Desde hace pocos años la Sinfónica de Sevilla abre temporada con un concierto de carácter más o menos popular en el Patio de la montería de los Reales Alcázares. Acudí por primera vez el pasado domingo 11 de octubre, atraído por la posibilidad de escuchar a Javier Perianes en una de las obras que interpreta con mayor excelsitud, el Concierto en sol de Maurice Ravel; también con la idea de quitarme el mal sabor de boca de sus Noches en los jardines de España junto a un despistadísimo Gustavo Dudamel. Compré fila 16, asiento 23: bastante atrás, pero muy centrado. Es lo que quedaba. La cosa salió por 45 euros, más los 40 del alojamiento y la gasolina. No mereció la pena.
Primero, la parte positiva. El programa era precioso. Buena decisión la brevedad y la ausencia de intermedio. Un placer para la vista contemplar iluminada la portada mudéjar –nazarí en realidad, aunque esa es otra historia– del palacio de Pedro I. Irreprochable la organización. Excelente la idea de poner en cada asiento una botellita de agua y el programa de mano impreso, aunque no hubiese costado gran cosa incluir unas breves notas informativas sobre los dos compositores y su contexto: se ve que no hay nadie en las oficinas de la orquesta capaz de improvisar ocho o diez líneas aclaratorias.
Segundo, la parte negativa. Asientos muy incómodos. Estrechísimo espacio entre filas para acceder: para que entrásemos los gordos había que mover sillas. No se veía nada. Bueno, veía al conjunto de percusionistas. Del resto de la orquesta, solo algunas cabezas. Fíjense en la foto adjunta: está realizada levantando mucho los brazos. El director, Lucas Macías, estuvo casi siempre oculto por la tapa del piano. A Perianes no se le pudo ver, al menos desde mi asiento, nada más que cuando entraba y salía del escenario. Un amigo y yo intentamos saludarle al final, pero no nos dejaron. Acústica terrible: todo muy a lo lejos, sin "cuerpo sinfónico" y perdiendo matices. Tuve que cerrar los ojos durante el segundo movimiento de Ravel para que nada me distrajese de la sublime música que allí se escuchaba. Sirvió de poco. ¿Y si hubieran puesto amplificación? Se hubiese escuchado más fuerte, pero no mejor.
Así las cosas, se pudo simplemente intuir qué fue aquello. Versión de pinceles finos de Interludio y danza de La vida breve. Notable recreación de Noche en los jardines de España, no inferior a la que hay en YouTube con la misma orquesta, la de Iván Martín y Pablo González. Sensacional Perianes en Ravel, aunque batuta y orquesta parecían, allá a lo lejos, moverse también a enorme altura. Desafortunada Jota de El sombrero de tres picos, que no pegaba ni llegaba.
¿Recomiendo acudir en ocasiones venideras a este evento inaugural? Si usted puede pillar una de las primerísimas filas en asiento centrado, la respuesta sería afirmativa. En caso contrario, ahórrese el dinero. Por lo que al pasado fin de semana se refiere, venturosamente hay arreglo: el sábado 24 de abril de 2027 a las seis de la tarde, los mismos artistas ofrecerán estas obras concertantes de Falla y Ravel en el Teatro Villamarta de mi pueblo. Precio de las entradas, 15 euros. No se les ocurra perdérselo: difícil que encuentren tanto al sur de los Pirineos como en otras latitudes una interpretación del Concierto en sol de Ravel superior a esta (discografía comparada). En serio.

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