viernes, 17 de agosto de 2012

Sobre las comparativas discográficas

Como últimamente he escrito unas cuantas y pronto vendrán algunas otras (Primer concierto para piano de Shostakovich, Los planetas), me gustaría puntualizar algunas cosas sobre las a veces breves, a veces muy largas discografías comparadas que aparecen en este blog. Ante todo, quiero dejar claro que no existe por mi parte pretensión alguna de sentar cátedra. No ocurre esto, desde luego, en mis artículos sobre arte medieval: el contenido de los mismos no puede dejar dudas sobre el deseo de alcanzar conclusiones válidas a partir de una metodología científica y rigurosa, independientemente de que en el futuro dichas conclusiones puedan y deban ser matizadas, reformuladas o sustancialmente revisadas por mí mismo o por otros historiadores, pues es así precisamente -y no repitiendo una y otra vez lo que dijo alguien en su momento- como funciona toda investigación que se precie de serlo.

Pero en estas discografías nada hay de ello. Para hacerlas “científicamente”, habría que tener la partitura por delante, escuchar un porcentaje muy amplio de grabaciones, repetir las audiciones una y otra vez hasta estar por completo seguro de lo que se escribe y, desde luego, leer lo que se ha escrito en la prensa nacional e internacional sobre los registros estudiados. Todo ello, claro está, presuponiendo que sobre algo tan resbaladizo como la apreciación estética de la interpretación musical pueda alcanzarse cierta “objetividad científica”, asunto que resulta más que dudoso. Por mi parte lo tengo claro: lo que aquí ofrezco no son más que las notas tomadas por este melómano al finalizar cada escucha, presentadas con un poco de orden y con algún que otro matiz para intentar esbozar algunas ideas generales sobre la historia interpretativa de la obra en cuestión. La intención no es otra que contribuir al intercambio de ideas tan necesario para el desarrollo del gusto artístico, pues al igual que yo aprendo mucho leyendo a los demás -a los que piensan más o menos como yo y a los que lo hacen de modo muy distinto-, creo que otros también se pueden beneficiar de mis propias ideas.

No sigo rumbo alguno a la hora de escoger las obras, aunque generalmente el estímulo viene de algún concierto próximo que me quiero preparar. Primero acudo al larguísimo documento de texto donde desde hace algunos años voy apuntando unas breves líneas sobre cada interpretación que escucho, para comprobar cuántas lecturas recientes tengo sobre mis espaldas. Luego rebusco en mi discoteca las que tengo olvidadas desde hace tiempo y sobre las que no anoté nada, para volver a escucharlas. Luego me pongo a rebuscar “por ahí”, ustedes ya me entienden, para ver qué otras puedo pillar: a veces no son pocas, por cierto. Obviamente cuento también con algunos amigos que me pasan, vía Pando, algunos registros que no me resulta fácil localizar. Y luego a escuchar y escuchar, siempre a oscuras y tomando notas al finalizar cada interpretación. A veces no basta con una y tengo que repetir más adelante, o al menos repasar algunos pasajes. Si puedo, escucho varias seguidas en una misma tarde, pues es la mejor manera de clarificar las ideas. Tampoco es infrecuente tener que volver a algunas de las que conocí hace tiempo para valorarlas de nuevo a la luz de la experiencia acumulada: no suelo cambiar de opinión por completo, pero siempre realizo matices más o menos importantes. Normalmente intento ponerme un límite, pero a veces sobre el cansancio se impone el “vicio” de escuchar esa interpretación que anda por ahí y que de pronto se coloca delante de las narices de uno. Termino un poco harto, pero con la sensación de que ha merecido la pena.

Puntuar del uno al diez me ha resultado siempre un tanto pueril, pero entiendo que es un sistema práctico, toda vez que en ocasiones no es fácil transmitir con palabras el grado de satisfacción que nos deja una interpretación; además, quien no tenga mucho tiempo o interés puede así conocer de un solo vistazo a qué conclusiones he llegado. Por otra parte, resulta resbaladizo establecer tales puntuaciones. Por ejemplo, ¿hasta qué punto la ejecución, que no la interpretación, ha de contar en un ranking del uno al diez? A ningún profesor se le ocurriría aprobar un examen solo por una caligrafía y una redacción excelentes, pero tampoco puede dejar de incluir tales ítems en una valoración global. Por eso mismo, la calidad técnica de una orquesta o un solista nunca podrán ser el elemento determinante, pero tampoco debemos soslayar estos aspectos: creo que todos estamos de acuerdo en que Celibidache puede hacer maravillas con la Sinfónica de la Radio de Stuttgart, pero puede ocurrir que le pongamos una puntuación similar a una interpretación algo menos acertada que la del rumano solo por el hecho de poseer una ejecución muy superior.

Ahora bien, al mismo tiempo debemos evitar dejarnos llevar por el impacto del mero virtuosismo. Me llevo muy mal con esos intérpretes a los que todos los aplauden por el mero hecho de dar las notas de manera impecable; ya pueden imaginar mi irritación ante la lista que han sacado por ahí de “los diez mejores pianistas" del siglo XX” en la que aparece algún que otro mecanógrafo y se deja fuera al que para mí es el más grande poeta del piano de toda la era discográfica, el inmenso Claudio Arrau. Es solo un ejemplo para que vean por dónde van los tiros. A quien conozca mis gustos, en cualquier caso, tampoco hará falta aclararle que no soporto esas interpretaciones gráciles, rebuscadas y no poco narcisistas con que muchos intérpretes intentan triunfar deslumbrando con detalles de “sensibilidad extrema”: la sinceridad expresiva, la comunicatividad y el buen equilibrio entre belleza sonora y hondura reflexiva –no necesariamente “filosófica” ni menos aún “romántica”- son para mí fundamentales, y por ende no me gustan las lecturas que se limitan a concebir la música como un mero conjunto de efectos más o menos seductores que han de servir para pasar el rato.

No pongo puntuaciones a la calidad de sonido porque no me siento lo preparado para distinguir matices en una escala del uno al diez. Por si a alguien le interesa, le hago saber que la mayoría de las audiciones las realizo en mi domicilio de la Sierra de Segura, en una habitación más pequeña de lo que me gustaría en la que he instalado mi equipo. Este cuenta con un receptor y un reproductor Denon, este último capaz de leer SACD y DVD-Audio, más un Blu-Ray Sony que se encuentra conectado a internet, lo que me permite ver los vídeos de Youtube y de la Digital Concert Hall en mi televisor de 35 pulgadas (Full HD, por descontado). El receptor, por su parte, centraliza un sistema de sonido 7.1 de calidad creo que muy aceptable para las circunstancias; a su vez permite aplicar a los compactos normales y corrientes un DTS que hace utilización de todos los canales de una manera natural, nada artificiosa, y por ende convincente, aunque no tanto como los DVDs que vienen ya grabados con este sistema, claro está. Las dos vías de sonido principales son mis dos antiguas cajas acústicas JBL, de las que estoy satisfecho. De hecho, cuando vengo a Jerez de vacaciones me las traigo conmigo y se las pongo a mi receptor estereofónico Yamaha, porque no tengo dinero para comprar unas nuevas de calidad convincente. Bueno, a ver si con la próxima extra… Para el 2024 o así.

8 comentarios:

bruckner13 dijo...

Hmmm, todavía espero tu análisis del ciclo vienés de las Sinfonías de Brahms por Giulini. xD

Sergio dijo...

Pues me parece estupendo.

Bruno dijo...

Lo que está claro es que el asunto es difícil y apasionante. Por eso los aficionados se interesan por distintas versiones de sus obras preferidas en su afán de exprimir cada una.
Y cada uno cotejamos nuestra opinión cuando se referencia una versión que conocemos.
Por otra parte nos orienta a la búsqueda de versiones a priori interesantes.
Modestamente le sugiero que inventaríe la serie de factores independientes a tener en cuenta a la hora de apreciar una interpretación. Sobre esa lista inicial comente los rasgos relevantes de cada disco.

Anónimo dijo...

Hola Fernando, desde el pasado día 8 de agosto, recibo tus comentarios y en lo que los voy leyendo, puedo asegurarte que mucho me agradan y sobre todo: mucho me enseñan... Las palabras con "ñ" suenan a cosa buena: enseñar, acompañar, sueño, España..!! Bien Don Fernando, te envío estas líneas para agradecerte y saber si racibes bien este mensaje mío.- Jorge Luis Argüero - 60 años - Buenos Aires -Argentina jorgearguero@yahoo.com.ar

Felirosi dijo...

Cualquier crítica o comparativa debiera aspirar en primer lugar a ser una ayuda a comprender, apreciar y amar la obra. La opinión ex-catedra tiene poco sentido en un mundo tan subjetivo como la música.

Felirosi dijo...

Bruckner13, supongo que esto lo conoces: http://estanochebarralibre.blogspot.com.es/search?q=brahms

Jasco dijo...

No puedo estar más de acuerdo con lo que comentas. El ejemplo de lo de los pianista y Arrau es clarividente. Coincido plenamente en esa apreciación.
Y me siguen pareciendo maravillosas tus entradas de audiciones comparadas. Nada sencillas de elaborar, con gran trabajo detrás, pero las considero muy valiosas, ya que aprendo bastante de ellas.
De hecho son básicamente la razón por la que visito el blog.
¡Un saludo y muchos ánimos!

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Pues muchísimas gracias, Jasco. De verdad.