Gracias a la Feria del libro antiguo y de ocasión de Sevilla he podido hacerme con la pieza que me faltaba: volumen I de Franz Schubert de la colección maravillosamente anotada y traducida por Fernando Pérez Cárceles y editada por Hyperion.
Y es que el lied es uno de mis géneros favoritos, pero los frecuento relativamente poco debido a la ausencia de traducciones. Junto con el Wolf de Luis Gago, y a pesar de la manifiesta ausencia de Johannes Brahms, ya uno puede meterse en el fango y sufrir hasta el infinito. O no. Depende de lo que se escuche y de quien interprete. Lo que sí tengo claro es que hay dos horas del día ideales para hacerlo: primeras horas de la mañana y justo antes de acostarse. Con auriculares y aislado de todo, como un monje cartujo. San Fischer-Dieskau, ora pro nobis.

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