El concierto de Yuja Wang en Roma -sobre el que aún tengo que escribir algo- ha hecho que vuelva mis ojos sobre el Concierto para piano de Samuel Barber, del que hasta ahora solo conocía las grabaciones dirigidas por Szell y Tabakov. Ahora van algunas más.
La obra fue estrenada en 1962, con la Sinfónica de Boston dirigida por Leinsdorf y John Browning de solista. Luego este llevaría al disco su recreación primero con Szell, mucho más tarde con Slatkin. Un vistazo a la Wikipedia nos permite reparar en que el tercer movimiento fue terminado tan solo quince días antes de la premiere, si bien el segundo tiene su origen en una página anterior, una Elegía para flauta y piano de 1959. La creación ganó el Premio Pulitzer, aunque sospecho que sería recibido de muy distinta manera por los círculos comprometidos. Venturosamente hoy las diatribas en torno a qué es música contemporánea están -o deberían estar- por completo superadas, así que lo que un melómano debe hacer es dejar el análisis estilístico a los musicólogos y decidir por sí mismo si esta música le gusta o no. En mi caso concreto, admito que el primer movimiento no me acaba de convencer, y no porque incluya elementos más o menos seriales y tal, sino porque me parece en exceso largo y discursivo. El segundo me parece una preciosidad: una mezcla todo lo demodé que se quiera entre La mer de Debussy y Rachmaninov, pero formidablemente escrita y llena de inspiración poética. El tercero es pura síncopa, con independencia de que se quiera ver aquí una referencia al mundo del jazz, quizá también a Bartók, o quién sabe si al ambiente sinfonismo soviético que Barber tuvo la oportunidad de conocer. Una interpretación con electricidad suficiente hace que el melómano salte de su asiento.
Habida cuenta del eclecticismo de la página -bastante saludable, a mi modo de ver-, los intérpretes de turno podrán iluminar con mayor o menos intensidad las diferentes facetas de la escritura, pero no es menos cierto que todos deben poseer, como mínimo, un sentido del ritmo y una potencia tanto sonora como expresiva considerables. Con el paso del tiempo se irá viendo que no solo eso: la delicadeza, la sensualidad y el refinamiento tímbrico también habrán de ser tenidos en cuenta. ¡Y qué decir de la electricidad! En este sentido, es una pena que la citada Yuja Wang todavía no haya tenido la oportunidad de grabar la página: su efervescencia en el tercer movimiento, a tenor de lo que le escuché en Roma, no en cuentra parangón.
Son sus movimientos:
I - Allegro appassionato.
II - Canzone: Moderato.
III - Allegro molto.
1. John Browning. Szell/Orquesta
de Cleveland (CBS, 1964). Szell
se implica ofreciendo rigor en la arquitectura, claridad, mucho sentido del
ritmo -fundamental en esta página- y un punto de incivisidad muy conveniente,
aparte de una expresividad dramática, en absoluto superficial. Por todo ello
triunfa en los movimientos extremos, mientras que en el Moderato central decide
no bajar la guardia, por lo que se queda algo corto de sensualidad y vuelo
poético. El pianista está espléndido, toda vez que la partitura fue escrita
teniendo en cuenta su técnica pianística. La toma deja que desear. (8)
2. Keith Jarret. Deniss
Russel Davies/Sinfónica de la Radio de Saarbrücken (ECM, 1984). Por muy tópico
que resulte el asunto, es la verdad: el ya mítico Keith Jarret ofrece una
interpretación eminentemente jazzística. De esta forma, el primer movimiento
pierde todo su carácter hermético, incluso la discontinuidad que afecta a su
escritura, y adquiere una inmediatez y una frescura que lo hacen muy atractivo.
El segundo resulta anhelante, pero no por ello nervioso, aunque también es
cierto que no ofrece -seguramente de manera voluntaria por parte de los intérpretes-
el carácter tardorromántico que las notas esconden. Ni que decir tiene que es
en el movimiento conclusivo donde el artista norteamericano se mueve como pez
en el agua. Sólida y centrada la dirección de Deniss Russel Davies, ofreciendo
detalles de claridad muy interesantes, pero la toma de sonido -en vivo- no hace
justicia a su trabajo. (8)
3. John Browning. Slatkin/Sinfónica
de Saint Louis (RCA, 1990). La dirección de Slatkin carece del vigor
dramático, el sentido rítmico y la incisividad de la de Szell, pero los
resultados globales alcanzan un mayor equilibrio gracias a un Moderato algo más
paladeado (7:50 frente a 7:08) que permite a Browning desplegar un vuelo lírico
que antes se veía muy limitado. La toma, obviamente, es mucho mejor que la de
antes, pero tampoco resulta particularmente satisfactoria. (8)
4. Stephen Prutsman. Alsop/Royal Scottish National Orchestra (Naxos, 2002). Sonido
poderoso y temperamento inflamado -bajo control, no hay nerviosismo alguno- el
del norteamericano Stephen Prutsman, quien acierta a ofrecer un primer
movimiento de apreciable inmediatez, dramático y sin hermetismos, para luego
pasar un poco de largo en el segundo y cerrar la obra haciendo gala de una
perfecta sintonía con lo sincopado. La orquesta de Glasgow no parece gran cosa
bajo la batuta de una Marin Alsop no particularmente refinada ni detallista.
Tampoco es que la toma beneficie mucho que digamos a la parte orquestal: recoge
mucho mejor al piano. (8)
5. Xiayin Wang. Oundjian/Royal Scottish National Orchestra (Chandos, 2013). No es
la más dramática ni la más efervescente de las pianistas posibles, pero lo
cierto es que la chica Xiayin Wang nos descubre cosas nuevas en la partitura:
delicadeza, sensualidad, carácter curvilíneo, ternura, puntos de contacto con
el impresionismo… Todo ello con plena solvencia técnica y un toque variado, más
la plena complicidad de un Peter Oundjian -el antiguo primer violín del
Cuarteto de Tokio- que hace sonar a la orquesta escocesa mucho mejor que Marin
Alsop, atendiendo de manera especial al refinamiento de las texturas sin por
ello descuidar la continuidad del discurso. Excelente la toma. (9)
6. Elizabeth Joy Roe. Tabakov/Sinfónica de Londres (Decca, 2013). Solo cinco meses después de la interpretación de Xiayin Wang encontramos
otra pianista que, además de ser igualmente hermosa -no comparto las críticas
que se han realizado a las fotos de la carpetilla-, conjuga de maravilla la
vertiente dramática del primer movimiento, la eminentemente lírica del segundo
-mirando esta vez de manera directa tanto al impresionismo como al mundo de
Rachmaninov- y la electricidad del tercero. Dirige de manera espléndida Emil
Tabakov, quien intentan diferenciar lo más posible los tres movimientos -el
segundo llega a incluir detalles decadentistas-, se muestra siempre muy
concentrado, realiza un irreprochable trabajo técnico con la orquesta y alcanza
una muy notable inspiración musical. La toma es la mejor de todas. (9)
7. Mackenzie Melemed. González/Filarmónica de Helsinki (YouTube, 2018). Un placer tener la oportunidad de escribir que el asturiano Pablo González es uno de los que mejor dirige esta página: sin la incisividad y el vigor de Szell, tampoco con el refinamiento de un Oundjian, paladea con enorme naturalidad un primer movimiento que sebe ser no solamente intenso, sino también profundo, para luego respirar con amplitud el segundo y ofrecer energía más que suficiente en el tercero. Mackenzie Melemed es, junto con Elizabeth Joy Roe, quien mejor conjuga las diferentes facetes pianísticas de la página: espléndido en lo que a virtuosismo se refiere, se poner por completo al servicio de la obra sin espacio para exhibicionismos de cara a la galería. La suya es una recreación intensa, coherente y sincera que hace plena justicia a la obra. (9)






2 comentarios:
No conocía apenas esta obra de Barber, del que sólo conocía el famosísimo Adagio para cuerdas. Gracias por la entrada, que me ha hecho conocerla más en detalle. Es una obra notabilísima, y debería interpretarse más. Hay un montón de obras fácilmente incorporables al repertorio (no son coñazos) y que harían los conciertos más interesantes, porque muchos de ellos siguen pegados a obras de hace más de un siglo, casi al 100%. Me he comprado además la versión de Elizabeth Joy Roe y Tabakov, que suena de maravilla, y que voy a calibrar mejor comparando con alguna otra versión. ¡Gracias!
Me alegra muchísimo haberle puesto en la pista de esta página que quizá no sea ninguna obra maestra, pero que, como usted dice, es interesantísima. A ver si Yuja Wang se anima a grabarla.
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