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jueves, 4 de junio de 2026

Sinfonía nº 25 de Mozart: discografía comparada

Mozart compuso su Sinfonía nº 25, KV 183/173 dB cuando solo tenía diecisiete añitos, moviéndose entre Viena y Salzburgo. Lo hizo en Sol menor, tonalidad infrecuente en la época que solo volvería a escoger en su celebérrima Sinfonía nº 40. La tonalidad ya dejaba claro el carácter del asunto: vehemente, dramático y de regusto bien amargo. Estamos en 1773, así que hablamos de Sturm und Drang. ¿Cómo interpretar el asunto, pues? ¿Equilibrio clásico, vehemencia protorromántica o quizá teatralidad heredada de tiempos barrocos? Las tres opciones existen. 

Realizando las audiciones, he tenido la sensación de que el primer movimiento es el que mejor interpretan los diferentes maestros, mientras que el segundo es el que sale peor parado: dificilísimo acertar yanto con el tempo preciso como con la expresión. Por otra parte, considero que el Menuetto no se ha interpretado realmente bien hasta la llegada de la escuela historicista. De hecho, considero que a esta obra los instrumentos originales les sientan mejor que los modernos, y que un clave al continuo lo le viene nada mal. Le recomiendo calurosamente que escuche la mayor variedad de opciones posibles: si se limita a una sola línea interpretativa, se perderá bastante "sustancia" de esta obra maravillosa.

Son sus movimientos:

1. Allegro con brio.
2. Andante.
3. Menuetto.
4. Allegro.





1. Walter/Sinfónica de Columbia (CBS,1954). El maestro berlinés contaba setenta y ocho años cuando realizó esta grabación en Nueva York –la orquesta es mezcla de la Filarmónica, el Met y la NBC– en la que nos entrega un Mozart de la más descarada tradición “romántica” centroeuropea: vehemente, flexible, contrastado, marcado más por el arrebato que por el equilibrio entre forma y expresión. No convence el primer movimiento, en exceso nervioso y precipitado, salpicado además por unas cuantas libertades propias de la tradición referida. Por el contrario, el Andante resulta algo pesadote. Decididos y muy bien tensados los dos movimientos restantes, pero carentes de la efusividad y el humanismo que la música también demanda. Correcto sonido monofónico. (7)



2. Klemperer/Orquesta Philharmonia (EMI, 1956). Por aquellas fechas Herr Klemperer contaba ya 71 años, pero aún no era el de las tremendas lentitudes por el que ha pasado a la historia. De hecho, los dos primeros movimientos de la interpretación van más rápido que la media y, en general, se percibe una vehemencia que habitualmente no asociamos al de Breslau. Sí que relacionamos con su arte el amargor que borra toda tentación de sensualidad y que preside esta lectura. En cualquier caso, se coloca bastante lejos de Walter: la forma sujeta férreamente la expresión, el rigor es absoluto, la flexibilidad resulta en todo momento muy sutil y la severidad granítica se termina imponiendo. ¿Neoclasicismo frente a Romanticismo? Algo así, pero aún no es “estilo mozartiano”. Imponente la orquesta, muy bien diseccionada. La restauración de 2023 rescata una toma que ha revelado buen sonido estereofónico. (9)



3. Böhm/Filarmónica de Berlín (DG, 1968). Ahora sí que podemos hablar de estilo mozartiano. O más bien de lo que hoy entendemos por tal cosa, porque quizá fuera un invento del propio Böhm. Los dos primeros movimientos son una maravilla, por perfecta síntesis entre elegancia, belleza y hondura perfectamente sostenidas por una tensión dramática mucho menos evidente que la de Walter; más subterránea, pero no por ello menos efectiva. En el Menuetto el maestro pincha, como le suele ocurrir: excesivamente severo. Tampoco convence el Allegro conclusivo, que le queda lento y pesadote, aunque tampoco podemos desdeñar su cantabilidad ni, menos aún, la claridad que consigue pese a contar con una cuerda musculada como la berlinesa. Se recomienda audición en Blu-ray audio. (8)


  

4. Britten/English Chamber Orchestra (Decca, 1971). Desde el punto de vista formal, esta es una interpretación de inmejorable ortodoxia dentro de una aproximación “tradicional renovada”: orquesta de tamaño moderado, articulación fluida, perfecto equilibrio de planos, trazo tan natural como rigurosamente llevado, apreciable belleza formal y extrema depuración sonora. En lo expresivo, sin embargo, esta es una recreación diferente y discutible, tal vez genial, que se encarga de poner por delante de cualquier otra consideración los aspectos más amargos de la escritura mozartiana, particularmente en un Andante algo más lento de la cuenta, pero cargado de profundidad. Sensacional la orquesta: ¡qué maderas en el Trío! Magnífica la grabación. (10) 

 
 

5. Krips/Orquesta del Concertgebouw (Philips, 1973). Consiguiendo la mezcla perfecta entre músculo sonoro y densidad en el fraseo, el maestro vienés ofrece un primer movimiento de acertado carácter urgente y dramático, un Minuetto al mismo tiempo adusto y con fuerza y un Allegro conclusivo que comienza pareciendo en exceso lento, pero que luego convence al estar lleno de fuerza y potencia expresiva, como también de vuelo poético en las frases líricas. No tan conseguido el Andante: anhelante mucho antes que sensual o contemplativo, lo que está muy bien, pero en exceso rápido y un tanto desaprovechado. (9)


 
6. Muti/New Philharmonia (EMI, 1976). Musculado y dramático el primer movimiento, pero de admirable naturalidad en el trazo y bien delineado, sin necesidad de acentuar claroscuros ni de perder esa “elegancia viril” que caracteriza el arte de Muti. Andante llevado como tal, sin lentitud ni pesadez alguna, perfecto en su equilibrio entre belleza y carácter lacerante, si bien tanto en lo uno como en lo otro se podría alcanzar un grado superior. Menuetto algo monolítico; aquí puede hablarse de cierta pesadez. Allegro conclusivo en la línea del inicial. Formidable la orquesta, que suena a Muti y no a Klemperer. Notable sonido en alta resolución. (8)


 
7. Böhm/Filarmónica de Viena (DVD DG, 1978). Aunque el concepto es globalmente el mismo, Böhm acelera de manera significativa el tempo del Andante con respecto a su grabación berlinesa, al tiempo que aligera el fraseo: le queda bien. Lo significativo, en cualquier caso, es la presencia de la Wiener Philharmoniker, sencillamente el mejor instrumento posible para lo que quiere conseguir el maestro con esta música. El resultado es una interpretación más fluida que la de antes y aún más hermosa, aun dentro de esa severidad marmórea que caracterizaba al de Graz. La filmación se realizó en celuloide en un precioso salón vienés. (9)


 
8. Marriner/Academy of St. Martin in The Fields (Philips, 1978). Sir Neville se inserta en la misma corriente de renovación formal que Britten, pero haciéndolo desde parámetros expresivos bien distintos: en lugar del amargor, lo que pone en primer lugar es la elegancia, la coquetería y la chispa de la música mozartiana, que aunque están ahí quizá no sean los factores que hacen grande esta página en concreto. Por eso los resultados defraudan, de manera particular en un Andante rapidito y algo liviano. En los movimientos extremos hay más efervescencia que tensión dramática: no son la misma cosa. Por lo demás, mucha elegancia y pulcritud formal extrema a cargo de una orquesta alucinante y de una batuta cuidadosa a más no poder. Formidable labor la de los ingenieros de Philips. (8)


 
9. Hogwood/The Academy of Ancient Music (Decca, 1979). Los instrumentos originales y la articulación historicista, así como la incorporación de un clave al continuo, se revelan muy convenientes para esta página. Hay que acostumbrarse a la sonoridad ácida de los violines y a la relativa gangosidad de los oboes, pero merece la pena. Otra cosa es que Chris no sea el más transparente y refinado de los directores posibles. Tampoco el más poético, aunque en cualquier caso ofrece una recreación animada, comunicativa y con garra que flaquea por un Andante poco efusivo, incluso algo anodino. (8)


 
10. Bernstein/Filarmónica de Viena (DVD Euroarts y CD DG, 1988). Aunque pudiera parecer mentira, Lenny consigue que los Wiener –siempre rendidos ante la magia de su batuta– suenen con aún mayor belleza y plasticidad que con Böhm. Y lo hace para ofrecernos una interpretación más cálida, sensual y comunicativa, mejor equilibrada entre lo apolíneo y lo dionisíaco, ante la que es imposible resistirse a pesar de que en el primer movimiento se detecte cierta tendencia al preciosismo, en el segundo haya más carácter otoñal –ojo, el tempo es el indicado de Andante– que amargor, y los dos últimos resulten un poco más corpulentos de la cuenta. El Minuetto se encuentra prodigiosamente delineado, mientras que el Finale se encuentra lleno de fuerza controlada. Mejor el vídeo que en el CD: como siempre, ver a Bernstein es una gozada. (9)


 
11. Tate/English Chamber Orchestra (EMI, 1989). La ECO, aun sin la belleza sonora de la Filarmónica de Viena, vuelve a mostrarse como la formación perfecta para la obra, por dimensiones y extremo virtuosismo. Con ella Tate nos ofrece una recreación más cercana que la de Britten, mucho más sanguínea y vitalista, también más rica en concepto. El primer movimiento es el que más me gusta de cuantos he escuchado: implacable, lleno de fuerza y comunicatividad, muy bien desmenuzado sin perder elegancia y belleza sonora. Un poquito más rápido de la cuenta el Andante, aun así espléndido. Demasiado severo el Menuetto, y formidable un Finale dicho de un solo trazo. La toma, siendo muy buena, no llega a la mayor altura posible. (10)


 
12. Abbado/Filarmónica de Berlín (Sony, 1992). Perfecta mezcla de músculo berlinés y agilidad de la batuta en los movimientos extremos, dichos con convicción y expuestos con virtuosismo difícilmente superable. Mucho menos bien el Andante: el maestro no anda descaminado a la hora de subrayar su carácter anhelante, pero aquí ya se evidencia el deslizamiento hacia el Mozart suavón que caracterizará los últimos años de la carrera de Abbado. Sí que convence, y mucho, su manera de aligerar un Menuetto que se suele interpretar con más pesadez de la conveniente. Una delicia las maderas en el Trío. (8)


 

13. Pinnock/The English Concert (DG, 1993). Pinncok sigue a Hogwood, también en la inclusión de un clave –ellos mismos, por descontado–, pero los resultados son mejores. La sonoridad es más carnosa, más natural, y menos encorsetado el fraseo; hay mayor atención a las voces intermedias y se consigue mayor inmediatez expresiva. Flojea, como en el caso de su colega, un Andante francamente insípido. El movimiento inicial es soberbio. El tercero acierta al resultar antes dramático que galante –estupendas las maderas–, mientras el Finale se desborda un poco con tanto pálpito vital. La toma es espléndida e integra de manera satisfactoria el rico continuo del maestro. (8) 
 



14. Ter Linden/Mozart Akademie Amsterdam (Brilliant, 2002). Paso atrás en el mundo historicista: Jaap Ter Linden es un gran violonchelista barroco, pero como director de este repertorio no pasa de la mediocridad. Aunque todo está más o menos en su sitio, las tensiones no surgen, faltan matices y se echan de menos contrastes tanto sonoros como expresivos. El resultado es plano y profundamente aburrido. (6)



15. Adam Fischer/Orquesta de Cámara Real Danesa (Dacapo, 2008). Opción “de tercera vía radical”, si es que se puede decir así: mezcla de instrumentos modernos y antiguos con articulación altamente influida por la praxis historicista. Partiendo desde esta opción formal, el maestro de Budapest ofrece la interpretación más “Sturm und Drang” de todas, auténtica tempestad de tempi rapidísimos, alta flexibilidad en el fraseo, contrastes muy marcados y no poca aspereza en la que le echa mucha imaginación al asunto sin terminar de redondear los resultados. En el movimiento inicial hay descubrimientos tan interesantes como discutibles que restan unidad al discurso. En el segundo, al oyente más tradicional le molestará la escasa vibración de la cuerda y la poca efusividad del fraseo. En el tercero, soberbiamente planteado, hay detalles que la batuta se podía haber ahorrado, mientras que en el Finale Fischer es de los que se deja llevar por la vehemencia. (8)



16. Pinnock/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2008). Salvando el rico y musicalísimo clave al continuo –otra vez Pinnock himself– y la búsqueda de una articulación relativamente ligera, el maestro británico ofrece una lectura de corte tradicional, de enfoque no excesivamente dramático, que sintetiza lo mejor de su lectura historicista de estudio con las posibilidades de una orquesta “normal” de superlativa calidad. El resultado se beneficia de un fraseo elegante y flexible que sienta muy bien a Mozart, como también de una gran tensión y entusiasmo en los movimientos extremos. que destacan por su enorme musicalidad, su calidez, naturalidad y su equilibrio. En el segundo movimiento, aunque mejor y más cálidamente paladeado que antes –bienvenida la recuperación del vibrato–, el artista británico no termina por sintonizar con el regusto amargo que la música parece pedir: su Mozart siempre ha preferido lo galante a lo conflictivo. La filmación resulta un tanto pálida si la comparamos con la soberbia calidad de imagen que hoy ofrece la propia Digital Concert Hall. (9)


 
17. Rhorer/Le Cercle de l’Harmonie (Erato, 2008). Distanciándose muchísimo de los Hogwood, Pinnock y compañía, Jérémie Rhorer propone una lectura de historicismo radical que incluye, como o podía ser menos, elementos de la praxis interpretativa barroca. Así, el fraseo de los movimientos es flexible e imaginativo, pero no natural; más bien forzado, excesivo en los claroscuros, cuando no violento. Los juegos dinámicos no parecen tener un fin expresivo, sino buscar un movimiento continuo para que el oyente no se aburra. En el Andante está muy bien captado el carácter anhelante de las notas, sin que la sensualidad logre de brotar: es lo que ocurre cuando se renuncia a la vibración de la cuerda. Interesantísimo el Minuetto, rústico en el buen sentido y con unas maderas muy carnosas en el Trío. La orquesta es de calidad, si bien las broncas trompas no terminan de empastar. (7)



18. Marcon/Sinfónica de la WDR (YouTube, 2018). El fundador de la Orquesta Barroca de Venecia opta por articulación moderadamente historicista y trompas sin válvulas para una interpretación dotada de sana rusticidad, pero lastrada por desigualdades. Funciona muy bien el primer movimiento, dramático e incisivo, pese a más de un desajuste y cierta tosquedad generalizada. Interesante el segundo, cuyo carácter amargo atiende bien sin necesidad de ralentizarlo. Un poco más de sensualidad no le hubiera venido nada mal. Excelente el Menuetto, de ritmo bien marcado y sin pesadeces. Mediocre el Finale, por precipitado, rígido y ajeno a sutilezas en el tratamiento orquestal. Por cierto, hay algún desajuste demasiado evidente. (7)



19. Kirill Petrenko/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2023). El muy reverberante interior de la Sagrada Familia de Barcelona sirve de marco a esta interpretación expuesta de manera sensacional, pero con las evidentes irregularidades que caracterizan al actual titular de la formación. El Allegro con brio es rapidísimo, rebosa efervescencia sin merma de la claridad, pero da la impresión de que el maestro lo que pretende ante todo es deslumbrar al personal con su virtuosismo. Flojísimo el Andante, un tanto en la línea frívola, ligera en el mal sentido, de un Abbado. El Menuetto es sensacional: sabe mantener su carácter dramático aportando incluso cierto desasosiego, al tiempo que agiliza de manera muy adecuada la articulación. Sublimes las maderas del Trío, mejor que con Pinnock. El Finale sigue la línea del primer movimiento. (8)

jueves, 4 de diciembre de 2025

Don Juan de Gluck: discografía comparada

Este fin de semana Jordi Savall pone en riesgo su vida: enfrentarse a los muy fieros Berliner Phiharmoniker para hacer, entre otras cosas, Don Juan de Gluck. ¿Se lo comerán vivo, habida cuenta de que la técnica de batuta del de Igualada, a todas luces enorme músico, dista de ser excepcional? Mientras hacemos nuestras apuestas, podemos hacer un repaso sobre la escasa discografía de esta apasionante partitura.
Ojo con el asunto de las ediciones. La versión original se estrenó en el Burgtheater de Viena y constaba solo de unos pocos números, justo los que coreografió y bailó Gasparo Angiolini en aquel 17 de octubre de 1761: reparen en que nos hallamos un año por delante del estreno de Orfeo y Eurídice. Con el paso del tiempo se fueron añadiendo números al núcleo original hasta duplicar la duración del evento y acercarse a los tres cuartos de hora, perdiendo sobre la marcha concisión y enriqueciéndose con músicas más decorativas que alejaron la acción dramática de la idea inicial de prescindir de todo aquello que resultara superfluo. Esto es, lo mismo que le sucederé a la citada ópera llegue a su versión de París. En cuando a la cuestión interpretativa, tengo claro que prefiero a Gluck con un director historicista que con otro tradicional, aunque en lo que a los instrumentos se refiere guardo mis dudas.


1. Moralt/Sinfónica de Viena (Westminster, 1950?). Rudolf Moralt conocía a la perfección la tradición vienesa, pero obviamente esta era la que había llegado a 1940 –fecha en la que su batuta pasa a la Staatsoper–, lo que significa que su manera de abordar este repertorio se encuentra excesivamente deformada por el paso del tiempo. De ahí que encontremos números sonados de manera más masiva de la cuenta, expuestos sin suficiente agilidad ni impulso rítmico, y desde luego no muy atentos a la teatralidad que demanda la partitura, junto a otros cargados de energía bien controlada o paladeados con admirable delectación melódica. Siempre, en cualquier caso, muy bien expuestos y sonados de manera impecable por una orquesta que ya evidenciaba espléndido nivel. Lo menos bueno es el clave, más bien monótono. Que yo sepa, no ha pasado a compacto: solo se puede escuchar en esta transferencia realizada a YouTube. (7)


2. Marriner/Academy of St. Martin in the Fields (Decca, 1967). Mucho más ajustada estilísticamente que la de Moralt, esta interpretación tuvo suerte de contar con una orquesta de tamaño ajustado y depuración sonora excepcional, y especialmente con un maestro capacitado de manera especial para este repertorio. Marriner ofreció un clasicismo diáfano, de enorme elegancia y cantabilidad, pero -mucho ojo- no aéreo ni en exceso grácil, sino bien tensado y con su punto justo de músculo. Eso sí, siempre desde una óptica expresiva en la que se evidencia cierto espíritu rococó en su atención a la sensualidad, a la chispa e incluso a la frivolidad bien entendida, como también al alejamiento de los grandes claroscuros y de cualquier tipo de aspereza. El clave ha envejecido mal: imaginativo pero en exceso coqueto, muy en la línea de lo que se hacía con este instrumento en las agrupaciones británica de los sesenta y setenta. Da un poco de pena saber que el responsable es nada menos que Simon Preston. Si no fuera por él, la versión se llevaría más "nota". La toma necesita un nuevo reprocesado. (8)


3. Gardiner/English Baroque Soloist (Erato, 1981). Los tempi son muy parecidos a los de Marriner (44:32 frente a los 45:16 de su colega), pero el concepto es muy distinto. No es solo la utilización de instrumentos originales, de sonoridad adecuadamente rústica, sino la adopción de un fraseo mucho más incisivo en el que la atención no se centra ya en los aspectos melódicos de la música, sino en los puramente rítmicos, lo que tratándose de un ballet no es ningún disparate. Por lo demás, el relativamente joven Gardiner -iba a cumplir los treinta y ocho- aporta una dosis importante de fuerza, garra y tensión al tiempo que apuesta por esa severidad digamos que neoclásica que siempre ha caracterizado su acercamiento a este repertorio. La verdad, se hubiera agradecido menor rigidez y algo más de sensualidad y vuelo lírico en esta irregular interpretación que culmina, como no, en un descenso a los infiernos estremecedor. (8)


4. Weil/Tafelmusik (Sony, febrero 1992).
Sonoridad en exceso afilada –influye la toma, no muy allá– para una interpretación historicista relativamente rápida (43:35), muy ágil y dicha con ganas, marcada e incisiva en los acentos, que pierde de manera considerable por su tendencia al fraseo saltarín y a la expresividad frivolona. No posee la sensualidad ni la delectación de un Marriner, como tampoco la fuerza dramática de un Gardiner. Dicho de otra manera, aporta poco o nada. Como curiosidad: meses más tarde de realizar este registro, el propio Bruno Weil dirigiría un Don Juan más famoso, el de Mozart, en la propia ciudad del mito por los fastos de la Expo’92. (7)


5. Noseda/Orquesta desconocida (YouTube). Selección de veinticuatro minutos extraídos de la versión larga –se omiten secuencias como la muerte del Comendador, la primera aparición de la estatua y el fandango– en la que el irregular Gianandrea Noseda se muestra no solo voluntarioso, sino también inspirado, apostando por una lectura tradicional y equilibrada, no muy coqueta pero tampoco severa, menos aún dramática. Resulta más bien soleada, cálida, vitalista y con su punto de sal y pimienta, sonada con 
agilidad sin renunciar a un punto adecuado de músculo, aunque también sabe apostar por un rico clave al continuo y por el sentido del ritmo. Se escucha con placer. (8)


6. Antonini/Il Giardino Armónico (Alpha, 2013). Giovanni Antonini es el primero y hasta ahora único que se decide a grabar la versión original de 1761, interesantísima por resultar mucho más escueta y centrada en el drama. Lógicamente, tratándose de quien se trata, la manera de tratar a la partitura incorpora todo ese nervio, esa agilidad felina, esa garra y esa imaginación desbordante que desprenden sus interpretaciones del repertorio barroco. Es la suya, por tanto, una mirada realizada desde el exceso, a todas luces discutible; pero también una mirada reveladora en la tímbrica, en el fraseo y en los efectos teatrales que redescubre literalmente la partitura para decirnos muchísimas cosas nuevas sobre ella al tiempo que –era inevitable– olvidamos otras que no son menos interesantes. Al final, la audición es toda una experiencia. Rico clave al continuo, y excelente idea la incorporación de castañuelas en el fandango. Aplausos para los ingenieros de los estudios Teldex. (8)


7. Antonini/Il Giardino Armónico (YouTube, 2014). Repetición de la jugada, esta vez sin castañuelas, y nada menos que en Palacio de Esterházy. Lástima que imagen y sonido anden desincronizados, porque la interpretación vuelve a ser tan discutible como reveladora. (8)


8. Savall/Le Concert des Nations (Alia Vox, 2022). El maestro de Igualada se decide por la versión larga de treinta y dos movimientos, que interpreta con rapidez (42:44), sentido teatral y mucha energía, pero también tomando una decisión sumamente arriesgada: además del habitual clave al continuo, en este caso un formidabilísimo Luca Guglielmi, incorpora a un exuberante Josep María Martí a la guitarra y el chitarrone. El sabor meridional está ahí, pero a mí me parece que esta música así no funciona: a veces suena emborronada, y en el caso de la fundamental bajada a los infiernos incluso llega a perderse de vista a la cuerda, sepultada por metales y continuo. Tampoco es que la orquesta sea muy allá, ni que tenga a su frente a un director realmente experimentado en lo sinfónico: la manera en que Savall la modela es más bien primaria, a base de contrastes toscos y acentos poco sutiles, oscilando entre la bronquedad y cierto carácter frívolo sin detenerse mucho a extraer el potencial poético de la música. Eso sí, hay excelentes detalles tímbricos –el tratamiento de los pizzicati, por ejemplo– y una sana rusticidad que le sienta bien a la música. Veremos qué hace poniéndose al frente de la Filarmónica de Berlín. (7)


9. Antonini/Filarmónica Checa (YouTube, 2023). Selección de un cuarto de hora de la edición original de la partitura en la que Antonini insiste en los mismos parámetros, pero cambiando a su relativamente pequeño conjunto de instrumentos originales por una orquesta no poco nutrida y “moderna”: la mismísima Filarmónica Checa. Y al final resulta que como mejor suena esta música de Gluck es así, con una formación “tradicional” tocando con articulación netamente historicista y atendiendo plenamente a los aspectos más teatrales de la partitura, con todo lo que ello supone de nervio, incisividad y atrevimiento en los claroscuros. Suena así, por otra parte, menos barroca y más claramente Sturm und drang, lo que parece encajar bien con la voluntad última de un Antonini que, en cualquier caso, no renuncia a su arrolladora personalidad. (9)

sábado, 6 de julio de 2024

Los planetas, de Holst: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN 6.VII.2024

La publicación original de esta entrada se remonta nada menos que al 3 de septiembre de 2012: casi doce años ya. Hace muy poco han aparecido en un sitio demoníaco (click satánico aquí, usted verá lo que hace) versiones reprocesadas en alta definición de los registros de Karajan/Viena y Ozawa/Boston. He vuelto a ellos, claro está. Ya puestos, he escuchado de nuevo a Karajan y Colin Davis con la Filarmónica de Berlín. Para todos estos registros he escrito comentarios sustancialmente renovado. Añado, además, reflexiones sobre otros discos que he ido conociendo a lo largo de este tiempo, como son los de Sargent, Boult/New Philharmonia, Svetlanov, Mehta/Nueva York y Salonen. Por si fuera poco, esta misma tarde decido conocer una versión más que me ha dejado fuera de juego: la muy reciente de Daniel Harding. ¡Sensacional!

Una cosa más, por si hay algún despistado: esta obra NO habla de viajes por el espacio, sino del ser humano y sus circunstancias. Hay mucha más miga aquí de lo que parece.

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Entre 1914 y 1918 compuso Gustav Holst su celebérrima suite para gran orquesta, una página tan popular como despreciada por buena parte de la crítica y de los melómanos más exigentes. Bien, justo es reconocer que la idea de componer cada uno de los movimientos a partir de las presuntas características astrológicas de cada uno de los planetas resulta un tanto naif, como lo es también el tratamiento sonoro de los mismos. Pero tampoco debemos desdeñar el gran vuelo melódico, la imaginación desplegada –sublime el coro femenino fuera del escenario en Neptuno–, la exquisitez de la tímbrica, esa particular elegancia inequívocamente británica y, al menos en los tres últimos números, la enorme sinceridad y fuerza expresiva que contienen los pentagramas. Por eso mismo, frente a enfoques interpretativos que se centran en los aspectos más convencionales de la obra, nos quedamos con las batutas que han sabido indagar en los pliegues tenebrosos e inquietantes que se esconden entre las notas, independientemente de que desde la pura ortodoxia se hayan podido obrar verdaderos prodigios de belleza, brillantez y comunicatividad, léase Herbert von Karajan.

En la siguiente lista creo haber reunido buena parte de las versiones que más circulan en el mercado. Conozco también una dirigida por el propio Holst que he decidido no incluir; otro día les cuento por qué, no la vayamos a liar parda.

Una cosa más: reparen en la enorme cantidad de grabaciones que se realizaron a principios de los años setenta. ¿Influencia quizá de la moda espacial impuesta por Stanley Kubrick en 1968 con su más célebre película?

Los movimientos de la obra son los siguientes:

  • Marte, el portador de la guerra.
  • Venus, el portador de la paz.
  • Mercurio, el mensajero alado.
  • Júpiter, el portador de la alegría.
  • Saturno, el portador de la vejez.
  • Urano, el mago.
  • Neptuno, el místico.



1. Stokowski/Filarmónica de Los Ángeles (EMI, 1956). No está claro si el principal problema es el mal estado de la orquesta o la evidente desgana de la batuta, pero en cualquier caso se trata de una lectura deficientemente trazada –el desvalazamiento es generalizado–, mediocremente ejecutada, dicha de pasada y carente casi por completo de inspiración, amén de trufada por algunos caprichos innecesarios. Solo se salvan la sección “elgariana” central de Júpiter y el final de Saturno, ambos por su adecuado lirismo, y un Urano humorístico al que, aun así, se le podría sacar mucho mayor partido. Sonido estereofónico meritorio para la época. (4)


2. Karajan/Filarmónica de Viena (Decca, 1961). El Maestrissimo ofreció algunos de los mejores trabajos de su carrera cuando se olvidó de la perfección técnica como objetivo último y permitió que la música saliera directamente de sus entrañas. Es el caso. Llega a sorprender, incluso, la cantidad de pequeñas imperfecciones por parte de orquesta y batuta, a pesar de que el trabajo que la batuta realiza es de enorme plasticidad y obtiene unas texturas tan claras como sugerentes. Puede que la toma algo áspera –lo sigue siendo en el excelente en el reprocesado de Esoteric para SACD– contribuya a transmitir la sensación, pero no es solo eso, sino también el descarnado enfoque que adopta Karajan, bien evidente en los dos números más logrados: un Marte de apreciable agresividad e imaginativamente tratado en sus tensiones y distensiones –implacable acelerando hacia el primer clímax– y un Júpiter de alegría desbordante en cuya sección central –por fin– se luce la incomparable cuerda de los vieneses. El resto es de alto nivel, solo eso. En Venus hay concentración y belleza, pero también más portamentos de lo deseable. Muy ágil y refinado en lo tímbrico Mercurio. En Saturno se echa de menos un clímax aún más terrible y rebelde. Espléndido Urano, aunque más bienhumorado que sarcástico. Hermosísimo Neptuno. (9)

 

 

3. Sargent/Sinfónica de la BBC (BBC Classics, 1965). Deficiente toma de origen radiofónico en el que el por entonces ya veterano Sir Malcolm –fallecería dos años más tarde–, valiéndose de tempi más bien rápidos –particularmente bullicioso Mercurio, Urano vivaz antes que corrosivo–, se muestra entusiasta, comunicativo y variado en lo expresivo, atento tanto a la brillantez como a la concentración poética, incluso áspero y dramático cuando debe, pero también algo efectista –Marte, Júpiter–, sin mucha inspiración poética y –lo que es peor– de trazo sin mucha unidad, incluso un tanto grueso. Esta última sensación puede deberse a tener que lidiar con una orquesta que, en vivo, evidencia limitaciones en su virtuosismo y cuenta con algunos primeros atriles –violín y violonchelo– de escaso nivel. (6)



4. Boult/New Philharmonia (EMI, 1966). Sir Adrian le toma prestada la orquesta a Klemperer y se mete en el Kingsway Hall para, apoyado por una estupenda ingeniería de sonido, ofrecer una interpretación que no es personal ni creativa, ni se encuentra especialmente inspirada, pero que se encuentra magníficamente trazada, ofrece un espléndido trabajo con las texturas y ofrece un espléndido equilibrio entre buen gusto e intensidad expresiva. A destacar, en este sentido, un Marte cargado de potencia dramática, un Venus maravillosamente paladeado y un Urano dicho con muy adecuada mala leche y beneficiado de las sarcásticas maderas de la formación londinense, que pese a la admirable labor del maestro termina siendo lo mejor de la función: hasta esa fecha es posible que no se hubiera escuchado a una orquesta, Filarmónica de Viena incluida, tocar con semejante precisión y empaste la presente partitura. La recuperación en SACD por parte de Esoteric bordea el milagro desde el punto de vista técnico. (9)


5. Herrmann/Filarmónica de Londres (Decca, 1970). Como ya explicamos por aquí, el registro realizado por el autor de la banda sonora de Vértigo, que pronto cayó en desgracia ante la crítica y en el mercado y solo en tiempos muy reciente ha pasado a compacto, resultó personalísimo. No ya por la extrema lentitud, sino por ofrecer una visión marcadamente sombría, gótica y macabra, como corresponde a la personalidad de Herrmann como compositor. Con él Marte resulta atmosférico y agobiante, más que desgarrador. Venus ofrece punzante lirismo. Mercurio no se encuentra del todo alado, pero aporta detalles muy interesantes en el entramado de las maderas. Júpiter emotivo, también en exceso hinchado en la sección central. Saturno muy desolado, de nuevo más siniestro que rebelde, con una introducción escalofriante en la que los violines suspiran con punzante emoción. Un Urano de marcadísimo humor negro, muy poco jovial, da paso a un Neptuno muy emocionante y expuesto con mucha concentración. La orquesta no está del todo fina, pero se encuentra maravillosamente diseccionada, logrando que se escuchen muchas cosas nuevas, atendiendo muy especialmente a las maderas y ofreciendo un desarrolladísimo sentido del color en las maderas. Decididamente, la interpretación más genial de la obra. También la más discutible. La grabación 4 Phases es algo artificial: pone en primer plano instrumentos que no deberían estarlo. (10)



6. Haitink/Filarmónica de Londres (Philips, 1970). Tan solo unos días después de Herrmann, otro Bernard se puso al frente de la misma Filarmónica de Londres para dar su visión propia. Lo hizo con mucha más técnica que el norteamericano, hasta el punto de que logró firmar una de las lecturas de más admirable claridad de cuantas se han llevado al disco. Y ello, por descontado, haciendo gala de un pulso bien firme, una musicalidad irreprochable y de una gran convicción. ¿Qué falta para la genialidad? Pues lo de siempre en el siempre objetivo Haitink: una mirada más imaginativa y personal. O sea, justo lo que ofrecía Herrmann. A destacar en cualquier caso un Marte particularmente opresivo. (9)



7. William Steinberg/Sinfónica de Boston (DG, 1970). Beneficiándose de una orquesta fabulosa y de una brillante toma de sonido que ha quedado estupenda tras la última remasterización, el maestro traza una lectura extrovertida, teatral y entusiasta, expuesta de manera irreprochable, a la que le falta un punto de imaginación, de refinamiento y de magia sonora para alcanzar lo excepcional. Lo mejor es un Marte lleno de garra, y lo menos bueno un Urano ruidoso y superficial. (8)



8. Mehta/Filarmónica de Los Ángeles (Decca, 1971). Aunque merecen ser destacados la nobleza de la sección lírica de Júpiter, el final especialmente amargo y descarnado de Urano y la sensualidad del coro de Neptuno, la verdad es que se podría haber esperado más dosis de imaginación, riesgo y compromiso expresivo por parte del joven maestro indio en esta, por lo demás, muy sólida y bien llevada versión, ajena a blanduras y efectismos y dotada de toda la brillantez necesaria. Se nota, en cualquier caso, que la orquesta no es de primera. (8)



9. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1971). Bernstein hace de sí mismo y ofrece una lectura extrovertida, fresca, impulsiva, llena de vitalidad –trepidantes Marte y Urano–, bien paladeada cuando debe –muy hermoso Venus, bellísimo el canto de la cuerda en la sección elgariana de Júpiter, mágico el final de Neptuno–, pero en la que solo en contados momentos se desciende al detalle en la planificación o se ofrecen aportaciones personales. Tampoco la orquesta es precisamente la mejor posible. En suma, una interpretación muy vistosa pero un tanto tosca y superficial, perjudicada por una toma sonora que no está a la altura de la época. (7)



10. Previn/ Sinfónica de Londres (EMI, 1974). Al frente de una orquesta en plena forma, su todavía joven titular ofreció una lectura no especialmente personal ni reveladora, pero admirable por su brillantez carente de retórica, su asombroso sentido del color y de las texturas, su admirable disección del entramado orquestal y, sobre todo, su comunicatividad y fuerza expresiva, sobresaliendo en este sentido los hirientes clímax de Saturno e Urano. La remasterización en DVD Audio de fugaz paso por el mercado, que recuperaba la cuadrafonía original, mejoraba de manera muy considerable el sonido. Deberían reeditarla en SACD, porque se trata de una de las más grandes interpretaciones que circulan por ahí. Si en este listado usásemos decimales, le podríamos el nueve y medio. Por lo menos. (9)



11. Susskind/Sinfónica de San Luis (Mobile Fidelity Sound Lab, 1974). Resulta difícil comprender el prestigio entre algunos aficionados de este registro claramente lastrado por una orquesta muy de segunda y una batuta que, siempre solvente y por momentos bien encaminada, no solo no resulta nada personal ni creativa sino que resulta más bien plana e incluso –flojísimo arranque de Júpiter– un tanto desganada. Tampoco la toma sonora –que reconozco haber escuchado en estéreo, no en la cuadrafonía original recuperada por el Super Audio CD– resulta especialmente destacable para la época. (5)



12. Ormandy/Orquesta de Filadelfia (DVD Euroarts, 1977). Ya en el último tramo de su dilatada carrera, Ormady demuestra creer firmemente en la partitura y entrega una recreación llena de fuerza y ajena a la espectacularidad gratuita, amén de soberbiamente tocada, pero a la que se le podía sacar mayor partido, sobre todo en un Saturno algo seco. Eso sí, Marte resulta sensacional. La toma sonora ofrece una dinámica muy amplia. (8)



13. Marriner/Concertgebouw (Philips, 1977?). La sensacional ejecución por parte de la orquesta holandesa y la enorme musicalidad de sus solistas –me han gustado menos los portamentos del violín– es la gran baza de esta interpretación en la que el joven Marriner ofreció toda la pompa y la flema británica posibles; también una gran elegancia y un elevado refinamiento tímbrico y melódico. Por desgracia al final se impuso su perfil de director escasamente implicado en lo expresivo, poco sincero y nada creativo, de tal modo que junto a un Venus, un Mercurio y un Júpiter muy convincentes, se ofrece un Marte más ampuloso que tenso, un Saturno dicho de pasada y un Urano tan escandaloso como desaprovechado. Más interesa Neptuno, aquí recreado con un nerviosismo que lo hace muy atractivo. La toma sonora es algo reverberante pero de muy buena calidad. (7)



14. Solti/Filarmónica de Londres (Decca, 1978). Valiéndose de unos tempi bastante rápidos, quizá los más cercanos a los del propio Holst, Sir George ofrece una lectura vibrante, extrovertida, directa, de una brillantez que para nada se acerca a la aparatosidad y de un nervio que no conoce descontrol alguno. Todo se encuentra magníficamente expuesto, tanto por la perfección técnica de una batuta que sabe extraer lo mejor de la orquesta –la que más veces ha registrado la partitura, con diferencia– como por la sinceridad y vehemencia de la interpretación. ¿Qué falta? Pues algo más de poesía en los momentos líricos y, en general, de imaginación y creatividad, particularmente en los tres últimos números. Lo mejor, como era de esperar dada la garra dramática y la inmediatez que suelen caracterizar a Solti, es Marte. (8)


15. Boult/Filarmónica de Londres (EMI, 1978). A sus ochenta y nueve añitos, el maestro británico quiso dejar una nueva grabación de la página, entre otras cosas para beneficiarse de la mejora de la tecnología: suena mejor –sobre todo tras el nuevo reprocesado– que la de Solti grabada en ese mismo 1978. Interpretativamente se encuentra, eso sí, un punto por debajo, en parte porque la Filarmónica de Londres, aun espléndida, no es el prodigio de la Philharmonia, y en parte porque la inspiración es un punto inferior: todo está muy bien en esta equilibrada y nada efectista versión, pero falta un último grado de creatividad, colorido y tensión emocional para ser una lectura de primera. Marte está muy bien, no siendo nada aparatosa y ofreciendo una sección lenta central llena de malos presagios, hasta llegar a un final implacable. Venus es ahora bastante más rápida, pero sigue estando dicha con apolínea belleza y se mantiene ajena por completo a blanduras o portamenti. Mercurio resulta bullicioso antes que ágil. Júpiter se queda a medo camino, comenzando sin mucha agilidad y cayendo en cierta “solemnidad británica” que no va bien acompañada por la emoción que debería tener la sección lírica central. Saturno va un poco acelerado al principio -hay casi un minuto de diferencia con la grabación anterior-, aunque su clímax si es lo suficientemente rebelde y en la sección final hay un interesantísimo trabajo con las texturas. Urano vuelve a ser magnífico, con un tratamiento muy acertado de las texturas de las maderas y con una buena dosis de mala leche, llegando hasta un final lleno de rabia. Flojea Neptuno: si antes se extendía hasta los 7'09'', lo que resulta bastante sensato, ahora se queda en 6’18’’, si bien lo que se pierde en misterio se gana en carácter aéreo. (8)




16. Ozawa/Sinfónica de Boston (Philips-Newton, 1979). haciendo uso de su enorme técnica, particularmente de su desarrollado sentido del color y de su habitual elegancia, el maestro oriental da una verdadera lección de plasticidad en el tratamiento orquestal –impresionante la cuerda grave–, construyendo una versión fabulosamente planificada y ejecutada, de claridad meridiana, bellísimamente sonada, ajena a cualquier exceso y muy centrada en lo expresivo. Marte puede resultar algo seca en su marcialidad, pero Venus es un prodigio de elegancia, como Mercurio lo es en clarificación de texturas. La melodía central de Júpiter resulta algo hinchada –no tanto como con Herrmann–, Saturno sobrecoge en su introducción –no tanto en el resto–, Urano sabe ser mordaz y Neptuno alcanza enormes dosis de misterio. Una pena que el violín solista (¿Silverstein?) muestre un sonido algo frágil en Venus y Mercurio. Tras el reciente reprocesado, la toma ha demostrado ser de enorme calidad: solo le falta mayor gama dinámica. (9)



17. Rozhdestvensky/Sinfónica de la BBC (Ica Classics, 1980). En la línea de un Herrmann pero sin llegar a sus extremos, el maestro ruso ofreció en concierto una interpretación muy personal, espléndidamente desmenuzada y de tímbrica muy incisiva, que puso de relieve los aspectos más siniestros de la partitura. Su Marte es hosco, opresivo y especialmente siniestro, con detalles muy creativos. Venus lento, primorosamente paladeado, emotivo y sin asomo de blandura o narcisismo. Mercurio rápido, nervioso y escurridizo. Júpiter más solemne que alegre, con buen aliento lírico y un tratamiento incisivo de las maderas. Saturno arranca con una atmósfera gótica y concluye con gran nihilismo. Urano áspero y amargo. Neptuno, antes que ser místico, ofrece un inquietante distanciamiento. Discreta la orquesta y floja la toma sonora, con un coro que suena demasiado lejos. Aun así, otro nueve y medio. (9)



18. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1981). Aquí Karajan es mucho más claramente él mismo, por lo general para bien: su empeño en crear enormes contrastes dinámicos y por ofrecer un refinamiento extremo son bienvenidos en una página como esta siempre que se evite el mero narcicismo. Y Don Heriberto, en esta ocasión, lo evita. Bien es verdad que Marte y Júpiter han perdido un poco de la fuerza e inmediatez de la grabación vienesa, pero a cambio Venus se ha despojado de portamentos innecesarios, Mercurio ha ganado en refinamiento, Saturno y Urano han desarrollado mayor sentido de lo ominoso y Neptuno, más lento ahora (8’47’’ frente a los 7’37’’ de antaño), alcanza una magia tanto sonora como poética que no encuentra parangón en ningún otro registro. La orquesta realiza toda una exhibición, formidablemente recogida por una toma sonora que, con independencia de los trucos de mesa de mezcla que pueda utilizar, termina siendo absolutamente sensacional. Disco obligatorio. (10)


19. Maazel/Orquesta Nacional de Francia (Sony, 1981). Lo que coloca a esta versión en primera línea es la recreación de Marte: lenta pero muy tensa, absolutamente sombría y atmosférica –mucho antes que violenta–, opresiva como pocas, que culmina en un desenlace particularmente apocalíptico y abrumador. Es ahí donde Maazel da buena cuenta de su genialidad y –alargando al máximo la coda– de su técnica de batuta. El resto está muy bien, pero en una línea mucho más ortodoxa y menos creativa, con tempi más bien ligeros, sin querer caer en la retórica ni cargar las tintas, y haciendo gala de un buen sentido del color y de las texturas. Mercurio ofrece así la agilidad deseada y se encuentra espléndidamente desmenuzado, Venus no resulta demasiado ensimismado, pero ofrece momentos de punzante lirismo. Júpiter se aleja de la pesadez –podría alcanzar mayor cantabilidad–, Saturno emociona sin ser muy sombrío y el humor de Urano es más juvenil que amargo. A destacar el estático tratamiento del coro en un Neptuno más místico que nunca. Lástima que haya algún exceso decibélico y que la orquesta no sea de primera. (9)


 

20. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1986). Este registro alcanzó en su momento una espléndida acogida entre los aficionados, deslumbrados quizá ante las bondades de su portentosa toma sonora. Lo cierto es que Dutoit dirige con gran solvencia técnica, brillantez y refinamiento, mostrándose siempre centrado en lo expresivo y bien lejos de la retórica barata, pero –como le suele ocurrir al suizo– sin ese último punto de imaginación y, sobre todo, de emoción que le haga alcanzar la excepcionalidad. (8)



21. John Williams/Boston Pops (Philips, 1986). Lamento decirlo, por ser enorme admirador de su faceta de compositor, pero Williams parece confundir esta obra con su Star Wars y se limita a dirigir con entusiasmo y brillantez, procurando que esta nunca caiga en excesos, al tiempo que desatiende por completo los matices expresivos, camina de pasada sobre los aspectos más interesantes de la partitura y desaprovecha la fabulosa orquesta y una toma sonora –de volumen muy bajo– que ofrece una gama dinámica increíblemente amplia. El resultado es tan vistoso como superficial. A olvidar. (6)



22. Previn/Royal Philharmonic Orchestra (Telarc, 1986). Al igual que hizo con su justamente célebre Segunda de Rachmaninov, Previn repitió la grabación con la Sinfónica de Londres para EMI de los setenta una década más tarde con la Royal Philharmonic para Telarc, ya en digital. En esta ocasión, al contrario de lo que ocurrió con la partitura del ruso, no hubo cambios de concepto. Si acaso, se evidencia aquí menor compromiso expresivo e inspiración que en su realización para el sello británico, siempre dentro del alto nivel que garantizan el dominio de los recursos orquestales que posee el maestro y su siempre admirable buen gusto. La toma sonora no es todo lo espléndida que se pudiera pensar: escuchada en DVD-Audio, la de EMI no es en absoluto inferior. Un disco muy bueno, pero inútil. (8)


 
23. Groves/Royal Philharmonic (varios sellos, 1987). Una lectura de alto nivel en la que Sir Charles, adoptando unos modos muy británicos, ofrece esa elegancia y esa nobleza tan particulares en el fraseo al tiempo que sabe ser elocuente sin caer en arrebatos y brillante –incluso brillantísimo– sin perder la compostura. Ahora bien, se puede reprochar algún exceso decibélico, y echarse de menos una dosis adicional de imaginación y compromiso expresivo, excepción hecha de un Neptuno lentísimo y fascinante. Es la opción más barata del mercado –ha conocido varias ediciones a precio de saldo–, y una de las que mejor suenan. Recomendable. (8)



24. Colin Davis/Filarmónica de Berlín (Philips, 1988). Sir Colin se pone al frente de la orquesta que todavía era la de Karajan para ofrecer una interpretación menos personal y apabullante que la de este, también menos inspirada, pero no menos soberbiamente expuesta, dotada de una “distinción británica” muy adecuadas para la partitura y, por descontado, dicha con enorme sinceridad expresiva. Marte resulta antes implacable que ominoso. Elegancia enorme la de Venus, aunque aún se podría sacar mayor partido a la página. que no están reñidos con la fuerza expresiva. Flaquea un tanto Mercurio, falto de chispa y electricidad. Soberbio Júpiter, lleno de grandeza y solemnidad sin la menor grandilocuencia. Excelente Saturno. En Urano vendría bien un mayor sarcasmo, mientras que en Neptuno hay que destacar de manera especial la mágica intervención de las mujeres del Coro de la radio de Berlín, bajo la dirección de Dietrich Knothe. La toma no es en absoluto tan buena como la de Karajan: la aventaja en equilibrio de planos, pero la tímbrica es algo dura y no posee toda la pegada posible. (9)


25. Levine/Sinfónica de Chicago (DG, 1989). Al frente de un instrumento de una potencia, brillantez y virtuosismo insuperables, el norteamericano se vuelca en el puro espectáculo sonoro en una lectura decibélica, sonada con excesiva robustez y brocha gorda, vulgar y dicha de pasada. Hace gala de su habitual mal gusto, particularmente en Marte, completamente desmadrado, en buena parte de Júpiter y en los clímax de Saturno y Urano, aunque en este último sí acierta en el cómico tratamiento de las maderas. Los pasajes más introvertidos los recrea por el contrario con mucha corrección, sin pasarse con el azúcar, pero podían estar mucho más aprovechados en su colorido y en su potencial vuelo lírico. Magnífica la grabación, como también la portada. (6)

26. Mehta/Filarmónica de Nueva York (Teldec, 1989?). Otra vez Mehta haciendo gala de una artesanía de primerísima calidad con una interpretación admirablemente expuesta, muy sensata en lo expresivo, pero falta de ese último punto de compromiso e imaginación que distingue un producto de irreprochable eficacia de aquel en el que hay arte verdadero. A destacar, en cualquier caso, la admirable plasticidad del tratamiento de la cuerda –por ejemplo, en la sección central de Marte–, la amplitud y naturalidad del fraseo –los tempi son algo más reposados que en su versión de Los Ángeles– o la manera particularmente evanescente y dulce de abordar Neptuno. La grabación es muy buena, pero no todo lo que podía haber sido. Incluso en el último número hay algún empalme en exceso evidente. (7)

 

 

27. Eduardo Mata/Sinfónica de Dallas (Sion, 1990). Ante todo sorprende la manera en la que la carátula subraya las presuntas cualidades de la toma sonora cuando en realidad nos encontramos ante una grabación turbia, confusa y afectada por una extraña reverberación. Por lo demás, al optar aquí el malogrado director mexicano por la lentitud de los tempi, podemos escuchar un Venus particularmente sensual, un Saturno muy atmosférico y un Neptuno embriagador, pero la tensión interna no brota y la interpretación termina resultando deslavazada, incluso desganada. Tampoco logra la batuta extraer todo el colorido deseable de una orquesta no muy allá. (7)

 

28. Svetlanov/Orquesta Philharmonia (Phoenix-Brilliant, 1991). Un verdadero placer escuchar a Svetlanov al frente de una orquesta occidental de primera y recogido por una toma sonora de verdadero lujo. Nada que ver con sus testimonios del mundo soviético. Por lo demás, esta grabación –editada originalmente por Phoenix Music– pertenece ya a la última y más personal etapa del maestro ruso, que aquí opta por unos tempi de marcada lentitud y una gran atención a los aspectos atmosféricos y ominosos de la obra, siempre dibujando el entramado orquestal con pinceles muy finos –todo meridianamente expuesto– y sin dejarse llevar por la espectacularidad gratuita. Desdichadamente, con semejante lentitud la tensión no termina de ser toda la deseable, mientras que en lo que a la expresión se refiere, dentro de esa misma línea digamos que trágica y siniestra se echa de menos la creatividad admirable de Bernard Herrmann, mucho más arriesgado; a Svetlanov, siendo su trabajo en muchos sentidos admirable, le falta un último punto de inspiración. Cameo de lujo en Neptuno para The Sixteen y Harry Christophers. (8)

 

29. Gardiner/Philharmonia (DG, 1994). El trazo es firme, la claridad muy notable y la objetividad irreprochable, pero Gardiner se muestra no ya en exceso ortodoxo e impersonal sino bastante distanciado en lo expresivo, siendo el resultado un frío producto de laboratorio; nada nuevo en el maestro británico. No convence el violín solista en Venus, por sus excesivos portamentos. Como era de esperar, fabuloso el Monteverdi Choir. Increíble la grabación, sin necesidad de poner en primer plano celesta o arpas. En tiempos circuló una edición en SACD. (7)



30. Levi/Sinfónica de Atlanta (Telarc, 1997). Versión rápida, directa, honesta y bien realizada, desde luego ajena a la blandura y al narcisismo, pero bastante pobre en variedad expresiva, color, imaginación y personalidad, resultando Yoel Levi bastante expeditivo, cuando no rutinario. Solo algunos detalles aislados en Venus o Saturno despiertan nuestro interés. En contrapartida, Urano resulta bastante ruidoso. La toma sonora podría ser mejor. (7)



31. David Lloyd-Jones/Royal Scottish National Orchestra (Naxos, 2001). Marte decibélico y en exceso brutal, por no decir vulgar. Muy bien Venus, hermosa y sin blanduras. Mercurio más intenso que ágil y refinado. Júpiter hinchado y vulgar en la sección central, y más bien ruidoso en la final. Saturno comienza admirablemente, muy misterioso, con una frase inicial de los violines muy arrastrada y sugerente, pero luego la percusión vuelve a hacer de las suyas. Claro que donde esta está verdaderamente descontrolada, hasta el punto de no dejar escuchar el resto de la orquesta, es en un Urano vulgarísimo. Muy correcto pero sin particular magia Neptuno. Sin problemas la orquesta y espléndido el coro. La reproducción en DVD-Audio ofrece un gran relieve a las frecuencias graves, aunque la grabación original no es del todo clara. (6)



32. Colin Davis/Sinfónica de Londres (LSO Live 2002). Como ocurriera con su anterior testimonio con la Filarmónica de Berlín, Sir Colin ofrece una interpretación no genial pero sí perfecta, muy equilibrada en todos sus componentes, sean estos dramáticos, líricos o humorísticos, sincera siempre y por completo ajena a la grandilocuencia y al efectismo, como también a la blandura o la mera ensoñación. Suena un poco menos bien. (9)



33. Rattle/Filarmónica de Berlín (EMI, 2006). Sir Simon intenta seguir los pasos de Karajan, pero carece de su talento y las cosas se quedan a medio camino. Marte bien a secas, aunque hay una transición resuelta de manera poco convincente. Venus y Mercurio están muy bien, sin particular magia. Júpiter correcto, no muy lírico y con algún efectismo, aunque se descubre algún detalle nuevo en la orquestación. Lento, carente de pulso y sin fuerza dramática Saturno. Urano soso, sin humor. Bien Neptuno, aunque podría haber mayor sentido del color y de las texturas. Total, una interpretación de “rutina de altura” en la que solo interesa la inclusión del Plutón de Colin Matthews, más las propinas ("asteroides") del segundo disco. (8)


34. Andrew Davis/Filarmónica de la BBC (Chandos, 2010). Una toma sonora espaciosa, natural y de amplia gama dinámica, modélica en suma, es la gran baza de esta lectura en general muy bien trazada -flojea Júpiter, falto de tensión interna-, perfecta en el idioma y puesta en sonidos con incuestionable buen gusto, pero más bien parca en matices, carente de verdadera inspiración y dicha un tanto de pasada. Sólida, pero plana y aburrida. Sólo para obsesionados por la alta fidelidad. (7)


35. Heras-Casado/Nacional Danesa (Youtube, 2010). Pese a que la orquesta se queda muy corta en todas sus secciones, el maestro granadino ofrece una interpretación con toda la brillantez y el colorido que la partitura demanda pero sin un gramo de retórica, trazada además con buen pulso y evidente entusiasmo. Marte posee la garra dramática necesaria sin caer en lo enfático. Venus resulta menos contemplativa y más emocionante de lo que suele, aunque a violín y violonchelo, como ocurre en tantas y tantas interpretaciones, les sobren portamentos. Mercurio resulta muy ágil. En Júpiter hay que admirar su grandeza sin grandilocuencia y su emotivo lirismo. Bien a secas Saturno, seco e implacable, aunque no todo lo opresivo que pudiera ser. En Urano el director evita caer en lo meramente lúdico y atiende a la mala leche de la página. A Neptuno le faltan el misterio, la magia sonora y el refinamiento que han sido capaces de obtener los grandes alquimistas sonoros arriba relacionados. (8)

 

36. Salonen/Philharmonia Orchestra (Blu-ray Signum, 2012). La personalidad del maestro sueco queda bien en evidencia en una lectura que deja de lado los aspectos más atmósfericos de la obra y pasa por encima de su potencial poético para ofrecer una interpretación seca y angulosa, incisiva y marcada por el nervio, por momentos más violenta de la cuenta y, en cualquier caso, atractiva por su tímbrica descarnada y por su asombrosa claridad. Distinta y reveladora, pues, aunque mucho más partido expresivo se le puede sacar a la partitura. Sin solución de continuidad, tras Neptuno se ofrece Worlds, Stars, Systems, Infinity, un encargo al compositor Joby Talbot que este resuelve con fórmulas digamos que cinematográficas llenas de atractivo y de inspiración. La realización visual, pese a contar con nada menos que treinta y siete cámaras y ofrecer en Blu-ray la posibilidad de alternar el ángulo de visión, no resulta muy atractiva. La toma sonora sí que es extraordinaria, y el ingeniero de sonido juega indisimuladamente con el sonido surround a la hora de ubicar el coro femenino. (8)

 

37. Harding/Sinfónica de la Radio de Baviera (BR, 2022). No sé si será por el contacto “con las alturas” que le permite su trabajo como piloto de aviación profesional o, más bien, la madurez que concede la edad, pero lo cierto es que Harding consigue aunar el concepto siniestro de Herrmann -sin llegar a su genial radicalidad- con la magia tímbrica e inspiración poética de un Karajan -sin alcanzar tampoco su grado de seducción- y ofrecer, de esta forma, una de las más interesantes grabaciones de esta página. Yo diría que la mejor, junto a las dos citadas. A destacar la manera en la que el maestro sostiene el pulso a pesar de la lentitud de los tempi (56’48’’, frente a los 49’36’’ de Previn LSO o los 52’ de Karajan/Berlín, aunque habría que restar medio minuto de “coro difuminándose”), como también la enorme emotividad que bajo su batuta adquiere el tema lírico de Neptuno, aunque basta con los estudiadísimos reguladores del minuto inicial de Marte, particularmente siniestro y mascadísimo hasta el primer clímax, para darse cuenta de que estamos ante una interpretación muy especial. Fabulosas las señoras del coro muniqués, y formidabilísima la grabación a pesar de que la acústica de la Herkulessaal no sea la mejor posible. (10)

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