontrarse con viejos conocidos. En esta ocasión le ha tocado el turno a las sinfonías Novena y Sexta de Shostakovich grabadas por Leonard Bernstein al frente de la Wiener Philharmoniker en la Musikverein de Viena en octubre de 1985 y octubre de 1986 respectivamente. Primero tuve estas interpretaciones en vinilo: fue el primer disco Shostakovich que compré, y con él comencé a amar estas obras. Luego las escuché en compacto, y finalmente me hice con el DVD editado por Deutsche Grammophon en 2006 con magnífico sonido y calidad de imagen espléndida para la fecha (más sabrosísimos comentarios del propio intérprete). He vuelto a él y de nuevo he quedado rendido al talento del norteamericano, pero con el tiempo me han surgido algunos reparos, y no precisamente por falta de sintonía de Bernstein con el universo del autor de La nariz, sino porque en sus últimos años Lenny realizó algunas interpretaciones que, siendo geniales, se sitúan en el borde de lo permisible. Estas son unas de ellas, precisamente.

Bernstein Shostakovich 6 9 DG

A nadie le puede pasar inadvertido lo que Bernstein hace con el Largo que abre la Sexta Sinfonía: 22’29’’ frente a los 17’44 de un Haitink, los 15’20’’ de un Jansons, los 18’31’’ de un Rostropovich o los 17’09’’ de Rozhdestvensky en la más dilatada de sus grabaciones, por ejemplo. Todo un récord por parte del norteamericano. La gracia es que lo alcanza sin la más mínima caída de tensión interna pese a que muchos pasajes en pianísimo resultan casi inaudibles: los veintidós minutos los pasamos en angustia extrema, pendientes de un hilo. Ni que decir tiene que el sentido del misterio, de lo ominoso y de lo pesimista que alberga los pentagramas está magníficamente comprendido por el maestro sin caer en la tentación de tchaikovskizarlo, como le ocurre a su amigo Rostropovich en su por lo demás sensacional recreación.

Lo más discutible es el segundo movimiento, un Allegro abordado con excesiva lentitud que en lugar de sonar como suele, es decir, virulento, impetuoso y corrosivo, posee aquí una sensualidad inquietante muy atractiva; a mi entender haría falta una dosis mayor de tensión interna y de garra dramática, pero no voy a negar que la opción del maestro tiene su interés, que la claridad es pasmosa y que los colores que extrae de las maderas (¡increíble la orquesta!) arrojan nuevas luces sobre esta página. El tercero, como debe ser, logra aunar ligereza rossiniana con mala uva, aunque sobre esta última otros directores han dicho cosas más interesantes. El citado Rostropovich sería a mi juicio la referencia, seguido de -por orden cronológico- Kondrashin, Previn, Rozhdestvensky y Sanderling. La que nos ocupa se sitúa junto a todas estas, pero no sería la opción más redonda pese a ese movimiento inicial rematadamente genial.


La Novena también recibe una interpretación singular. Haciendo uso de unos tempi amplios, de nuevo lentísimos en determinados momentos, que le permiten desgranar admirablemente el tejido orquestal, y extrayendo de la orquesta un colorido y unas texturas que van desde lo sensual hasta lo incisivo, el norteamericano construye una versión que, sin resultar descafeinada ni desatender al humor irónico propio del autor, deja a un lado los aspectos más corrosivos, más “de denuncia política” de la página, para centrarse en el lirismo atmosférico y pesimista que anida en los dos movimientos pares, que lejos de ser interludios más o menos inquietantes alcanzan con él una insólita hondura. Los otros están muy bien, pero podemos echar de menos una dosis extra de descaro y sarcasmo. En cualquier caso es de destacar la portentosa transición del cuarto al quinto, todo un prodigio en el dominio de la agógica que nos demuestra a las claras, por si alguien no se había enterado, que Bernstein poseía una técnica absolutamente colosal.

Enorme interpretación esta Novena, pues, aunque quien quiera una visión muy distinta puede acudir a la mucho más angulosa, electrizante e incisiva de Solti con la misma orquesta cinco años posterior, además de a otras grandes recreaciones como las de Kondrashin o Celibidache. Aunque el no va más de la genialidad se la lleva aquí un tal Otto Klemperer, en una lectura francamente mal tocada pero de una mala leche expresiva descomunal. Aunque esta grabación corsaria se encuentra disponible en algún lugar de la red, también la tienen en YouTube. Escuchen y pásmense.

5 comentarios:

Bruno dijo...

¿Conoce lo que hizo Bernstein con la Patética?

Anónimo dijo...

¿Qué hizo con el vinilo? ¿Aún lo conserva?

El sonido natural de los Lps no ha sido igualado por ningún formato.

Alberto Ayas

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

¡Claro que conozco la Patética de bernstein en DG! Uno de los mejores disco de la Historia, por lo menos...

El vinilo de Shostakovich lo conservo, en efecto, pero por desgracia mi cápsula hace años que la tengo estropeada y ahora mismo no estoy precisamente para comprar una nueva, con lo que cuesta una que sea digna.

Anónimo dijo...

La versión que yo tengo de la Sexta es la de Kondrashin con la Orquesta del Concertgebouw, de 1969 . El largo le dura 12:51. Lo de Bernstein es desde luego sensacional.

Don Fernando, ¿no vendería usted ese vinilo? jejeje

Alberto Ayas

Nemo dijo...

¡Si Klemperer la hubiera grabado (esa Novena)!