miércoles, 11 de julio de 2012

Pablo Heras-Casado se trae Friburgo a Granada

He esperado unos días a ver si Radio Clásica se animaba a subir el podcast de la transmisión que debe de haber realizado en directo -allí estaban los micrófonos y el locutor- del concierto con el que el granadino Pablo Heras-Casado se traía al Festival de Música y Danza de su ciudad natal a una de las formaciones con las que más ha trabajado, la magnífica Orquesta Barroca de Friburgo. En vano: no sé si lo ofrecerán más adelante o es que Harmonia Mundi, para quien se grababa paralelamente el programa en el vecino Auditorio Manuel de Falla, ha puesto algún tipo de impedimento. La verdad es que me hubiera gustado repasar lo que allí se escuchó, porque la acústica del Palacio de Carlos V le sienta bastante mal a las cuerdas de tripa. En fin, haré memoria sobre la velada.

El programa se abría con tres fragmentos de esa obra maestra absoluta que es la música incidental escrita por Felix Mendelssohn para El sueño de una noche de verano: sin llegar a la excelsitud de Previn con la Sinfónica de Londres (registro que acaba de reeditar EMI a precio muy barato: ¡no se lo pierdan!) ni menos aún a la de Klemperer, el joven maestro andaluz ofreció una recreación de alto nivel en la que supo ofrecer la ligereza y el carácter alado que demanda esta música sin dejarse llevar por la excesiva ingravidez, la trivialidad o la sosería con que parte de la peña historicista o semi-historicista interpreta este repertorio: virtuosístico y entusiasta le sonó el Scherzo, con adecuado carácter anhelante el Intermezzo y lleno de concentrada poesía el Notturno. Los instrumentos originales resultaron estupendos con una batuta así a su frente (lo de la batuta es un decir: Heras-Casado no usó este elemento ni tuvo partitura delante).

Menos me gustó la Tercera Sinfonía de Schubert, toda vez que habiéndole escuchado una Quinta magníficamente tradicional (enlace), no esperaba encontrarme -aquí sí, por desgracia- contagio de la liviandad historicista. O no tan historicista: ¿han escuchado los horrores que ofrecía Carlos Kleiber con esta partitura? Pues eso. El granadino ofreció un magnífico movimiento conclusivo, pero en el resto de la obra no me terminó de enganchar como sí lo hace, también con instrumentos originales, Frans Brüggen en su magnífica grabación para Philips.

Así las cosas, podía temerse que Heras-Casado tropezara con la Cuarta Sinfonía, una de las páginas más difíciles de interpretar del repertorio romántico: ¿cómo hacer que obra de semejante equilibrio y belleza formal suene todo lo acongojante que debe? Pues el maestro lo consiguió de principio a fin optando por cierta densidad sonora y un importante pathos expresivo, pero sin traicionar a los parámetros propios del historicismo, y en cualquier caso bien apoyado por una orquesta que, aun con algunos tropiezos propios del directo, se comprometió plenamente con la propuesta de su director. Ni que decir tiene que si otro artista hubiera hecho esto mismo con una orquesta “moderna”, los pedantorros que desdeñan las maneras tradicionales y aplauden -con impostado entusiasmo- los instrumentos originales como única opción verdadera para este repertorio, hubieran hablado de pesadez centroeuropea, contaminación wagneriana, aburrimiento y cosas así. Menos mal que tenemos a maestros como Heras-Casado para ir acabando con estas actitudes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenos días y muchas gracias al autor del blog por sus reseñas, comentarios e información valiosa para los melómanos. He leido un reportaje sobre Heras Casado en swiss.info y me he quedado perplejo. No por lo que dice respecto de la situación de la cultura española y su catástrófica gestión por parte del actual gobierno. Cosa que comparto. Si no por la altanería y la poca humildad que reflejan sus palabras respecto de la enseñanza reglada, su propia carrera, lo poco que debe a nadie etc.... Creo que este joven director necesita un pequeño escarmiento para que se le bajen los humos. Conozco a otro director que no ha hecho otra cosa que trabajar desde que era mucho más joven que él y se muestra mucho más contenido y más agradecido en sus manifestaciones. Me refiero a Juanjo Mena. Por cierto, su Turangalila con Bergen Philharmonic ha conseguido el elogio unánime de la crítica. Un saludo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

No tengo noticias de esas declaraciones de Heras Casado. A Juanjo Mena por desgracia le he escuchado poco; ayer mismo pude pillar una retransmisión radiofónica en directo de El amor brujo y La vida breve. Me gustó, pero no en todo momento.