lunes, 21 de noviembre de 2011

Boris en Valencia: la vigencia de un libreto

Quiso la casualidad (volvía de un viaje a Barcelona: ya les hablaré del Gran Macabro) que asistiera al Boris Godunov que anda presentando el Palau de Les Arts la noche de ayer 20-N, es decir, la de las elecciones generales españolas. Viendo la entronización del protagonista, creyéndose su propio discurso lleno de hipocresía y bien respaldado por su corte de aduladores, no pude menos que pensar en el José Luis Rodríguez Zapatero de hace ocho años, el de “os prometo que no cambiaré”. Al final de la obra -se ofreció la versión original de 1869 con el añadido de la escena del bosque de Kromy- el pueblo, con la esperanza de conseguir un cambio a mejor y guiado por los charlatanes de turno -Varlaam y Misaíl-, aclamaba como nuevo zar al falso Dimitri, un personaje embustero y mediocre que ha llegado hasta ahí porque convergen en torno a él los intereses de los poderes fácticos. Y entonces pensé en Mariano Rajoy y en el baño de multitudes que previsiblemente se iba a dar -y de hecho se dio- una hora después en el balcón de la calle Génova. Y qué decirles del manipulador Shúyski, auténtico gobernante en la sombra poniendo y derribando zares en función de su conveniencia… Dejando a un lado la excelsitud de la partitura, el libreto de Boris sigue por completo vigente.

Boris Konchalovski

Pero a lo que vamos: fue una muy buena función de la obra maestra de Modest Mussorgsky. Quedó lejos del milagro conseguido por el Liceu de Barcelona en 2004 (enlace), pero el nivel medio fue alto, homogéneo y muy difícil de superar globalmente, entre otras cosas por la contrastada calidad de las fuerzas estables de Les Arts: la orquesta rindió a su nivel habitual, mientras que el coro, pese a mostrarse algo chillón durante el prólogo, realizó un trabajo digno de la mayor admiración (comparen ustedes con cualquier registro en CD o DVD y saquen sus conclusiones, por favor).

Canceló Omer Meir Wellber la función de ayer y tuvo que sustituirle a última hora su asistente Carlo Goldstein. Hubo desencuentros entre foso y escena, pero no se le debe reprochar nada: bastante mérito es ya lidiar con una partitura así sin previo aviso. Como concepto tampoco debemos decir mucho, porque no sabemos qué se debía al titular y qué a su reemplazante; puedo añadir, en todo caso, que la orquesta sonó poderosa pero excesiva, que se desplegó una buena dosis de energía y que el fraseo adoleció de exceso de nervio. Insisto de todas formas en que bajo estas circunstancias solo caben elogios hacia la batuta. La orquesta así lo supo ver agradeciendo su labor durante los aplausos.

Me gustó mucho Orlín Anastassov: aun siendo evidente que su voz -espléndida- no es la más adecuada para el rol titular y que su juventud le impide de momento llegar a la madurez de los realmente grandes, el bajo búlgaro ofreció una recreación de línea hermosísima y una enorme sinceridad expresiva. En la escena de la coronación anduvo algo cortito. En el final, espléndido.

Nivel medio notable en el resto, siendo de muy destacar la Xenia de Ilona Mataradze. Sin llegar a su enorme altura, fueron muy buenos el Pimen de Alexánder Morozov, el Grigori/falso Dimitri de Nikolai Schukoff, el Varlaam -impresionante voz- de Vladímir Matorin y el demente de Andréi Zorin. Más que digno el niño Iván Khudyakov como Fiódor y muy correcto Arnold Bezuyen como Shúyski, este último sustituyendo en las dos últimas funciones a otro tenor que estuvo horroroso según las siempre fiables crónicas de Maac y Atticus. En la que a mí me tocó, por fortuna, el recambio logró un admirable equilibrio vocal y redondeó un elenco que -insisto- no es fácil de superar.

Correcta, digna, sensata y muy honesta, dentro de una línea naturalista, la propuesta escénica del cineasta Andréi Konchalovski, aunque solo eso. Algunas buenas ideas (el maquillaje que evidenciaba las torturas infringidas a Pimen, el maltrato hacia Fiódor por parte de Shúyski y los boyardos) no terminaban de disimular lo convencional de los movimientos de masas y una concepción global que rozaba lo rancio. Me gustó el vestuario de Carla Teti, sobre todo por mantenerse alejada de la peligrosa tentación de lo hortera, decepcionándome sin embargo la iluminación realizada por Vinizio Cheli y el propio Konchalovski. Sobria a más no poder –y sorteando el ridículo que implicaría emular fastos imperiales con escaso presupuesto- la escenografía de Graziano Gregori. Por si a alguien le interesa, la producción está editada en DVD bajo la dirección de Gianandrea Nosea y con un elenco parecido. A ella corresponde el clip de Youtube que he incluido.

Muy en resumen, un optimista inicio de temporada para Les Arts. Aunque yo me quedé con las palabras del loco, a mi entender de rabiosa actualidad:

“¡Brotad, brotad, lágrimas amargas!
¡Llora, llora, alma creyente!
Pronto vendrá el enemigo
y la oscuridad caerá.
Negra oscuridad,
tinieblas insondables.
¡Ay, ay de Rusia!
¡Llora, pueblo ruso, pueblo hambriento!”

6 comentarios:

Cives dijo...

Hola, Fernando.
Sin entrar en demagogias baratas políticas, pues para mí son todos los políticos iguales (si acaso los que entran son más profesionales a la hora de gestionar la economía y no son tan veletas cambiando su política cada dos días, como el que se va, y yo diría que algo, sólo algo, menos corruptos que los que se van), sólo debo decirte, ya que mencionas el tema de Rusia, que aquí precisamente me tuve que venir yo, debido a que en Andalucía, si no tienes contactos sociales y/o dinero y no eres de reírle las gracias a nadie (y yo no lo soy, desgraciadamente), tus posibilidades de obtener ayudas para emprender proyectos por tu cuenta, o de tener un buena carrera profesional en la empresa privada o en la pública, se multiplican por -1. Y por eso gran parte de mi educación y carrera profesional la he desarrollado fuera de Andalucía e incluso de España, como actualmente.
Espero que sólo lloren los chupópteros que llevan 30 años sin oficio pero con gran beneficio en puestos políticos sin saber hacer la o con un canuto. Yo, por lo menos, lo espero, aunque no he votado a nadie en estas elecciones.
Lo bueno de tener que haber emigrado fuera porque mi Gobierno no crea lo necesario para que yo pueda trabajar dignamente dentro, es que este viernes podré ver el precioso Requiem de Mozart en la Nueva Ópera, y unos días después, el Barbero de Sevilla y una première rusa de La Cenerentola, por unos 20 euros en parterre, sin colas y con unos excelentes profesionales (muchos de ellos laureados). Como cuento en parte aquí (http://alienigena.es/2011/07/19/lugares-para-oir-musica-clasica-en-moscu-y-no-vale-citar-el-bolshoi-o-una-noche-en-la-nueva-opera/).

Ahora, el tema musical, que es lo verdaderamente importante. :-)
Quería hacerte una pregunta especial, que sólo tu erudición probablemente conozca: de la época de la Expo92, que me pilló en la mili (sí, en el último reemplazo que hubo, tras haber terminado justo la Universidad) recuerdo que con grandes esfuerzos, tras una noche en vela en la cola y un mal rato en el cuartel por llegar tarde a la mañana siguiente, vi por primera (y hasta ahora única) vez el Don Giovanni, que ya había escuchado muchas veces.
Pero sobre todo recuerdo el impacto que me causó -como pocas veces- el enorme barítono que hizo de Leporello. Luego he estado buscando a fondo su nombre por internet y no he conseguido en ningún sitio el elenco de esa noche; es más, sólo en una ocasión lo vi en una web, pero faltaba justamente el de Leporello. Si lo tuvieras, te lo agradecería enormemente, para conseguir algunas grabaciones suyas.
Por cierto, que parecida impresión me produjo recientemente el cantante ruso que protagonizó el Rigoletto de la función de la Nueva Ópera. Realmente todo el teatro quedó encantado; yo no soy un entendido, pero me dijeron que ha ganado premios, y por lo joven que es tiene aún mucho recorrido prometedor por delante.

Una última cuestión: ¿que versión de Don Giovanni me recomendarías? ¿Y del Concierto para piano de Ravel en Sol M?

Gracias de antemano.

Anónimo dijo...

Hambriento lo ha dejado el partido socialista. Andrés M.C.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Jajaja, no tengo mucha erudición musical que digamos, pero del Leporello me acuerdo perfectamente: fue Lucio Gallo quien nos causó a todos esa excelente impresión.

http://www.luciogallo.it/

Por entonces era él aún muy joven. Luego ha hecho una carrera interesante en la que se cuentan algunas grabaciones junto a nombres de relevancia, pero tengo la sensación de que no ha llegado a la altura que prometía.

¿Quién es el Rigoletto al que dices haber escuchado?

Para Don Giovanni, además de la personalísima de Klemperer (EMI), que quizá sea la más recomendable de todas, yo no me perdería la versión de Karl Böhm de 1977 en DG (no confundir con la suya anterior protagonizada por Fischer-Dieskau). Muy barata, además, y con fabuloso sonido.

http://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_noss?__mk_es_ES=%C5M%C5Z%D5%D1&url=search-alias%3Daps&field-keywords=giovanni+mozart+bohm+milnes&x=0&y=0

Para el Concierto en Sol, sin duda la de Ciccolini/Martinon (EMI, 1974), sobre todo por su segundo movimiento. También me gusta muchísimo la de Bernstein con la Filarmónica de Viena dirigiéndose a sí mismo (DG, 1971), pero resulta hoy imposible de encontrar, porque apareción solo en una edición limitada.

Espero haberte sido de ayuda. Un cordial saludo.

Cives dijo...

Gracias por las recomendaciones.
Efectivamente, si me encantó el Concierto de Sol fue por su segundo movimiento de entrada: me pareció muy Rajmáninov (que me encanta) pero pasado por un tamiz impresionista.
El Rigoletto que te digo no recuerdo cómo se llamaba. Recopilé algunos videos que encontré en webs rusas, aunque sólo cantando arias y no le hacían justicia, pero parece que está caído hoy el servidor. Si en unos días funciona, te pongo el enlace de nuevo...
http://alienigena.es/2011/07/19/lugares-para-oir-musica-clasica-en-moscu-y-no-vale-citar-el-bolshoi-o-una-noche-en-la-nueva-opera/

maac dijo...

No sabes la suerte que tuviste con el cambio de Shuyski.

Cives dijo...

Para Andrés M.C.:
Efectivamente, los socialistas me han dejado MUY hambriento de JUSTICIA...