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viernes, 28 de agosto de 2020

Cuando Abbado llegó a Lucerna: Wagner y Debussy

El 14 de agosto de 2003 se presentaba ante el público la nueva –seguramente ustedes ya saben que hubo una anterior– Orquesta del Festival de Lucerna, en realidad un buen puñado de músicos de la Joven Orquesta Gustav Mahler al que se añadían unos invitados de increíble lujo: el Cuarteto Hagen, Natalia Gutman, Emmanuel Pahud, Sabine Meyer, etc. Todos ellos deseando trabajar con un Claudio Abbado que, con el cáncer deteriorando su organismo, se disponía a emprender la última etapa de su carrera en compañía de los mejores amigos. Programa interesantísimo: los Adioses de Wotan con Bryn Terfel, suite de El martirio de San Sebastián y La mer. Euroarts editó las obras den Debussy en DVD, pero la de Wagner quedó fuera. Ahora he podido volver a ver el concierto completo gracias a la plataforma Medici TV, y además con calidad de imagen de Blu-ray, muy superior a la de la edición comercial. Desdichadamente, la toma sonora pierde: si el DVD, reproducido en multicanal, ofrecía un sonido asombroso, verdaderamente de referencia, la filmación disponible en Medici suena en un estéreo bastante convencional. He realizado la comparación: se pierde muchísimo.


Ahora bien, esta es la única opción para ver y escuchar el referido final de La walkyria. Y merece la pena, aunque sea para ver cómo tocó a fondo el maestro: muy triste ver a Abbado tan despistado, tan completamente fuera de estilo, y al mismo tiempo tan pretencioso. La claridad es asombrosa, la riqueza de colores infinita, pero esto no solo no suena a Wagner y carece tanto de la densidad sonora y expresiva como de la fuerza trágica que la música demanda, sino que adolece de esas sonoridades ingrávidas y relamidas que tanto le gustaban al milanés en sus presuntos años de gloria. Bryn Terfel, vocalmente espléndio, le pone muchas ganas a su interpretación, pero se le escapan muchos pliegues psicológicos de la conmovedora escena.


Sensacional, por el contrario, la extensa suite –con coro y solistas– de El martirio de San Sebastian. Aquí sí, la obsesión de Abbado por obtener sonoridades leves, frasear con línea ondulante y tratar con extremo refinamiento colores y texturas no son solo inconvenientes, sino una enorme baza a la hora de recrear los pentagramas. De este modo nos entrega una interpretación perfecta en el estilo, tan sensual como evanescente, elegantísima en todo momento y plena de misterio, acertando asimismo a la hora de otorgar expresión a los timbres y a la de no hacer en exceso triunfalista el final. Maravilloso el Schweizer Kammerchor y espléndidas las dos sopranos, Rachel Harnisch y Eteri Gvazava. EuroArts la ha subido a YouTube: yo que ustedes no me la perdería, pero les aviso que la pista multicanal del DVD suena considerablemente mejor.

En cuanto a La mer, esto es lo que escribí en mi discografía comparada:

"Dionisíaca y extrovertida a más no poder, particularmente ágil y muy contrastada, danzante y alegre por momentos, también llena de nervio cuando debe, y dotada de un sentido del color y de las texturas seguramente inigualado. Y qué decir de los primeros atriles, los Pahud, Meyer, Mayer y compañía, de su orquesta all-stars. ¿Por qué, siendo impresionante, no se sitúa al nivel de las más grandes? Porque necesita paladear más determinados pasajes, como la conclusión del primer movimiento o la calma antes de la tempestad, y sobra una coda vulgar y efectista a más no poder (¡Abbado de olvida del crescendo!) cuyo interés por el decibelio es potenciado por una toma sonora de incomparable gama dinámica"

No hay mucho más que decir: el Debussy hay que conocerlo. Y el Wagner también, que las sombras son necesarias al lado de las luces para obtener un verdadero retrato de ese gran director que fue Abbado.

domingo, 29 de mayo de 2011

Mediocre Tosca en Les Arts

Tosca es una de mis óperas favoritas. Zubin Mehta uno de los directores (junto con Davis, Sinopoli y algún otro) que mejor la ha dirigido, particularmente en su referencial grabación de los setenta con la Price y Domingo. La Orquesta de la Comunitat Valenciana una de las más sólidas formaciones de foso de Europa. ¿Cómo es posible pues que quien esto suscribe saliera no ya aburrido sino irritado de la función que abría la IV edición del Festival del Mediterráneo? Pues por el bochornoso nivel de la puesta en escena. Tosca es teatro, puro teatro para el que Puccini escribió una música de genial inspiración que, lejos de deleitarse en la mera belleza melódica, enlaza mil leitmotivs para generar un tejido dramático de primer orden. Por eso es necesario que lo que se ve mantenga un nivel mínimo de dignidad teatral, y esto es justamente lo que falló ayer sábado 28.

¿Quién ha sido el inconsciente que le ha encargado la producción a Jean-Louis Grinda? Porque lo que ha hecho este señor es un bodrio mayúsculo, una de las peores puestas en escena de cualquier título operístico que he visto en mi vida. No es ya que no hubiera concepto alguno, que no lo había, sino que la dirección de actores era tan inexistente que todos los cantantes menos uno (lo adelanto ya: Bryn Terfel) deambularon como zombies hacer más que el ridículo. Y cuando por fin aparecía alguna aportación original la risa se adueñó del escenario: tanto el cabezazo entre Cavaradossi y Scarpia como el vestido enganchado de Floria al final del segundo acto parecían accidentes fortuitos. Inenarrable lo de Scarpia tirando al aire las flores de la diva al final del Te Deum. Y plantear toda la acción como un flashback mientras Tosca cae desde el castillo -el suicidio se muestra mediante proyección- me parece una tontería que no aporta nada.

Mención especial para la horrorosa escenografía de Isabelle Partiot-Pieri, propia de la más pobretona y cutre asociación de amigos de la ópera o de un modestísimo teatro itinerante de Europa del Este, así como para la paupérrima luminotecnia de Roberto Venturi. El vestuario de Christian Gasc, clásico, sonaba a tópico: la protagonista de rojo sangre y tal. En definitiva, un mamarracho molesto para la vista y para la inteligencia que Helga Schmidt no debería tener la desvergüenza de reponer, como está anunciado, salvo que la intendente se anime por fin a reconocer que Les Arts es un teatro de segunda al borde de la quiebra. Pero si quiere seguir manteniendo el tipo, esta producción debería ser pasto de las llamas en las próximas Fallas.

La intervención de la Orquesta de la Comunitat Valenciana pasará a la historia... por el monumental galimatías que se formó al comienzo del dúo del tercer acto. No sé si el problema estuvo en los instrumentistas o en la batuta, pero lo cierto es que durante unos segundos -que parecieron eternos- sonó desde el foso auténtica música aleatoria. Tenor y soprano se miraban con horror mientras se hacía el silencio total. Por fortuna el maestro hizo gala de sus tablas y rápidamente dio la entrada para que las cosas volvieran a su cauce. Estuvo bien que se equivocaran, para que así los orgullosísimos -y carísimos- miembros de la orquesta reconozcan que ellos también son humanos. El resto de la velada estuvieron fantásticos, y es de justicia aplaudir la sensualísima intervención de Joan Enric Lluna en el "E lucevan le stelle".

Zubin Mehta dirigió de manera admirable, aunque no a la altura de la citada grabación para RCA, sin tanto nervio ni tan minuciosa disección del entramado orquestal. En cualquier caso fue una labor de muchísima altura donde el maestro demostró conocer a la perfección el idioma pucciniano (ojo: sin apenas blanduras ni languideces) e inyectó un irresistible pulso dramático, particularmente en el acto segundo. Un poco más de riesgo e imaginación tampoco le hubiera venido mal, a decir verdad.

La voz de Oksana Dyka, lírica pura rica en armónicos, suena típicamente eslava; a algunos esto no les hará gracia, aunque a mí me da igual. Lo que sí me importó fue la sosería con que recreó a un personaje que es puro temperamento. Cantar cantó bien, por momentos muy bien, y ofreció un "Vissi d'arte" muy bello, pero Tosca no es esto. Escénicamente deambuló como un pulpo en un garaje, aunque no tanto como su colega Marcelo Álvarez, que estuvo todo el tiempo ofreciendo poses de divo a la antigua usanza. Vocalmente es un señor que nunca me ha hecho mucha gracia, porque se preocupa más del agudo que del matiz expresivo, pero tampoco le voy a regatear que posee una voz hermosísima y una línea extrovertida, muy latina, que le viene bien al personaje. Por otra parte encontré su actuación irregular: tosco e incómodo en el primer acto, mucho más tranquilo en el segundo y espléndido en el tercero, donde matizó de manera más acertada que en su filmación en DVD en el Metropolitan (poco recomendable, dicho sea de paso). Eso sí, que se ande con cuidado con los pianísimos, que algunos le resultan inaudibles.


Para mí la gran sorpresa estuvo en Bryn Terfel, un cantante que nunca ha sido santo de mi devoción y que ahora se me ha revelado como auténtico animal de la escena. Su actuación estuvo llena de matices de enorme actor que, claro está, no se debían al incompetente Grinda -en caso contrario todos los personajes hubieran estado así de bien perfilados-, sino al propio bajo-barítono galés, que además se mueve como un verdadero tigre. Vocalmente, pues lo que ya sabemos: una voz impresionante manejada con cierta tosquedad, por lo que estuvo mejor en los momentos más fieros del personaje que en aquellos en los que tiene que plegarse a la sutileza.

Del resto no hay mucho que decir: aceptables el Angelotti de Mika Kares y el Sacristán de Fabio Previati, tan eficaz como siempre el Spoletta de Emilio Sánchez -personaje poco menos que inexistente en esta producción- y muy digno el niño del tercero acto, cuyo nombre no tengo aquí a mano. Espléndido el coro.

Los aplausos fueron intensísimos, con algún abucheo aislado para la orquesta -por el galimatías, obviamente- y para la puesta en escena. Yo no me sumé a los que bufaron a los responsables de esta última porque andaba con dolor de garganta, pero me quedé con las ganas. Como anécdota de la noche, Mehta paró los aplausos para anunciar que el Barcelona había vencido al Manchester en no sé que importante partido de fútbol, y el divertido Terfel hizo como que lloraba. Claro que yo me partiré de risa más aun cuando salga lo que han escrito los críticos oficiales de esta Tosca, algunos de las cuales (¡amiguito del alma, te quiero un huevo!) dan la impresión de estar compradísimos por Frau Schmidt. Mientras tanto, pueden leer la crónica de Maac (enlace).

PS. Ya ha salido la crónica de Atticus, que tampoco deben ustedes perderse (enlace).

lunes, 24 de enero de 2011

Gala de cumpleaños de Plácido Domingo en el Real

La gala de homenaje a Plácido Domingo por su setenta (…o setenta y pico) cumpleaños que se celebró el pasado viernes 21 de enero en el Teatro Real de su Madrid natal tuvo momentos de gran emoción, pero estuvo lejos de satisfacer las expectativas despertadas ante la anunciada participación de "cantantes de todo el mundo”. Cierto es que resulta imposible congregar si quiera a la mitad de los grandes nombres junto a los que ha colaborado nuestro artista, pero se echaron de menos demasiadas figuras clave en su dilatada trayectoria; no necesariamente subiéndose al escenario, porque algunos ya no están para muchos trotes, pero sí al menos con su presencia en la sala, como hicieron Angela Gheorghiu (esta podía haber cantado: caprichos de diva), Elena Obratzsova o Jaume Aragall. Habría quienes por problemas de agenda o por enfermedad no pudieron asistir, y de hecho a última hora se dieron de baja gente como Matti Salminen, Samuel Ramey o Anja Harteros, pero es muy probable que a más de uno le corroyera la envidia o sencillamente se plantease que por qué a Plácido sí se le había hecho una gala y a otros -o a ellos mismos- no. Tampoco es difícil imaginar que hubo quienes no lograron dejar de lado sus diferencias con el organizador artístico del evento, Gerard Mortier. Y hay quien ha afirmado que a este no le ha dado la gana de llamar a determinados nombres que bien hubieran querido acudir. De confirmarse esto último, habría que poner seriamente en duda la profesionalidad del gestor belga, quien de momento está acumulando en su experiencia madrileña tantos aciertos como desaciertos.

Aunque la gala se retransmitió en semi-directo por Televisión Española y ha podido verse en diferentes cadenas europeas, me voy a molestar en especificar las intervenciones que se sucedieron, toda vez que el programa -que era una sorpresa y no logramos saber hasta que tuvimos acceso a la sala- no se encuentra recogido por ningún lado. Tras una correcta presentación de un Iñaki Gabilondo algo frío pero muy en su sitio, sin intentar acaparar protagonismo, la Orquesta Sinfónica de Madrid y el Coro Intermezzo dejaron bien claras sus insuficiencias técnicas a la hora de interpretar a Wagner: muy flojo el “Freudig begrüssen” de Tannhäuser. Seguidamente apareció Deborah Polaski para dejarnos helados, con su voz fea, un vibrato descontrolado y escasa sensibilidad para encarnar a la Mariscala, con el bellísimo monólogo “Da geht er hin” del Rosenkavalier, aunque al menos hay que reconocer la voluntad para el matiz que mostró quién ha sido una soberbia Elektra o, en el mismo Teatro Real, una gran Sacristana de Jenufa. Ya desde este Strauss Domingo empezó a llevar el compas con la mano o la cabeza, cosa que continuó haciendo durante toda la velada.

Angela Denoke, quien estaría presente más por Mortier que por Plácido, hizo gala de su habitual eficacia -y sólo eso- con un “Ich sah das Kind” de Parsifal bastante soso y con algunos apuros por arriba. ¡Qué diferencia con lo que le escuchamos en Valencia hace unos meses a Waltraud Meier! ¿Por qué no estuvo la inmensa mezzo alemana en la gala, señor Mortier? Menos mal que se ofreció a continuación una estupenda recreación del “Du bist der Lenz” del primer acto de La Walkyria a cargo de una entregadísima Anja Kampe, porque si no Wagner hubiera salido mal parado de esta gala.

Como única representación del repertorio francés, Paul Groves y Bryn Terfel ofrecieron el hermoso “Au fond du temple saint” de Los pescadores de perlas. El público les aplaudió bastante, aunque a mí lo único que me interesó de esta interpretación fue la soberbia labor del director musical de toda la gala, un James Conlon que, habiéndose mostrado muy aseado y bastante lírico en el repertorio alemán, hizo aquí ostentación de una delicadeza y sensualidad admirables. Pero en la obertura de La forza del destino que vino a continuación para abrir la parte consagrada al mundo italiano se mostró más bien funcionarial: los que hemos tenido la fortuna de escuchar en directo esta soberbia página a Muti y a Barenboim nos quedamos con un agridulce sabor de boca.

El nivel subió con el “Credo in un Dio crudel” de Otello: verdad es que Juan Pons ya no tiene la voz en condiciones para recrear a Yago, pero el barítono menorquín sabe muy bien qué es Verdi, cómo hay que frasearlo y cómo ofrecer la inflexión dramática adecuada en cada momento sin caer en truculencias. Tremenda Dolora Zajick en el “O don fatale” de Don Carlo; a mí me hubiera gustado un mayor legato en las secciones extremas, pero la mezzo terminó triunfando con una voz poderosa, esmaltadísima, y una enorme garra dramática. Conlon ofreció aquí interesantes detalles en el tratamiento de las maderas. Cerrando de manera brillante la primera parte, el tantas veces bastorro Bryn Terfel recreó con su portentoso instrumento y una gran veracidad el impresionante “Te Deum” (¡qué música!) de la Tosca pucciniana.

La segunda parte se abrió con un “Va, pensiero” de Nabucco donde, esta vez sí, el desigual Coro Intermezzo, estupendamente dirigido, dio la talla con una sensual recreación de la celebérrima página. El ya no tan joven René Pape, pese a algunas desigualdades en la emisión, recreó con arte inmenso el acongojante “Ella giammai m’amò” de Don Carlo; algunas frases fueron para pasar a la historia. El vídeo que ya se encuentra colgado en Youtube les permite a ustedes comprobarlo por sí mismos.

La guapa Inva Mula le hincó el diente a Leoncavallo recreando con buen gusto y algún desliz el “Qual fiamma avea nel guardo… Stridonò lassù” de I Pagliacci, para que a continuación el prometedor Lado Ataneli hiciera gala de poderío vocal -más que de atención al matiz- en el “Nemico della patria” del Andrea Chénier. Tras este Giordano, la sorpresa de la noche llegó con Ainhoa Arteta. “Bienvenida”, le gritó una señora, en referencia a su prolongada ausencia en el Real. Bien, es verdad que la soprano tolosana nunca fue gran cosa, pero ahora está cantando mucho mejor que antes. En esta gala se enfrentó nada menos que con el “Sola, perduta, abbandonata” de la Manon Lescaut pucciniana y, pese a las insuficiencias en el grave, ofreció una fuerza expresiva que hasta ahora no habíamos encontrado en la mediática artista.

Aun estando enfermo y no en plenitud de facultades, José Bros se atrevió a cantar L'alba separa dalla luce l'ombra, de Paolo Tosti, y lo hizo con excelente gusto belcantista. La joven soprano búlgara Sonya Yoncheva, vencedora de la última edición de Operalia (el concurso de canto fundado por Domingo), le puso mucha picardía a "Meine Lippen sie küssen so heibs" de Giuditta, de Lehár. La zarzuela tuvo una sola representación, lo que resulta inexplicable teniendo en cuenta la personalidad del homenajeado. En cualquier caso Ana María Martínez nos trajo la música de Moreno Torroba recreando muy dignamente "Tres horas antes del día" de La marchenera.

Lo más divertido de la velada llegó con Erwin Schrott. Cantar, lo que se dice cantar, cantó regular, pero le puso muchísima gracia e intención al aria del catálogo de Leporello mientras llevaba en la mano... ¡el programa del concierto! Y no se limitó a eso, sino que fue enseñando las fotos de Domingo con diferentes señoras del canto. Las risas entre el público dejaron bien claro el guiño hacia lo que todos sabemos sobre el tenor madrileño, quien más tarde o más temprano tiene que terminar haciendo el Don Giovanni. El de Mozart, quiero decir, que el personaje ya se lo sabe muy bien.

A continuación se realizó el estreno mundial de PLA-CI-DO, un regalo del compositor Tan Dun a Plácido Domingo "por encargo de Gerard Mortier", según rezaba la hojilla que nos entregaron. ¿Significa esto que lo pagó el belga de su bolsillo? Porque si no es así, debería poner “por encargo del Teatro Real". La obra, una previsible mezcla de música china y sinfonismo más o menos hollywoodiense, se escuchó con simpatía y se olvidó de inmediato, aunque el oscarizado compositor oriental, presente en la sala, se llevó su ración de aplausos.

Para cerrar el apartado musical de la velada se acertó al escoger la fuga final del Falstaff verdiano, "Tutto nel mondo é burla". En ella reaparecieron Pons, Ataneli, Groves, Mula y Zajick, a los que se añadieron Maite Alberola, Xavier Moreno, Natascha Petrinsky, Miguel Ángel Zapater y, de manera testimonial pero significativa, el gran Raúl Giménez. Claro que la sorpresa estaba por llegar: Teresa Berganza. Una de sus grandes compañeras, sí, pero también una de sus más deslenguadas rivales. En su discurso, emocionado y emocionante, estuvo inmensa. Fue sin duda el momento más emotivo de la noche, rematado con un divertido “Happy birthday to you” con que la mezzo madrileña quiso imitar a Marilyn Monroe.

A partir de ahí se sucedieron interminables y merecidísimos aplausos a Plácido por parte de quienes habíamos ido desde todas partes del mundo (había muchísimo extranjero) a acompañar al cantante en tan merecido homenaje. Su discurso, deshilvanado y al borde del llanto, nos mostró la cara más débil y humana de un artista que siempre se ha mostrado un tanto hermético. Y aún tuvo fuerzas para salir al balcón a saludar al público que había aguantado las gélidas temperaturas de la noche madrileña para seguir el espectáculo desde una pantalla gigante colocada a tal efecto. Encima cantó un chotis al aire libre a menos de cero grados. Genio y figura...

La nota gris de la velada lo puso el asunto de los programas de mano. Todo el mundo pudo hacerse con la ridícula hojilla en la que figuraban las obras a interpretar y el nombre de los cantantes (no así el del pobre James Conlon, quien debió de sentirse muy ofendido). Pero muchos nos quedamos sin el otro programa, el “bueno”, con varias páginas de fotos y algún artículo de circunstancias: luego me enteré que un buen número de ellos había sido repartido entre periodistas, así que parece que nos los quitaron a quienes habíamos pagado nuestra entrada (no precisamente baratas: a mí me salió por 68 euros y tuve que estar todo el tiempo de pie) dejándonos con un palmo de narices. Sorprende la falta de previsión, pese a que ya sabíamos de la incompetencia de la Jefa de Publicaciones, Ruth Zauner. Claro que tampoco nos quedamos sin una gran edición, porque por lo que pude hojear el resultado era de una fealdad y pobreza de contenido supinas. Fíjense si sería malo el programa que la circunstancia ha sido reconocida hasta por el hagiógrafo oficial de la era Mortier, el crítico de El Pais Juan Ángel Vela del Campo. Por cierto, que en su crónica (enlace) añadía otra cosa: “Las imágenes retrospectivas que se proyectan al principio y al final del concierto unen la música a la vida y dan otro alcance más profundo y emotivo al acto. El primer reportaje audiovisual, procedente de los viejos fondos de Televisión Española, es impagable.”. Pues bien, ¿saben ustedes qué pudo leerse en los créditos finales de la retransmisión televisiva? "Asesor artístico vídeos: JUAN ÁNGEL VELA DEL CAMPO” (compruébenlo). Sin comentarios.

PD. No dejen de leer la crónica de Papagena (enlace), y no olviden que en Youtube tienen la gala en su integridad gracias a Teresa59 y su Blog Villazonista (enlace).

martes, 28 de julio de 2009

Zeffirelli y Levine, dos horteras para Don Giovanni

MOZART: Don Giovanni.
Terfel, Koptchak, Fleming, Groves, Kringelborn, Furlanetto, Relyea, Hong. Metropolitan Opera Orchestra and Chorus. Dir: James Levine.
Deutsche Grammophon, 00440 073 4010
2 DVDs. 180’
DDD
Universal
**

Don Giovanni_Levine
Ha querido la casualidad que este DVD llegara a mis manos justo después de ver, vía satélite, el Don Giovanni de Peter Brook y Daniel Harding. Tradicional en todo el primero, moderno en teatro y música el segundo. Mediocres los dos: la cuestión no reside en ser “carca” o “progre”, sino en hacer las cosas bien o hacerlas mal.

Así, el problema de esta producción de Zeffirelli -en su reposición de 2002 a cargo de Stephen Lawless- no es su convencionalismo, sino su vena hortera. Justamente lo que sucede con la dirección de Levine, quien además tiene a bien dejar a los cantantes a su aire. Y claro, ya se sabe lo que ocurre con Terfel cuando le aflojan la correa. Acompañando a este Don Juan a ratos seductor, a ratos zafio y vulgar, convence como Donna Anna una Renée Fleming que no cae en sus recientes amaneramientos.

Furlanetto es un Leporello ya gastado aunque aún muy capaz, Kringelborn una Elvira del montón, Groves un Don Ottavio de buena línea pero con problemas técnicos, Hong una Zerlina con aires de soubrette, Relyea un sólido Masetto y Koptchak un Commendatore muy poquita cosa.

En la propia DG está el DVD imprescindible: Furtwängler, por supuesto. De lo de Harding mejor hablamos otro día.
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Artículo publicado en el número de julio-agosto de 2005 de la revista Ritmo.

jueves, 19 de marzo de 2009

Dos Toscas en DVD: Sinopoli-Zeffirelli y Chailly-Lehnhoff

Como hace unos días hablé de la aparición en DVD de la Tosca “en los lugares y horas de la acción” de 1992 con Mehta, Malfitano, Domingo y Raimondi (enlace), me parece oportuno realizar una comparación entre otras dos filmaciones que he visto recientemente. Una, la del Metropolitan de Nueva York de 1985 editada por Deutsche Grammophon bajo la dirección de Sinopoli y Zeffirelli. La otra, la original producción escénica de Nikolaus Lehnhoff para la Opera de Holanda que contó en el foso nada menos que con la Orquesta del Concertgebouw y Ricardo Chailly; filmada en 1998, ha sido editada no hace mucho por el sello Decca.

Tosca_DVD_SinopoliLas dos puestas en escena me parecen magníficas. La del Met responde plenamente a los gustos del teatro neoyorkino y, obviamente, de Zefirelli: espectacularidad, naturalismo y minuciosidad a partes iguales. Claro que lo que en otras ocasiones termina lastrado los resultados artísticos aquí funciona de maravilla, en parte porque Zefirelli está más contenido que de costumbre y porque comprende plenamente los resortes de este drama, en parte porque a Tosca, página “teatral” como ella sola, le sienta bastante bien semejante desmelene.

Lo de Lehnhoff es otra cosa. Ni sensualidad italiana, ni grandiosidad barroca ni nada de nada. La acción es intemporal. La escenografía, extremadamente opresiva. Los diferentes escenarios son, en palabras del director, trampas mortales de las que no hay salida. El vestuario, bastante feo y de corte sado-maso, contribuye a acentuar la atmósfera gótica y siniestra. Scarpia es una especie de Mefistófeles y en el Te Deum, espectacular, parece que se huele el azufre. ¿Discutible? Muchísimo. Pero uno termina entrando en el juego, sobre todo porque la propuesta está plagada de detalles de extraordinaria inteligencia y la dirección de actores, no hace falta decirlo, es perfecta.Tosca_DVD_Chailly

Decepciona la dirección de Sinopoli, pues aunque el maestro veneciano despliega aquí una admirable teatralidad y hace gala de esa riquísima gama de colores a la que nos tiene acostumbrados, su habitual nervio resulta en esta ocasión excesivo y tanta crispación perjudica los resultados, especialmente durante el primer acto, llegando incluso a haber momento brutales y atropellados. La Orquesta del MET parecía estar en baja forma. Todo lo contrario que la del Concertgebouw, claro, dirigida por un Chailly seguramente no genial, pero siempre ortodoxo, brillante, emotivo y, al contrario que su colega, desplegando una gran cantabilidad; ofrece además algunos detalles creativos de gran interés.

En 1985 Hildegard Behrens estaba ya fatal de voz, hasta el punto de que se hace insufrible escucharla en el primer acto; ahora bien, su electricidad, garra y apasionamiento del duelo con Scarpia son sensacionales y por ello merece la pena atender a su recreación. Catherine Malfitano tiene problemas en el grave y, obviamente, se encuentra peor de voz que en su citado registro con Domingo seis años atrás, pero ofrece una interpretación de gran intensidad ; soberbia actriz, se muestra aquí más controlada que en otras ocasiones y ofrece, en su visión temperamental y enajenada del personaje, una recreación de alto voltaje.

Domingo está arrollador, muy entregado y sincero, perfecto en el estilo, vocalmente pletórico y, como siempre, mucho más atento a la verdad dramática del personaje que al exhibicionismo canoro. Al lado de tan portentosa recreación de Cavaradossi (mucho mejor que la del 92, claro), poco tiene que hacer, en la producción holandesa, un Richard Margison de bella y adecuada voz, solvente técnica y buenos agudos, pero plano y sin morbidez en la línea de canto.


Ya muy mayor y algo primario, aunque con autoridad, el gran Cornell MacNeil en el Met. Interesa más el Scarpia de Bryn Terfel, cuya voz de primerísima calidad se encuentra, esta vez sí, lo suficientemente aprovechada por un artista que en tantas ocasiones tiende a la vulgaridad; desde luego aún podría ofrecer más matices canoros en su recreación, pero su talento escénico resulta impagable.

En Nueva York se muestran solvente el Angelotti de James Cortney, mediocre el sacristán de Italo Tajo y sobresaliente el Spoletta de Anthony Laciura. En Amsterdam destaca el magnífico Angelotti de Mario Luperi por su capacidad para matizar dramáticamente sus frases. ¿Conclusión? Si la Behrens no estuviera tan mal de voz, el DVD del Met sería imprescindible. El de la Nederlandse Opera no en en absoluto para todos los paladares, pero merece la pena para disfrutar de una recreación orquestal de primerísimo orden y para dejarse fascinan por una propuesta escénica muy diferente a lo que estamos acostumbrados.

viernes, 28 de noviembre de 2008

El fallido Falstaff de Abbado

Abbado, hace lustros responsable de celebradísimos Macbeth y Simon Boccanegra, somete a la obra más rebelde de Verdi a un concienzudo proceso de domesticación. Nos ofrece así un Falstaff sin chispa, sarcasmo ni subversión. Por el contrario, suaviza las texturas, se recrea en detalles primorosos y busca esos extremados contrastes dinámicos que tanto gustan al personal. El resultado, una lectura desinflada, gris y profundamente aburrida que destruye la gloriosa modernidad de la partitura que tanto dice admirar el director italiano en sus notas del libreto.

Aunque confunda la sutileza con el abuso de las medias voces y esporádicamente suelte los bramidos marca de la casa, me ha gustado Terfel en un rol que, por descontado, aún ha de madurar. Ignoro si lo hace mejor con Haitink (reapertura del Covent Garden en diciembre de 1999, DVD no disponible en España). El resto del elenco, de nivel medio suficiente para un sello como DG, está poco trabajado. El gran Hampson decepciona como Ford, Dorotea Röschmann es una magnífica Nanetta y Daniil Shtoda un mediocre Fenton. Bien a secas las comadres. En definitiva, una versión discreta en lo musical e inoperante en lo dramático. Sonido mejorable.
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Artículo publicado en el número de noviembre de 2001 de la revista Ritmo.

PS. Obviamente el DVD del Covent Garden que aquí digo desconocer lo escucharía poco después, pues su correspondiente crítica la acabo de colocar en la entrada anterior de este blog, en el que estoy siguiendo el orden cronológico de las grabaciones, no el de mis textos. Al final resultó que Terfel había hecho un Falstaff bastante más convincente en Londres, seguramente porque el serio Haitink le tuvo bien atado mientras que Abbado, tan proclive él mismo a amaneramienos varios, le permite en Berlín hacer lo que le da la gana. Esta grabación es un verdadero fiasco.

El Falstaff de Haitink, Vick y Terfel en el Covent Garden

Graham Vick y Paul Brown (sí, los del Rigoletto del Real) la armaron con su Falstaff en la reinauguración del Covent Garden en diciembre del 99. Incluso desde estas páginas un crítico nada sospechoso de conservadurismo como A.B.-B. afirmó que “todo fue grotesco y zafio, con el resultado de la pérdida total del balance entre drama y sentido del humor”. Propuesta discutible, por tanto, pero a la que no se le puede regatear riesgo y coherencia. Y es que la obra postrera de Verdi es original, ácida e incluso grosera antes que convencional, amable y burguesa, como la entiende, por ejemplo, Zefirelli en el Met (DG).

Haitink vuelve a evidenciar que dista de ser un gran verdiano, pero ofrece dignos “servicios mínimos”. Excelente Terfel, sensacional como actor y sin el amaneramiento vocal que exhibirá poco después con Abbado. Notable el Ford de Frontali, correcta la parejita de enamorados y muy sólido el resto. No se incluyen subtítulos en castellano, pero sí entrevistas. Sonido problemático.
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Artículo publicado en el número de febrero de 2002 de la revista Ritmo.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...