viernes, 28 de febrero de 2025

La mayor imbecilidad de la crítica musical en años: los gordos dirigen peor

La he leído dos veces en estos últimos días en la prensa nacional, a raíz del espectacular adelgazamiento de Andris Nelsons: que cuando tenía muchos kilos no podía dar bien las indicaciones a la orquesta. ¿Será posible mayor idiotez? El sobrepeso puede ser molesto para el maestro de turno cuando tiene que marcar ciertas cosas, pero el perímetro abdominal no tiene absolutamente nada que ver con los resultados musicales. Ni la estatura, ni el sexo, ni la edad, ni las condiciones médicas. Sí, ya se sabe que abundan los críticos que ven a un maestro debilitado empuñando la batuta y, si la interpretación es de tempi lentos y tal, en seguida dicen que lo que se ha escuchado es la lectura propia de un director que no puede con su cuerpo y que debería retirarse. Los gilipollas abundan. Pero el físico no determina la calidad de la interpretación. ¡En modo alguno!

Los ejemplos sobran. ¿Recuerdan el estado de salud del último Karl Böhm? ¿Y a Celibidache haciendo Bruckner estando gordo y manteniéndose todo el tiempo sentado? ¿Y a Karajan siendo arrastrado hasta el podio para dirigir el concierto de Año Nuevo de 1987? Y sobre todo, ¿se acuerdan de ese señor largo y octogenario, emocionalmente inestable e incluso enfermo, con medio cuerpo paralizado y marcando el compás sin poder emitir apenas señales de ningún tipo, haciendo en 1970 el más excelso ciclo Beethoven jamás escuchado al frente de la New Philharmonia?

Muy bienvenida sea la delgadez del señor Nelsons si él la disfruta, que seguro que lo hará y le resultará maravillosa para su salud, pero escribir que estando gordo dirigía peor es de auténtico imbécil.

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