viernes, 31 de diciembre de 2021

San Silvestre en Berlín con Lahav Shani

He seguido la retrasmisión a través de la Digital Concert Hall del Concierto de San Silvestre 2021 de la Filarmónica de Berlín. Cancelaba Kirill Petrenko y le reemplazaba a ultimísima hora –los ensayos ya habían empezado– Lahav Shani. Creo que hemos salido ganando de manera considerable, aunque también es cierto que la obertura de El Murciélago con que arrancaba el programa no me ha parecido gran cosa: muy entusiasta pero falta de unidad, como también de estilo. Aquello no sonaba a Johann Strauss II, y además hubo algún desajuste.


Espléndida la dirección del Concierto para violín nº 1 de Max Bruch, similar a la toma radiofónica que le conocía al propio Shani con Zukerman: no especialmente poética pero sí intensa, desbordante de vida y de pasión sin que ello vaya en perjuicio de la claridad en las texturas ni del sentido del canto en el fraseo. En este sentido, se diría que hizo un especial esfuerzo para plegarse a las maneras menos inflamadas, más líricas de una Janine Jansen de hermosísimo sonido, insuperable elegancia y capacidad para la delicadeza ajena al narcisismo. Repaso mis grabaciones con la misma orquesta y veo que esta me gustado bastante más que la de Repin/Rattle y tanto como la de Midori/Jansons, aunque sin llegar al milagro inolvidable de la Mutter con Karajan. Como complemento, una maravillosa recreación de Liebesleid (Pena de amor) de Fritz Kreisler.

Espléndida la suite de El pájaro de fuego, soberbiamente tocada y de una solidez en el trazo a prueba de bombas, aunque a decir verdad esperaba todavía más de Shani en Stravinski: podía haber sido más incisivo y más teatral, quizá también más poético (¡Giulini!). El final, apoteósico en el mejor de los sentidos.

Lo mejor llegó con La Valse. No conozco ninguna versión, ni una sola, expuesta con mayor claridad que la escuchada esta tarde. Para llegar al mismo nivel de transparencia habría que irse a Boulez, a Barenboim en París o a Nelsons con la propia Berliner Philharmoniker. Tampoco conozco ninguna otra recreación que alcance mayor equilibrio expresivo que esta: las hay más siniestras, también más francesas o más vienesas, sin duda más expresionistas, pero pocas que atiendan con semejante acierto a todas las facetas de la genial partitura de Ravel. Lástima que la coda resultara un poco lineal, porque globalmente me parece una versión de referencia.

Galop de Masquerade de Khachaturian de propina, rutilante a más no poder. Gran triunfo para una Lahav Shani, que dirigió todo el tiempo sin partitura, a punto de cumplir tan solo treinta y tres. Y espléndido concierto que nos quita un poco del sabor amargo que nos ha dejado este maldito 2021. Feliz Año.

jueves, 30 de diciembre de 2021

Concierto de la Academia Barenboim-Said en el Maestranza con Heras-Casado

En la entrada anterior ya escribí sobre asuntos en torno al concierto de la Academia de Estudios Orquestales de la Fundación Barenboim-Said del pasado 28 de diciembre en el Teatro de la Maestranza con obras de Tchaikovsky y Dvorák. Voy ahora a por los resultados artísticos propiamente dichos.

 
La orquesta. Pues muy bien, qué quieren que les diga. Llevo muchos años escuchando a la Orquesta Joven de Andalucía y, ya en fechas más recientes, a la de esta Academia. El nivel de nuestros chavales está subiendo de una manera muy considerable. Ciertamente lo hace en todo el planeta –las formaciones orquestales son cada vez mejores, incluso las más importantes–, pero eso no significa que en nuestra tierra nos dejemos llevar por la corriente. Se están haciendo las cosas bien. ¿Se podrían hacer mejor? ¡Ya lo creo! Pero la progresiva mejoría es visible o, mejor dicho, audible. Ellos y sus profesores, sean de aquí o venidos de fuera, están ofreciendo buenos resultados. En el caso concreto de lo escuchado el otro día en Sevilla, se dejaron notar el esfuerzo realizado por los músicos y la técnica espléndida de Pablo Heras-Casado, quien a nivel de empaste, equilibrio de planos y toda esas cosas logró que el conjunto rindiera a un nivel francamente satisfactorio para tratarse de lo que se trataba, es decir, no de una serie de señores mayores que todas las semanas preparan un programa y están acostumbrados a trabajar juntos, sino de unos chavales que han participado en una serie de talleres y luego han hecho un concierto. Algún desajuste aislado importó poco. Metales sin problemas y flautas espléndidas, tanto en Tchaikovsky como en Dvorák.

El solista. Canceló a ultimísima hora Miguel Colom –concertino de la OCNE– y le sustituyó un tal Amaury Coeytaux. Le encontré inseguro y no muy ágil a lo largo del primer movimiento del Concierto para violín de Tchaikovsky, pero también aprecié una virtud fundamental a la hora de enfrentarse a esta partitura: la cantabilidad. Si te limitas a dar las notas sin cantar bien las melodías, aquí no tienes nada que hacer. El violinista francés sí que lo hizo, con sentimiento y con buen gusto. Dejando a la música respirar con naturalidad. Nada de narcicismos, blanduras ni amaneramientos. Tocará mucho menos bien que Patricia Kopatchinskaja (¡tan admirada por algunos críticos sevillanos, como no!), pero interpreta mil veces mejor esta obra. La sensibilidad melódica de Coeytaux le permitió convencer sin problemas en el Andante, en el que además un sonido con centro muy agradable y agudos sin asperezas, mientras que en el Finale derrochó finalmente ese virtuosismo pirotécnico que también es fundamental en la página. Digna propina bachiana.


La batuta. De Heras-Casado he escrito ya mil veces en este blog. Repito una vez más: me parece un señor rebosante de talento que es capaz de lo sensacional, de lo horrible, de lo notable y de lo correcto. No hay manera de predecir. Esta vez me ha gustado bastante, con reparos.

Fue el suyo un Tchaikovsky ortodoxo, sensato y comprometido. Parco en matices agógicos y dinámicos, eso es verdad, pero “muy en su sitio”, muy bien sonado y directo al grano, sin regatear brillantez ni tensión dramática, y sabiendo no confundir la ternura y la ensoñación con la cursilería. La interpretación salió desde dentro, siempre en perfecta conjunción con una orquesta que supo responder a las demandas exigidas desde el podio: hubo momentos de fuego muy intenso, como debe ser.

El maestro granadino ofreció una Sinfonía n.º 8 Dvorák antes eslava que occidentalizada. Confieso que en esta obra adoro los acercamientos poco idiomáticos de un Giulini o un Karajan, pero no seré yo quien le ponga reparos a las maneras aquí adoptadas: menor opulencia sinfónica, no mucha sensualidad, escasa ensoñación y –en contrapartida– una buena dosis de rusticidad bien entendida, de vigor rítmico y de temperatura emocional, como también de incisividad en los ataques y hasta de aspereza. Un acierto subrayar los aspectos dramáticos tanto del Adagio como del Finale, en cuya coda se supo evitar en carácter verbenero por el que optan algunos grandes directores. En cuestión de matices cierto es que  Heras-Casado se quedó algo corto, y cuando los hubo no siempre convenció: el retorno en los violonchelos del tema con que arranca el cuarto movimiento me pareció blando e ingrávido. En cualquier caso, vistosa, encendida y convincente interpretación.

Danza Húngara n.º 1 de Brahms: cuerda sedosa, empastada y muy brahmsiana en las secciones extremas, maravillosamente cantadas, brocha gorda y rutina en la central. De postre, el saleroso pasodoble Amparito Roca –yo no sabía el nombre, me lo dijo mi acompañante– seguido en plan Marcha Radetzky por las palmas de un público francamente feliz.

Destruir la Fundación Barenboim-Said

El concierto de la Academia de Estudios Orquestales de la Fundación Barenboim-Said bajo la dirección de Pablo Heras-Casado del pasado 28 de diciembre en el Teatro de la Maestranza era para mí muy especial, porque entre cuatro músicos procedentes del instituto donde trabajo –el IES Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera– había dos que han sido alumnos míos –excelentes, por cierto– en el pasado curso 2020/21; uno de ellos, como primer atril. Fui repleto de ilusión. Desdichadamente, las cosas terminaron dejando un sabor agridulce, porque aunque el concierto sevillano fue un éxito, hubo que cancelar los de Córdoba y Granada por la presencia del coronavirus entre algún miembro de la plantilla. Imaginen la desilusión de unos chavales que han estado trabajando duramente durante estas fiestas cuando les han dicho que volvían para casa.

También ha contribuido al amargor, me consta, la crítica escrita por Andrés Moreno Mengíbar en Diario de Sevilla (leer aquí), muy positiva en cuanto a los resultados artísticos pero virulenta contra la validez de este proyecto de estudios. Prácticamente se viene a decir que esta orquesta sobra, que la Orquesta Joven de Andalucía es la que vale, y que es a ella y a los conservatorios andaluces a donde ha de ir parar el dinero. No comprenden cómo puede haber alguien que escriba cosas así. Queridos chicos, sois demasiado jóvenes para conocer la historia. Os la voy a explicar.


Los dos críticos de Diario de Sevilla, Pablo J. Vayón y el citado Mengíbar, llevan muchos años boicoteando todo lo que tiene que ver con Daniel Barenboim. La razón es en buena medida política: estos dos señores detestan lo que huele a PSOE, a progre, a diálogo de culturas y todo eso. La creación de la Fundación Barenboim-Said y la residencia en Sevilla durante varios años de la West-Eastern Divan Orchestra estuvo vinculada a la línea ideológica del anterior gobierno autonómico, como también a las buenas relaciones que el expresidente socialista Felipe González tenía con el argentino. Los ataques desde la derecha no se hicieron esperar, hasta el punto de que alguien en principio tan culto como el famosísimo escritor Antonio Burgos llegó a definir a Barenboim como “el gachó ese de la orquesta de la Alianza de Civilizaciones”, en referencia a una idea del por entonces presidente Zapatero. Ya veis qué nivel intelectual.

Hay otra razón más, aunque velada. Los dos críticos señalados son ardientes defensores de una línea interpretativa radicalmente opuesta a la de Daniel Barenboim a la hora de abordar el repertorio clásico y el primer romanticismo: la del mundillo de lo “históricamente informado” en su vertiente más radical, que lidera en Andalucía su adorada Orquesta Barroca de Sevilla. Barenboim y su WEDO ofrecían cada año en Andalucía exactamente lo contrario. Las maneras de uno y otro no son complementarias, sino incompatibles –aunque Heras-Casado practica ambas, dicho sea de paso–. A los defensores de la cuerda de tripa, el Mozart de la WEDO les parece pesado, monocorde, falto de variedad y de contrastes, amén de poco interesado en explorar nuevos senderos. A los que amamos las maneras del de Buenos Aires lo de la Barroca y sus directores nos parece una sucesión de espasmos, ingravideces y cursilería.

Debemos sumar a lo expuesto, por descontado, ese grado de pedantería que aparece siempre que hay por medio un nombre famoso: lo que es muy conocido y le gusta a todo el mundo no puede ser tan bueno, lo realmente grande es lo minoritario. No lo creeréis, muchachos, pero hubo un tiempo, allá por los años ochenta y noventa, en los que algunos melómanos afirmaban alegremente que Plácido Domingo ladraba (sic) y que Alfredo Kraus era el mejor tenor del mundo. Pues eso mismo aplicado a lo de Barenboim. Y añadamos un puntito de xenofobia: el dinero de los andaluces para Andalucía, faltaría más, nada de financiar la estancia de una orquesta la mayoría de cuyos miembros eran judíos y musulmanes. Que en nuestra tierra durante el medievo se desarrollara una significativa coexistencia de cristianos, musulmanes y judíos lo de la presunta “convivencia pacífica” ya os expliqué en clase que no fue verdad era el punto de partida del proyecto de Daniel Barenboim y el fallecido Edward Said, pero semejante circunstancia importa muy poco a los del “Viva España”.

Así las cosas, ya os podéis imaginar. Durante años, Diario de Sevilla se esforzó por dar la menor cobertura posible a los conciertos de la West-Eastern Divan. Lo sé bien, porque yo mismo recibía las notas de prensa que luego veía publicadas en otros medios locales salvo en el referido diario. La presencia de alguien tan importante como Barenboim, por otra parte, demandaba una cobertura previa que en esas páginas rara vez se daba. Había que invisibilizar el proyecto. Alguna que otra vez, por la intervención de otros redactores del mismo medio, se coló Barenboim en portada, pero en general su presencia recibía menos atención que el Festival de Música Antigua y, por descontado, los conciertos de la Orquesta Barroca. También menor estima a la hora de recibir estrellitas en la crítica. Cuando Barenboim y su orquesta multicultural ofrecieron las tres últimas sinfonías de Mozart alcanzaron un nivel –para mí y para algunos críticos mucho más veteranos y sabios que yo– absolutamente estratosférico, pero Mengíbar lo suspendió sin remordimientos. Creo que fue el último año que Barenboim se dejó caer por aquí. Angela Merkel, mucho más astuta que algunos políticos de nuestra tierra y bastante más comprometida con la cultura, creó en Berlín una academia estable para la WEDO y se llevó todo el mal llamado “chiringuito” para allá. ¿Chiringuito? Sí, ya os podéis imaginar: se decía que Barenboim “se llevaba nuestros dineros”, cuando ni él ni los miembros de la orquesta cobraban un solo euro. Lo que se financiaban eran desplazamientos, estancia y talleres. Pero se trataba de destruir, y se destruyó.

Fuera de juego la West-Eastern Divan en Andalucía, y ya sin la presencial anual en nuestra tierra de quien ha sido el intérprete musical más importante de los últimos cincuenta años (¡qué pérdida para todos, queridos jóvenes!), quedaba algo más por destrozar: la Academia en la que habéis participado. Pero aquí no se podía recurrir al asunto ideológico, como tampoco a la xenofobia. Los músicos sois andaluces, y quien ahora está en el poder autonómico es el Partido Popular ¿Solución? Crear un enfrentamiento artificial con la Joven Orquesta de Andalucía. Todavía mejor: hacer pasar por conciertos de la OJA aquellos ofrecidos conjuntamente por las dos instituciones. En este enlace tenéis toda la información para comprobar que no miento ni exagero y, de paso, para disfrutar de soberanos ejemplos de mala praxis periodística.

Así llegamos a donde hemos llegado. Supongo que no es necesario que os diga que Mengíbar tergiversa las cosas. La Fundación no está hecha a la gloria de Barenboim, un artista cuyo prestigio mundial no necesita de más honores, sino que más bien es Andalucía la que se beneficia de tener una institución con semejante nombre y respaldo, aunque sea a nivel meramente nominal; junto a ella, se beneficia vuestro currículo de cara al extranjero.

Tampoco hará falta que os revele, porque no sois tontos, que si vuestro proyecto no se hubiera materializado, ese dinero que sale de la Consejería de la Presidencia (¡muy bien por Juanma Moreno!) no hubiera ido ni a los conservatorios ni a la OJA, porque las cosas no funcionan así en el mundo de la política. Ni necesito recordaros de la suerte que habéis tenido de recibir clases de un profesorado que, siendo mayoritariamente español, forma parte de la plantilla de orquestas como –voy a seguir el orden que aparece en el programa de mano– la Mahler Chamber, la Radio de Frankfurt, la Suisse Romande, la Staatskapelle de Berlín, la Sinfónica de Londres, la Filarmónica de Berlín o la Sinfónica de Barcelona. Y de trabajar de una batuta de incuestionable prestigio internacional como es la de Heras-Casado.

Gracias a todo eso vosotros, como vuestros compañeros de la OJA y de los diferentes conservatorios, formaréis parte de nuestras orquestas, mal que les pese a quienes se empeñan no en sumar y en construir, sino en sembrar cizaña y acabar con los proyectos que garantizan nuestro futuro. Me temo que tendréis que aprender a convivir con ellos.

PS. La reseña del concierto va aquí.

El mudéjar en Jerez, preguntas y respuestas

Parece que en cuatro o cinco días, tras una demora derivada de problemas técnicos –la imprenta tenía que comprar una máquina nueva–, se pone a la venta El mudéjar en Jerez, preguntas y respuestas. Si no esta misma semana, lo tienen ustedes para después de Fin de Año. Como la pandemia impide –de momento– realizar presentación oficial, vayan estas líneas para explicar de qué va el asunto.

El texto parte de una motivación clara: mi vocación docente. Muchas veces los que nos dedicamos –mejor o peor, esa es otra historia– a investigar nos olvidamos de algo tan fundamental como es la divulgación. Nos preocupamos por avanzar en nuestros conocimientos –lo que está muy bien– o quizá –esto ya es menos interesante– en ser los primeros en sacar a la luz tal o cual hallazgo, pero muy poco de que esos avances y esos descubrimientos lleguen al común de los mortales. También es cierto que las circunstancias del mundo universitario no son precisamente las que más ayudan a promover la divulgación: los profesores de nuestras universidades están obligados a la publicación de textos científicos, lo que generalmente les lleva a dejar a un lado aquellos trabajos que no van a servir para conseguir el número requerido de créditos. Los profesores de secundaria no gozamos del prestigio de los de la enseñanza del nivel superior. Tampoco con sus recursos ni con sus horas libres para investigar: si nos dedicamos a ello, lo hacemos en nuestras horas libres. Pero precisamente por eso tampoco nos vemos condicionados por las cuestiones antedichas. Como no se tiene en cuenta en nuestra trayectoria laboral, da igual que publiquemos investigación o divulgación. Podemos sin remordimientos dedicarnos a esta última, que no en balde coincide con nuestra vocación última: enseñar al que quiere aprender.


Con este objetivo en la mente, le propuse al editor José Ruiz Mata la idea de un libro eminentemente divulgativo en el que el texto y la imagen, equilibradas al cincuenta por ciento, sirvieran para difundir el estado de la cuestión sobre lo que conocemos como “gótico-mudéjar” o “mudéjar” de Jerez de la Frontera, y a su vez contribuyese a poner en valor esa parte importante de nuestro patrimonio monumental. Aceptó al instante. Le dije que me gustaría contar con un fotógrafo de contrastada calidad y que su nombre apareciera en portada. También respondió de inmediato: José Luis Lozano Romero. No le conocía de nada, pero en cuanto vi lo que hacía quedé maravillado. Propuso además fotos a color y tapa dura. Qué quieren que les diga, todo esto sobrepasaba con mucho lo que yo podía esperar para cualquiera de mis trabajos.

En principio la idea era articular la publicación en una serie de dobles páginas: texto a la izquierda, imagen a la derecha. Pero luego me di cuenta de que, por muy didácticas que fueran las explicaciones, primero hacía falta una parte “teórica” más o menos larga que, antes de entrar en materia, sentase una serie de cuestiones básicas que no tienen por qué ser conocidas por todos los lectores. Decidí escribirla siguiendo el formato de cuatro grandes baterías de preguntas y respuestas. Yo ya había optado por tan arriesgado planteamiento en unas notas que sobre El castillo de Barbazul de Bartók redacté hace años para el Teatro Villamarta. Luego lo hice en el libro San Dionisio, una visita guiada: parece que gustó. A algunos le podrá parecer poco académico, pero considero que con él la lectura resulta mucho más ágil, los conceptos llegan con mayor claridad y el amante de la cultura que no cuenta con una especial preparación en estos temas podrá acercarse a cuestiones muy complejas para las que no encuentra fácil respuesta en los libros.

Ni que decir tiene que para toda esta primera parte he tenido muy en mente a mis propios alumnos del IES Padre Luis Coloma, sobre todo a los de Patrimonio Artístico y Cultural de Andalucía y a los de Historia del Arte –primero y segundo de Bachillerato respectivamente–, y con ellos a los de toda la ciudad. También a sus profesores. He pensado mucho en esos compañeros que buscan información sintética y actualizada sobre nuestro patrimonio monumental y que se ven abocados bien a leer textos recientes pero dispersos y a veces de gran complejidad, bien a conformarse con síntesis muy desactualizadas. Con todos los respetos, el libro de El mudéjar en Jerez de mi apreciada compañera Ricarda López lanzado en 2004 recogía el estado de la cuestión de 1933, esto es, el inmediatamente anterior a la Introducción a la Arquitectura en Xerez de Hipólito Sancho. Desde su fecha de publicación, además, ha llovido muchísimo. Ciertamente mi síntesis realizada en 2014 para el catálogo de Limes Fidei sigue pareciéndome válida en líneas generales e importante en el apartado gráfico, pero el espacio disponible no permitía profundizar lo suficiente ni recoger en imágenes todo el patrimonio de interés. Y tampoco es que en estos últimos años nos hayamos quedado cruzados de brazos precisamente: hay muchas cosas nuevas que integrar en nuestra visión global del mudéjar jerezano, empezando por la tesis doctoral de José María Guerrero Vega y continuando por una serie de aportaciones mías y de otros investigadores. Había que actualizar.

Debo reconocer que, en el empeño por seguir avanzando en el conocimiento de este mundo, me puse a escribir con tanto entusiasmo que en un momento dado renuncié a las “preguntas y respuestas” y pasé al formato tradicional, el de la redacción expositiva, para incluir más y más reflexiones. Error: se me fue de las manos. Las dimensiones alcanzadas eran muy considerables y aquello se alejaba de la idea inicial de divulgación, así que tuve que renunciar y volví al formato original. Por el camino se han quedado páginas y páginas que no sé si algún día tendré la ocasión de publicar; muchas de ellas estaban dedicadas al Jerez andalusí. Lo cierto es que ahora no era el momento.

¿Cómo ha quedado el texto, pues? Empezamos con cinco páginas de introducción: todo resumido para que el lector se haga una idea muy general de aquello de lo que vamos a hablar. Siguen las veintiocho páginas de preguntas y respuestas, distribuidas en cuatro bloques: “Gótico y Tardogótico”, “Mudéjares, Mudéjar, Mudejarismo”, “Gótico y Mudéjar en Jerez” y “Materiales y Formas”. A alguien le parecerá una soberana tontería responder preguntas como “¿En qué consiste la arquitectura gótica?” o “¿Cuándo y dónde aparece la arquitectura gótica? ¿Es una evolución de la románica?”, que son precisamente las primeras. A mí no: el libro está escrito para todo el mundo. Mal empezamos si nos ponemos exquisitos. Por otra parte, no se han esquivado cuestiones complejas como “¿Es verdad que el paso del románico al gótico se realiza gracias a la orden del Císter?”, “¿Debe interpretarse el uso de la madera para cubrir espacios como un rasgo de mudejarismo?” o “¿Es un estilo el mudéjar, o más bien una constante del arte hispano?”. Otras preguntas tienen un carácter más local: “¿En qué medida se encuentran vinculadas las iglesias de Jerez a la arquitectura parroquial sevillana del medievo?”, “¿Existe arte románico en Jerez?”, “¿Son los elementos mudéjares de las iglesias jerezanas una herencia recibida desde la arquitectura de Sharis?”, “¿Puede considerarse al gótico-mudéjar de Jerez como una prolongación del cordobés?” o “¿Llegaron maestros mudéjares del otro lado de la frontera?”. Espero haber sabido dar respuestas plausibles.

A continuación, diecinueve láminas con sus comentarios. Cuestiones de maquetación han impedido preservar el concepto original de texto a la izquierda, imagen a la derecha, pero sí que hemos mantenido la idea de optar por la página completa para las fotografías. En algún caso, se trata de dos imágenes horizontales ocupando una página. José Luis Lozano ha realizado un trabajo formidable; mejor cuanto más libre, cuanto menos sujeto a mis peticiones. Hay muchas imágenes que alcanzan gran fuerza plástica por sí mismas, con independencia del objeto representado. En este sentido, creo que es un libro muy hermoso, muy bellamente editado e ilustrado. Me gusta de manera muy especial la imagen del ábside de Santa María de Arcos vista desde el interior de una vivienda, así como la instantánea en blanco y negro de la techumbre mudéjar de la vivienda número 3 de la Plaza de San Lucas, que con la mayor amabilidad del mundo nos permitió fotografiar la actual propietaria del inmueble. Vayan a ella desde aquí nuestro agradecimiento, como también a la hermana mayor de la Hermandad de la Vera+Cruz y al sr. cura párroco de San Dionisio: difícil es encontrar mayor espíritu de colaboración. Tampoco podemos dejar de agradecer la amabilísima cesión que José Contreras Sánchez ha realizado de dos fotografías que realizara en su momento para el catálogo de Limes Fidei, una de ellas por completo inédita. Y a nuestro amigo “La cámara de Kiko”, que no quería reconocimiento alguno por su magnífico y muy revelador detalle de la sacristía de la Cartuja de las Cuevas: no le he hecho caso y le he puesto el merecidísimo crédito fotográfico.

En cuanto a las láminas propiamente dichas, hemos intentado llegar a un equilibrio entre lo más conocido y lo que no suele llamar tanto la atención, como también entre lo que está en Jerez y lo que se encuentra fuera de la localidad: Arcos de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda y Vejer de la Frontera tienen su justo lugar, porque sin ellas sería por completo imposible entender lo que aportan los talleres jerezanos. Por supuesto, todas las páginas precedentes de “preguntas y respuestas” también están ilustradas, siguiendo en ellas el criterio de incluir lo más interesante de lo que no iba a ser recogido en las láminas “grandes”. Creo que es la primera vez que se publican imágenes a color de la Capilla de la Jura restaurada (¡qué impresionante trabajo el de nuestro fotógrafo!), o del exterior del Convento de Santiago de la Espada (Sevilla), y quizá también de los restos pictóricos de Santa María de la O de Sanlúcar de Barrameda y de los que hay en la Puerta de Jerez en Tarifa. De la capilla mayor del Divino Salvador de Vejer se publican dos detalles reveladores –las fotos las hice yo, a José Luis no le hemos hecho trepar por los muros– que jamás se han visto.

También hemos incluido una imagen que me gusta especialmente. Se trata de una vista de la Plaza Plateros en torno a 1915 que se encuentra en el Archivo General de la Región de Murcia. Su conocimiento se lo debo a D. Cristóbal Orellana. La publicamos de manera testimonial en el libro San Dionisio: una visita guiada con un tamaño tan pequeño que se perdía la mayor parte de la información. Ahora la tenemos a doble página en todo su esplendor. O casi, porque les aseguro que ampliando en la pantalla del ordenador se obtiene un nivel de detalle asombroso. El rótulo “Queda prohibido por disposición del Sr. Alcalde bajo la multa de una peseta verter aguas en este sitio y en sus inmediaciones” sigue sin poder leerse.

Los textos acompañan a las diecinueve láminas son más complicados que los precedentes. Más “para ya iniciados”, aunque si se ha leído lo que se expone con anterioridad no puede haber el menor problema de comprensión. De lo que se trata ahora es pasar de cuestiones generales a otras más particulares. También me he permitido en ellos presentar ideas novedosas, intentando abrir nuevos senderos. Estoy contento por haber arrojado un poco de luz –o eso espero– sobre el lío de la Capilla de la Paz en Santiago. También creo que pueden ser tomados en consideración los apuntes sobre la posible relación entre la arquitectura religiosa y la militar realizados a partir de la bóveda de espejo en San Marcos. Volver a lo de la qubba en Santo Domingo me ha resultado aburrido, después de tantos años, pero no podíamos dejar de lado un capítulo tan decisivo. Lo de la capilla mayor de San Juan de los Caballeros sí me ha resultado más estimulante, porque recupero la idea que Romero Bejarano y Caramazana Malia negaron: que se trata de una construcción funeraria asociada a las laudas de Lorenzo Fernández de Villavicencio, esposa e hijo. Obviamente ahora apuesto por una cronología más temprana que la que consideré a finales del siglo pasado (¡cómo pasa el tiempo!), pero creo haber retomado la idea con argumentos sólidos que abren una vía particularmente interesante a la investigación, sobre todo en lo que a la relación entre oligarquía y vocabulario artístico se refiere. Está mal que hasta ahora no hayamos tenido en cuenta la circunstancia de que este personaje, antes de su triunfal retorno a Jerez, estuvo desterrado en el sultanato nazarí. ¿Debe extrañarnos que pidiera que se ornara su tumba en la capilla mayor de San Juan “estrellada de azulejos”? Ahí hay mucha tela que cortar.

Salvo en una sección a la que luego haré referencia, el libro no cuenta con otro aparato crítico que la bibliografía final. Dado el carácter de síntesis que presentan los textos, de haber optado por notas a pie de página estas hubieran tenido que ser extremadamente numerosas: por eso mismo semejante opción es común en los libros de carácter divulgativo. Ahora bien, aunque se ha hecho un esfuerzo para ir citando dentro del texto a aquellos investigadores que han realizado las aportaciones más relevantes, parecía justo orientar al lector deseoso de ampliar sus conocimientos en torno a los diferentes libros y artículos a los que puede recurrir, al tiempo que se le aclara cómo ha ido evolucionando la historiografía en torno al tema de la arquitectura medieval de Jerez. Una evolución, por cierto, en absoluto lineal ni uniforme, porque ha conocido no solo avances sino también serios retrocesos, como también décadas de estancamiento. Es por esto por lo que tomé la decisión de añadir siete páginas de consideraciones bibliográficas en las que he intentado ser respetuoso sin renunciar a la crítica ni a la autocrítica.

Dos apéndices vienen a continuación, de muy distinta naturaleza. El primero es una breve guía de visita a las iglesias jerezanas que contienen elementos gótico-mudéjares, centrándome en ellos sin dejar de decir algo sobre otros elementos patrimoniales. San Dionisio y Santo Domingo acaparan, con todo merecimiento, la mayor atención. Toda esta parte está hecha pensando tanto en el visitante que viene de fuera como en grupos de alumnos que se acerquen a nuestras iglesias y que quieran encontrar, sin tener que saltar de un lugar al otro del libro, información clara sobre aquello a lo que deben atender en sus recorridos.

El segundo ha sido una adición a última hora de la que me siento particularmente satisfecho. Se trata de la versión original del estudio que realicé sobre el fragmento de pintura mural gótico-mudéjar encontrada en la vivienda n.º 3 de la Plaza de San Lucas que presenté en septiembre de 2019 dentro del ciclo “La pieza del mes” del Museo Arqueológico Municipal. De las seis mil palabras escritas, yo mismo tuve que amputar hasta quedarme en las dos mil trescientos que se ajustaban al formato de la ficha que se nos solicitaba, contando con publicar el texto íntegro en la Revista de Historia de Jerez. Pero aconteció un serio desencuentro con el director de dicha publicación, D. Miguel Ángel Borrego Soto, hasta el punto de que decidí -mantengo mi decisión- no volver a publicar en la misma mientras este señor siguiera al frente. El trabajo pasó al limbo. Como expliqué por aquí, el pasado mes de septiembre el profesor D. Raúl Romero Medina dijo públicamente en la Sala Compañía que la pintura mural de nuestras iglesias se encontraba sin estudiar. Hay quienes me aseguran que lo hizo para ningunearme, incluso para provocarme. Afortunadamente lo logró, porque enseguida acudí a mi editor sugiriéndole añadir al volumen ya finalizado aquel trabajo. Dicho y hecho, aunque quise realizar alguna modificación más o menos importante y añadir unas notas a pie de páginas que en la ficha del Museo no se permitía, pero que aquí me parecían imprescindibles porque ya no hablamos de divulgación, sino de investigación pura y dura. ¿Incoherencia con respecto a las páginas anteriores? Pues sí, pero no me arrepiento lo más mínimo. Leyendo estas veintitrés páginas adicionales, el lector tendrá una idea muchísimo más completa del fenómeno gótico-mudéjar que se produce en Jerez, y no solo porque se habla ahora de pintura, sino también porque se aborda la relación ente la ornamentación doméstica y la de las iglesias. El repertorio de imágenes -estas son todas mías- me parece interesantísimo. Los restos tras los retablos de San Marcos de Jerez y de la O de Sanlúcar jamás habían sido fotografiados. Creo que tampoco son desdeñables las reproducciones en color del zócalo del Castillo de Luna en Rota y, especialmente, del Palacio de los Duques de Feria en Zafra.

Claro que de lo que más satisfecho me siento es de haber conseguido presentar a doble página una imagen que hasta ahora solo podían contemplar quienes tenían la suerte de acceder a un ejemplar de la Catálogo Monumental de España, Provincia de Cádiz, de Enrique Romero de Torres. Se trata del dibujo realizado por José Olivares Veas a principios del siglo XX de las pinturas murales que se escondían tras el retablo mayor de la Basílica de Santa María de la Asunción de Arcos de la Frontera. La Coronación de la Virgen, ya lo saben, hoy se puede admirar trasladada a la nave del Evangelio, pero el resto sigue oculto. Después de mucho tiempo de espera, lo ponemos al alcance de cualquier investigador. En la fotografía –Archivo Mas– podrá ver asimismo el sagrario mudéjar a la izquierda del conjunto, y si está atento podrá verificar lo que algunos ya intuíamos: que los nervios de la bóveda estaban revestidos de dientes de sierra, lo que termina de demostrar que la obra arcense anterior a la actual fábrica tardogótica se debía al que hemos venido en llamar “Taller de Santo Domingo” jerezano. Ha costado su dinero traer esta imagen aquí, pero ha merecido la pena.

Cerrando el volumen, la imprescindible bibliografía. Sesenta y seis referencias en total. He procurado que estén todos los autores que han aportado algo de interés. También aquellos que han realizado trabajos de divulgación, con independencia de que quien esto suscribe esté o no de acuerdo con el resultado. La verdad es que encuentro poco consistentes algunos de esos textos, pero el lector no se merece que se le escamotee su existencia. Antes al contrario, lo justo es que se le facilite acceder a ellos para que pueda contrastar enfoques y valoraciones diversas. Si algún autor no aparece recogido no se debe en absoluto a mi voluntad de dejar a un lado a nadie, sino a despiste o ignorancia.

Otra cosa es que no haya dado tiempo a recoger las aportaciones más recientes. Es el caso del artículo sobre las yeserías mudéjares del Palacio de Campo Real escrito por José María Gutiérrez y Miguel Ángel Borrego publicado en el último número de la Revista de Historia de Jerez. De su existencia me enteré hace tan solo unas semanas, cuando se presentaba la publicación, porque en ningún momento –era de esperar– se me hizo saber que esa investigación estaba en marcha. Lo mismo puedo decir de la pieza de yesería mudéjar que podría pertenecer a la sinagoga de Jerez presentada en una conferencia el 11 de noviembre de 2021 por el segundo de los investigadores citados, quien al parecer está a punto de publicar un libro sobre la judería. Entiendo que cada persona es libre de compartir información con quien le parezca oportuno, pero lo cierto es que trabajando en grupos cerrados que rivalizan entre sí salimos perdiendo todos: yo porque podía haber enriquecido de manera sustancial el texto, los autores porque podrían darle mucha mayor difusión a sus aportaciones, los lectores no atentos a la bibliografía especializada –es decir, el común de los mortales– porque de momento se van a quedar sin conocer estos avances. Me hubiera encantado presentar como “en prensa” estas novedades, pero así funciona las cosas en esta ciudad de reinos de taifas, del “esto es mío” y del “yo lo vi primero”.

Lo cierto es que el libro ya está condenado de antemano por algunas personas. Mis enfrentamientos personales con Manuel Romero Bejarano y Miguel Ángel Borrego Soto van a hacer muy difícil que sea reconocido por sus respectivos círculos, en los que se integran la mayoría de los que en Jerez investigan sobre temas medievales. David Caramazana Malia, valioso investigador muy cercano a Romero Bejarano, ha evitado citarme en sus última publicación científica, lo que deja bastante claro cuál va a ser a partir de ahora su actitud hacia mi trabajo. Borrego Soto, por su parte, ya ha empezado a atacar en las redes sociales: el hecho de que nuestro editor sea José Ruiz Mata, con el que ha conocido serios enfrentamientos a raíz del libro de este último sobre Asta Regia, no tenía más remedio que conllevar una sentencia condenatoria que ya ha sido emitida.

Dicho esto, creo que la experiencia ha merecido la pena. Porque el texto ha sido escrito fundamentalmente, lo dije al principio e insisto ahora, para que cualquiera pueda acercarse de la manera más sencilla posible a toda la riqueza de nuestro patrimonio “mudéjar” o “gótico-mudéjar”, haciéndolo sin recurrir a simplificaciones ni rehuir de las cuestiones más espinosas, reconociendo el valor de todos cuantos han contribuido a este conocimiento, ofreciendo el estado de la cuestión a fecha de 2021 y procurando ofrecer el suficiente número de ideas novedosas con vistas a que la investigación no quede estancada. Serán los lectores los que tendrán que decidir si hemos conseguido nuestro objetivo

sábado, 25 de diciembre de 2021

Cuatro preciosos discos para Navidad

El primero de ellos se grabó en junio de 1961. Yo lo escuché anoche, y se lo dejo a ustedes en YouTube. Los otros tres, más recientes, han ido cayendo a lo largo del día de hoy. Feliz Navidad.




jueves, 16 de diciembre de 2021

El imbecilismo antivacunas llega a la clásica

Ya les vengo advirtiendo de cómo la desconfianza ante lo único que nos puede ir sacando poco a poco de la pandemia, que no es otra cosa que la ciencia médica, se va extendiendo entre personas presuntamente cultas y preparadas. También en el campo de la música clásica. Hoy he leído este artículo de Gonzalo Alonso (aquí) en el que, junto a algunas reflexiones que se pueden compartir en mayor o menor medida, nos intenta lanzar un mensaje de extrema peligrosidad: el de la necesidad de la rebelión (sic) frente a las contradicciones que se van sucediendo en un fenómeno en el que, para cualquiera que tenga un poquito de sentido común, la rectificación realizada en función de investigaciones y de los datos de los que antes carecíamos no solo no es censurable, sino necesaria. ¿Se imaginan que las autoridades sanitarias no rectificaran ante los nuevos descubrimientos “para no marear al personal"? Pues eso es lo que parece pedir el articulista.

Por descontado que Gonzalo Alonso no hace sino, una vez más, poner su pluma al servicio de Isabel Díaz Ayuso y de su particular concepto de la “libertad”: que se mueran los que sean necesarios, que hay que salvar la economía. Puro servilismo (lean esta reseña propia de la prensa rosa en la que la adulación llegaba a extremos de vergüenza ajena) de un señor que, además de conseguir fama y hacerse temer sacando a la luz cuantos trapos sucios le llegan a sus oídos extremadamente cotillas,  ha estado siempre haciéndole la corte a los mandatarios de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid –Gallardón, Aguirre, ahora Ayuso– para influir todo lo posible en El Escorial, en el Teatro Real y donde hiciera falta. Por si fuera poco, cierra su artículo exigiendo responsabilidad al gobierno. ¡A uno de los gobiernos que más y mejor ha vacunado en Europa!

Entiendo que cada cual es libre de hacer propaganda del partido más afín a su ideología, o de aquel en el que puede obtener poder u otros beneficios, pero lo que no entiendo es cómo se puede ser tan canalla como para llamar a la gente a rebelión frente a unas autoridades –estoy hablando ahora a nivel mundial, no me refiero solo a España– que, a veces con acierto y otras sin él, no trabajan para inyectarnos microchips ni para enriquecer a las farmacéuticas –aunque estas, qué le vamos a hacer, van a beneficiarse lo suyo–, sino para salvar vidas. Por eso les invito a leer a Margarita del Val y a tomar, dentro de lo razonable, todas las precauciones que puedan estas navidades. Yo estoy terminando de pasar la enfermedad y les aseguro que es muy dolorosa. No hagan caso a quienes solo pretenden sacar rédito político aun a costa de la vida humana.

domingo, 12 de diciembre de 2021

Porque estoy vetado

Se lo decía esta mañana a alguien por teléfono: lo que mejor me salen son las conferencias. Las que ofrecí hace pocas semanas sobre las Cantigas de Santa María y sobre la primera arquitectura gótica y mudéjar en Sevilla fueron un considerable éxito, tanto "de público" (conté entre 105 y 110 personas en la primera de ellas, solo 40 o 45 en la segunda por la lejanía del recinto y lo tardío de la hora) como de crítica (por la extensión de los aplausos).

¿Y por qué no das nunca conferencias en Sevilla, me decían por otro lado? La respuesta ya la he escrito varias veces, pero insisto: porque estoy OFICIALMENTE VETADO por una señora llamada MARÍA JESÚS RUIZ DE LA ROSA, a la que por razones obvias deseos que echen de su puesto en la ROSS cuanto antes. Solo si ella desaparece del mapa tendré la oportunidad de hacer algo allí. Es bochornoso, pero así son las cosas: auténticos incompetentes impidiendo por razones personales que nada tienen que ver con la categoría del conferenciante que el público escuche a personas que pueden resultar de su interés. Insisto, ¡que la echen ya!

sábado, 11 de diciembre de 2021

La libertad de Ayuso, la libertad de la Iglesia y la conspiración judeo-masónica

Ayer me decía un amigo que la tercera dosis no es más que parte de la agenda de Soros para el 2030. Ya saben, el nuevo orden mundial: destruir la civilización cristiana, acabar con el matrimonio natural, extender la ideología de género y todo eso. Que detrás de todo ello están Satanás, la masonería y el comunismo. Y que no piensa vacunarse.

Durante años he aguantado su ideología nacionalcatólica por cariño. Pero estando enfermo y muy dolorido por el maldito bicho decir esto me ha parecido una falta de consideración hacia mí. No, no puedo escuchar estas cosas en medio de la enfermedad; particularmente que afirme que la tercera dosis es un fraude, cuando esta ha salvado la vida de mi querida madre. Así que he decidido cortar la amistad. Y le he recordado que cuando lleguen los suyos al poder y le den a él, muy bien situado en los círculos intelectuales de mi localidad, el mismo cargo que le dieron en su momento a su queridísimo José María Pemán –depurar al profesorado por su ideología–, no se olvide de ponerme el primero en la lista, cosa que hará con agrado: muchas veces él, indisimulado y rendido admirador de Francisco Franco, me ha dicho que adoctrino a los alumnos.


No crean que el asunto es broma. Hay mucha, muchísima gente a la que le gustaría verme perder el empleo. El crítico Pablo J. Vayón sin duda sería uno de ellos: sus diatribas conmigo hace años en este blog dejan bien clara su ideología extrema, auténtica posverdad de Trump-Ayuso, así como su profunda aversión hacia mi persona y mi pensamiento. Otro sería el lector Nemo, que me dijo literalmente algo así como que yo no debería impartir clases para no manipular a los niños.

Voy a hablarles claro. El actual gobierno de España me gusta regular. Detesto profundamente el comunismo, estoy en contra de los separatismos nacionalista y me repugna Bildu. Pero ahora mismo España, pese a todo, es un país democrático y con libertad. Auténtica libertad. Lo que he leído a Vayón de que nos gobierna la extrema izquierda populista es una mentira tan risible como lo son sus críticas musicales "históricamente informadas" en Diario de Sevilla.

En cuanto a lo de la inexistencia de libertad religiosa en España, es otro embuste mucho más inmenso aún: ¿de verdad alguien se cree eso en un país en el que se celebran oficialmente todas las grandes fiestas católicas, donde cientos de miles de niños reciben catequesis en las escuelas públicas (encubierta como religión, pero es catequesis) con profesores contratados a dedo por la Iglesia pagados por el estado, y en el que esa misma iglesia recibe anualmente una subvención millonaria?

En lo que se refiere a las medidas coercitivas por parte de las autoridades en esta crisis sanitaria, no son sino las imprescindibles para que la gente no haga más barbaridades que ponen gravemente en riesgo la salud de los demás. La "libertad" de Díaz Ayuso y del resto de la ultraderecha es justo lo contrario de lo que en teoría expresa la palabra. Porque lo que reivindican es la desinhibición del estado para que impere la ley del más fuerte. A nadie se le ocurriría decir que multar a un coche que va a doscientos por hora, mientas no le haga daño a ninguna persona, es ir en contra de la libertad, ¿verdad? Pues ahora resulta que obligar a vacunarse siendo sanitario, a llevar pasaporte covid, a cerrar las discotecas a partir de cierta hora o a llevar mascarillas en interiores es coartar esa sacrosanta libertad. Que cada uno se las apañe como pueda. Total, los viejos ya han vivido bastante… En el fondo es puro neoliberalismo aplicado no solo a la economía, sino también a la vida y la muerte.


Al mismo tiempo, ¿en qué coarta la libertad religiosa el que se permita casarse a las personas del mismo sexo, o el que se facilite a esas poquísimas personas que han nacido en un cuerpo que no es el suyo realizar el ajuste necesario? Son medidas en aras de que puedan conseguir cierta felicidad seres humanos que, precisamente, serían del todo infelices si quienes ustedes ya saben consiguieran esa "libertad religiosa" que no consiste sino en imponer su doctrina ultracatólica al resto de la población. De nuevo mucha, muchísima caradura llamar libertad a lo que es justo lo contrario, y que encima lo hagan los nostálgicos del régimen que durante largas décadas asfixió a los españoles bajo una única moral, una única manera de pensar y un único poder. Que por cierto fueron dos: ejército e Iglesia. Esa misma que por un lado se hace la ofendidita mientras que por el otro pone el cazo para seguir cobrando.

Ah, bueno, sobre los que niegan (¡literalmente!) que en España se maltrata fisicamente a las mujeres, más les valdría estar en la cárcel. Son muchas las almas inocentes que han muerto por eso que –con toda justicia– se llama violencia machista como para que algunos neonazis de mierda sigan escribiendo en las redes cosas semejantes.

No he hubiera molestado en escribir todo esto si no fuera porque no se trata de circunstancias que afectan solo a España. Miren lo que está pasando en el resto de Europa. Miren Hungría y miren Polonia. Pero también miren a la basura de antivacunas de Austria e incluso de Alemania, país al que pese a seguir luciendo una democracia en buena medida modélica, los presuntamente atrasados portugueses y españoles le podemos dar mil lecciones en lo que a la gestión de las vacunas y a la responsabilidad de los habitantes en el día a día de la pandemia se refiere.

Vivimos malos tiempos y vendrán mucho peores. Sinceramente, no sé si lo mejor sería que el bicho se me llevara para no tener que verlos.

PS. Geniales, como siempre, los de la revista Mongolia. ¡Suscríbanse!

viernes, 10 de diciembre de 2021

La tercera dosis FUNCIONA

Escribo con alegría y con enfado. Alegría enorme, porque mi madre ha dado oficialmente COVID NEGATIVA, coincidiendo de manera casual en el día de su 81 muy lozano cumpleaños. Enfado grande porque todavía hay gente presuntamente seria que duda de las vacunas y hasta de la naturaleza de esta crisis sanitaria.

Miren ustedes, en mí mismo y en mis circunstancias ha quedado claro de que este virus es MUY FÁCILMENTE TRANSMISIBLE –he tenido cuidado extremo: me asegura un profesional que posiblemente el bicho se haya colado por llevar una mascarilla quirúrgica y no FFP2–, y que pese a ello NO SE CONTAGIA A LOS CONVIVIENTES gracias a la tercera dosis –más un enorme cuidado en la rutina diaria, claro está–. También he comprobado –lo sigo haciendo– que los síntomas son MUY DOLOROSOS con la segunda dosis puesta hace siete meses, aunque parece más que probable que si no fuera por ella estaría en el hospital.

La extrema derecha, sea en versión VOX o en versión "liberal" de Ayuso, sigue diciendo que mascarillas fuera, que todos los años muere gente de gripe y no pasa nada, que sin economía no hay salud (¿no será al reves, almas de cántaro?) y barbaridades de tal calaña. No les hagan caso. Unos y otros, estos ultraderechistas y no pocos de extrema izquierda, son basura humana que intenta sacar los peor de nosotros mismos para justificar lo injustificable y conseguir lo inimaginable. Ustedes sean sensatos, sean razonables, sean solidarios y, sobre todo, sean cariñosos con quienes tienen alrededor. GUARDEN LAS DISTANCIAS. USEN LA MASCARILLA FFP2. VACÚNENSE USTEDES Y SUS HIJOS. No les hablo desde "manipulaciones gubernamentales", sino desde la experiencia en mi propio cuerpo. No se dejen engañar.

jueves, 9 de diciembre de 2021

I'm still here, but... (notas sobre la segunda y la tercera dosis)

 ... pillé el coronavirus y la cosa va a peor. Los primeros síntomas aparecieron el sábado por la tarde en forma de dolor de garganta. El domingo tuve febrícula, que se me pasó al día siguiente, pero desde el lunes por la noche la fiebre es continua. Esta tres últimas noches han sido muy desagradables. He perdido parte del olfato, aunque eso es lo de menos. Lo realmente malo es el dolor. Y el cansancio, el famoso cansancio del coronavirus. Tengo algo de tos seca, sin que de momento vaya a mayores. Hoy me hacen la PCR para confirmar lo que ya sé por el test de antígenos: lo que me gustaría es que me dijeran qué cepa es.

 
He sido enormemente cuidadoso en todo momento. La mascarilla solo me la que quitado en interiores para comer o beber, pero ya se sabe que estas últimas cepas son muchísimo más contagiosas. No nos engañemos: el bicho pasa por las rendijas. Esa es una conclusión importante. Otra es que la segunda dosis de la vacuna impide quizá un contagio mortal, pero no pasarlo así de mal. Yo me la puse en mayo y ya ven cómo estoy a los siete meses. Hace falta la tercera. Y ahí va la última conclusión: LA TERCERA DOSIS FUNCIONA, porque mi madre, a sus ochenta años, no ha pillado nada de nada pese a que vivo con ella.

La advertencia está clara. En primer lugar, no hagan caso a los imbéciles del "quitémonos las mascarillas": incluyo en esta categoría a un crítico musical ultraderechista, especialista en música antigua, que se declara fan de la "libertad" de Ayuso y anda soltando en la red repugnantes mentiras a cuál más peligrosa. En segundo lugar, pónganse la tercera dosis en cuanto les esté permitido. En tercer lugar, vacunen a sus hijos sin dudarlo un solo momento. En cuarto lugar, presionemos a nuestros gobiernos para que sacrifiquen, en la medida de lo posible, la "libertad de compras navideñas" y de "entrañables reuniones familiares" por algo tan básico como la salud.

Ah, pensarán ustedes que me estoy hartando de escuchar música en el encierro. Pues no. El mal cuerpo no lo permite, y apenas estoy dando uso a mi nuevo subwoofer ni a mis altavoces Dolby Atmos recién comprados. Lo que sí estoy es intentando leer mucho sobre historia y arte. Estoy deseando volver a mis clases, sinceramente lo único que da sentido a mi vida y aquello de lo que me siento más orgulloso. La música es algo secundario.

No me fío de este psiquiatra, pero qué bien merienda el jodío

Después de diez de los peores días de mi vida (desdichadamente, no es broma ni exagero), he decidido buscar la ayuda de un psiquiatra que me...