domingo, 27 de febrero de 2011

Los Planetas de Holst por Bernard Herrmann, al fin en CD

El registro se realizó entre el 23 y el 25 febrero de 1970 en el desaparecido Kingsway Hall de Londres, contando con el brillante y un tanto efectista sistema 4 Phase que por entonces utilizaba Decca. Las sesiones de grabación, que se vieron perturbadas por el hundimiento del techo de la sala sobre el órgano, dejaron entrever cierta desgana por parte de la Filarmónica de Londres, que tan solo unos días más tarde volvió a grabar la partitura, esta vez para Philips y bajo la admirable dirección de Bernard Haitink, con resultados técnicos muy superiores. La crítica la recibió con uñas afiladas, y pronto esta personalísima lectura de The Planets sufrió el ostracismo, hasta el punto de que ocho años después el mismo sello británico volvía a utilizar a la Filarmónica de Londres para realizar una nueva grabación, esta vez con Sir Georg Solti, que marginara definitivamente a la que comentamos. Incluso se cuenta que cuando el propio compositor y director neoyorkino preguntó en una tienda por los ejemplares de su particular visión de la obra maestra de Gustav Holst, le respondieron -muy para su disgusto- que no la tenían porque no la consideraban recomendable. Y ahí quedaron las cintas guardadas, sin pasar a CD, hasta que este mismo mes de febrero de 2011 la división australiana de Decca se ha dignado, por las presiones de algunos grupos de aficionados, a trasvasar el registro a formato digital.


Hace años encontré un ejemplar del LP, de la manera más inesperada, en una tienda de segunda mano de Ciudad Real. Desde el primer momento quedé encantado, pues pude reconocer en la interpretación muchas de los rasgos de la inconfundible personalidad de Herrmann como compositor, al que tanto admiro. Escuché una y otra vez el vinilo, hice comparaciones con otras lecturas e incluso escribí por ahí algún artículo del que ahora no estoy satisfecho. Y esperé hasta ayer mismo, cuando por fin he recibido el doble compacto que incluye, entre otras cosas, el tan deseado trasvase a CD. Vuelta a escuchar, no me cabe la menor duda: aunque hay interpretaciones claramente mejor ejecutadas e interpretadas de modo admirable, sobresaliendo entre ellas la digital de Karajan, esta de Bernard Herrmann es quizá la más personal, creativa y reveladora de cuantas conozco, además de un singular monumento a la interpretación musical.

Es esta una lectura con mucha retranca, tanto que en más de un momento podría uno pensar que esta es la versión que hubiera hecho Otto Klemperer si el de Breslau se hubiese querido acercar -circunstancia harto improbable- a la partitura de Holst. Los tempi son lentos, lentísimos -algo menos en Neptuno-, alcanzando la duración total el récord de los 57 minutos, lo que no impide que la tensión está perfectamente sostenida. El análisis del entramado orquestal es de auténtico cirujano, atendiendo de manera particular a las maderas, tratadas además con un colorido muy singular que -a diferencia de Klemperer, que insistía en la tímbrica incisiva- resalta las sonoridades más oscuras, justo como ocurre con la escritura orquestal del propio Herrmann. No hay interés alguno por la brillantez, ni por el espectáculo sonoro, al tiempo que los aspectos épicos de la obra quedan por completo relegado ante los más atmosféricos, misteriosos y turbulentos. El lirismo se administra con cuentagotas. Y el humor, por descontado, es de una negrura sin concesiones.

¿Una versión “gótica” de The Planets? Pues algo así. Puro Herrmann, en cualquier caso, aunque no se trata exactamente de una “apropiación”, toda vez que el compositor de Vertigo encontró en la música británica en general, y en esta creación en particular, una importante fuente de inspiración de su propia obra. La comunicación entre ambos universos expresivos es, por tanto, bidireccional, independientemente de que la manera en la que el propio Holst interpretaba su obra tenga bien poco que ver -particularmente en los tempi- con lo que hace Herrmann.


En esta recreación hay, sea como fuere, algunos altibajos. Marte resulta atmosférico, ominoso y agobiante, más que desgarrador, y tal vez defraude a los que vayan buscando brillantez sonora. En Venus nos encontramos con un punzante lirismo que por momentos nos traen a la mente pasajes de la más inspirada creación del propio Herrmann, su banda sonora para El fantasma y la señora Muir. Mercurio, no todo lo alado que debiera, revela detalles interesantísimos en el entramado de las maderas.

Lo menos logrado quizá sea Júpiter, emotivo pero algo hinchado en la “elgariana” sección central. Saturno se abre con una introducción escalofriante en la que los violines suspiran con doliente emoción; está claro que aquí es donde nuestro artista se encuentra más cómodo, ofreciendo una lectura particularmente desolada y, de nuevo, más siniestra que rebelde. Lo mejor llega con Urano: ni jovialidad, ni brillantez, ni leches, solo un marcadísimo humor negro que saca un partido insólito de las maderas -la relación con El aprendiz de brujo queda más clara que nunca- y conduce a un clímax de una rabia y desesperación abrumadoras. Tras tanta negrura, Neptuno resulta cálido y hasta consolador.

Total, una lectura personalísima y discutible que podrá entusiasmar o podrá disgustar, pero que todo amante de la música de Holst (¡y no digamos los fans de Herrmann!) deben escuchar. Las piezas que se incluyen en el otro CD que ofrece esta edición de Eloquence Australia no alcanzan semejante interés, pero son dignas de conocer.

La grabación realizada en 1961 por Sir Adrian Boult de la música de ballet de The perfect fool no posee el refinamiento ni la magia sonora de Previn (enlace), pero se encuentra dotada de una rusticidad sonora -algo socarrona- muy atractiva. Menos bien está la de Egdon Heath por el propio Boult: sincera, alejada de la flema y el distanciamiento británicos, pero sin mucha magia. A Moorside Suite es música menor pero muy bella que recibe una interpretación algo sosa por parte de Elgar Howarth y la Grimethorpe Colliery Band. Algo parecido puede decirse de las dos Suites para banda militar a cargo de Frederic Fenell y el Eastman Wind Ensemble, una añeja grabación que se remonta nada menos que a 1955. Y ya en fechas más recientes, concretamente en 1992, el sobrevalorado Christopher Hogwood dirige con frescura, agilidad y luminosidad, pero también cierta tendencia a lo pimpante, una marcada trivialidad y detalles de cursilería marca de la casa, la St Paul’s Suite y A Fugal Concerto frente a la excelente St Paul Chamber Orchestra.

El doble CD puede adquirirse (a mí han tardado tan solo seis días en enviármelo) en MDT (enlace). No sueñen con encontrarlo en las tiendas españolas, porque en Europa solo se vende, que yo sepa, a través de esta página. Insisto: no se lo pierdan.

10 comentarios:

Eugenio Murcia dijo...

Yo tengo dos versiones de Los planetas, con la misma orquesta (London Symphony) y con dos grandes directores: André Previn y Eugeni Svetlanov. Una viene en el recopilatorio de 10 cd dedicado por EMI a Previn y la LSO y la otra la ha editado recientemente Brilliant. Prefiero la primera, pero la del ruso tb es muy buena.

FLV-M dijo...

La de Previn/LSO me gusta muchísimo. La de Svetlanov la tengo por ahí sin escuchar, aunque espero no tardar en conocerla porque me gustaría publicar en mi blog una comparativa sobre Los Planetas.

Anónimo dijo...

Yo he escuchado la de Svetlanov y es un poco decepcionante, especialmente el primer número, Marte, que concibe de un modo plomizo, sin pulso dramático. El resto mejora, pero no es una de las grandes versiones, a pesar de tener una gran orquesta delante. Lo que sí está fenomenal es la Suite de Mlada de Rimsky que completa el disco; teniendo en cuenta el precio irrisorio no hay que pensárselo mucho... JSR

vicentet dijo...

Tengo ese vinilo 4 fases de Herrmann asi que le pegare un repaso, pero mi favorita es de la de Dutoit/Montreal, atmosferica y mas enlazada con los impresionistas franceses que con la musica eduardiana inglesa.
y en capilla a Metha-Los angeles (decca) en una celebre grabacion audiofila de los 70.

FLV-M dijo...

La verdad, Vicente, es que a mí la de Dutoit no me gusta especialmente. Está bien, incluso muy bien, pero la encuentro fría. Tampoco la de Mehta me parece particularmente memorable. Para mí la digital de Karajan es aplastantemente superior, y además suena de escándalo, sobre todo en el reprocesado que le hicieron en los noventa. La primera del salzburgués, en Decca y con sonido superior a Mehta y Herrmann, me parace también fabulosa.

Anónimo dijo...

Pardone me no hablo espanol. I never really appreciated or enjoyed The Planets until I heard Herrmanns version yesterday (from vinyl).

Gracias

vicentet dijo...

Por la planificacion sonora, Celibidache hubiera realizado los Planetas mas paladeados de la historia, lastima que al rumano no le interesara lo mas minimo la musica inglesa.
De la version Decca Imogen Holst dijo que era la mejor version grabada,quiza porque Karajan se acercó sin pertenecer a la corriente britanica, y dentro de ella, extraña que Barbirolli no la grabase como si hicieron Boult o Sargent.
Nunca me agradó el enfoque apremiante de Steinberg, que compré con 14 años en un vinilo de la serie Galleria acomplado con el Lux eterna de Ligeti.

Scoresdecine dijo...

Gran artículo, sin duda. Ahora mismo me compro esta joya.

FLV-M dijo...

Mil gracias :-D

Nemo dijo...

Conozco las dos de Karajan, excelentes, la de Stokowski, extraña, la de Herrmann, preciosa. Hay muchas más, pero la que más me gusta es la de Herrmann. La de Stokowski tiene detalles instrumentales y tímbricos deslumbrantes, y mucha energía, pero en general me gustan las cosas más matizadas y reposadas. No lo conozco, pero imagino que Solti haría unos electrizantes Planetas.