
La música es del colaborador habitual de Zemeckis, Alan Silvestri. En este sentido no hay novedad: una partitura de buena factura, muy bien hecha, espectacular en su tratamiento de orquesta y coros, pero terriblemente convencional y carente por completo de inspiración. De acuerdo con que el tratamiento de la obra de Dickens se pretende, a priori, de corte clásico, pero las posibilidades del argumento son muchas y deberían haber estado mucho más aprovechadas a base de riesgo e imaginación.
La melodía de los créditos finales es particularmente fea, y en ella nos encontramos a un Bocelli que luce su voz tan "bonita" como insignificante y sus nulos conocimientos de lo que es el canto. El resultado deja muchísimo que desear, aunque mucho de los que compren la banda sonora no repararán en semejante circunstancia y se sentirán orgullosos de apreciar una voz supuestamente reservada para los "exquisitos". De eso se trata, ¿no? Y es que el cine sigue siendo, muy por encima de cualquier otra cosa, una inmensa máquina de hacer dinero.
1 comentario:
Totalmente de acuerdo. Silvestri hace tiempo que ha dejado de sorprender.
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