Dos, una maravilla lo de Internet. WiFi gratuito en el inmenso hall, inhibidores que funcionan a la perfección dentro de la sala. No suena un puto móvil.
Tres, horrorosa costumbre europea la de poner la calefacción a tope, a muchos más grados que los auditorio españoles. Uno entra a temperaturas cercanas a cero y luego se asa de calor. ¡Y qué monumental, indecente despilfarro energético!
En cuanto a nivel musical, qué quieren que les diga. La Quinta de Mahler de anoche con la WDR dirigida por Macelaru fue igual, igualita a la del otro día de la ROSS. No sé si me explico...
Saludos desde las orillas del Rin.

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