La música me afecta demasiado. Ya estaba depre en el intermedio por haber escuchado Tristan y Capriccio, pero después del Zarathustra de Orozco-Estrada y la Gürzenich-orchester estoy completamente hundido. Durante las doce campanadas se me han saltado las lágrimas.
¿La versión? No ha sido mala. Conozco algunas mejores: Maazel, Bohm... Cerca de ese nivel. Al concertino invitado, un tal Mohamed Hiber, deberían contratarle mañana mismo en Berlín o Viena.
PS. ¡Coño, ya decía yo que el violinista me sonaba de algo! He rastreado en Internet y resulta que era el concertino de la WEDO. Sí, de la orquesta "de niños" que tuvimos durante años en Sevilla y de la que tanto se alegran algunos que hayamos perdido.

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