Me animo a reabrir el blog, de momento solo poniendo al día algunas discografías mediante las audiciones que he ido realizando este verano, más alguna nueva que aún no ha visto la luz. No es el caso de esta entrada, en la que comento un doble SACD que me ha costado un ojo de la cara, porque al importarlo desde la propia web del sello Dutton me han cobrado una tarifa aduanera al llegar el pedido a mi casa: La Bohème de Puccini por Sir Georg Solti y la London Philharmonic que grabó RCA entre el 23 de julio y el 3 de agosto de 1973 con mezcla cuadrafónica posterior, precisamente recuperada en esta edición.
He comparado con lo que yo tenía, el primer reprocesado que circuló por aquí: la mejoría es brutal, hasta el punto de que aquellos CD solo cabe calificarlos como desastrosos. ¿Suena especialmente bien ahora? No. Hay una apreciable distorsión tímbrica, y la acústica del Walthamstow Town Hall no es ninguna maravilla. Ahora bien, la acción conjunta del reprocesado en alta definición y la espacialidad del multicanal hace que la orquesta, gran beneficiada del nuevo trasvase –las voces, bastante menos–, suene con muchísima más naturalidad, relieve e inmediatez. Lo de antes era mate, apagado, sucio y terriblemente plano. Ahora ha cambiado la cosa.
Es verdad que hay gente a la que no le gusta un abundante uso de los canales traseros. Aquí se usan mucho en todo el segundo acto y al comienzo del tercero, lo que creo que le viene estupendamente a las situaciones de la escena y contribuye a la claridad polifónica. Bastante menos surround hay en el resto, aunque la orquesta no es de las que está "al fondo", sino que "se trae adelante". A quien no le guste así, en cualquier caso, la tecnología se lo pone fácil: marcarle al reproductor de SACD que lea la pista de dos canales o, sencillamente, meterlo en el lector normal de CD. Perderá relieve, pero aun así la mejoría es considerable con respecto a lo que había antes, porque no se verá limitada la audición por el horroroso reprocesado que nos endilgaron.
La interpretación es pura controversia. Y de la beligerante, empezando por una Montserrat Caballé que echó sapos y culebras contra el maestro de origen húngaro, acusándole de modificar la partitura –se las retiró a todos los cantantes para devolvérsela llena de enmiendas– hasta el punto de que, según ella, lo que allí se escucha no es Puccini, sino Solti. Yo me limito a dar mi opinión, empezando por la catalana. Vocalmente está por completo maravillosa, sacando un partido extraordinario de su inigualable control de la respiración y de esas mesas di voce marca de la casa. En lo expresivo ofrece una Mimí delicada y con picardía, mas no todo lo sensual que debería ser. Lo siento, estoy en exceso condicionado por lo que con el papel de la modistilla hacía Mirella Freni.
Plácido Domingo está ausente en el primer acto: ofrece –con cierta tirantez– el Do de "la dolce speranza" y, milagrosamente, el pianísimo que cierra el dúo, pero no es Rodolfo ni de lejos. Muchísimo mejor en la segunda parte de la ópera, en la que se muestra no solo cálido e implicado, sino también muy centrado en el estilo. ¿Prefiero a Pavarotti? Sin duda, pero no me cuento entre los que consideran este registro un fiasco del tenor madrileño.
Punto flaco del registro es Judith Blegen: voz de escaso interés, Musetta sosa y pálida. Canta bien, eso sí. Sin ser tampoco –casi nunca lo fue– un artista atento a los pliegues expresivos que dibujan un personaje, Sherill Milnes hace un Marcello que impone por voz y por técnica. Relativa decepción Ruggero Raimondi como Colline, porque pasa por encima del aria de la zimarra. Bastante bien el Schaunard de Vicente Sardinero. Sin problemas en los comprimarios. El Coro John Alldis, a la altura habitual de las formaciones inglesas.
¿Y Solti? Soy de los que piensan –debemos de ser miles– que lo de Karajan y la Filarmónica de Berlín de 1972 marca uno de los puntos más altos de la dirección de orquesta en Puccini. Sin embargo, creo que globalmente Sir Georg no le va a la zaga. Su línea es muy distinta, eso sí. El de Salzburgo se muestra mucho más atento a la belleza sonora, es más sensual y seductor, ofreciendo además un punto decadentista que en este repertorio no solo no molesta, sino que resulta conveniente siempre que no se le vaya la mano: será el caso de su Turandot. Solti se inflama muchísimo sin llegar a perder control ni delectación melódica, pero no llega a la altura de Karajan cuando de alzar el vuelo poético se trata.
Ahora bien, la cosa cambia mucho en el resto de la partitura. Me refiero a toda la primera mitad del primer acto, al segundo en su integridad y al arranque del cuarto. Ahí es donde Solti gana la partida merced a un nervio interno y una teatralidad desbordantes. Mientras su colega entendía la partitura en buena medida desde el punto de vista sinfónico, el de Budapest comprende que esto no es otra cosa que ópera. Pura ópera: hay que describir, hay que narrar, hay que insuflar vida, hay que marcar contrastes y –también– hay que olvidarse de vericuetos hedonistas para poner la atención del oyente sobre el drama. El maestro lo consigue por completo haciendo gala de un pulso tan intenso como ajeno a desbordamientos y de una gama tímbrica particularmente incisiva, a veces áspera, como también de un sentido de las texturas que no tiene mucho que envidiar al de Karajan. Muy adecuado su sentido del humor, por no hablar de la desgarradora la fuerza trágica que alcanza cuando es necesario: en el final nos pone el corazón en un puño. En fin, una dirección decididamente a conocer que hasta ahora, en este doble SACD, no ha recibido el tratamiento técnico que merece.
Hay bonus, y no precisamente menor. Como los tres primeros actos caben en el primer disco, en el segundo hay espacio para meter en su integridad un vinilo registrado en el mismo lugar un año más tarde, en julio de 1974. Lo protagonizan Leontyne Price y Plácido Domingo, quienes cantan dúos de Verdi y Puccini con la complicidad de Nello Santi y una soberbia New Philharmonia que no era ya la de Otto Klemperer, sino la del joven Riccardo Muti. Atención a la fecha: la soprano norteamericana contaba cuarenta y siete años, había demostrado muchísimo y ya no estaba perfecta en lo vocal –Aida de 1970 aquí comentada–, mientras que el tenor madrileño iba por los treinta y tres, se abría camino entre los más grandes y andaba en el momento justo de demostrar su potencial: había grabado Manrico y Radamés, también Michele, Des Grieux y Cavaradossi, aparte de este Rodolfo con Solti, pero otras cosas estaban aún por llegar, entre ellas tres títulos que aquí hace, Ballo, Otello y Butterfly. Ahí está uno de los puntos claves de este registro. El otro, lógicamente, es disfrutar del arte inmenso de una pareja que ya había hecho historia en Il Trovatore y Tosca, en ambos casos con un formidable Zubin Mehta, pero que en estos otros títulos que aquí se ofrecen, Otello, Ballo, Manon Lescaut y Madama Butterfly, aún no habían coincidido.
Los resultados son de altísimo nivel: pura emoción, como también canto de muchísimos quilates. Se pueden poner reparos al moro de Plácido, que aún tendría que ensanchar el registro grave de su voz para moverse con holgura en ciertos pasajes. También cabe advertir que, por razones obvias, la vocalidad de la Price no es la ideal para hacer la Cio-Cio-San del primer acto, aunque a mí eso me importa poco: confieso una muy especial debilidad por el timbre y el arte de esta señora, quien aprovecha para regalarnos algunos reguladores inteligentísimos que quitan la respiración. Tremendo el dúo del Ballo, Verdi en estado puro, aunque de las cuatro páginas que se ofrecen me quedo con el Tu, tu, amore? tu? del título basado en el Abate Prévost. Qué incandescencia, qué implicación dramática, y también qué sentido del vuelo melódico.
Nello Santi ofreció más, muchísimo más que artesanía de foso con una dirección italiana a más no poder, pero no en el sentido de Toscanini sino en el otro, el de verdad: la conjunción más admirable entre calor expresivo y cantabilidad en el fraseo. La música fluye, respira, adquiere el sentido orgánico que posee una melodía en la voz humana y no pierde en ningún momento la concentración. Formidable la orquesta pero, mucho ojo, aquí sí que hay instrumentos por detrás del oyente si se escucha la versión multicanal. He probado con el reproductor normal de CD y ahí sí suena cada cosa en su sitio, al tiempo que se pierde mucho en relieve y claridad. Usted mismo.




