viernes, 2 de septiembre de 2011

Octava de Mahler por Nagano: fallan los cantantes

MAHLER: Sinfonía nº 8.
S. Greenberg, L. Dawson, S. Mathews, S. Koch, E. Manistina, R. Gambill, D. Roth, J-H. Rootering. Rundfunkchor Berlin. MDR Rundfunkchor Leipzig. Windsbacher Knabenchor. Deutsche Symphonie-Orchester Berlin. Dir: Kent Nagano.
Harmonia Mundi, HMG 501858.59
2 CDs. 88’15’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
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Aunque tiene varios discos dedicados al autor de La canción de la Tierra, esta Octava Sinfonía registrada en la Philharmonie berlinesa entre abril y mayo de 2004 es lo primero que escucho de Kent Nagano dirigiendo a Mahler. Y me ha gustado bastante, al menos en lo que a la batuta se refiere. El director californiano parece haberse aprendido bien la lección de Leonard Bernstein a la hora de interpretar el Veni, creator, que aborda de modo impulsivo y aparentemente espontáneo, con verdadero arrebato, y acentuando los contrastes con los escasos remansos líricos de la partitura. En cualquier caso me parece justo reprochar la velocidad excesiva (24’14’’) que adopta la batuta, lo que le impide lograr toda la claridad deseable en el complejísimo entramado polifónico.

En la segunda parte, la escena final del Fausto de Goethe, Nagano opta por el contrario por una lentitud (64’01’’) que, mantenida con excelente pulso, le permite paladear hasta la última nota y mostrar una refinada sensibilidad para el color y las texturas, obteniendo un excelente rendimiento de la Deutsche Symphonie-Orchester Berlin de la que por entonces era titular y moviéndose siempre con una elegancia alejada de todo exceso, aunque sin desdeñar el sentido de los contrastes propio del universo mahleriano. Toda la introducción de este movimiento resulta particularmente gótica, para volverse la dirección más adelante muy lírica, ensoñada y dulce, rozando por momentos el empalago, y alcanzar en el final una emoción perfectamente controlada, lejos del arrebato que caracterizaba la primera parte, pero en cualquier caso intensísima y de grandeza por completo ausente de retórica.

El problema de la versión son los solistas, no ya porque en general sean discretos en lo expresivo, sino porque forman un conjunto desequilibrado en el que las tiranteces y las desigualdades, cuando no las desafinaciones, están a la orden del día. Los coros sí que son espléndidos. ¿Merece la pena la compra? A mí me parece que sí, pero hubiera sido deseable que esta reedición en la serie Harmonia Mundi Gold mantuviese al formato SACD del original, lo que hubiéramos agradecido muchísimo los que poseemos reproductores de este excelente y desaprovechado formato de audio.

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