viernes, 3 de julio de 2009

Zedda’s boys (& girls) en Valencia

Prolongué un día mi estancia en Valencia (aún tengo que comentar aquí el Anillo) para asistir a la velada de presentación de los alumnos -cantantes y pianistas acompañantes-, del Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo integrado en el Palau de Les Arts, organismo que dirige Alberto Zedda con la asistencia de José Miguel Pérez Sierra. La gala duró tres horas -con dos intermedios-, se celebró en el Teatre Martín i Soler, se vio perjudicado por una amplificación con problemas y contó, se notaba demasiado, con abundante presencia de familiares de los artistas.

Para quienes no teníamos ni idea de qué nos íbamos a encontrar allí, la velada tuvo el atractivo de la sorpresa, a ver qué ocurría cada vez que uno de estos jóvenes abría la boca. Hubo de todo, lógicamente, pero el nivel medio -para tratarse de estudiantes- fue alto. Todos ellos, sin excepción, cuentan con buena materia prima, unos vocal y otros “artística”, y todos ellos tienen que pulir -unos más y otros menos-determinadas cuestiones técnicas y se enfrentan a un largo camino por recorrer. En cualquier caso, se podrían destacar algunos nombres.

A mí quien más me gustó fue una chica llamada Maite Alberola, que se marcó un dúo con Germont notabilísimo por voz, por estilo y por entrega: no sé cómo resolvería esta joven soprano el primer acto de Traviata, pero por lo aquí escuchado parece que estamos ante una futura gran Violetta. En la romanza de La tempranica volvió a demostrar un arte sobrado. Procuraré estar muy atento a este nombre, porque promete lo suyo.

Me interesó bastante la soprano Susana Martínez, buen instrumento y prístina dicción al servicio de una artista con estilo. Me impactaron la voz impresionante y el volcánico temperamento de María Luisa Corbacho, que si estudia mucho se convertirá en una gran mezzo. Me gustaron las buenas dotes escénicas y la expresividad vocal de la soprano Irina Ionescu. Y me agradó la voz bien timbrada, con mucho esmalte, de Dolores Lahuerta, soprano con soltura en las agilidades y un tanto en la línea de María Bayo.

Entre los chicos el único que me llamó la mucho atención fue Hans Ever Mogollón: aunque no tenga aún los agudos de Ah! mes amis (¿para qué la canta, entonces?) hizo gala de una voz de calidad, de un amplio fiato y de una gran calidez expresiva que no necesita recurrir a trucos ni excesos para conmover. Los demás, chicos y chicas, pues con sus virtudes y sus limitaciones, lo mismo que los pianistas. Yo me limito a decir quiénes me han gustado más, que será el tiempo quien les vaya poniendo en su sitio.

Enhorabuena a todos, y a seguir adelante. Los aficionados les esperamos ilusionados con la confianza, eso sí, de que ninguno de ellos caiga en la trampa de creerse las cosas cuando sus amigos les dicen que valen mucho: si lo hacen, estarán acabados. Mucho ojo, que el camino está lleno de trampas.

PS. Acaban de concederle a Maite Alberola el premio al "mejor cantante revelación" del Teatro Campoamor. Enhora buena a ella, a todos los galardonados y especialmente al "mejor cantante de zarzuela", que no es otro que mi paisano Ismael Jordi.

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