sábado, 14 de noviembre de 2009

Bocelli entre palomitas y Mr. Scrooge

No es inhabitual que en el cine se cuente con voces famosas de la lírica para añadir "glamour" a determinadas producciones. Así a bote pronto recuerdo la intervención de Plácido Domingo en el Hamlet de Kenneth Branagh, o de Ainhoa Arteta en La conjura del Escorial. A estos nombres podemos sumar ahora el de Andrea Bocelli, cuya voz podemos escuchar en los títulos finales de Canción de Navidad, la película que acaba de estrenar Robert Zemeckis y que pude ayer ver (en versión original, aunque no en 3D, que es como hay que verla) en un céntrico cine de Madrid. Una cinta, dicho sea de paso, de lo más irregular, que junto a numerosos hallazgos visuales fascinantes ofrece un montón de concesiones a la comercialidad más descarada que estropean el resultado.


La música es del colaborador habitual de Zemeckis, Alan Silvestri. En este sentido no hay novedad: una partitura de buena factura, muy bien hecha, espectacular en su tratamiento de orquesta y coros, pero terriblemente convencional y carente por completo de inspiración. De acuerdo con que el tratamiento de la obra de Dickens se pretende, a priori, de corte clásico, pero las posibilidades del argumento son muchas y deberían haber estado mucho más aprovechadas a base de riesgo e imaginación.

La melodía de los créditos finales es particularmente fea, y en ella nos encontramos a un Bocelli que luce su voz tan "bonita" como insignificante y sus nulos conocimientos de lo que es el canto. El resultado deja muchísimo que desear, aunque mucho de los que compren la banda sonora no repararán en semejante circunstancia y se sentirán orgullosos de apreciar una voz supuestamente reservada para los "exquisitos". De eso se trata, ¿no? Y es que el cine sigue siendo, muy por encima de cualquier otra cosa, una inmensa máquina de hacer dinero.

1 comentario:

Scoresdecine dijo...

Totalmente de acuerdo. Silvestri hace tiempo que ha dejado de sorprender.