sábado, 10 de octubre de 2026

Javier Perianes hace Scarlatti y Albéniz en los Alcázares de Sevilla

Anda este fin de semana Javier Perianes haciendo Ravel y Falla en el Patio de la Montería de los Reales Alcázares de Sevilla. Excusa idónea para traer aquí el vídeo que el pianista onubense filmó en el mismo conjunto monumental en 2024 mezclando Domenico Scarlatti e Isaac Albéniz, disponible en diversas plataformas de la red. Se comenta fácil.

 

Primero, lo que se ve es una maravilla. Si para quienes hemos estado allí infinidad de veces ha sido un auténtico placer por la posibilidad de recrearnos en multitud de detalles que suelen pasar desapercibidos, para los que no han estado nunca será poco menos que una revelación, si no un trauma. La filmación corre a cargo de Arturo Morales Rodríguez: excelente en lo técnico, exquisita en la sensibilidad, otorgando prioridad a la parte musical al tiempo que se recogen las bellezas de ese conjunto gótico, mudéjar y renacentista sin caer en el tópico de la tarjeta postal. El montaje no agobia, respira con la música. Las locuciones del propio Perianes están francamente bien (¡hasta explicando se parece a mí, joder!) y dejan claro por qué juntar a los dos compositores referidos.

Segundo, no hay novedad en lo que a Domenico Scarlatti se refiere. Por el aún reciente CD sabíamos que el de Nerva era un sensacional recreador de este mundo musical, así que basta con sentarse y disfrutar de la manera en que nuestro artista se lanza en plancha a explotar las posibilidades del piano –sí, mejor con él que con un clave– sin por ello quedar fuera de estilo. Quizá otros hayan jugado aún más con colores y volúmenes sonoros, pero Javier opta por una prudencia que hacen que el resultado sea inapelable. Salvo para los barrokos radikales, claro está. Yo me he quedado con las ganas de más, de mucho más Scarlatti.

Tercero y último, cuatro páginas de los tres primeros cuadernos de ese oscuro objeto del deseo para cualquier pianista que se precie: la Iberia de Albéniz. Evocación, El Puerto, El Albaicín y Triana, para concretar. ¿Tiene dedos? Para estas cuatro páginas, de sobra. ¿Y técnica? También. ¿Resulta flexible y contrastado en el fraseo, ofrece matices expresivos ricos y coherentes con una idea musical? Sin duda. ¿Hay dosis suficientes de belleza y comunicatividad? A borbotones.

Todo esto es ya muchísimo, diría que una barbaridad, pero aún queda una cosita. Quizá la más importante: Perianes dice cosas nuevas. Evocación, lentísima y por ello muy discutible, a mí me ha parecido sensacional por su manera de reducir la música a su esencia y alcanzar dimensiones digamos que “espirituales”. Suena a pianista anciano y trascendente, cuando no lo es. En las otras tres piezas resulta más ortodoxo, que no por ello menos creativo, pero en ellas la cosa camina por otro sendero. Nunca –repito: nunca– he escuchado el elemento folclórico de esta música integrado con semejante lógica, expuesto con tanta naturalidad, tan efusivo en su expresión. Barenboim caminó por parecido sendero en su genial grabación del primer libro, pero el porteño sonaba más latino. Perianes, obviamente, ha mamado lo andaluz desde que era pequeñito, porque es de la tierra, así que no debe uno extrañarse de que estas recreaciones, que se cierran con la Sevilla de la Suite española como propina, suenen “de aquí” como jamás lo han hecho. No hay una sola frase, ni un acento siquiera que no suene en su lugar. La naturalidad es absoluta, como si el pianista fuese el compsitor de lo que está sonando.

Ojo, tampoco quiero lanzar campanas al vuelo. Iberia es un dragón de siete cabezas. Corpus Christi y el libro segundo se las traen. Pero sí tengo claro que, de momento, Perianes se pone a la altura de los dos más grandes recreadores de este políptico genial: Esteban Sánchez mirando hacia Franz Liszt y Alicia de Larrocha –en su grabación digital, por supuesto– con el olfato puesto en Francia. La mirada de Javier se queda al sur de los Pirineos, y triunfa por completo.

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