Comenté muy de pasada que me interesó poco la Segunda sinfonía de Gustav Mahler que escuché en directo el viernes de la pasada semana a Kent Nagano con la OCNE: la encontré anémica e insustancial, exceptuando el último movimiento. La crítica oficial la ha puesto unánimemente por las nubes. Era de esperar dadas las circunstancias, pero aun así debo conceder el beneficio de la duda y escuchar la trasmisión de la sesión del domingo cuyo podcast he descargado: intentaré ofrecer una visión más ajustada, y quién sabe si tenga entonces que comerme mis palabras. Lo que de momento puedo afirmar rotundamente es que me ha entusiasmado la retrasmisión live que acaba ahora mismito de terminar en la Digital Concert Hall: Daniel Harding y la Filarmónica de Berlín.
El arranque es urgente, vibrante, inmediato: parece claro que ahí va a pasar algo. El maestro británico no concibe el movimiento inicial como marcha fúnebre ni rememoración de los difuntos, sino como un intenso conflicto dramático ante la inevitabilidad de la muerte. No hay rebuscamientos ni grandes juegos agógicos. Tampoco pierde Harding el tiempo en decadentismos, y solo en un pasaje parece perderse un poco en la meditación evanescente, porque en general lee esta Totenfeier con garra, sentido teatral y mucha sinceridad expresiva. Me recuerda no poco a lo que hizo Solti en su grabación en Chicago. ¿Que hay portamenti irritantes? Sí, pero son los escritos por Mahler. Qué le vamos a hacer.
El Andante moderato recibe unas de las interpretaciones más alejadas de la blandura y la cursilería que recuerdo, lo que tratándose de la música de la que se trata es todo un alivio. La batuta la trata con calidez y entusiasmo, amén de con una extraordinaria depuración sonora en la que no hay cabida al preciosismo. Muy bien el Scherzo, cierto es que sin dobles lecturas. Harding no trata de ofrecer ninguna mirada personal sobre este movimiento, como tampoco sobre la sinfonía en su globalidad: lo que hace es exponer lo que dice la partitura con excelencia de trazo, claridad e intensidad expresiva. ¿Basta con eso en un repertorio que parece demandar subjetividad, elasticidad y un cierto grado de narcicismo, cuando no de vulgaridad? A mí me parece que sí, sí se hace tan increíblemente bien como lo hace el maestro de Oxford.
Tras un Urlicht con su punto de ternura y detalles decadentistas que, una vez más, salen de la pluma del autor, llega una Resurrección ciertamente modélica, sin excesos ni puntos muertos, soberbiamente trazada y de una musicalidad plena, que se beneficia de una increíble, antológica, diríase que insuperable actuación del Coro de la Radio de Berlín. La mezzo Marianne Crebassa no posee una voz opulenta ni cremosa, pero canta y expresa estupendamente. Pelín tirante, aun así espléndida, la soprano Johanna Wallroth. La orquesta, en riguroso directo y, por ende, sin ningún arreglo a posteriori, nos deslumbra con increíbles primeros atriles y una ejecución espectacular, todo ello bajo una batuta que atiende tanto al trazo global como al más minucioso de los detalles sin que parezca que está realizando una labor meramente técnica.
En definitiva, una de las mejores interpretaciones de los últimos años. Eso sí, ha habido un fiasco técnico: la Digital Concert Hall había prometido Dolby Atmos en el directo, pero a la hora de la verdad solo ha sonado un canal. He tenido que quedarme con el estéreo de toda la vida, que tampoco está nada mal pese a la relativa compresión dinámica.

2 comentarios:
No se si habrá echado un vistazo a la aplicación Presto Music, los discos en alta resolución casi todos, con comentarios de las revistas, biográfias, entrevistas, y con un buscador por obras de fábula
Un saludo y gracias por todo su trabajo, es difícil hoy en día leer a alguien verdaderamente libre y atinado.
Muchas gracias por los ánimos que me envía. Llevo ya dos décadas con este blog y estoy muy cansado. No sé si merece la pena, la verdad, así que mensajes como el suyo me ayudan a seguir un poquito más, no sé por cuánto tiempo.
He mirado con mucho interés lo de Presto. Se me ponen los dientes largos, pero hay un problema serio: al contrario que Qobuz, no posee conexión directa con el amplificador, sino que hay que comprar un streamer especial que vale 100 euros. ¿Realmente va a mejorar con ese artilugio cuando, al menos en teoría, Qobuz lanza la señal a mi equipo alcanzando los 192 kHz?
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