domingo, 7 de junio de 2026

Concierto para violín nº 1 de Prokofiev: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN, 7.VI.2025

La entrada es del 7 de mayo de 2013 y la actualizo ahora con una buena cantidad de interpretaciones adicionales, entre ellas una que me ha parecido de referencia: Kashimoto, Rattle y Filarmónica de Berlín

--------------------

Sergei Prokofiev estrenó su Primer concierto para violín en 1923, pero lo había escrito unos cuantos años antes, entre 1916 y 1917, cuando contaba veintiséis. Es contemporáneo, pues, de la Sinfonía Clásica, posterior a la Suite Escita y algo anterior a El amor de las tres naranjas y el Tercer concierto para piano, por citar las obras maestras más cercanas en el tiempo.

En la partitura, pese a su brevedad –poco más de veinte minutos– se combinan de manera portentosa todas las características expresivas de un compositor aun muy joven, pero ya plenamente maduro en personalidad: por un lado un lirismo a medio camino entre lo onírico y lo melancólico, por otro una escritura escarpada, tensa y llena de aristas que nos hablan del fuerte sentido trágico que se esconde en el fondo de su música. Todo ello galvanizado por un irónico e inconfundible sentido del humor a veces jovial, a veces cargado de un sarcasmo que se convierte –acercándose así a Shostakovich– en máscara que pretende ocultar el dolor.

Permítanme confesarles algo personal: esta una de las creaciones del autor de Pedro y el lobo favoritas para quien suscribe. El problema es que no soy capaz de contarles con palabras qué es lo mucho que me dice esta música. Me limitaré a enumerar sus movimientos:
  1. Andantino
  2. Scherzo: Vivacissimo
  3. Moderato - Andante

 

Prokofiev concierto violin 1 Szigeti Beecham

1. Szigeti. Beecham/Filarmónica de Londres (Naxos, 1935). Esta grabación es impagable, pues fue el mítico violinista húngaro quien, tras el fracaso del estreno inicial en París, consiguió que la partitura fuera aclamada en Europa y los Estados Unidos en compañía de Frizt Reiner, aunque aquí le secunda un Beecham que a ratos paladea muy bien la música –no coge carrerilla en el Scherzo–, a ratos –final del primer movimiento, clímax del tercero– desarrolla las tensiones con desinterés y vulgaridad . En cuanto al propio Szigeti, si hacemos caso omiso de algunas notorias vacilaciones y de la abundancia de portamenti tan propia de la época, realiza una aproximación eminentemente incisiva, quizá intentando acentuar los aspectos más modernos de la pieza, aunque no deja de resultar incandescente –más que propiamente “romántico”- en los pasajes más líricos. Bastante extraña, en cualquier caso, la manera de dejar a un lado el legato al arrancar el tercer movimiento. La restauración sonora realizada por Naxos es excelente. (7)


Prokofiev concierto violin 1 Oistrakh Kubelik

2. David Oistrakh. Kubelik/Sinfónica de Praga (Andante, 1947). A sus treinta y nueve años, el gran violinista ruso hace una verdadera exhibición de medios técnicos e interpreta con esa intensidad viril y sincera que le caracteriza, pero en este primer testimonio de su acercamiento a la obra –tiene cinco más– todavía no ha alcanzado el suficiente grado de profundización en la misma. En parte la responsabilidad puede caer en un Kubelik tan lírico y apolíneo como suele, pero en exceso apresurado y falto de concentración. La toma sonora es muy precaria. (7)


Prokofiev concierto violin 1 Milstein Icon

3. Milstein. Golschmann/Sinfónica de St. Louis (EMI, enero 1954). No menos extraordinario violinista que su compatriota y contemporáneo Oistrakh, Milstein representaba un violinismo distinto, menos ardiente, dramático y escarpado, más lírico y sutil, más volcado hacia lo reflexivo, lo que no le impide ofrecer en esta bellísima recreación un clímax particularmente encrespado en el tercer movimiento. El director acompaña sintonizando por completo en esta línea y ofreciendo adecuada concentración en los momentos más evocadores, pero sin especial personalidad y pasando de largo ante los numerosos claroscuros de la página. (8)
 
 
Prokofiev concierto violin 1 Oistrakh Matacic

4. David Oistrakh. Von Matacic/Sinfónica de Londres (EMI, noviembre 1954). Bien secundado por una London Symphony en plena forma pero no tanto por una toma de sonido monofónica que deja en segundo plano a la orquesta y no permite apreciar el juego de texturas, el director croata dirige con emoción y propiedad estilística aunque acertando mucho más en los dos primeros movimientos que en el tercero, más bien lineal y apresurado, lo que limita seriamente al intensísimo, viril y asombrosamente virtuosístico Oistrakh a la hora de cantar las melodías. (8)



Prokofiev concierto violin 1 Stern Mitropoulos

5. Stern. Mitropoulos/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1958). Lástima que la grabación sea monofónica, porque la interpretación de Stern, en perfecta sintonía con el director griego, es de una intensidad e incandescencia verdaderamente abrasadora, descubriéndonos, sin quedarse en modo alguno en el tópico de lo aristado, el lado más apasionado y dramático de esta música. Más adelante muchos artistas, incluido él mismo, enriquecerán este enfoque con una mayor atención a los aspectos líricos, evanescentes y ensoñados, pero esta interpretación no deja de ser admirable. (9)



6. Ricci. Ansermet/Orquesta de la Suisse Romande (Decca, 1958). El comienzo algo sollozante por parte del violín no resulta precisamente prometedor, pero poco a poco el solista se va centrando y, en compañía de una batuta solvente sin más, ofrece una muy digna recreación grabada por los ingenieros de Decca con un estéreo muy claro, aunque con distorsiones tímbricas. En cualquier caso, se pueden hacer las cosas mucho mejor en lo que a depuración sonora, variedad expresiva e imaginación se refiere. (7)



7. Milstein. Giulini/Orquesta Philharmonia (EMI, 1962). El violinista de Odessa repite su hermosísima y exquisita –más no por ello parca en dramatismo– aproximación, y lo hace en perfecta sintonía con un Giulini que frasea con la cantabilidad altamente emotiva que le caracteriza y con una concentración pasmosa (¡qué final el del primer movimiento!), pero también atentísimo a clarificar texturas, a planificar tensiones y a hacer que la soberbia orquesta londinense suene con el colorido –incisivo, coloreado en las maderas– adecuado para Prokofiev. Dicho de otra manera: ofreciendo lirismo a raudales, pero sin el error de “romantizar” la página ni de limar aristas. El resultado es admirable y anuncia el sendero que el futuro seguirán, con mayor éxito aún, Mutter y Rostropovich. (9)



8. Stern. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (CBS, 1963). Aunque solo han pasado cinco años desde su registro con Mitropoulos, Stern adopta ahora un enfoque va a ser menos incandescente, al tiempo que más atento al lirismo melancólico que también albergan los pentagramas. Aporta incluso un toque de ternura muy interesante en el primer movimiento, si bien es en el tercero en el que alcanza el mayor grado de inspiración poética. Ormandy dirige con enorme sensatez y sin tomarse las cosas con prisa, pero resulta más eficaz que otra cosa. (8)



9. Friedman. Leinsdorf/Sinfónica de Boston (RCA-Sony, 1964). El maestro vienés fue un gran intérprete de Prokofiev, pero aunque su solvencia técnica y dominio del idioma son incuestionables, no parece sintonizar mucho con el espíritu de la obra; incluso ni siquiera parece muy atento al matiz. Erick Friedman cumple con enorme corrección sin emocionar apenas. La orquesta, ideal. La toma sonora podría ser bastante mejor. (7)



10. Igor Oistrakh. Rozhdestvensky/Gran Orquesta Sinfónica de la Radio de Moscú (Melodiya-Denon). El hijo de David sigue los pasos de su padre con una lectura tan encendida como controlada que opta abiertamente por las aristas y, sin dejar de ofrecer la adecuada cantabilidad, se interesa poco por la ensoñación lírica. La batuta acompaña con propiedad estilística y buen pulso, pero sin sacar el suficiente partido poético a la obra, sobre todo en los finales de los movimientos extremos. Cuando más adelante le dirija la obra a Perlman, hará uso de unos tempi más dilatados y alcanzará un grado mayor de inspiración. (8)


Prokofiev concierto violin 1 Oistrakh Sanderling

11. David Oistrakh. Sanderling/Sinfónica de Berlín (Harmonia Mundi, 1971). Por fin Oistrakh padre cuenta con un acompañamiento lo suficientemente paladeado, el de un Sanderling que no obstante aun podría darle una vuelta tuerca más a la obra, pero por desgracia en esta ocasión es el propio violinista, algo limitado por la edad en cuanto a virtuosismo, el que no alcanza toda la altura esperable desde el punto de vista emocional. La toma sonora es buena para la época y a pesar de ser de origen radiofónico. (8)


Prokofiev concierto violin 1 Chung Previn

12. Chung. Previn/Sinfónica de Londres (Decca, 1975). André Previn grabó mucho Prokofiev en los años setenta al frente de la orquesta de la que era titular, con resultados quizá no geniales pero siempre magníficos gracias a su perfecto dominio del idioma, a la gran claridad y riqueza tímbrica de su batuta y, desde luego, a la sinceridad expresiva de sus recreaciones. Es el caso de esta op. 19 de perfecto equilibrio entre los aspectos líricos, irónicos, dramáticos y fantasmagóricos, dicha además con pulso firme –el tercer movimiento resulta quizá algo apresurado– y un admirable sentido de las texturas. No podía tener aquí mejor acompañante que Kyung-Wha Chung, a sus veintisiete años no solo un prodigio de virtuosismo, sino también una artista de enorme madurez que ofrece una enorme intensidad emocional y una impresionante variedad expresiva, desde la muy femenina delicadeza del comienzo hasta los clímax más desgarradores de los movimientos extremos, pasando por la incisividad del segundo. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Rozhdestvensky Perlman

13. Perlman. Rozhdestvensky/Sinfónica de la BBC (EMI, 1980). Ya más maduro como director en su breve etapa londinense, el maestro ruso alcanza una perfecta sintonía con Perlman para, decantándose por las aristas, ofrecer una lectura presidida por la tensión y por el alejamiento de la efusión “romántica”. Los momentos líricos no están precisamente descuidados, pero en ellos se opta más por la evanescencia fantasmagórica –excelente el estudio de texturas– que por la nostalgia. (9)



14. Perlman. Rozhdestvensky/Sinfónica de la BBC (DVD Medici Arts, 1980). Como su versión paralela en compacto, nos encontramos ante una interpretación antes incisiva que evocadora, pero no por ello desequilibrada en lo expresivo, en la que el violín siempre afilado de Perlman sabe encauzar su intenso ardor con un portentoso control de los medios y, sobre todo en el tercer movimiento, cantar las melodías como pocos lo han hecho, mientras que la batuta domina el idioma y controla de modo admirable el arco de tensiones. La toma sonora, monofónica, es bastante inferior a la del CD. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Stern Mehta

15. Stern. Mehta/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1982). Un comienzo vacilante y de dudosa afinación nos hace temer lo peor habida cuenta de la avanzada edad del solista, pero lo cierto es que la cosa no va a mayores y Stern vuelve a realizar una muy sincera e intensa aproximación a la partitura dentro de la misma línea lírica que ofreció junto a Ormandy dieciocho años atrás. Mehta evidencia su conocida sintonía con el autor y, quizá por buscar la mayor aproximación posible al planteamiento expresivo del solista, atiende antes a los aspectos oníricos de la obra que a los más rítmicos y extrovertidos: al segundo movimiento le podría sacar más jugo. En el tercero, por el contrario, utiliza todo su virtuosismo de batuta para ofrecer sugestivas veladuras y flexibilizar las tensiones de manera admirable, ofreciendo así el mejor respaldo al Stern, que vuelve a alcanza allí su momento de mayor inspiración. La toma sonora, espléndida. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Mintz Abbado

16. Mintz. Abbado/Sinfónica Chicago (DG, 1983). Lectura presidida por el insuperable virtuosismo de solista, orquesta y batuta, capaces de desplegar una infinita gama de colores y matices y de trazar la arquitectura con absoluta perfección; se oyen, incluso, líneas instrumentales que generalmente pasan desapercibidas. El estilo es irreprochable y la interpretación tiene garra, aun faltando un punto adicional de calidez y emotividad, quizá porque los intérpretes, no del todo en sintonía con el contenido expresivo de la obra, prefieren apartarse del “romanticismo” para mirarla con cierto distanciamiento un tanto naif que ve hermosas evocaciones feéricas donde para otros intérpretes hay dolorosa nostalgia, y disonancias más o menos gamberras donde aflora el puro drama. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Zimmermann Maazel

17. Zimmermann. Maazel/Filarmónica de Berlín (EMI, 1987). El maestro franco-americano ofrece, como era de esperar, una dirección muy idiomática, acertada en el fraseo, en el colorido y en la mordacidad, además de magníficamente planificada en su construcción horizontal. Todo ello, además, extrayendo un gran partido a la orquesta de la que por entonces esperaba convertirse en titular, aunque algo perjudicada por una toma sonora que no es muy allá. Notable realización, en todo caso, que no se ve acompañada por un violinista irreprochable en lo técnico y ajeno a cualquier veleidad expresiva, pero frio como un témpano. (7)



Prokofiev concierto violin 1 Sitkovetsky Davis

18. Sitkovetsky. Colin Davis/Sinfónica de Londres (Virgin, 1988). Sorprende encontrarse al maestro británico en este repertorio. Cierto es que a su batuta le falta estilo, sobre todo en el tratamiento de las maderas y en el sarcasmo propio del autor, pero a la postre su enorme musicalidad le hace sacar la obra adelante y conseguir junto al magnífico solista notabilísimos momentos líricos y un acongojante clímax en el último movimiento. (9)


Prokofiev concierto violin 1 Mutter Rostropovich

19. Mutter. Rostropovich/Sinfónica Nacional de Washington (Erato, 1988). Un tremolo en la cuerda tenso y claro; un violín cálido, humano, que canta su lamento con belleza extrema… El comienzo ya deja claro que nos vamos a encontrar ante una lectura intensa, sincera y no poco reveladora en la que los dos artistas sintonizan a la perfección en lo expresivo para poner de relieve, sin caer en la blandura, los aspectos más líricos, más humanísticos si se quiere, de una obra que tiene mucho de acongojante confesión personal. Cierto es que Rostropovich carece de la capacidad para matizar y para obtener texturas de un Abbado, quizá también de su incisividad, pero ofrece una enorme emotividad, matiza con tanta sabiduría como dominio del estilo –admirable el fagot en el arranque del Moderato– y planifica con enorme naturalidad la arquitectura hacia unos clímax mucho antes sinceros que vistosos en los que la Mutter sabe ser apasionada sin perder su apolínea elegancia. Particularmente asombrosa la doliente rebeldía que los dos artistas alcanzan en el clímax final para desembocar en una coda desgranada con particular lentitud y un regusto acertadamente amargo y desolado, mucho antes que feérico. Lástima que la toma no sea mejor. (10)



20. Repin. Svetlanov/Sinfónica Estatal de la Federación Rusa (Stage+, 1991). Aún no había cumplido los veinte cuando Vladimir Rempin dejó este testimonio filmado en Frankfurt. Impresiona la tensión con la que aborda una introducción bien paladeada, pero pronto se deja llevar por la emoción y se echa a correr. No falla ni una nota, el resultado es técnicamente deslumbrante, y ciertamente la fogosidad y convicción con las que toca no deja de atraparnos, pero la sensación global es de superficialidad, de quedarse en el envoltorio de la música, sobre todo en un movimiento conclusivo muy apresurado. Svetlanov intenta seguirle haciendo gala de muy bien conocimiento del estilo. Solo eso. (7)



Prokofiev concierto violin 1 Bell Dutoit

21. Bell. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1992). Adecuado idioma, buen pulso e irreprochable gusto son las virtudes que exhibe el director suizo frente a una página con la que, a pesar de lo dicho, no logra conectar del todo en lo expresivo; faltan garra, compromiso y calor humano. Tampoco convence el violinista norteamericano, distanciado y algo tendente a los portamenti en las secciones líricas, al tiempo que resulta descafeinado en las más extrovertidas. El resultado es una interpretación que se queda a mitad de camino. (7)



22. Zimmermann. Maazel/Filarmónica de la Scala (YouTube, 1992). Este testimonio de muy precaria calidad audiovisual interesará ante todo a los violinistas, porque tanto la cámara como la toma se centran en Frank Peter. En él podemos apreciar la firmeza asombrosa de su sonido, la seguridad absoluta de su mano izquierda y la tensión interna que imprime al fraseo. Sin embargo, y por muchos portamentos que meta a lo largo de toda la introducción, no se puede decir que emocione tanto como sus colegas, entre otras cosas porque Maazel no le deja explayarse n un tercer movimiento que dirige de manera muy apresurada. A destacar, en cualquier caso, el tremendo sarcasmo que son capaces de extraer del segundo movimiento. (7)



23. Lin. Salonen/Filarmónica de Los Ángeles (Sony, 1992). No se puede decir que a su dirección le falte tensión interna, como tampoco que sea fría, pero lo cierto es que el por entonces aún relativamente joven Salonen –treinta y cuatro años– no se muestra del todo afín a la expresión: todo está en su sitio, las complejas texturas están muy bien tratadas, pero la poesía no termina de brotar. Quizá por eso Cho-Liang Lin se quede, no es poco, en lo notabilísimo, siendo de subrayar la pasmosa naturalidad con que aborda su parte. Toca con tal capacidad técnica, con tal limpieza, con semejante lógica a la hora de planificar, con tanta ausencia de afectación, que no parece que esté abordando una página de dificultad extrema. Lo mejor es el segundo movimiento, espléndido por parte de los dos artistas. La toma resulta un poco espesa, lástima. (8)


Prokofiev concierto violin 1 Vengerov Rostropovich

24. Vengerov. Rostropovich/Sinfónica de Londres (Teldec, 1994). Al frente de una orquesta de mayor calidad que la de Washington y con una toma sonora más acorde con las circunstancias, Rostropovich repite y por momentos mejora –los tempi son algo más deliberados– su lectura anterior haciendo gala de una enorme sensibilidad lírica; se pueden preferir enfoques más incisivos y brillante, pero su comunión espiritual con la obra es máxima. Vengerov, armado de un virtuosismo extremo que seguramente nadie ha igualado en esta partitura, se encuentra en permanente estado de éxtasis en una actuación volcánica y arrolladora, aristada cuando debe pero de una cantabilidad acongojante, en la que los clímax alcanzan una poderosísima fuerza expresiva. Impresionante. (10)

 
Prokofiev concierto violin 1 Shaham Previn

25. Shaham. Previn/Sinfónica de Londres (DG, 1995). Veinte años después, Previn y la LSO vuelven juntos a la obra con un acercamiento igualmente idiomático y de irreprochable equilibrio, aunque quizá algo más distanciado en lo expresivo que entonces y, desde luego, sin la emotividad que la orquesta lució un año antes con Rostropovich. Shaham, de sonido muy hermoso, más lírico que desgarrado aunque en cualquier caso muy comprometido, destaca ante todo por la impresionante cantabilidad de su fraseo. La toma sonora es excepcional. (8)
 
 
Prokofiev concierto violin 1 Dutoit Josefowicz

26. Josefowicz. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1999). Solo siete años después de su registro con Joshua Bell, orquesta y director repiten su acercamiento mejorando un tanto el último movimiento, ahora más paladeado y más satisfactoriamente trazado hacia su disolución final. En cualquier caso, incuestionable ortodoxia que contrasta de manera extrema con la tremenda heterodoxia de una Josefowicz virtuosística a más no poder, en todo momento creativa, que confunde el lirismo con el amaneramiento (¡esos dichosos portamenti!) y aborda lo dramático haciendo sonar a su violín como un cuchillo recién afilado. El resultado es una interpretación que bascula entre lo insoportable y lo fascinante. Inclasificable, en suma. (7)


Prokofiev concierto violin 1 Gringolts Jarvi

27. Gringolts. Neeme Järvi/Sinfónica de Gotemburgo (DG, 2004). En esta grabación realizada durante su fugaz estrellato en el sello amarillo, el violinista de San Petersburgo mostró un virtuosismo indiscutible, pero al centrarse la batuta en los aspectos más incisivos y grotescos de la partitura, se quedaron a un lado los líricos. Así las cosas, consiguen entre ambos un magnífico segundo movimiento, mientras ofrecen un tercero que no es ni sugestivo ni emocionante. (8)

 
Prokofiev concierto violin 1 Fischer Kreizberg

28. Fischer. Kreizberg/Orquesta Nacional de Rusia (Pentatone, 2004). Lejos de ofrecer una interpretación tópicamente femenina, la violinista alemana despliega hirientes aristas a lo largo de la obra (¡tremendo el Scherzo!) sin problema alguno de virtuosismo, si bien no termina de sintonizar con la vertiente más emotiva y melancólica de la obra. La dirección de Kreizberg, antes profesional que inspirada, resulta irreprochable en el estilo pero un tanto primaria, sobre todo en un tercer movimiento en el que las texturas deberían estar mejor trabajadas. (8)
 
 
Prokofiev concierto violin 1 Chang Rattle

29. Chang. Rattle/Filarmónica de Berlín (EMI, 2005). Aunque la violinista es de Philadelphia, su ascendencia coreana nos hace pensar inmediatamente en Kyung-Wha Chung, con quien casualmente comparte no solo un virtuosismo asombroso, sino también su manera de ver la obra, esto es, potenciando los aspectos más líricos y digamos “femeninos” de la página, pero sabiendo también resultar sumamente encendida y hasta encrespada en los clímax. Rattle potencia esta misma visión –muy bien paladeados los finales de los movimientos extremos–, pero su empeño por ser personal jugando con los tempi –la solista también aprovecha para ofrecer novedades– y su escasa sintonía con la sonoridad propia del autor hacen que su dirección carezca de la suficiente unidad de trazo y resulte más virtuosística que emotiva. Venturosamente, años más tarde nos ofrecerá una dirección de referencia. (8)
 


30. Repin. Gergiev/Sinfónica de Londres (YouTube, 2007). Merece la pena detenerse a ver este testimonio por la asombrosa exhibición de un Repin que exhibe un sonido tenso y afilado, pero que no deja de ser bello, al servicio de un temperamento que vuelve a resultar de lo más incandescente. Por desgracia le acompaña un Gergiev que, aunque dirige con gran sentido del color, cae en la vulgaridad en el segundo movimiento y pasa de largo ante la vertiente lírica de la pieza. (7)
 
 
Prokofiev concierto violin 1 Frang Sondergard

31. Vilde Frang. Sondergard/Sinfónica de la Radio de Colonia (EMI, 2009). La violinista noruega parece caminar, en esta interpretación incluida en su debut discográfico, por un sendero parecido a la de su colega Julia Fischer, afilando su violín y deslumbrando con un virtuosismo de admirable agilidad, pero sin terminar de ofrecer la dosis de calidez y emotividad que también esta obra demanda. La dirección de Thomas Sondergard se muestra centrada y muy eficiente, pero no del todo atenta a la polifonía orquestal y, en conjunto, más vistosa que emocionante. (7)



32. Batiashvili. Iván Fischer/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2012). Aunque sepa resultar adecuadamente aristada en el segundo movimiento, la violinista georgiana –hermosísimo sonido, legato admirable– nos ofrece una interpretación netamente feérica, de ensoñado y bellísimo vuelo lírico, pero un tanto carente de la congoja y el desgarro interno que son motivo de la melancolía; solo en el estremecedor clímax antes de la coda Batiashvili parece alcanzar una incandescencia sincera. Iván Fischer dirige un tanto ajeno al estilo y sin preocuparse mucho de los matices, pero al menos resulta cuidadoso y sintoniza a la perfección con la propuesta lírica de la solista. (8)

 

33. Steinbacher. Vasily Petrenko/Orquesta Nacional de Rusia (Pentatone, 2012). Aunque los portamentos del arranque hagan imaginar que la violinista bávara va a ofrecer una interpretación blanda y con miras al romanticismo, lo cierto es que su aproximación, realizada haciendo gala de un sonido de primera magnitud –terso, con carne, de afinación admirable y enorme homogeneidad– y de un fraseo concentradísimo donde no hay lugar al nerviosismo ni a la precipitación, va a resultar de un lirismo tan elegante como sobrio. También distante, y por ende poco emotivo. Sí que se preocupa por los aspectos angulosos de esta música –detalles aristados en el algo excéntricos en el primer movimiento, fraseo reivindicando el staccato, frases muy afiladas en el segundo movimiento, clímax muy dolientes en el tercero–. Lo hace sin necesidad de cargar las tintas, pero lo cierto es que la calidez poética y esa peculiar nostalgia que desprende la partitura no termina de brotar. Quizá en buena medida ello se deba a la dirección de un Vasily Petrenko lento y analítico, perfecto conocedor del idioma, que planifica enorme rigor, subraya los colores con intenciones expresivas y trabaja las texturas oníricas con particular sentido de lo fantasmagórico, pero tampoco termina de sintonizar con el trasfondo de la obra. A la postre, una interpretación admirablemente tocada que pone de relieve los aspectos más sombríos de la partitura, mas sin atender a toda la variedad expresiva que ésta encierra. La toma soberbia del SACD multicanal se beneficia de la célebre acústica de la Gran Sala del Conservatorio de Moscú. (8)



34. Kashimoto. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2013). Sir Simon firma la mejor dirección de la partitura. Opta por unos tempi tendentes a la lentitud y, mostrando una soberbia técnica a la hora de mantener el pulso, construir tensiones, equilibrar planos y planificar transiciones, nos entrega una lectura de enorme lógica en su discurso, transparente como ninguna otra, muy hermosa desde el punto de vista formal, que alcanza la fusión perfecta entre lirismo delicado, virulencia y emotividad de corte digamos que romántica. Daishin Kashimoto, “solamente” primer violín de la orquesta, arranca con una concentración, hondura e intensidad que ya quisieran la mayoría de los solistas famosos. A partir de ahí, nos deja boquiabiertos haciendo gala de un sonido pleno y de insólita firmeza, de limpieza absoluta en las diabluras que le exige Prokofiev y, sobre todo, de una enorme capacidad para emocionar. Se han escuchado recreaciones más imaginativas, pero Kashimoto no necesita ofrecer novedades: se limita a hacer increíblemente bien lo que dice la partitura para ofrecernos una incuestionabilísima referencia. (10)


35. Hahn. Pablo/Sinfónica de la RTVE (YouTube, 2013). En este su primer testimonio videográfico la formidable violinista norteamericana evidencia falta de sintonía con la obra; lo hace particularmente en un primer movimiento cuya introducción aborde de manera anodina y en el que su punto de vista resulta en exceso lírico. Su sonido hermosísimo sonido es capaz de adelgazarse de manera increíble y ofrecer interesantísimas cualidades oníricas, pero con ello no basta. Mejor un Scherzo afiladísimo y un Finale en el que el violín es verdadero viento frío en la espalda. Víctor Pablo Pérez no ayuda: su dominio del idioma de Prokofiev es incuestionable, trabaja con cuidado las texturas y en el segundo movimiento saca a relucir un elevado sentido del ritmo, pero dirige con apresuramiento y sin profundizar en las esencias expresivas de la página, que bajo su batuta suena tan vistosa como superficial. La orquesta está francamente bien. (7)



36. Batiashvili. Nézet-Séguin/Orquesta de Cámara de Europa (DG, 2015). Lo onírico, lo lírico y lo dramático, en esquizofrénica unión muy característica de Prokofiev, saben ser atendidos por la violinista georgiana en una lectura de extraordinaria belleza en la forma, fraseo tan natural como cantable y, no menos importante, considerable intensidad dramática. De esta forma, lo afilado del sonido violinístico –riquísimo en colores– y la tensión lacerante, a veces –desarrollo del primer movimiento– de una angustia y una agitación en verdad irresistibles, ponen de relieve los aspectos más combativos de la página, aunque también es verdad que echándose de menos un grado todavía superior de calidez, sensualidad y vuelo lírico. Nézet-Séguin hace gala de sentido del ritmo, transparencia, colorido tan variado como incisivo, amplia gama de acentos y una gran intensidad en la expresión, acertando al subrayar el lado más anguloso, combativo y dramático de esta música repleta de dolor, pero no tanto cuando parece negarle sus raíces románticas. Su lectura resulta, además, en exceso rápida y nerviosa en el tercer movimiento: su gran clímax (a partir de 6:05), al no encontrarse lo suficientemente preparado, no termina de descargar fuerza trágica. Eso sí, el trabajo de texturas y colores es asombroso: repárese en un segundo movimiento llevado sin prisas y sin deseo de convertirlo en una mera exhibición de virtuosismo, sino otorgándole un carácter siniestro muy necesario, o también en la fantasmagórica sección final. La toma, absolutamente soberbia en CD y en streaming de alta definición, ayuda a la claridad orquestal, escuchándose muchos detalles que generalmente pasan desapercibidos. (9)



37. Hahn. Franck/Filarmónica de la Radio de Francia (DG, 2019). Seis años transcurren desde su filmación madrileña. Quizá sea que ha madurado la página, quizá que la dirección de Mikko Franck es bastante superior a la de Víctor Páblo y le permite respirar mejor las melodías, pero lo cierto es que Hilary Hahn, de sonido hermosísimo y capaz de adelgazarse hasta el infinito, ofrece una recreación admirable dentro de una, eso sí, visión eminentemente onírica, quizá surrealista y no exenta de malos presagios, de esta página muy plural en significaciones. De la dirección, siempre sensata y cuidadosa, interesa el planteamiento agógico de un tercer movimiento al que se le saca muy buen partido. (9)

 

38. Jansen. Mäkelä/Filarmónica de Oslo (Decca, 2023). Una toma a mi entender poco conseguida me impide valorar con justicia la labor del joven maestro noruego, que parece ser en origen bastante clara y bien tensada. También más atenta a las angulosidades de la música que a lo que debe a la tradición romántica, y no del todo metida en el idioma de Prokofiev. Sí que es fácil valorar a Janine Jansen, porque los ingenieros la ponen muy en primer plano: sonido hermosísimo y virtuosismo supremo para una recreación que, en consonancia con la batuta, subraya lo que de alucinado hay en esta página –impresionante segundo movimiento– y apuesta por la vehemencia controlada, al tiempo que juega con un lirismo atractivo y aporta numerosos detalles no del todo convincentes, incluso rebuscados. En cualquier caso, mejor escucharla (¡y verla, que es un espectáculo!) con Rattle. (8)



39. Jansen. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2025). Janine Jansen arranca a media voz y con enorme delicadeza, pero en seguida vuelve a apostar por una interpretación particularmente aristada, rabiosa por momentos, con frecuencia áspera, en la que multitud de detalles personales, unos más convincentes que otros, demuestran no solo imaginación, sino también compromiso con una partitura con la que desea hurgarnos en las entrañas. No llega a conmovernos tanto como otros colegas, pero aun así su clímax del movimiento conclusivo alcanza una tensión abrumadora. Sir Simon baja un peldaño en inspiración con respecto a su lectura doce años anterior con Kashimoto, pero en cualquier caso ofrece una recreación de enorme altura por perfección técnica y comprensión de la obra. Portentosa la trasmisión en Dolby Atmos, en la que por primera vez escucho con claridad toses en los canales traseros. ¿Están ahora grabando en auténtica pentafonía? (9)



40. Jansen. Salonen/Sinfónica de la Radio de Suecia (YouTube, 2025). Esta es la grabación más reciente a la que he tenido acceso, diciembre de 2025. Janine Jansen insiste en su visión personalísima y llena de rabia, con frecuencia excesiva. Tanto, que a los pocos minutos se le rompe una cuerda y tiene que volver a empezar. En cualquier caso, merece la pena ver el espectáculo. Aun profesional a más no poder, Salonen vuelve a quedarse un poco a medio camino. (8)

sábado, 6 de junio de 2026

De lo peor de Abbado: Tchaikovsky con Argerich

Me decía ayer alguien que trabaja en el Villamarta que, literalmente, yo no tengo que estar opinando de todo. Sospecho que esa persona anda dolida por lo que escribí del mamarracho del Don Giovanni. Contesté que yo puedo hablar de lo que considere oportuno en mi ámbito personal, en el que se incluye este blog, y debería haber añadido que por el teatro jerezano andan demasiado bien acostumbrado, desde que lo reabrieron, a que las críticas en la prensa oficial sean única y exclusivamente muy positivas. Parece que esas firmas sí que pueden opinar.


En fin, como habrá quienes sigan diciendo que le doy mucha caña a los artistas locales, dejaré bien claro que la caña se la doy a quien considero oportuno, que tengo ya muchos años a mis espaldas (¡ando ya preparando la jubilación!) como para andarme con paños calientes. También me puedo permitir poner a caer de un burro a los grandísimos. Por eso traigo aquí una grabación a la que acabo de volver y que me ha irritado una barbaridad, mucho más que cuando la escuché por vez primera: Concierto para piano nº 1 de Tchaikovsky por Claudio Abbado, la Filarmónica de Berlín y Martha Argerich, un registro efectuado en vivo por DG en 1994 con sonido bastante mediocre: ni siquiera el audio que procede del SACD japonés de Esoteric suena del todo bien.
 
Creo que es de lo peor que le he escuchado al milanés, y que marca uno de los puntos más bajos de la irregular carrera de un director que siempre estuvo lleno de talento. Aquí no hay por dónde cogerlo. El primer movimiento resulta expeditivo y vulgar, entregándose el maestro a los grandes contrastes dinámicos cortados a hachazos. Delicadísimo y aséptico el segundo, con violonchelo más bien blandito seguramente por indicaciones del director. El tercero es un horror: difícil hacer las cosas de manera más precipitada, espasmódica y zafia, un monumento al mal gusto que parece levantado por un director de tercera fila. Así las cosas, Argerich es más Argerich que nunca. Extrovertida, nerviosa y felina a más no poder, escandalosa a ratos, la de Buenos Aires puede correr todo lo que le da la gana -tremenda la sección central del Andantino, por lo hablar de la precipitada y demoníaca coda que cierra la obra- sin control alguno, descargar toda la electricidad imaginable y, cuando quiere, destapar el tarro de las esencias: en la cadenza hay cosas reservadas a los más grandes.

¿Mi versión favorita? La de todo el mundo: Celibidache con Barenboim. Tampoco está nada mal la que hicieron juntos Kissin y Karajan.

Desagravio de la Orquesta de Córdoba en el Villamarta: Christian Vásquez dirige Hadn, Mozart y Brahms

Se presentó ayer viernes 5 la Orquesta de Córdoba bajo la dirección de su titular Christian Vásquez –relevante trayectoria internacional– en el Teatro Villamarta. No lo hizo dentro de la paupérrima programación de música clásica mal costeada por el ayuntamiento y pobremente diseñada por quien sigue siendo director, sino en el marco del ciclo Andalucía Sinfónica, admirable iniciativa de la Junta de Andalucía por la que las ciudades grandes que no tenemos orquesta propia –Huelva, Jerez, Cádiz, Jaén, Almería– recibimos visitas de las más importantes formaciones de nuestra comunidad autónoma. Ha querido la casualidad que el evento haya tenido lugar justo una semana después del Don Giovanni en el que participaron también los cordobeses, así que en cierto modo este concierto integrado por obras de Haydn, Mozart y Brahms ha funcionado a manera de desagravio por aquellas funciones en la que la orquesta tocó bien, pero el resultado global nos irritó de manera considerable a algunos melómanos. O a muchísimos: el texto que escribí aquí ha batido el récord de número de lectores de este blog en lo que a reseñas del Villamarta se refiere, e incluso se me pidió que se publicara –quise hacer antes algunas modificaciones– en La Voz del Sur.

Fue una muy buena idea abrir la velada con la obertura de L’isola disabitata del bueno de Franz Joseph: estupenda música. Llamó enseguida la atención la manera en la que el maestro de Caracas optó por un vibrato muy reducido, cuando no inexistente, pero esto fue lo único tomado de la escuela de interpretación historicista. Por lo demás, interpretación sensata y muy musical, ya que no de particular efervescencia –eché de menos clave al continuo–, en la que Vásquez demostró además técnica muy sólida a la hora de trabajar con la orquesta, demostrando esta que es capaz de abordar el repertorio del clasicismo bastante mejor que la Sinfónica de Sevilla y casi tan bien como la Orquesta Ciudad de Granada. Las comparaciones son odiosas, pero a veces hay que hacerlas: no se olvide que a estas formaciones las pagamos entre todos.

Menos me gustó la dirección del Concierto para violonchelo nº 2 de Haydn, irreprochablemente sonada dentro de una línea en exceso amable; sensual, pero escasa en nervio y contrastes. Justo lo que sí tuvo el jovencísimo solista Guillem Gràcia Soler, quien dejó a un lado la búsqueda de la belleza sonora para indagar mejor en la variedad expresiva de las notas. Lo hizo con talento, inteligencia y buena realización: si usted tiene la oportunidad de escuchar a este artista, no se lo pierda.

Se abrió la segunda parte con la Sinfonía nº 25 de Mozart, de la que aquí presenté discografía comparada. Vásquez siguió moderando el vibrato y apostando por lo apolíneo, lo que en esta página tan exigente en tensiones no es lo más adecuado. En el primer movimiento, que funcionó de manera más que solvente, la batuta aportó algunos moderados juegos dinámicos que lograron convencer. El Andante, bellamente expuesto, se quedó muy en la superficie. Se evitó toda pesadez en el Menuetto y se resolvió con eficacia el movimiento conclusivo.

Variaciones sobre un tema de Haydn –Variaciones San Antonio en realidad, el tema no es de quien se decía– para terminar. Aquí los violines cordobeses sonaron regular en más de una ocasión, pero Vasquez compensó esta insuficiencia logrando ese empaste que necesita Johannes Brahms y aportando el fraseo mórbido y sensual propio de la música del hamburgués: acierto pleno en dos demandas nada fáciles de satisfacer. Expresivamente la interpretación fue mayormente lírica, ágil en los tempi y siempre de enorme fluidez y musicalidad, aunque me hubiera gustado mayor diferenciación entre las variaciones –el maestro apostó más bien por lo contrario– y más atención a la sublime cuarta variación.

En fin, un concierto de música hermosísima que estuvo notablemente tocada y bien interpretada. ¡Bravo! Los melómanos lo agradecimos una barbaridad con nuestros aplausos, y la orquesta se fue con la sonrisa en los labios. Y ahora, a ver si el consistorio encuentra nuevo director para un teatro que necesita recambio urgente. Me consta que hay unos cuantos aspirantes en la sombra, pero hace falta alguien con experiencia y muy buenos contactos en el campo de la música clásica. Priorizar el flamenco y tirar de packs de agencias para el resto sería un error.

jueves, 4 de junio de 2026

Sinfonía nº 25 de Mozart: discografía comparada

Mozart compuso su Sinfonía nº 25, KV 183/173 dB cuando solo tenía diecisiete añitos, moviéndose entre Viena y Salzburgo. Lo hizo en Sol menor, tonalidad infrecuente en la época que solo volvería a escoger en su celebérrima Sinfonía nº 40. La tonalidad ya dejaba claro el carácter del asunto: vehemente, dramático y de regusto bien amargo. Estamos en 1773, así que hablamos de Sturm und Drang. ¿Cómo interpretar el asunto, pues? ¿Equilibrio clásico, vehemencia protorromántica o quizá teatralidad heredada de tiempos barrocos? Las tres opciones existen. 

Realizando las audiciones, he tenido la sensación de que el primer movimiento es el que mejor interpretan los diferentes maestros, mientras que el segundo es el que sale peor parado: dificilísimo acertar yanto con el tempo preciso como con la expresión. Por otra parte, considero que el Menuetto no se ha interpretado realmente bien hasta la llegada de la escuela historicista. De hecho, considero que a esta obra los instrumentos originales les sientan mejor que los modernos, y que un clave al continuo lo le viene nada mal. Le recomiendo calurosamente que escuche la mayor variedad de opciones posibles: si se limita a una sola línea interpretativa, se perderá bastante "sustancia" de esta obra maravillosa.

Son sus movimientos:

1. Allegro con brio.
2. Andante.
3. Menuetto.
4. Allegro.





1. Walter/Sinfónica de Columbia (CBS,1954). El maestro berlinés contaba setenta y ocho años cuando realizó esta grabación en Nueva York –la orquesta es mezcla de la Filarmónica, el Met y la NBC– en la que nos entrega un Mozart de la más descarada tradición “romántica” centroeuropea: vehemente, flexible, contrastado, marcado más por el arrebato que por el equilibrio entre forma y expresión. No convence el primer movimiento, en exceso nervioso y precipitado, salpicado además por unas cuantas libertades propias de la tradición referida. Por el contrario, el Andante resulta algo pesadote. Decididos y muy bien tensados los dos movimientos restantes, pero carentes de la efusividad y el humanismo que la música también demanda. Correcto sonido monofónico. (7)



2. Klemperer/Orquesta Philharmonia (EMI, 1956). Por aquellas fechas Herr Klemperer contaba ya 71 años, pero aún no era el de las tremendas lentitudes por el que ha pasado a la historia. De hecho, los dos primeros movimientos de la interpretación van más rápido que la media y, en general, se percibe una vehemencia que habitualmente no asociamos al de Breslau. Sí que relacionamos con su arte el amargor que borra toda tentación de sensualidad y que preside esta lectura. En cualquier caso, se coloca bastante lejos de Walter: la forma sujeta férreamente la expresión, el rigor es absoluto, la flexibilidad resulta en todo momento muy sutil y la severidad granítica se termina imponiendo. ¿Neoclasicismo frente a Romanticismo? Algo así, pero aún no es “estilo mozartiano”. Imponente la orquesta, muy bien diseccionada. La restauración de 2023 rescata una toma que ha revelado buen sonido estereofónico. (9)



3. Böhm/Filarmónica de Berlín (DG, 1968). Ahora sí que podemos hablar de estilo mozartiano. O más bien de lo que hoy entendemos por tal cosa, porque quizá fuera un invento del propio Böhm. Los dos primeros movimientos son una maravilla, por perfecta síntesis entre elegancia, belleza y hondura perfectamente sostenidas por una tensión dramática mucho menos evidente que la de Walter; más subterránea, pero no por ello menos efectiva. En el Menuetto el maestro pincha, como le suele ocurrir: excesivamente severo. Tampoco convence el Allegro conclusivo, que le queda lento y pesadote, aunque tampoco podemos desdeñar su cantabilidad ni, menos aún, la claridad que consigue pese a contar con una cuerda musculada como la berlinesa. Se recomienda audición en Blu-ray audio. (8)


  

4. Britten/English Chamber Orchestra (Decca, 1971). Desde el punto de vista formal, esta es una interpretación de inmejorable ortodoxia dentro de una aproximación “tradicional renovada”: orquesta de tamaño moderado, articulación fluida, perfecto equilibrio de planos, trazo tan natural como rigurosamente llevado, apreciable belleza formal y extrema depuración sonora. En lo expresivo, sin embargo, esta es una recreación diferente y discutible, tal vez genial, que se encarga de poner por delante de cualquier otra consideración los aspectos más amargos de la escritura mozartiana, particularmente en un Andante algo más lento de la cuenta, pero cargado de profundidad. Sensacional la orquesta: ¡qué maderas en el Trío! Magnífica la grabación. (10) 

 
 

5. Krips/Orquesta del Concertgebouw (Philips, 1973). Consiguiendo la mezcla perfecta entre músculo sonoro y densidad en el fraseo, el maestro vienés ofrece un primer movimiento de acertado carácter urgente y dramático, un Minuetto al mismo tiempo adusto y con fuerza y un Allegro conclusivo que comienza pareciendo en exceso lento, pero que luego convence al estar lleno de fuerza y potencia expresiva, como también de vuelo poético en las frases líricas. No tan conseguido el Andante: anhelante mucho antes que sensual o contemplativo, lo que está muy bien, pero en exceso rápido y un tanto desaprovechado. (9)


 
6. Muti/New Philharmonia (EMI, 1976). Musculado y dramático el primer movimiento, pero de admirable naturalidad en el trazo y bien delineado, sin necesidad de acentuar claroscuros ni de perder esa “elegancia viril” que caracteriza el arte de Muti. Andante llevado como tal, sin lentitud ni pesadez alguna, perfecto en su equilibrio entre belleza y carácter lacerante, si bien tanto en lo uno como en lo otro se podría alcanzar un grado superior. Menuetto algo monolítico; aquí puede hablarse de cierta pesadez. Allegro conclusivo en la línea del inicial. Formidable la orquesta, que suena a Muti y no a Klemperer. Notable sonido en alta resolución. (8)


 
7. Böhm/Filarmónica de Viena (DVD DG, 1978). Aunque el concepto es globalmente el mismo, Böhm acelera de manera significativa el tempo del Andante con respecto a su grabación berlinesa, al tiempo que aligera el fraseo: le queda bien. Lo significativo, en cualquier caso, es la presencia de la Wiener Philharmoniker, sencillamente el mejor instrumento posible para lo que quiere conseguir el maestro con esta música. El resultado es una interpretación más fluida que la de antes y aún más hermosa, aun dentro de esa severidad marmórea que caracterizaba al de Graz. La filmación se realizó en celuloide en un precioso salón vienés. (9)


 
8. Marriner/Academy of St. Martin in The Fields (Philips, 1978). Sir Neville se inserta en la misma corriente de renovación formal que Britten, pero haciéndolo desde parámetros expresivos bien distintos: en lugar del amargor, lo que pone en primer lugar es la elegancia, la coquetería y la chispa de la música mozartiana, que aunque están ahí quizá no sean los factores que hacen grande esta página en concreto. Por eso los resultados defraudan, de manera particular en un Andante rapidito y algo liviano. En los movimientos extremos hay más efervescencia que tensión dramática: no son la misma cosa. Por lo demás, mucha elegancia y pulcritud formal extrema a cargo de una orquesta alucinante y de una batuta cuidadosa a más no poder. Formidable labor la de los ingenieros de Philips. (8)


 
9. Hogwood/The Academy of Ancient Music (Decca, 1979). Los instrumentos originales y la articulación historicista, así como la incorporación de un clave al continuo, se revelan muy convenientes para esta página. Hay que acostumbrarse a la sonoridad ácida de los violines y a la relativa gangosidad de los oboes, pero merece la pena. Otra cosa es que Chris no sea el más transparente y refinado de los directores posibles. Tampoco el más poético, aunque en cualquier caso ofrece una recreación animada, comunicativa y con garra que flaquea por un Andante poco efusivo, incluso algo anodino. (8)


 
10. Bernstein/Filarmónica de Viena (DVD Euroarts y CD DG, 1988). Aunque pudiera parecer mentira, Lenny consigue que los Wiener –siempre rendidos ante la magia de su batuta– suenen con aún mayor belleza y plasticidad que con Böhm. Y lo hace para ofrecernos una interpretación más cálida, sensual y comunicativa, mejor equilibrada entre lo apolíneo y lo dionisíaco, ante la que es imposible resistirse a pesar de que en el primer movimiento se detecte cierta tendencia al preciosismo, en el segundo haya más carácter otoñal –ojo, el tempo es el indicado de Andante– que amargor, y los dos últimos resulten un poco más corpulentos de la cuenta. El Minuetto se encuentra prodigiosamente delineado, mientras que el Finale se encuentra lleno de fuerza controlada. Mejor el vídeo que en el CD: como siempre, ver a Bernstein es una gozada. (9)


 
11. Tate/English Chamber Orchestra (EMI, 1989). La ECO, aun sin la belleza sonora de la Filarmónica de Viena, vuelve a mostrarse como la formación perfecta para la obra, por dimensiones y extremo virtuosismo. Con ella Tate nos ofrece una recreación más cercana que la de Britten, mucho más sanguínea y vitalista, también más rica en concepto. El primer movimiento es el que más me gusta de cuantos he escuchado: implacable, lleno de fuerza y comunicatividad, muy bien desmenuzado sin perder elegancia y belleza sonora. Un poquito más rápido de la cuenta el Andante, aun así espléndido. Demasiado severo el Menuetto, y formidable un Finale dicho de un solo trazo. La toma, siendo muy buena, no llega a la mayor altura posible. (10)


 
12. Abbado/Filarmónica de Berlín (Sony, 1992). Perfecta mezcla de músculo berlinés y agilidad de la batuta en los movimientos extremos, dichos con convicción y expuestos con virtuosismo difícilmente superable. Mucho menos bien el Andante: el maestro no anda descaminado a la hora de subrayar su carácter anhelante, pero aquí ya se evidencia el deslizamiento hacia el Mozart suavón que caracterizará los últimos años de la carrera de Abbado. Sí que convence, y mucho, su manera de aligerar un Menuetto que se suele interpretar con más pesadez de la conveniente. Una delicia las maderas en el Trío. (8)


 

13. Pinnock/The English Concert (DG, 1993). Pinncok sigue a Hogwood, también en la inclusión de un clave –ellos mismos, por descontado–, pero los resultados son mejores. La sonoridad es más carnosa, más natural, y menos encorsetado el fraseo; hay mayor atención a las voces intermedias y se consigue mayor inmediatez expresiva. Flojea, como en el caso de su colega, un Andante francamente insípido. El movimiento inicial es soberbio. El tercero acierta al resultar antes dramático que galante –estupendas las maderas–, mientras el Finale se desborda un poco con tanto pálpito vital. La toma es espléndida e integra de manera satisfactoria el rico continuo del maestro. (8) 
 



14. Ter Linden/Mozart Akademie Amsterdam (Brilliant, 2002). Paso atrás en el mundo historicista: Jaap Ter Linden es un gran violonchelista barroco, pero como director de este repertorio no pasa de la mediocridad. Aunque todo está más o menos en su sitio, las tensiones no surgen, faltan matices y se echan de menos contrastes tanto sonoros como expresivos. El resultado es plano y profundamente aburrido. (6)



15. Adam Fischer/Orquesta de Cámara Real Danesa (Dacapo, 2008). Opción “de tercera vía radical”, si es que se puede decir así: mezcla de instrumentos modernos y antiguos con articulación altamente influida por la praxis historicista. Partiendo desde esta opción formal, el maestro de Budapest ofrece la interpretación más “Sturm und Drang” de todas, auténtica tempestad de tempi rapidísimos, alta flexibilidad en el fraseo, contrastes muy marcados y no poca aspereza en la que le echa mucha imaginación al asunto sin terminar de redondear los resultados. En el movimiento inicial hay descubrimientos tan interesantes como discutibles que restan unidad al discurso. En el segundo, al oyente más tradicional le molestará la escasa vibración de la cuerda y la poca efusividad del fraseo. En el tercero, soberbiamente planteado, hay detalles que la batuta se podía haber ahorrado, mientras que en el Finale Fischer es de los que se deja llevar por la vehemencia. (8)



16. Pinnock/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2008). Salvando el rico y musicalísimo clave al continuo –otra vez Pinnock himself– y la búsqueda de una articulación relativamente ligera, el maestro británico ofrece una lectura de corte tradicional, de enfoque no excesivamente dramático, que sintetiza lo mejor de su lectura historicista de estudio con las posibilidades de una orquesta “normal” de superlativa calidad. El resultado se beneficia de un fraseo elegante y flexible que sienta muy bien a Mozart, como también de una gran tensión y entusiasmo en los movimientos extremos. que destacan por su enorme musicalidad, su calidez, naturalidad y su equilibrio. En el segundo movimiento, aunque mejor y más cálidamente paladeado que antes –bienvenida la recuperación del vibrato–, el artista británico no termina por sintonizar con el regusto amargo que la música parece pedir: su Mozart siempre ha preferido lo galante a lo conflictivo. La filmación resulta un tanto pálida si la comparamos con la soberbia calidad de imagen que hoy ofrece la propia Digital Concert Hall. (9)


 
17. Rhorer/Le Cercle de l’Harmonie (Erato, 2008). Distanciándose muchísimo de los Hogwood, Pinnock y compañía, Jérémie Rhorer propone una lectura de historicismo radical que incluye, como o podía ser menos, elementos de la praxis interpretativa barroca. Así, el fraseo de los movimientos es flexible e imaginativo, pero no natural; más bien forzado, excesivo en los claroscuros, cuando no violento. Los juegos dinámicos no parecen tener un fin expresivo, sino buscar un movimiento continuo para que el oyente no se aburra. En el Andante está muy bien captado el carácter anhelante de las notas, sin que la sensualidad logre de brotar: es lo que ocurre cuando se renuncia a la vibración de la cuerda. Interesantísimo el Minuetto, rústico en el buen sentido y con unas maderas muy carnosas en el Trío. La orquesta es de calidad, si bien las broncas trompas no terminan de empastar. (7)



18. Marcon/Sinfónica de la WDR (YouTube, 2018). El fundador de la Orquesta Barroca de Venecia opta por articulación moderadamente historicista y trompas sin válvulas para una interpretación dotada de sana rusticidad, pero lastrada por desigualdades. Funciona muy bien el primer movimiento, dramático e incisivo, pese a más de un desajuste y cierta tosquedad generalizada. Interesante el segundo, cuyo carácter amargo atiende bien sin necesidad de ralentizarlo. Un poco más de sensualidad no le hubiera venido nada mal. Excelente el Menuetto, de ritmo bien marcado y sin pesadeces. Mediocre el Finale, por precipitado, rígido y ajeno a sutilezas en el tratamiento orquestal. Por cierto, hay algún desajuste demasiado evidente. (7)



19. Kirill Petrenko/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2023). El muy reverberante interior de la Sagrada Familia de Barcelona sirve de marco a esta interpretación expuesta de manera sensacional, pero con las evidentes irregularidades que caracterizan al actual titular de la formación. El Allegro con brio es rapidísimo, rebosa efervescencia sin merma de la claridad, pero da la impresión de que el maestro lo que pretende ante todo es deslumbrar al personal con su virtuosismo. Flojísimo el Andante, un tanto en la línea frívola, ligera en el mal sentido, de un Abbado. El Menuetto es sensacional: sabe mantener su carácter dramático aportando incluso cierto desasosiego, al tiempo que agiliza de manera muy adecuada la articulación. Sublimes las maderas del Trío, mejor que con Pinnock. El Finale sigue la línea del primer movimiento. (8)

lunes, 1 de junio de 2026

Yannick hace (por fin) su Tercera de Mahler

La Filarmónica de Berlín tiene una cantidad asombrosas de filmaciones de la Tercera de Gustav Mahler. Tantas, que creo que ninguna orquesta del orbe posee tantas versiones filmadas de una sinfonía mahleriana. Fíjense: Haitink 1990, Mehta 2008, Rattle 2011, Dudamel 2014, Iván Fischer 2016, Viotti 2020, Mehta 2021. A estas siete hay que sumar una octava, la que ofreció el pasado 23 de mayo Yannick Nézet-Séguin con la colaboración de su gran amiga Joyce di Donato. En realidad, el director canadiense estaba previsto para 2020. Le sustituyó Viotti y ofreció una recreación absolutamente sensacional, a mi entender de referencia, como intenté explicar en esta discografía comparada.

Ahora le ha tocado por fin el turno a Yannick. Interpretación tocada una vez más de manera sensacional, insuperable por la formación berlinesa, pese a un pequeño gazapo al comenzar el primer movimiento. Todos los primeros atriles, de ensueño, como también las señoras del Coro de la Radio de Berlín.

¿Y la interpretación? A mí en esta obra me gusta especialmente la línea expresionista de Horenstein o Viotti, o la menos aristada y más ortodoxa, pero siempre un punto distanciada, de un Abbado –el de su versión en Viena, no el posterior– o de un Andris Nelsons. Nézet-Séguin es más “romántico”. Como a Bernstein –por cierto, coinciden en una gestualidad intensísima–, le gusta recrearse en el hedonismo de esta música, se toma ciertas libertades, busca la sensualidad e intenta seducirnos con el puro sonido, pero en absoluto se puede decir que el actual director del Metropolitan caiga en la blandura o el amaneramiento.

Por lo demás, tempi moderados, trazo muy firme, atención tanto a la globalidad como al detalle, suntuosidad sonora no exenta de aristas, delectación melódica y buen sentido de los contrastes. Se puede ir más allá en tensión dramática, en garra y electricidad, como también en lo que se refiere a ternura en el sublime Finale –inolvidable la recreación de Mehta de 2021–, pero aún así el nivel es altísimo. Joyce, sin la voz perfecta para su parte de una Norman, canta con la emoción en los labios.

Del uno al diez, un nueve para esta versión, que puede codearse con las más viscerales arriba citadas y que seguramente preferirán quienes gusten de un Mahler más ortodoxo. ¡Bravo! En la Digital Concert Hall la puede encontrar la persona interesada.

Concierto para violín nº 1 de Prokofiev: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN, 7.VI.2025 La entrada es del 7 de mayo de 2013 y la actualizo ahora con una buena cantidad de interpretaciones adicionales, en...