miércoles, 21 de marzo de 2018

Peer Gynt por Barbirolli: imprescindible, inencontrable

El sello EMI ha reeditado una y otra vez las dos suites de Peer Gynt registradas por Sir Thomas Beecham con resultados –por muchas alabanzas que reciba de la crítica británica– más bien mediocres, pero lleva muchos años sin poner en circulación la selección de la música incidental grabada por Sir John Barbirolli con su Orquesta Hallé en 1968. Encontrar el disco resulta francamente difícil –yo lo compré hace siglos en Valencia–, y ni siquiera está en Spotify. En Rutracker hay un ripeado del vinilo que suena bastante mal. Una verdadera pena, porque se trata de la versión más recomendable de cuantas conozco. Por dos razones.

 
En primer lugar porque, aun sin ofrecer en modo alguno la partitura completa, incluye cuatro números más –dieciséis minutos– que las dos suites habituales, todos ellos de una calidad musical extraordinaria, particularmente la sublime Canción de cuna de Solveig; y lo hace además en la edición con coro y solistas vocales, y presentando los diferentes números en el orden en el que estaban pensados para el drama de Ibsen, lo que da una idea mucho más cabal del planteamiento original de Grieg para su música escénica.

En segundo lugar, porque Barbirolli realiza el milagro de destilar una perfecta fusión entre el mayor grado posible de refinamiento y el más conmovedor lirismo sin que haya la menor concesión a lo preciosista o lo decadente, y además manteniendo una sanísima rusticidad que se aparta por completo de esas sonoridades opulentas, sensuales y un punto relamidas de las interpretaciones tipo Karajan. La fusión de todos esos ingredientes parece imposible, pero Sir John lo logra. Y lo consigue no solo haciendo gala de una enorme convicción y de la adecuada variedad expresiva, sino también desmenuzando con mano maestra la orquestación y matizando mil y un detalles en la dinámica: escúchese El retorno de Peer Gynt para comprobarlo. Por si fuera poco, los Ambrosians Singers están a su nivel habitual, Patricia Clark realiza una buena labor en la Danza árabe y una exquisita Sheila Amstrong roza el cielo en las dos intervenciones de Solveig.

El disco se completa con la Suite Lírica op. 54, selección orquestal de sus hermosísimas Piezas líricas. Realizada en 1969 en el el Kingsway Hall con una toma algo pobre, se trata de una interpretación prodigiosa. El pastor ofrece un lacerante dramatismo. La Danza rústica noruega sabe ser precisamente eso, rústica y con carácter, resultando impagables los broncos metales de la orquesta, todo ello con trazo minucioso y soberbia planificación. El Nocturno es un prodigio, concentrado y de elevadísima poesía pero sabiendo no quedarse en lo contemplativo, sino aportando tintes misteriosos e incluso inquietantes. La Marcha de los enanos renuncia al espectáculo sonoro y a lo trepidante para ofrecer una buena dosis de potencia e incluso de carácter amenazador, sustituyendo el humor más o menos pintoresco por un manifiesto recochineo.

¿Qué quieren que les diga? Háganse con este disco sea como sea. Es una verdadera joya. Ah, no se olviden de las Suites por Leppard.

1 comentario:

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Me pide Ángel Carrascosa que publique este comentario suyo:

"Completamente de acuerdo. Mientras EMI/Warner están reprocesando y reeditando no pocas chorradas, llevan años y años olvidándose de esta excelsa interpretación, para mí uno de los mayores logros de -muchos parecen no haberse dado cuenta- uno de los más grandes directores del siglo XX."

Lamento que nadie pueda publicar comentarios, pero es la única manera de que mi particular troll siga torpedeando en este blog. Saludos a todos y gracias por la comprensión.