domingo, 22 de noviembre de 2009

Tercera Sinfonía de Prokofiev: discografía comparada

Estrenada en mayo de 1929 por Pierre Monteux en la Salle Pleyel de París, la Tercera Sinfonía de Prokofiev reutiliza temas de la ópera El ángel de fuego para elaborar una partitura de corte expresionista, virulenta y telúrica, que demanda una batuta que no solo sepa estar a la altura de la violencia exigida sin caer en el mero efectismo, sino también atender a la atmósfera turbulenta, de erotismo malsano, que desprenden los pentagramas. Ni que decir tiene que las demandas de virtuosismo a la orquesta son abrumadoras.

Afortunadamente, la mayor parte de las grabaciones que circulan son de alto nivel. En esta lista se recogen casi todas las que han salido en compacto; únicamente lamento no haber podido escuchar el segundo registro de Kitajenko, recién aparecido en el mercado. He añadido, por su elevado interés, dos grabaciones no comerciales protagonizadas por Riccardo Muti, la segunda de las cuales aparecerá probablemente en el futuro editada en formato comercial.


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1. Leinsdorf/Boston (Testament, 1966). Una lástima que RCA nunca llegara a editar en LP esta interpretación en la que el irregular Leinsdorf, al frente de una orquesta sensacional, demuestra una extraordinaria capacidad para lograr la mayor tensión interna sin caer en el efectismo, como también para ofrecer una sonoridad adecuadamente rústica y rocosa sin resultar tosco. Pero además, y esto es fundamental en la presente partitura, el maestro vienés sabe asimismo crear atmósferas malsanas y alcanza un gran vuelo lírico cuando es necesario. Sólo al final se precipita un tanto, pero aun así el resultado es acongojante. Por fortuna el sello Testament ha puesto en circulación esta joya, que aparece acompañando a una referencial e imprescindible interpretación de la Quinta Sinfonía. (9)




2. Rozhdestvensky/ Gran Orquesta Sinfónica de la Radiotelevisión de la URSS (Melodiya, 1966). Para tratarse de la primera interpretación que circuló por el mercado, hay que reconocer que el maestro soviético realizó una espléndida labor, trazando una lectura de pulso firme y espléndido idioma. El enfoque, como no podía ser menos tratándose de Rozhdestvensky, es de corte expresionista, pero no solo no hay intención de epatar con la acumulación de decibelios sino que, además, los aspectos misteriosos y sensuales de la obra están perfectamente atendidos. Hay además hallazgos que luego no encontraremos en otras lecturas, como el tratamiento de las figuraciones de la cuerda en el tercer movimiento. Por desgracia la orquesta se queda corta, y Rozhdestvensky no ha trabajado con ella lo suficiente en lo que a la claridad se refiere. La grabación, lejana y difusa, no ayuda precisamente en este sentido. El resultado, pues, es muy vistoso pero un tanto tosco. (8)

Prokofiev_3_Abbado

3. Abbado/Sinfónica de Londres (Decca, 1969). Aun sin llegar al la excelsitud de las suites de Romeo y Julieta y El bufón que grabó con la misma orquesta tres años antes, con este registro de la Tercera Sinfonía el joven Abbado demostró ser un extraordinario intérprete de Prokofiev, no ya por obtener de la Sinfónica de Londres esa sonoridad tan característica del compositor -muy especialmente en lo que al tratamiento de las maderas se refiere-, sino por saber renunciar al efectismo para atender ante todo a la sensualidad, a la claridad de las texturas orquestales y -en esta obra en particular- a la creación de atmósferas turbulentas. Sensacional, en este sentido, su recreación del segundo movimiento, creativa a más no poder y seguramente insuperada a día de hoy. En contrapartida, en los movimientos extremos se echa de menos una mayor dosis de visceralidad, electricidad y garra dramática. (9)


Prokofiev_Martinon

4. Martinon/Nacional de la ORTF (Vox, 1971). Hay que agradecerle a Martinon su deseo de defender esta música, pero lo cierto es que su interpretación -como ocurre con el resto de su integral sinfónica- resultó muy irregular. Así, junto a momentos obsesivos muy notables, encontramos otros dichos un tanto de pasada, cuando no descontrolados y tendentes al escándalo gratuito. Por si fuera poco se echa de menos claridad, lo que en parte puede deberse a las limitaciones de la orquesta, como también a la deficiencias de la discreta toma sonora. (5)


Prokofiev_3_Kondrashin_Philips

5. Kondrashin/Concertgebuw (Philips, 1975). El inolvidable maestro ruso se mostró aquí perfecto en el estilo y muy centrado en lo expresivo, atendiendo tanto a la vertiente escarpada de la obra como a la atmosférica. De todas formas, y aun haciendo gala de muy buenos detalles en el tratamiento de las maderas, aún podría Kondrashin sacar más jugo de la partitura, sobre todo en los movimientos extremos, donde se precipita un tanto. El tercero, sin embargo, es tan formidable como la orquesta holandesa. Lástima que el registro se encuentre descatalogado desde hace años. (8)


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6. Kondrashin/Chicago (CSO, 1976). En esta toma radiofónica, que se contiene en una edición especial en una caja de 10 CD editada por la propia orquesta, Kondrashin vuelve a mostrarse muy bien encaminado, atendiendo a todas las facetas posibles de la obra y sabiendo mantener tanto la tensión como el misterio, pero de nuevo sucumbe un tanto a la precipitación en los movimientos extremos. Además, aún se puede hilar más fino, obtener más claridad y ser más creativo. (8)


Prokofiev_Weller

7. Weller/Filarmónica de Londres (Decca, 1977). Una pena que el ciclo de Walter Weller haya obtenido tanta difusión comercial, porque le hace un flaco favor a la música de Prokofiev. He aquí una lectura tan plana, deslavazada y aburrida como la del resto de las sinfonías, si bien se puede destacar cómo se recrea en los pasajes lentos, que le suenan antes evocadores que siniestros. La orquesta londinense se encuentra desaprovechada. Brilliant Classics acaba de reeditar la integral a precio de saldo. Esperemos que no venda mucho, porque muy pobre idea es la que ofrece de la música del autor. (5)




8. Järvi/Nacional de Escocia (Chandos, 1985). El otras veces más bien superficial y rutinario Järvi se tomó aquí las cosas con calma, paladeó los pentagramas con un primor por momentos celibidachiano, derrochó potencia y electricidad en los momentos telúricos, recreó maravillosamente la atmósfera enrarecida de los pasajes oníricos, hizo gala de una convicción expresiva a prueba de bombas y además se permitió realizar numerosos hallazgos a lo largo de la partitura, todo ello sin ninguna concesión de cara a la galería. Solo hay que lamentar que la orquesta no sea de nivel excepcional y que la batuta no termine de obtener claridad en los tutti. La toma sonora, reberberante y algo confusa, no ayuda en este sentido. (9)

Prokofiev_3_Kitajenko

9. Kitajenko/Filarmónica de Moscú (Melodiya, 1985). Se trata de una electrizante, sincera y -en suma- espléndida versión, llena de fuerza y realizada en una línea particularmente aristada y sarcástica, aunque en ningún momento caiga en la vulgaridad ni en el efectismo. Soberbio el tratamiento de la madera grave, que logra una sonoridad muy a Prokofiev. Muy sensual el segundo movimiento. Sólo se puede pedir un mayor control de la arquitectura. Kitajenko ha vuelto recientemente a grabar la obra, pero los resultados los desconozco. (9)


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10. Rostropovich/Nacional de la ORTF (Erato, 1987). En la que sigue siendo la integral de referencia, Rostropovich quiso desmontar los tópicos que circulaban sobre la creación sinfónica del genial compositor y reivindicó un Prokofiev mucho antes emotivo que espectacular. En consecuencia, valiéndose de unos templi muy amplios y renunciando por completo al espectáculo sonoro, el de Baku ofreció una Tercera especialmente atmosférica y sensual, poco expresionista -la verdad es que se echan de menos incisividad, violencia y garra dramática- y muy atenta a subrayar los lazos que unen a esta música con el mundo impresionista. Lástima que la claridad no sea toda la deseable -la grabación no ayuda- y que la orquesta, rindiendo mejor que con Martinon, diste de ser una maravilla. (8)



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11. Ozawa/Filarmónica de Berlín (DG, 1990-91). Como era de esperar, al refinado maestro oriental no le apetece demasiado desenvolverse en atmósferas maléficas y obsesivas. Tampoco es que Ozawa recorte las aristas, ni muchísimo menos: aunque los golpes de timbal del tercer movimiento deberían ser más imponentes, la tensión se respira de principio a fin -sin efectismo alguno- y la tímbrica despliega todas sus aristas. Lo que ocurre es que en su hermoso y mágico lirismo se echa de menos un poco más de azufre, esto es, de carácter siniestro y demoníaco. En contrapartida ofrece Ozawa un asombroso trabajo técnico de disección orquestal, especialmente en lo que al análisis de texturas se refiere. La asombrosa ejecución de la Filarmónica de Berlín es la otra gran baza de este registro muy bien grabado. (9)


Prokofiev_3_Muti

12. Muti/Philadelphia (Philips, 1991). Una lectura de referencia, poderosa, arrolladora y brillante, pero también muy atmosférica, que cuenta con una fabulosa orquesta y una batuta que suena muy a Prokofiev. La tensión es implacable en todo momento, aunque nunca se confunde con el ruido ni el efectismo. La disección de las texturas orquestales es extraordinaria, aun sin llegar a la claridad de Ozawa. A destacar especialmente el “lirismo siniestro” del segundo movimiento, muy atmosférico, y la fuerza desasosegante del tercero. El cuarto movimiento es también impresionante, con un final abrumador. Philips debería reeditar este registro cuanto antes. (10)




13. Chailly/Concertgebouw (RCO, 1991). El firme pulso de la batuta, la notable claridad de las texturas, el sentido del color, el equilibrio entre lo telúrico y lo atmosférico y la soberbia calidad de la formación de la que entonces era titular le permiten a Chailly ofrecer una lectura espléndida, pero para alcanzar lo excepcional falta aún un último punto de compromiso expresivo, así como una sonoridad más idiomática, más adecuada para Prokofiev. Como la toma radiofónica deja que desear y la compra sale muy cara (hay que adquirir una caja de catorce compactos dedicada al maestro italiano), resulta muy preferible la edición oficial de Decca, grabada tan solo unos meses más tarde, que obviamente suena mucho mejor. (8)


Prokofiev_3_Chailly

14. Chailly/Concertgebouw (Decca, 1991). Aunque sigue sin mostrarse especialmente personal ni creativo, Chailly sabe atender a los múltiples pliegues expresivos de la obra -lo telúrico, lo ominoso, lo turbulento, lo evocador- y hacer gala de una soberbia técnica de batuta que le permite trazar una arquitectura irreprochable y obtener una enorme claridad de su fabulosa orquesta del Concertgebouw. Falta, de nuevo, una última vuelta de tuerca para alcanzar la excepcionalidad. (8)



15. Muti/Radio Bávara (retransmisión televisiva, 2003). De nuevo nos encontramos ante una dirección sensacional, idiomática a más no poder, de extraordinario sentido del color y de las texturas, y adecuadamente siniestra y telúrica. Asombrosas la sensualidad y la atmósfera del segundo movimiento, aunque en el resto -sensacional- puede que no tenga tanta garra como su versión de estudio. La orquesta no es tan asombrosa como la de Filadelfia, claro, aunque Muti hace sonar a las maderas con una carnosidad muy adecuada. Eso sí, hay algún desajuste propio del directo. Esperemos que algún día la Radio de Baviera edite sus fondos en DVD. (10)


Prokofiev_Gergiev

16. Gergiev/Sinfónica de Londres (Philips, 2004). La orquesta londinense ofrece, treinta y cinco años después, una lectura radicalmente opuesta a la que realizó con Abbado. La lentitud de los tempi se ve aquí sustituida por el frenesí; la atención a la claridad por el descontrol; la creación de atmósferas por el más brutal efectismo. Eso sí, no podemos regatearle a Gergiev su sentido de la teatralidad, la fogosidad con que dirige y su capacidad para generar espectáculo. De ahí que esta lectura sea, pese a los reparos expuestos, lo único salvable de su mediocre ciclo grabado -con toma sonora mejorable- por el sello Philips. (7)



17. Muti/Sinfónica de Chicago (retransmisión radiofónica, 2007). Un prodigio en la misma línea de sus anteriores interpretaciones, sólo que ahora los dos primeros movimientos son más lentos, ofrece un poco de menos fuerza telúrica pero alcanza aún una mayor claridad -lo que parecía imposible- y una atmósfera aún más cargada. Arrolladora la orquesta, como no podía ser menos. Hace meses se anunció la aparición de este registro en el sello de la propia Chicago Symphony, pero de momento no ha aparecido. Es posible que lo haga cuando el maestro italiano se incorpore definitivamente como titular de la misma. (10)

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