viernes, 17 de julio de 2026

Dos artículos: Villamarta y Sánchez Saus

El blog sigue cerrado, pero vayan aquí dos enlaces. El primero, mi comentario a la emporada 2026/27 del Teatro Villamarta de mi tierra, publicado en La voz del Sur. No necesito añadir nada a lo dicho. Bueno, sí: que según fuentes bien informadas, el director del Villamarta se larga definitivamente en septiembre. Menos mal.

Villamarta 2026/2027, clásica y lírica: la Junta de Andalucía vuelve a salvar los muebles | lavozdelsur.es

El otro me divierte de manera especial, porque confirma que la sección de cultura de Diario de Sevilla está dirigida por un ultraderechista, con todo lo que ello supone. Lean, lean lo que Sánchez Moliní escribe sobre Sánchez Saus, aspirante en su momento a liderar Falange, admirador indisimulado de Francisco Franco y Donald Trump, orgulloso de pertenecer al ala más reaccionaria e intolerante del catolicismo, que ha utilizado durante años las páginas del diario "liberal" (¡juas!) del Grupo Joly para ganarse a pulso el carguito que le acaba de dar VOX.

Un intelectual en el Gobierno andaluz

Repárese de manera especial en lo que Luis Sánchez-Moliní dice del libro Al-Ándalus y la Cruz. De acuerdo con que su autor es un medievalista de muchísima más categoría que quien a ustedes se dirige, faltaría más, pero ello no me va a impedir opinar que dicho texto es una monumental falsificación historiográfica que no solo no desmonta falso mito alguno (¿alguien se creyó alguna vez lo de la "feliz convivencia de las Tres Culturas"?), sino que vuelve a la carga con la más rancia interpretación de la Reconquista en "cristiano bueno" contra "moro malo" y "auténtico español" contra "falso español". Y este tipo se ha convertido en número dos de Turismo y Justicia (¡hostias!) con la total aquiescencia de un Juanma Moreno que tardó dos días en aceptar todos los postulados de la ultraderecha. Para largarse de Andalucía, pero ya.

jueves, 2 de julio de 2026

Blog cerrado por luto político

Nunca una noticia de política me había hecho saltar las lágrimas. Hasta hoy: el PP de Andalucía ha llegado a un acuerdo con VOX para gobernar nuestra comunidad autónoma durante los próximos cuatro años. El candidato del partido ultraderechista queda como segundo de a bordo, mientras que se presenta un acuerdo entre las dos formaciones que, junto a decisiones francamente sensatas que todos podemos compartir, hay una gran cantidad de medidas que me parecen aberrantes. Al menos, que atentan a mis principios ideológicos básicos: bajada de impuestos que beneficia a los ricos, absoluta desprotección de los inmigrantes ilegales, persecución de las ONG que velaban por las necesidades humanitarias básicas de estos últimos, endurecimiento del régimen disciplinario de los centros de menores, eliminación de toda lucha contra el cambio climático y a favor del medio ambiente ("agenda verde"), promoción de la tortura animal... Lo de obligar a estudiar en las escuelas la historia del terrorismo suena a cachondeo, porque los profesores de Historia ya los encargamos de eso a conciencia, pero lo demás no es ninguna broma. Es egoísmo, es xenofobia, es maldad pura y dura.

¿Es justo y legal que esto ocurra? Sí, las dos cosas: es lo que han votado los andaluces. No solo los que metieron la papeleta de VOX, claro está, porque los que escogieron la del PP sabían que los dos partidos iban a gobernar juntos. Gracias a todos ellos nos gobernarán los herederos del régimen criminal de Francisco Franco y los amigos de Donald Trump, cuya estrategia de anunciar un pucherazo en las próximas elecciones generales han decidido copiar descaradamente: si gana la derecha estará bien, si lo hace la izquierda es que hay fraude. Y eso no lo dice VOX, mucho ojo, lo dice el propio Partido Popular, que hasta hace no mucho iba de moderado. Ya no lo es: su agresividad e irresponsabilidad resultan manifiestas.

Así las cosas, como señal de protesta he decidido cerrar por completo este blog durante varias semanas. Luto político, literalmente. Con seguridad no volveré antes de agosto, y probablemente no lo haga hasta septiembre. Les dejo con una partitura genial que he escuchado hoy repetidas veces y que me parece ejemplifica a la perfección la situación política a nivel mundial. Para quien sepa entender esta música, claro está.

Riccardo Muti en Granada: por debajo de lo exigible

Demasiados prolegómenos ya con las dos anteriores entradas: vamos directamente a qué me pareció al concierto de Riccardo Muti del pasado domingo 5 de junio en el Festival de Música y Danza de Granada. Aviso que durante los días previos escuché una vez y otra, en el coche o a través de los auriculares, sus grabaciones de las mismas obras de Giuseppe Verdi, Manuel de Falla y Maurice Ravel que se iban a tocar. Quería saber exactamente cómo había evolucionado el arte del director napolitano.


Arrancó el programa –francamente breve, mejor así dado el calor que se sufría en la colina de la Alhambra– con la Sinfonia de Nabucco. En ella quedó claro el nivel de la orquesta: la Orquesta Joven Luigi Cherubini es una muy correcta y digna formación de jóvenes. Nada más, nada menos. Poco que ver con el mamarracho de la Arturo Toscanini de Parma que dirigía Lorin Maazel. Dicho esto, la chavalería de Muti evidenciaba ciertas desigualdades, sobresaliendo –me lo decía un colega en el intermedio– un notable viento-madera frente a una cuerda y unos metales sin interés. Tocó bien, con ganas y mucha atención a una batuta que durante toda la velada desplegó amplia gestualidad para atender hasta el mínimo detalle, pero también hubo desajustes y una falta de transparencia que, hay que advertirlo, en parte puede deberse a la acústica del Palacio de Carlos V. Tengo que dejar constancia de un factor relevante: yo me encontraba en platea, bajo la fabulosa bóveda anular diseñada por Pedro Machuca, y en ese espacio el sonido empasta mejor pero pierde nitidez, al tiempo que resulta un tanto mate. La impresión desde el patio de butacas, a cielo descubierto, sería bien distinta.

En cuanto a la interpretación en sí misma, no fue radicalmente distinta a la excepcional que grabó el maestro en 1977. Tuvo nervio, fuerza dramática y cantabilidad. Sonó a Verdi. ¡Qué menos con Muti en el podio! Eso sí, cuarenta y nueve años no pasan en balde. Su recreación ha perdido la incisividad y la sana aspereza de corte toscaniniano de los tiempos con la Philharmonia, mientras que ha ganado en suntuosidad sinfónica. Vamos, que Muti estuvo más cerca de su muy odiado Riccardo Chailly en la recreación que le escuché hace algunas semanas en La Scala que de él mismo medio siglo atrás. Y ya que comparamos, hay que escoger: por una vez y sin que sirva de precedente, me quedo con Chailly.

Muti se dirigió al público para reivindicar Las Cuatro estaciones. Que es un error cortar este ballet cuando se lleva a escena Las vísperas sicilianas, porque de una grand opéra francesa se trata. Lleva razón. Que es la obra orquestal más importante de Verdi. También la lleva. Pero tengo mis dudas de que sea una gran música. Dudas serias. No es un coñazo como La peregrina del Don Carlos francés, pero esta media hora resulta de digestión pesada. De hecho, solo tiene sentido ofrecerla en concierto si la hace el mejor director verdiano del mundo: justo el caso.

Contamos con nada menos que tres registros a cargo de Riccardo Muti. El primero es el de 1980 con la Philharmonia: todavía con el vigor rítmico, la electricidad y ese sonido incisivo de la orquesta londinense que caracterizaba sus realizaciones verdianas de los años anteriores, pero añadiendo una dosis adecuada de flexibilidad y, sobre todo, una enorme cantabilidad melódica. En 1989 volvió a dejar su visión del ballet, esta vez dentro de la grabación de la ópera completa en el Teatro alla Scala: pierde un poco de vigor rítmico y gana algo de sensualidad, mientras que se ve lastrada por las obvias insuficiencias de la formación milanesa. Saltamos al 1 de mayo de 2025 en Bari, nada menos que con la Filarmónica de Berlín. Ahí el maestro evoluciona hacia posiciones más netamente sinfónicas, con la colaboración de una orquesta superlativa y sus maderas de auténtico lujo, tan decisivas en esta página.

¿Y en Granada? Ha pasado solo un año, pero la cosa ha evolucionado de manera significativa, justo en el mismo sentido que lo había venido haciendo. Tempi ligeramente más lentos, pérdida total de la electricidad y el carácter incisivo de tiempos londinenses, articulación mórbida, sensualidad más desarrollada… Se echa de menos el pulso rítmico de antaño, pero ahora el maestro alcanza tal grado de poesía que me quedo con esta última de sus cuatro entregas en lo que a la labor de batuta respecta. Imposible sacar más música de esta partitura, particularmente del último número, El otoño. La Orchestra Giovanile Luigi Cherubini en absoluto es capaz de ofrecer el empaste, la depuración sonora, la brillantez y –sobre todo– la agilidad de la Philharmonia y los Berliner, pero sus insuficiencias no son mayores que las de los milaneses de 1988, e incluso se debe aplaudir a las maderas en sus intervenciones en La primavera. En fin, no quiero ni imaginar qué ocurriría si Muti grabara ahora mismo esta obra con la Filarmónica de Viena: lo mismo hasta cambiábamos nuestra opinión sobre la partitura.

La segunda parte del concierto fue mucho más desigual. En 1979 Muti grabó al frente de los Philadelphians las dos suites de El sombrero de tres picos en interpretación de tempi rápidos, incisiva en el fraseo, rústica en el mejor de los sentidos, con garbo y con duende, al tiempo que alejada de la voluptuosidad y de la exploración de la atmósfera. En Granada solo hizo la Suite nº 2, y aquí es donde más claramente se ha apreciado la evolución del maestro. La recreación de Los vecinos, perdiendo algo de la garra de entonces, ha ganado muchísimo en sensualidad, en carácter curvilíneo, en delectación melódica y, a la postre, en inspiración poética, todo ello desde un prisma indisimuladamente impresionista que prosiguió en la Farruca. Magníficamente dirigida esta, arriesgadísima a la hora de plantear con extrema amplitud el accelerando que cierra la página, se vio lastrada por un corno inglés que empezó fraseando con amplitud y cantabilidad para luego venirse abajo en su dificilísima parte. No importó demasiado, porque a pocos les sale realmente bien ese remate. Lo que sí importó fue el lío que orquesta y maestro se armaron en la Jota conclusiva: falta de agilidad en el fraseo, discontinuidad en las tensiones, suciedad generalizada, tendencia al decibelio –Muti pedía matices dinámicos, la orquesta respondió a ellos con tosquedad– y una manifiesta ausencia de electricidad y brillantez.

Bolero de Ravel para terminar. Mala elección, dada la orquesta con la que se contaba. Me viene a la mente la ocasión en que Muti vino a Sevilla con la orquesta de La Scala y no se le ocurrió otra cosa que hacer los Cuadros de una exposición: a medida que se sucedían los números, fueron quedando al descubierto las insuficiencias de los primeros atriles de una formación que estaba en muy baja forma. Pus aquí lo mismo, solo que esta vez los problemas fueron en un cincuenta por ciento responsabilidad del director.

La grabación de Muti en Philadelphia de 1982 era lentísima (17’09’’) y solo se ponía interesante a partir de la entrada de los violines, aportando el maestro una carga de aspereza e incluso dramatismo que sustituía a la sensualidad propia de esta página. La de Granada ha sido mucho más ortodoxa en el tempo –aproximadamente 15:45, lamento no tener duración exacta– y en la expresión, porque aquí la batuta sí quiso modelar con carácter curvilíneo y difuminado las intervenciones solistas. La realización es lo que no salió bien, a pesar de encontrarse apoyada por un soberbio trabajo de la caja principal. Don Riccardo no logró graduar de menos a más el volumen las intervenciones solistas: a veces llegó a ocurrir lo contrario. Los primeros atriles se mostraron solventes y esforzados, solo eso. El trombón metió la pata de manera puntual, pero demasiado audible. La cuerda entró sin brillo ni emoción. La incorporación de la segunda caja resultó demasiado forzada, cosa que ya ocurrió en el Bolero que le escuché a Muti en Londres nada menos que con la Sinfónica de Chicago. El genial cambio de tonalidad que propone Ravel al final de la partitura pasó sin pena ni gloria. Aceptable interpretación, sin más.

¿Mal concierto? En absoluto. Pero sí desigual, y por debajo de la brillantez que el nombre de Riccardo Muti lleva asociado.

martes, 30 de junio de 2026

Críticos de toda la vida vs. opinantes en internet: ¿quién vigila?

Dice el veterano Rafael Ortega Basagoiti en este artículo de Scherzo que es una pena que se esté perdiendo la crítica de conciertos. La tradicional, la que se hace bien sobre papel, bien por suscripción en internet, en diarios y revistas especializadas. En él hace referencia a este otro artículo en el que plantean sugestivas preguntas en torno a esta progresiva sustitución de los “críticos de renombre” por esa presunta “democratización de la crítica” que es internet. Quién vigila. Quién filtra contenidos de, por ejemplo, un blog como este. Nadie, habría que responder. El bloguero o forero de turno escribe y luego se le hará mayor o menor caso. O ninguno.


Realmente, nadie garantiza que lo que escribamos en las redes tenga fiabilidad. Lo que ocurre es que tampoco los críticos “de toda la vida”, los “profesionales”, los que siguen la partitura en su tablet durante el concierto (¡viva el postureito fino!) y en el intermedio departen con los responsables de la organización, tampoco tienen filtro. ¿De verdad me quieren ustedes hacer creer que la mayoría de los redactores jefe ponen como prioridad la capacidad del crítico para aunar conocimientos y compromiso, léase valentía para decir las cosas? ¿No habrá quienes antepongan otros intereses más mundanos? ¿No existen acaso los que tienen en cuenta la publicidad en sus páginas, los vínculos del medio como patrono de determinada institución o incluso la necesidad de quedar bien ante los lectores? Circunstancias estas que, como todo el mundo sabe, un crítico con pocos escrúpulos puede, con total independencia de su mayor o menos nivel de conocimientos, aprovechar luego para codearse con los artistas, para hacerle un favor al amiguete con el que luego se va a cenar o incluso –esto lo he visto personalmente para que te coloquen a tu esposa en el teatro. Con éxito.

Viene esto a cuento porque, de las cuatro críticas “oficiales” que he podido leer del concierto de Riccardo Muti en el Festival de Música y Danza de Granada, solo dos me han parecido realmente profesionales. Es posible que ambas se pasen de rosca a la hora de poner mal a la orquesta que se trajo el maestro Muti, porque al fin y al cabo era una formación de chavales y los que allí acudíamos sabíamos lo que nos podíamos encontrar, pero son respetuosos no solo con los músicos, sino también con los lectores. Se mojan. Pero las otras dos solo de manera muy solapada insinúan las insuficiencias de la Orquesta Joven Luigi Cherubini, trasmitiendo una imagen de triunfo artístico que en absoluto fue tal. Y no me vengan con la subjetividad de la crítica. Subjetivo es si te gusta o no el concepto interpretativo del artista de turno. Pero los desajustes son los desajustes, las pifias son las pifias. En el concierto del pasado domingo 28 en el Carlos V las hubo. No es subjetividad, no es percepción. A quienes somos más duros de oído se nos pueden pasar por alto determinados problemas de afinación, estridencias, puntuales ausencias de empaste y cosas así, pero a nadie se le escapan ni la mera discreción del nivel medio ni, menos aún, los “gambazos” sonados. Hace un montón de años vino Karajan a Madrid con sus Berliner Philharmoniker. En el Bolero de Ravel pasaron cosas terribles con el trombón: aquello fue un escándalo por tratarse de quienes se trataba, e incluso hay quien afirma que el maestro tomó represalias contra el instrumentista. Pues bueno, en el Carlos V pasó lo mismo y ciertos críticos se lo callan. El concierto fue buenísimo, y punto. Y claro, cuando el medio es de muy elevado prestigio y los lectores tenemos que pagar suscripción para leer, el asunto es más grave: se nos está dando gato por liebre. Se nos engaña.

Lo que más me ha llamado la atención es que ninguno de los cuatro críticos hace apenas referencia, salvando algunas pinceladas puntuales, al “estilo” de la interpretación, a la postura expresiva de Riccardo Muti frente a la partitura. Se fijan en lo cuantitativo, en cuánto de bien sonó aquello –bastante bien para dos de ellos, poco para los otros dos–, pero no en lo cualitativo, en cómo estuvo sonado. A mi modo de ver, y esto sí que es plenamente subjetivo, allí nos encontramos a un Riccardo Muti muy distinto del de otros tiempos. A ver si hablo de ello en la siguiente entrada.

¿Quiero decir con todo esto que los que escribimos en la red somos mejores que “los de toda la vida”? Bajo ningún concepto: una afirmación así sería una falacia monumental. En todas partes hay de todo. Lo que sí quiero dejar claro que, si a los críticos que nos movemos en blogs o foros de internet no nos vigila nadie, a los otros tampoco. ¡Y hay por ahí quienes escriben cada cosa!

lunes, 29 de junio de 2026

El Festival de Granada prohíbe los tapones de las botellas (o cómo el personal de sala trata al público como delincuente en potencia)

No visitaba el Festival de Música y Danza de Granada desde 2021. Sencillamente, ni los últimos años de Antonio Moral ni los primeros de Paolo Pinamonti me han resultado lo suficientemente atractivos para meterme las ocho horas de carretera –ida y vuelta– y realizar la inversión. Este año tampoco tenía pensado ir, pero como me estaba obligado a tomar abundantes fotos del conjunto monumental de la Alhambra y el Generalife en algún momento del verano, compré una entrada que milagrosamente salió a la venta a última hora para el concierto de ayer domingo 29 de Riccardo Muti con su Orquesta Joven Luigi Cherubini. Y regresé con sabor amargo, por desagradables experiencias con el personal de sala.

 

Justo cuando empezaban a salir los chavales de la orquesta, quise tomar una foto para que mis amigos conocieran la problemática visibilidad desde mi butaca en platea. Dos segundos tardó una señorita en acercarse y decirme, con cierta agresividad, que no se podían tomar fotos, que tenían órdenes muy estrictas. Soy de los que se molestan cuando la gente hace eso durante el concierto, pero cuando la orquesta no ha hecho más que comenzar a distribuirse por el escenario, no sé qué daño se hace. Justo cuando Muti ya estaba acercándose al podio, desde otro ángulo muy distinto del Palacio de Carlos V se escucha a un señor pegar un berrido: “¡Que está prohibido hacer fotos!”. Vaya, resulta que eso no es perturbar el concierto. Ya puestos a controlar a los asistentes, le podían haber dicho algo al famoso crítico que, según me dijo un amigo sentado cerca de él, se llevó todo el tiempo siguiendo la partitura con su tablet, pero con ese no se atreven. Claro que tampoco a ese señor le sirvió de mucho, a tenor de lo que ha escrito en su crítica: no se enteró de nada. O sí se enteró, pero ladinamente calló muchas cosas: en el concierto hubo de todo, incluyendo numerosas pifias en la orquesta y cosas mal resueltas por parte de Muti. Ya se sabe que si uno quiere codearse con los artistas y la dirección, tiene que ponerlo todo de muy bien para arriba.

Llega el intermedio. Como antes del concierto me clavaron cinco euros por una limonada, hice cola en la máquina de refrescos para comprar un Aquarius. Fui a bebérmelo entre la zona de aseos y la del ambigú. Otra señorita, esta bastante más simpática –no es ironía– se acerca con una exigencia que me dejó muerto: “Caballero, deme usted el tapón de la botella. Está prohibido tener una botella con tapón en un concierto”. La verdad, nunca me había encontrado con mayor ridiculez. Bastante serio, le dije que nos estaban haciendo la visita bastante incómoda. “Lo comprendo y lo siento, pero la ley dice que una botella con tapón puede convertirse en un arma arrojadiza”. Completamente perplejo le dije que sí, que había acudido esa noche a tirarle la botella al maestro Muti. Le di el tapón, dejé la botella ya vacía en una papelera y me fui a la explanada del concierto, ya justo al lado de la entrada. Ni que decir tiene que allí estaba todo el mundo con su correspondiente botella de agua, tapón incluido.

Comienza la segunda parte. Como auténticos sabuesos, el personal de sala se lanzó a los pasillos controlando que no hubiese nadie osando capturar una imagen. Creo que muchos nos sentimos vigilados e incómodos. Fin del concierto, en el que no hubo propinas. Muchas personas –yo no, por descontado–sacaron el móvil para llevarse el recuerdo. Lógico y natural en un concierto veraniego. Y propaganda gratuita para el evento si luego lo suben a las redes, dicho sea de paso. Aquí lo ven de otra manera, y los encargados del asunto saltaron a impedirlo llamando la atención al personal hasta que ya hubo tantos con el móvil en la mano que lo dejaron por imposible.

Termina la velada. Me acerco a un caballero de la orquesta bien vestido y le enseño el libro escrito por Riccardo Muti, a ver si era posible conseguir un autógrafo. Con una gran sonrisa, me indica la puerta tras la cual estaba el maestro. Cuando llego me encuentro con uno de los miembros del personal de sala que aparentaba menos cordialidad. Lo di por imposible, pero aun así me acerqué con mucha timidez, le mostré el libro y le pregunté lo mismo. “No” fue la respuesta. No fue un "no" cualquiera. Fue seco, cortante. Despreciativo incluso. Podía haber sido un “ya me gustaría, lo siento mucho” con una pequeña sonrisa, o al menos “este año tenemos órdenes muy estrictas de no dejar pasar a nadie”. Me volví con el rabo entre las piernas, porque estoy convencido de que el maestro Muti hubiera firmado de buena gana. Lugo me enteré que a cierto crítico sí que le dejaron pasar a departir con el maestro. Ya saben, no es lo mismo un "gran experto" que puede hacer publicidad en un medio importante que la chusma mitómana a la que pertenecemos la mayoría. Al ganado hay que controlarlo.

En fin, creo que los que pagamos por la butaca, y por ende sostenemos el festival, nos merecemos un poco de empatía. Sentirnos como público de verdad, no como personas a quienes se nos está haciendo un favor y a las que hay que vigilar constantemente porque hacemos fechorías por defecto. He visitado ya las suficientes salas de conciertos de Europa como para poder asegurar que nunca en los treinta y siete años que llevo acudiendo a estos eventos, ni siquiera en los lugares más siesos que conozco –mejor no mencionarlos– me he encontrado a un personal de sala tan impertinente. Se dice que los granadinos tienen “mala follá” (antipatía). Un amigo que es de allí me asegura que es verdad y que lo sufre cada día. Ignoro si esa es la explicación. Es posible que el responsable de todo esto sea un Paolo Pinamonti que ha querido establecer una especia de estado policial en su nuevo reino. No sabría decirlo con seguridad. Lo que sí sé es que, salvo que vuelva Barenboim o aparezcan un Furtwängler o un Klemperer, no volveré por allí en unos cuantos años. Les recomiendo a ustedes que tampoco se tomen mucho interés en hacerlo: la acústica es mala, se pasa mucho calor y te tratan como si fueras un delincuente.

domingo, 28 de junio de 2026

En torno a Knappertsbusch, Bruckner y Ángel-Fernando Mayo

El siguiente texto no es mío. ¡Ya me gustaría! Yo no tengo semejante nivel de conocimientos y de agudeza. Es de un señor llamado Manuel Pérez de Rozas, que ha tenido la gentileza de compartir su sabiduría con nosotros. Millones de gracias.

PD. Pondré algunas fotos más cuando llegue a casa. De momento, sigo en la Alhambra. 

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REFLEXIÓN SOBRE ÁNGEL-FERNANDO MAYO Y HANS KNAPPERTSBUSCH

Por Manuel Pérez de Rozas 


Me gustaría aportar mi opinión sobre los temas tratados en esta entrada. Partiendo de la base de que Ángel-Fernando Mayo era respetado con tremenda -e insólita- unanimidad, y se le consideraba una persona muy versada en su repertorio predilecto y dotada de un criterio poco menos que infalible, vino a convertirse en una especie de pope musical español. Su magisterio además fue muy variado, pues abarcaba intervenciones radiofónicas, libros y traducciones, y por supuesto los célebres artículos “en doble página” del boletín Diverdi. Sobre la imparcialidad o no de este boletín podría discutirse mucho; de hecho fue el propio Mayo quien decidió llamarlo humorísticamente “Hoja parroquial” saliendo así al paso de las críticas que ya entonces insinuaban que difícilmente podía hacerse una reseña neutra de los discos en una publicación auspiciada por la propia casa importadora. Un tema complicado, desde luego; a este respecto los que peinamos canas recordaremos que en los años 80 las ediciones discográficas italianas de Fonit Cetra [la Edición Furtwängler muy especialmente] y de Melodram [sobre todo la colección Zwölfe Jahre Neu Bayreuth 1951-1962] eran importadas a España por Ferysa, empresa de la que se decía que el propietario era el propio dueño de la revista Ritmo, o sea que….nada nuevo bajo el sol.

De todos modos, pensándolo bien, el boletín Diverdi en sus mejores años era una gozada, una verdadera fuente de sabiduría y de conocimientos, y su decadencia y caída al más puro estilo Gibbon una pena…

Con Mayo yo creo que empezamos a vivir una verdadera edad de oro cuando realizó en 1988 su programa de aniversario [centenario] sobre Hans Knappertsbusch en Radio 2, al que luego en 1990 siguió el que dedicó [ya lo había hecho anteriormente, en formato más breve] a las versiones de las Sinfonías de Bruckner; luego hacia el 93-94 empezaron las grandes colaboraciones en Diverdi amén de los extras de Scherzo sobre música sinfónica y la ópera. En 1996 se editó en CD la Tetralogía del 56 por Golden Melodram, y pasado el cambio de milenio presentó la versión ampliada de su retrospectiva sobre Knappertsbusch, [“Kna en el siglo XXI” se tituló]; su guía Wagner editada por Península tuvo dos versiones, una primera en 1998 y la segunda en 2001. Él fallecería en 2003.

En aquella época quizás no éramos plenamente conscientes pero teníamos la suerte de tener entre nosotros a toda una serie de “animadores culturales” europeos, como el propio Mayo, o como René Trémine, amigo de la viuda de Furtwängler y casado con la hija de Hermann Scherchen, que siendo una de las almas máter de la Sociedad Wilhelm Furtwängler se convirtió en el factótum de Discos TAHRA, cuyos comentarios en las carpetas de los CDs incluso redactaba él mismo, o como Stewart Brown, el fundador de Discos Testament, [que cada vez que le enviabas un mail, te contestaba!!], o Ted Perry, el fundador de discos Hyperion. Todos ellos han ido desapareciendo, la biología manda, y hoy este tipo de personaje culto/sabio/melómano/gestor/animador, creo que ya no existe..

Una vez dicho todo esto, está claro que con la distancia que dan los años, podemos ver que no era oro todo lo que relucía. Y aquí podemos valorar el tema Knappertsbusch/Mayo. Indiscutiblemente él tenía sus filias y sus fobias, así Dietrich Fischer-Dieskau y Elisabeth Schwarzkopf siempre fueron amores más platónicos que reales, bueno, cada uno tiene sus gustos, desde luego. Y su filia máxima naturalmente era Hans Knappertsbusch. Yo siempre tuve la sensación de que él hasta cierto punto SE ESTABA INVENTANDO EL PERSONAJE, o sea, que hablaba más de un Kna imaginario que del real; él pensaba en una especie de alemán ideal, monárquico, resignado a la caída de la Alemania Guillermina, zozobrando luego en la tormenta nazi, y diluyéndose poco a poco en la República Federal…un poco epicúreo, un John Falstaff a la alemana, amante de la buena mesa y la buena conversación, renuente a los ensayos…

¿Era realmente así? A veces la información sobre Knappertsbusch parece contradictoria; por un lado, era licenciado en Filosofía, había sido [según Mayo] un tiempo catedrático en el Conservatorio de Munich, y también compositor [como Klemperer y Furtwängler, o Edwin Fischer, Schnabel, Gieseking…], pero todo este bagaje parece contrastar con ese músico improvisador, un poco zafio en apariencia [el CD Orfeo d´Or con el Concierto Emperador con Backhaus con el comienzo más desastroso que se pueda imaginar, o los numerosísimos pasajes en el Anillo del 56 en que los cantantes van por un lado y la orquesta por otro….].

Es interesante pensar también que [lo calculé una vez con la discografía que preparó Ángel Riego] Knappertsbusch nos ha dejado unas 150 piezas grabadas; es bastante pero no demasiado; René Trémine calculaba por ejemplo que Eugen Jochum sin tener un repertorio enorme dirigió más de 600, el suizo Volkmar Andreae [que estrenó el Concierto para oboe de Richard Strauss] más de 1200 y Fritz Reiner al morir donó a la Biblioteca de la Sinfónica de Chicago más de 3000 partituras estudiadas. Conocemos por tanto menos de un 25% del repertorio de Kna y eso en el mejor de los casos…

Hay además alguna informaciones anecdóticas  recuerdo haber leído que Karl Richter decía que había oído interpretaciones memorables [al menos para su gusto] de La pasión según San Mateo por Bruno Walter y Hans Knappertsbusch; también leí en un libro de la viuda de Rudolf Kempe, Cordula Oettinger, que Kna le explicó una vez a Kempe lo que se sentía al dirigir Carmen de Bizet por centésima vez; también sabemos que Kna dirigía mucho en Munich la ópera Luisa de Gustave Charpentier…..Con todo esto, concluyo….¿REALMENTE CONOCEMOS CÓMO ERA KNA?

Probablemente la respuesta es que no, no lo hemos conocido realmente, sólo tenemos un bosquejo aunque eso no impedía que Mayo en sus últimos tiempos estuviera planificando escribir un libro sobre Knappertsbusch [lo dijo en alguna ocasión]; seguramente todos lo hubiéramos comprado y disfrutado, pero puede que hubiera pertenecido más al terreno de la ficción que al de la biografía….

Prueba de lo que digo es que a veces Mayo hacía lo que podríamos llamar “mentirijillas por amor”; así, en su programa radiofónico explicaba que tras el Festival de 1952 Kna “rompió” con Bayreuth y de este modo no estuvo en el de 1953…en realidad no fue así: estaba anunciado para 1953, canceló su compromiso “at short notice” como dicen los anglosajones, alegando enfermedad, con lo cual la llegada de Clemens Krauss tuvo que hacerse corriendo, pero luego en las mismas fechas actuaba sin problemas en el Festival de Verano de Munich [esta información procede de la autobiografía de Wolfgang Wagner y de las notas de la edición Pan Classics del Anillo de Keilberth/Martha Mödl de 1953].

Con eso entramos en el terreno brukneriano. Según Mayo, Kna dirigió la música de Bruckner desde el mismo comienzo de su carrera, igual que Wilhelm Furtwängler y Eugen Jochum, que literalmente debutaron como directores dirigiendo Bruckner [9ª y 7ª Sinfonías, respectivamente].

La realidad no es así, tal y como en 2004 Alan Sanders contaba en las notas de la edición Testament de la 4ª Sinfonía con la Filarmónica de Viena grabada para DECCA en 1955.

“Si su implicación con Wagner llegó en una etapa precoz, no fue hasta 1931, a la edad de 43, que dirigió su primera Sinfonía de Bruckner, la Octava. No volvió a este compositor hasta 1934, cuando dirigió la Cuarta Sinfonía, y luego hasta 1938, cuando programó de nuevo la 8ª. Dirigió la 7ª Sinfonía por vez primera en 1940 y desde entonces las Sinfonías de Bruckner aparecieron más regularmente en sus programas”.

Parece por tanto que no es exacto hablar de Knappertsbusch como un bruckneriano nato, sino más bien converso. Pero ello no hace sino más extraño que tuviera aquella predilección por las versiones retocadas. Mayo aquí volvía a ser un poco tendencioso en su argumentación, porque normalmente comparaba el quehacer de Kna con gente como Karl Böhm o como Eugen Jochum; claro, Böhm era de 1894, seis años más joven, y Jochum de 1902, 14 años menor. O sea, gente más joven, versiones originales. Sin embargo, mediados los años 30 en realidad ellos dos eran brucknerianos más veteranos que Kna; en los años 30 Böhm ya grabó con la Staatskapelle Dresden 4ª y 5ª, y Jochum 4ª y 5ª en Hamburgo y la 7ª en Viena, siempre con las ediciones canónicas…

Y si lo pensamos bien, Bruno Walter era de 1876, Klemperer de 1885, Schuricht de 1880, Volkmar Andreae de 1879, todos mayores que Kna y todos usaban las versiones filológicas [descontando que Klemperer hiciera el corte incomprensible en el 4º movimiento de la 8ª]. De este modo es aún más absurda la postura de Kna, su Bruckner no era anacrónico en 1960, sino que ya debía serlo ¡¡ en el Tercer Reich!! 

Queda Furtwängler, que en la 4ª y a veces en la 8ª sí usaba las versiones Löwe/Schalk, pero no en la 5ª, 7ª, 9ª…

Pese a todo, podemos dejar de lado el tema de las versiones y pensar, ¿qué tenemos con el Bruckner de Knappertsbusch? Pues tenemos que desde luego NO ES UN BRUCKNERIANO ABOSOLUTO puesto que prescinde de la música religiosa y no dirige todas las Sinfonías con número no-cero. Básicamente dirige las dos grandes trilogías, prescindiendo de las dos obras primerizas 1-2 y del verso suelto de la 6ª. En ambas trilogías yo hablaría de “resultados decrecientes” y me explicaré.

Así, la primera trilogía [3ª-4ª-5ª] se abre con al 3ª  la versión Schalk es casi idéntica a la versión postrera de Bruckner [Nowak] y la obra admite muy bien el enfoque filo-wagneriano. La versión Decca con la Filarmónica de Viena y la de la Orquesta del Estado de Baviera [Orfeo, Music & Arts] son plasmaciones muy buenas, creo yo, [hay alguna interpretación en vivo más, pero esas dos son las más válidas].

En la 4ª hay que lamentar varios cortes y la reorquestación de muchos pasajes, aquí tenemos de nuevo el disco DECCA [complementado con un estupendo Idilio de Sigfrido] y la versión -favorita de Ángel Mayo- con la Filarmónica de Berlín, durante la guerra. Bella ejecución, pero el texto difiere mucho del verdadero….Así que la cosa ya no es tan redonda. 

Y el desastre máximo es la 5ª la mutilación de la gran fuga final, la insufrible reorquestación/pandemónium del Coral final, la verdad es que es un verdadero atentado musical…el mismo disco DECCA de Viena es de vergüenza ajena, difícil aguantarlo hasta el final, nada que ver con el disco de Jochum en Munich en 1958….

En la segunda trilogía pasa algo parecido  la 7ª de post-guerra en Salzburgo [creo que del 49, hablo de memoria] es buena, suena bien y no hay apenas problemas de edición. Tampoco es muy problemática la edición de la 8ª, pues la discrepancia grande es en el fondo entre Haas y Nowak, no entre Nowak/Löwe. Yo creo que el disco Westminster que tanto decepciona a Fernando no es tan malo….la interpretación no está mal, el Adagio es bueno, el problema simplemente es….que aunque no es malo tampoco es bueno, así de simple. 

O sea, la 8ª de Bruckner tiene una gloriosa discografía: Giulini, el último Karajan, Günter Wand varias veces, Sinopoli/Dresde, Haitink varias veces, Van Beinum [ya lo creo!], Celibidache [aunque está dos años para tocar la obra…], hay muchísimas 8ªs y el amigo Kna es uno más en el montón, pero ningún hito discográfico.

Y la 9ª, pasa un poco como la 5ª. Sobre la 9ª de Kna rescataré la opinión de un señor valenciano que daba clases de Filosofía en Cracovia [tal como suena] y que hacía hace años un blog en 3 idiomas [polaco, alemán y catalán/valenciano], de nombre Guillem Calaforra..Publicó un muy interesante artículo comparando versiones de la 9ª de Bruckner, y sobre Kna/Berlín decía esto [traduzco del catalán].

No me extenderé sobre esta grabación, porque no tengo la partitura de Löwe. Sólo diré que sirve para dar la razón a Celibidache cuando criticaba la so called «tradición bruckneriana». La audición es suficiente para disuadir a cualquier interesado en aquella presunta tradición i en las versiones «revisadas» de las sinfonías brucknerianas. Dejo estar ahora la partitura, fusilada, mutilada y profanada [“embastardida” en el texto original] por Löwe, una verdadera desgracia i una antología del ridículo, de la imbecilidad y del despropósito. La interpretación de Kna tiene como virtud principal que se puede escuchar como un discurso fluido, que no aburre. A veces da la sensación de que consigue momentos de gran frescor y notable naturalidad. Hay también pasajes muy intensos y emotivos. Amicus Plato, sed... Hay que decirlo todo: la realización orquestal es en general nefasta, la Filarmónica de Berlín parece tocar a primera vista (Kna ensayaba poquísimo), i el resultado es desastroso. No hay un trabajo serio con la riqueza tímbrica, con los matices más atrevidos de la instrumentación ni de la armonía; los juegos de transformación y rarificación de los temas desaparecen debajo de una especie de terrible marea que ahoga todos los detalles y anega el territorio selvático de la partitura. Ni Kna ni la orquesta son capaces de guardar las formas, de mantener la cuadratura i de controlar el tempo. Es como un glaciar que avanza sin hacer distinciones ni esquivar los obstáculos: como elefante en cacharrería [en castellano en el original]. ¡Si Bruckner se levantara de la tumba! Y, por cierto: si los diletantes fanáticos de la crítica discográfica escucharan esto en directo, condenarían a muerte al sujeto que perpetrase este asesinato de la obra. ¡Pobre Bruckner!

Pues eso, yo creo que Kna resiste totalmente en Wagner, su CD DECCA Brahms es excelente, su Emperador con Curzon, también aguanta en Richard Strauss, pero globalmente hablando es complicado tener una opinión totalmente positiva de él, y menos aún ser un adorador incondicional. 


En el Generalife

El título de esta entrada es el del primer movimiento de las Noches en los jardines de España de Manuel de Falla. Pero es que, además, estoy allí mismo, en el celebérrimo Patio de la acequia, aprovechando un asiento que han puesto para aliviar el cansancio del turista. 

Por supuesto, y como llevo ya una hora aquí sacando fotos y leyendo las inscripciones en árabe maravillosamente traducidas en un libro de José Miguel Puerta Vílchez, he querido escuchar la referida música a través de los auriculares del móvil en varias versiones. Alicia con Frühbeck ha sido una de ellas. También Perianes con Dudamel, a ver si con el rumor del agua que inspiró a don Manuel se me pasaba la mala impresión. Me he zampado dos veces cada una. Pero no.  La de Alicia me sigue pareciendo genial, la otra me gusta bien poco.

¿Qué demonios le pasa aquí a Javier? No me he atrevido a preguntárselo, pero quiero pensar que ha sido un choque con Ricitos, cuya dirección me desconcierta sobremanera. O quizá no, quizá sea cosa del propio pianista onubense. Vayan ustedes a saber. 

Dos artículos: Villamarta y Sánchez Saus

El blog sigue cerrado, pero vayan aquí dos enlaces. El primero, mi comentario a la emporada 2026/27 del Teatro Villamarta de mi tierra, publ...