Andan diciéndose cosas algo confusas sobre las circunstancias que rodearon la grabación que realizó para DG Carlos Kleiber del Tristán e Isolda de Richard Wagner. Nunca sabremos la verdad completa, pero creo que deben tenerse muy en cuenta las cosas que durante una entrevista para Ritmo me contó, en una terraza de Sevilla cercana al Postigo del Aceite, el mismísimo Tristán: René Kollo.
Por un lado, que Kleiber había exigido una mesa de mezclas en su domicilio para hacer con las cintas lo que quisiera. Que puso en primer término a la orquesta y que dejó a los cantantes al fondo ("¿hay alguien ahíiii?", me caricaturizó el tenor). Que por eso sonaba regular. Le repliqué que había un nuevo reprocesado mejorando las cosas. Me dijo que lo sabía, pero puso cara de duda.
Por otro lado, que el enfrentamiento entre él y la batuta fue terrible. Todo había ido como la seda en los dos primeros actos, me aseguró, pero en el tercero Kleiber no estaba nada contento con su labor. Que cantó lo mejor que pudo, que creía estar haciéndolo bien, pero que al idiosincrático maestro no le gustaba. Que se negó a seguir, y que al final se llegó a un acuerdo con la productora: se grabaría el tercer acto sin la presencia de Kollo, y más tarde el tenor registraría su parte de manera independiente.
A mí me parece que los resultados fueron globalmente admirables, así que supongo que la decisión fue la acertada. Por otro lado, ¿qué otro Tristán había a principios de los ochenta que pudiera con esa parte? Pues eso mismo. Y una cuestión marginal, pero significativa: el lenguaje no verbal del artista me dejó muy claro que sentía poco interés por el Tristán que estaba haciendo por parecidas fechas con Barenboim. Lo mismo que Waltraud Meier por la producción de Heiner Müller. Cosas de artistas, ya saben.

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