sábado, 9 de noviembre de 2019

Hay que frenar a VOX

VOX es un monstruo. Es el MAL, con mayúsculas. El MAL normalizado, cotidiano, aceptado y hasta aplaudido por nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo. Colándose por las rendijas de la democracia –muy imperfecta, y por ende con numerosas grietas– con la intención de destruirla. Los regímenes totalitarios nunca se han impuesto exclusivamente haciendo uso de la fuerza. A veces, incluso, esta no les ha sido necesaria. Han ido cangrenando poco a poco los diferentes estratos de la sociedad aprovechando las insuficiencias del sistema, recurriendo a las consignas más primarias (NOSOTROS frente a ELLOS, la PATRIA, etc.), manipulando la realidad –la historia pasada y el presentemediante análisis tendenciosos y, sobre todo, nutriéndose del miedo. Miedo a lo que es "de fuera", miedo a "lo distinto", miedo a que en un contexto de crisis tengamos que ser solidarios en lugar de velar cada uno por "lo nuestro". No hay que irse demasiado atrás, no es imprescindible mirar a Hitler. Basta con observar a nuestro alrededor: Trump, Putin, Le Pen, Brexit... Sí, también Quim Torra. Todas estas caras, aun con obvias diferencias entre sí, son manifestaciones del mismo fenómeno.

Mañana domingo los españoles nos la jugamos. Son miles de personas a nuestro alrededor las que van a votar a VOX, partido al que en modo alguno podemos blanquear. Nunca han ocultado su marcado carácter neofranquista. Su machismo, su homofobia, su racismo y su xenofobia. Tampoco su profunda insolidaridad. Ni su deseo de imponer ideas, aun disfrazándolo de todo lo contrario: su defensa de "la libertad" no es sino el deseo de censurar determinadas maneras de pensar o de comportarse. Las últimas encuestas, realizadas presuntamente desde Andorra, le otorgan un espeluznante número de escaños a los neofascistas.

La manera más inmediata de frenar su avance –pararles "de verdad" es mucho más complicado– es ir a votar mañana. Y votar a la izquierda, nos convenzan mucho o poco esos partidos y sus respectivos líderes. Nadie puede mirar hacia otro lado y hacer como el que no se da cuenta: meter la papeleta de Ciudadanos o del Partido Popular es darle alas al monstruo. Muchos de ustedes lo harán, aun así. Me gustaría que reflexionaran un par de veces antes de decidirse. Por eso escribo estas líneas, y por eso mismo copio y pego en este blog un texto –abiertamente más lúcido y certero que el mío redactado por Cibrán Sierra Vázquez. Lo he encontrado en el Twitter de Antonio Moral a través del de Juan Pérez Floristán, dos de las pocas personas del ámbito de la música culta a las que estoy viendo "mojarse" en esta cuestión, nada más y nada menos que la preservación de los valores más admirables de nuestra civilización. ¡Bravo por ellos!



TEXTO DE CIBRÁN SIERRA VÁZQUEZ

Queridos amigos y amigas,

vuelvo a Facebook una vez más porque no puedo quedarme callado. Porque no dispongo de otro medio para compartir públicamente mis pensamientos y, dada la coyuntura actual, no puedo confinarlos al inútil ámbito de lo privado.

Este domingo nos jugamos mucho. Mucho más de lo que pensamos. Mucho más que un parlamento, mucho más que un gobierno. Nos jugamos la normalización de la barbarie. Arriesgamos que un grupo político que sin tapujos desprecia el pluralismo político, la diversidad cultural, racial, religiosa, sexual y lingüística, la libertad de prensa y asociación, y el derecho a la desobediencia civil –bases todas de una auténtica democracia– se valga de esa misma democracia que en el fondo detesta para acceder a las instituciones y desde allí dinamitar los derechos y libertades que a tantas generaciones costó conseguir. Es deber de toda la ciudadanía que verdaderamente valora la democracia no tolerar a los que se sirven de ella, como parásitos, para insultarla y sabotearla desde dentro. Es deber de cada uno de nosotros no permitir que se vuelva normal, como ocurrió hace un siglo, que por vías democráticas accedan al poder los que acabarán por minar la libertad, la igualdad y la fraternidad que dan sentido a una convivencia civilizada. No podemos olvidar la historia de Europa. Recordemos lo que ocurrió. Mirando hacia otro lado, relativizando al monstruo, sólo se le alimenta de manera irreversible. La apatía y la indiferencia son el alimento fundamental del fascismo.

Por eso, no importa que seas republicano o monárquico, socialdemócrata o liberal, progresista o conservador, creyente o ateo, autonomista o centralista, independentista o federalista… cuando la decisión es entre democracia o barbarie, todas esas líneas, otrora importantes, se trasladan a un segundo plano.

Y precisamente por eso, este domingo hay que ir a votar. Hay de derrotarles con el arma que más detestan… las urnas. La sinrazón sólo se derrota con la fuerza de la razón. Por eso, en estas últimas horas, en casa, en el trabajo, con los amigos, con la familia, en las redes sociales y por todos los medios posibles, los que amamos la democracia, los que respetamos el esfuerzo de tantas generaciones por dejarnos una sociedad europea libre, pacífica, plural, abierta, ilustrada y civilizada, debemos activarnos para concienciar a los demás de lo importante que es ir este domingo a votar, en conciencia, por una opción que rechace frontal y rotundamente a quienes jamás aceptarán a quienes no sean o piensen como ellos, a quienes sólo quieren servirse de nuestra tolerancia para implantar la intolerancia.

Comparte este texto, si quieres, o escribe el tuyo propio, pero no te quedes inmóvil, ni pienses por asomo que la democracia, como sistema, se protege por sí misma. La democracia sólo la protegen y sólo la pueden salvar los auténticos demócratas. Normalizar y aceptar la barbarie, como una opción más, permitir que se instalen en el sistema y lo fagociten paso a paso es abrir las puertas a un proceso que puede resultar irreversible. Y cuando sea demasiado tarde, de nada servirá lamentarnos.
Pues eso!!! 👍

Texto de Cibrán Sierra Vázquez

jueves, 7 de noviembre de 2019

Motivos musicales para temer a VOX

Lo siento, no me he podido resistir.


PD. Para quienes no son de aquí, VOX es el partido fascista, xenófobo, racista, homófobo, machista y, en definitiva, ultraderechista, que amenaza con ascender peligrosamente hasta el tercer puesto en las elecciones generales del próximo domingo. Y luego nos preguntamos por qué "gente normal" votó a Hitler...

domingo, 3 de noviembre de 2019

Un descanso

Me gustaría escribir sobre muchas cosas. Ahora mismo me apetece hacerlo sobre Henry Mancini, sobre Franz Joseph Haydn y sobre Anton Webern, compositores a los que últimamente les dedico bastante tiempo de audición. También quisiera publicar de una vez mis comparativas sobre la Cuarta y la Quinta de Mahler, sobre la Sinfonia del Nuevo Mundo o sobre el Concierto para orquesta de Bartók, entre otras muchas que tengo ya más o menos completas. Pero no puede ser. Este blog consume considerable tiempo y esfuerzo, y ha llegado el momento en el que necesito otro descanso.

No escribo estas líneas para llamar la atención. Las dejo para obligarme a mí mismo a no tocar este blog durante un mes como mínimo, con la única excepción de la crónica que confío en escribir sobre el Sansón y Dalila que se verá en el Teatro de la Maestranza. Sí que intentaré atender dentro de lo posible a los mensajes que me puedan llegar (salvo a los del pesadísimo de Úbeda, que se piensa que no le hemos reconocido). Pero nada más voy a hacer por aquí, porque la vida tiene otros muchos aspectos que atender y ahora mismo necesito concentrar mis esfuerzos en algunos de ellos. Confío en reencontrarles dentro de algunas semanas.


sábado, 2 de noviembre de 2019

Shostakovich tardío para los Difuntos

Para un día tan triste como hoy –más aún con el tiempo que hace aquí en Jerez–, nada mejor que música fúnebre. Yo me he llevado toda la mañana con cuartetos tardíos de Shostakovich. Y ahora les propongo a ustedes escuchar el último de ellos, el nº 15, el de los seis adagios consecutivos. Espectral y mortuorio en grado extremo. Les sugiero este audio que se encuentra en YouTube, el de la grabación de 1979 del Cuarteto Borodin para Melodiya.




La interpretación es escalofriante. Pero mucho ojo: aunque el fraseo ofrezca una concentración extrema, no es esta una lectura ante todo lenta y fantasmagórica ante todo, sino terriblemente tensa, doliente, rebelde y alejada de toda resignación. Nada hay de blandura ni de quejumbroso, sino todo lo contrario. Los gritos de desesperación del primer violín, Mikhail Kopelman, son estremecedores, lacerantes a más no poder. Ni que decir tiene que la sonoridad del cuarteto no es nada romántica, sino puramente shostakoviana. En fin, toda una experiencia.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Barragán, Stadler y Pérez Floristán en el Villamarta

Ya he escrito sobre ellos en varias ocasiones, pero voy a insistir una vez más: Pablo Barragán (Marchena, 1987) y Juan Pérez Floristán (Sevilla, 1993) no son dos chavales de por aquí que lo hacen estupendamente y a los que hay que prestarles la debida atención. Son dos músicos de técnica superlativa que ya han alcanzado plenamente una primera madurez artística y que pueden codearse sin problemas con las más grandes figuras a nivel mundial.

En los comentarios a su disco con música de Brahms y a su recital en el Maestranza del pasado diciembre con música del hamburgués y de Robert Schumann ya dejé bien claro los prodigios que estos dos jóvenes pueden hacer juntos o en compañía de otros. En aquellas dos ocasiones contaron con la colaboración de Andrei Ioniţă. Ayer 31 de octubre en el Teatro Villamarta ofrecieron Mozart, Beethoven y nuevamente Brahms con un violonchelista diferente: Alexey Stadler (San Petersburgo, 1991), un señor de currículo considerable que a mi entender encaja estupendamente con las maneras de hacer de sus dos compañeros. A despecho de alguna inseguridad en Mozart, el ruso tocó muy bien, fraseó con enorme naturalidad y dialogó de maravilla. Pero bueno, ¿cuál es la estatura real del artista? Aquí podemos echar mano del disco para hacernos una idea: si nos limitamos al Trío op. 11 beethoveniano, Stadler no alcanza a la intensísima Jacqueline Du Pré (con De Peyer y Barenboim), pero convence bastante más que el blando Heinrich Schiff (con Meyer y Buchbinder). Creo que contar con Stadler ha sido no solo un acierto, sino también un privilegio. Y ahora, vamos a por las interpretaciones.

En su monólogo antes de empezar el concierto –el sevillano suele dirigirse bastante al público, siempre derrochando inteligencia–, Pérez Floristán reivindicó a Mozart como autor eminentemente operístico en su concepto. Decir que “solo compuso óperas” puede parecer exagerado, pero no le falta buena parte de razón. Y bien que lo demostraron él y sus colegas con una interpretación del Trío Kegelstatt –en su versión con violonchelo en lugar de viola– vitalista, contrastada y teatral a más no poder. Nada que ver con ese Mozart ligero en el peor de los sentidos, equivocadamente frágil e irritantemente “bonito” que con frecuencia tenemos que soportar, aunque tampoco optaron por densidades fuera de tiesto. Fue la suya una lectura ágil mas no nerviosa, tan valiente como sensata en los claroscuros, intensísima pero siempre bajo control, y (¡sobre todo!) fraseada con ese peculiar sentido del canto al que hacía referencia el pianista.

El Trío Gassenhauer op. 11 de Beethoven es considerado por algunos expertos como una de las peores páginas de Beethoven. No estoy de acuerdo; si hay algo vulgar, eso es el tema de Joseph Weigl que da pie a las variaciones del tercer movimiento. Nuestro artistas ofrecieron una interpretación maravillosamente inmadura de la obra. Me explico: mientras algunos podemos preferir una visión más “honda” y reposada de la partitura, nuestros artistas se limitaron a ver en las notas una obra juvenil y la abordaron con un verdadero derroche de adrenalina. Con rapidez, con nervio y con garra, pero también dejándose llevar por la vertiente más espectacular de la música: por momentos, el pianista parecía estar tocando la música de un dibujo animado. Lo que pasa es que lo hicieron todos con tal entrega y convicción, que engancharon de principio a fin en los movimientos extremos, mientras que en el segundo Pablo Barragán hizo gala de esa cualidad especial de su clarinete para imitar el habla humana, Stadler cantó con enorme sensibilidad y Pérez Floristán supo ofrecer detalles de verdadera exquisitez sin rozar siquiera el narcisismo.

En cuanto al sublime Trío Op. 114 de Brahms, nada nuevo con respecto al disco y el vivo en Sevilla salvo el reemplazo de Ioniţă por Stadler. Pero ahí siguieron, yo diría que todavía con un mayor grado de intensidad gracias a la referida sustitución, ese arrebato a punto del desbordamiento, esa tensión prodigiosamente planificada en el discurso horizontal, ese carácter dramático y sustancialmente sinfónico –de nuevo reveladoras las palabras previas del pianista– de la escritura brahmsiana y, desde luego, esa capacidad para ver en la música mucho antes emoción que belleza sonora. O expresado con mucha mayor propiedad: para ver en la belleza no un fin en sí mismo, sino un medio para expresar.

Una propina de Ginastera –arreglo del propio Pérez Floristán– que permitió al clarinetista ofrecer preciosos difuminados cerró una velada en la que el público, mucho más abundante de lo que se podía esperar, aplaudió con merecidísima intensidad.