Anda por aquí Josep Pons al frente de los conjuntos de la OCNE haciendo el Réquiem Alemán de Johannes Brahms. Momento de actualizar esta discografía publicada originalmente en 2022 incluyendo más comentarios. Aún así, faltan no pocas grabaciones de directores destacados: esta obra se ha grabado más de lo que parece.
2. Furtwängler/Filarmónica de Estocolmo (EMI, 1948). Este es el único registro, en vivo y con sonido muy precario, que nos ha dejado Furt de la página. No hay sorpresa alguna: interpretación lentísima, gótica a más no poder, todo lo meditativa y filosófica en que se podía esperar, doliente cuando le corresponde ser serena, y encrespada a más no poder en los momentos más extrovertidos. ¡Qué tremendo clímax dramático el del tercer número, y qué fuerza la de la fuga que le sigue! Una lástima que Kirstin Lindberg Torlind y Bernhardt Sonnerstedt se queden en lo notable. La restauración de Pristine Audio elimina el crujido de fondo, pero potencia en exceso los graves. (9)
5. Klemperer/Orquesta Philharmonia (EMI, 1961). La arquitectura es impresionante, la ejecución portentosa y la sonoridad ofrece un músculo y un empaste muy adecuados para Brahms, pero queda claro que el de Breslau tiene una visión demasiado personal de la partitura como para convencer por igual en todos sus números. Así, cuando tiene que ofrecer dramatismo se muestra tremendamente tenso y escarpado pese a mantener su proverbial sobriedad, mientras que a la hora de plantear el triunfalismo épico lo hace sin retórica vacua y trazando de manera magistral la polifonía, pero cuando toca destilar elevación espiritual y reflexión humanística se muestra bastante esquivo. Tampoco la sensualidad más o menos carnal, tan importante en Brahms, le interesa lo más mínimo. Sin ir más lejos, el primer número, resulta no poco decepcionante, mientras que en el segundo el maestro alcanza el mayor grado de convicción, por no decir la genialidad. Elisabeth Schwarzkopf y Dietrich Fischer-Dieskau, maravillosos, como también lo está el Philharmonia Chorus. La toma sufre distorsión tímbrica, aunque en alta resolución adquiere una carnosidad y un cuerpo muy apreciables, conservando además una muy amplia gama dinámica. (8)
6. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1964). El maestro de Salzburgo y sus huestes berlinesas aprovecharon su estancia en el Festival de Viena para unir sus fuerzas a los Wiener Singverein en la Sala Dorada de la capital austríaca y registrar –toma distorsionada, incluso en alta definición– una lectura muy de Karajan: poderosa y musculada en la sonoridad, planificada al milímetro, expuesta con una seguridad a prueba de bombas e indisimulada a la hora de recrearse en la opulencia y el preciosismo. Por ello mismo hay en ella –ya desde el primer número– algo de pose insincera, de lo que hoy llamaríamos postureo. Sin embargo, a diferencia de su grabación de 1947 en la misma sala, encontramos también calidez, espiritualidad emotiva, fuerza dramática –lacerantes acentos acompañando al barítono en el tercer número–, sentido épico y una mezcla de belleza sonora y sentido teatral ante la que resulta difícil resistirse. Eberhard Waechter, con sus desigualdades canoras, canta con entrega y adecuada rebeldía, mientras que Gundula Janowitz, de timbre esmaltadísimo y luminosos –aunque no siempre certeros– sobreagudos, canta con delicada poesía. (8)
7. Barenboim/Filarmónica de Londres (DG, 1972). El joven maestro ofrece una dirección gótica, muy atmosférica, pero –sorprendentemente– no tanto dramática como sensual, poseedora de una espiritualidad “carnal” muy atractiva que se consigue gracias a un fraseo muy mórbido y a una asombrosa plasticidad del tratamiento de la orquesta. Los tempi tienden a la lentitud, y por momentos se echa de menos algo más de tensión interna –primer número, final del segundo–, lo que no quita que haya pasajes muy encrespados, como la fuga que cierra el nº 3, tremenda, o todo el nº 6, rebelde sin llegar a la crispación ni a lo visionario. Dulce y meditativo sin empalagos el nº 5, que se beneficia de una exquisita Edith Mathis. Fischer-Dieskau alcanza el punto justo entre introversión y súplica, con unas intervenciones particularmente aristocráticas y matizadas. Espléndido el Coro del Festival de Edimburgo. (9)
8. Maazel/New Philharmonia (CBS, 1976). Interpretación notabilísima, perfecta de idioma y siempre en una línea extrovertida y encrespada, muy rebelde, destacando en este sentido un terrorífico clímax en la tercera parte del segundo movimiento, o la fuerza de la sección fugada final del tercero. Quizá por ello se eche en falta algo de madurez, de profundidad, de espiritualidad esencial. Ileana Cotrubas se muestra tan deliciosa como siempre, lo que significa que está un poco fuera de situación. Magnífico Hermann Prey, muy viril, en una línea más rebelde y extrovertida que suplicante o devota. Toma mediocre, poco natural en la tímbrica y saturada. (8)
9. Karajan/Filarmónica de Berlín (EMI, 1976). Otra vez Karajan, su orquesta y los Wiener Singverein, esta vez en la Philharmonie de la capital alemana y para EMI. Lo de siempre: dosis altísimas de belleza sonora, refinamiento, opulencia y cantabilidad, pero buscando ante que epatar al personal que la espiritualidad y la reflexión sinceras, justo lo que sí hace un excelso José van Dam con un instrumento en estado óptimo, un canto de calidad enorme y un humanismo a flor de piel. No puede extrañar que el de Salzburgo le requiriese en las tres grabaciones oficiales –dos en vídeo, una en audio–, que le quedaba por hacer. La soprano es aquí Anna Tomowa-Sintow, que supera con nota las dificultades vocales de su parte y canta con adecuada nobleza. La toma recoge bien la sonoridad de los contrabajos berlineses, tan decisiva en esta página: una pena que se haya perdido la cuadrafonía original. (8)
10. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1978). Lejos de ofrecer una interpretación teatral y extrovertida –ni siquiera el segundo número alcanza el carácter escarpado y rebelde que en él hubiéramos esperado–, Sir Georg asume por completo el carácter meditativo de la obra y, haciendo gala del mejor lenguaje brahmsiano imaginable –cálido, oscuro, aterciopelado-, ofrece una interpretación que sabe aunar la más sensual belleza sonora con una espiritualidad tan sincera como alejada de la retórica, plena de sencillez y de humanismo, también de ternura, aunque sin desdeñar la grandeza filosófica ni la electricidad –soberbio el quinto número, en el que por fin podemos reconocer a Solti– cuando resulta necesario. El fraseo es de una naturalidad, una flexibilidad y una lógica insuperables, por no hablar de la plasticidad con que están tratados los soberbios, diríase que insuperables conjuntos de Chicago. Te Kanawa está exquisita, flojeando el siempre correcto e impersonal Bernd Weikl. A la toma le falta una más amplia gama dinámica, pero a cambio ofrece calidez y un buen registro grave ideal para recoger los contrabajos: el comienzo es sobrecogedor. (9)
11. Giulini/Filarmónica de Londres (BBC Legends, 1978). Una decepción. Todo está en su sitio y la musicalidad se encuentra garantizada, pero Giulini no se implica del todo en lo emocional, no sabe dotar de tensión interna a la obra e incluso resulta impersonal y escaso en matices. Los primeros números resultan incomprensiblemente flojos. Lo mejor es el nº 5, de un lirismo muy cantable y hermoso, con una Cotrubas excelente. Bien a secas el nº 6 y muy bien el nº 7, de nuevo muy lírico y de gran naturalidad. Fischer-Dieskau, como con Barenboim años atrás, encuentra el punto intermedio entre la meditación y la rebeldía. Espléndido de nuevo el Coro del Festival de Edimburgo. (7)
12. Haitink/Filarmónica de Viena (Philips, 1980). No hay sorpresa alguna. La fusión de una orquesta ideal para la obra –sonoridad menos masiva, más tímbricamente bella que la de la Filarmónica de Berlín– y una batuta tan sensata como ortodoxa que conoce a la perfección el lenguaje brahmsiano da lugar a una interpretación de altísimo nivel en la que solo falta, como también era de esperar, ese “más allá” de inspiración, de personalidad y de implicación emocional que se acostumbra a echar en falta con el maestro holandés. En cualquier caso, se alcanza una sonoridad densa en su punto justo –no hay asomo de pesadez–, el discurso fluye con tanta concentración como naturalidad y la batuta sabe atender no solo a los aspectos más introvertidos de la página, sino también a los escarpados. Y de manera muy considerable, habría que añadir: si en el número 2 es imposible alcanzar el milagro de Klemperer, en el 6 Haitink ofrece muchísima garra sin necesidad de destapar la caja de los truenos. El Coro de la Staatsoper de Viena se comporta francamente bien, pero solo eso: nunca fue de primera. Tom Krause está formidable en lo vocal y se muestra muy centrado en lo expresivo, pero carece de la autoridad y la emoción de los grandes. Gundula Janowitz, una vez más, luce voz de luminoso esmalte y línea deliciosa al tiempo que atiende a la devoción, pero ya no está en planea forma y ahora sí que sufre lo suyo en la parte más alta de la tesitura. (9)
14. Giulini/Filarmónica de Viena (DG, 1987). El que fuera el más grande brahmsiano del siglo XX madura de manera considerable su floja versión en vivo londinense –esta también es con público, aunque no se note– haciendo gala de un idioma absolutamente perfecto, una increíble capacidad para extraer la mayor belleza sonora de una orquesta maravillosa y de un Coro de la Ópera de Viena que da lo mejor de sí; también de ese fraseo tan particular de una batuta que supo como ninguna sintetizar las “brumas” y la densidad germánica con la más sensual y efusiva cantabilidad italiana. Sin embargo, por muy extraño que parezca, su sintonía con esta partitura sigue sin ser la máxima posible, e incluso defrauda en el tremendo “Denn alles Fleish, es ist wie Gras”, dicho sin la tensión dramática que a todas luces necesita. Andreas Schmidt se mueve muy en la línea de Fischer-Dieskau, sin alcanzarle en intensidad, mientras que Barbara Bonney, aunque tampoco particularmente expresiva, triunfa merced a la seguridad y luminosidad de su registro agudo. La toma es notable, no del todo clara. (8)
15. Colin Davis/Sinfónica de la Radio de Baviera (YouTube, 1992). El propio sello Euroarts pone gratuitamente a nuestra disposición esta filmación televisiva, de calidad visual muy inferior a los estándares de hoy día, realizada en una preciosa basílica barroca bávara en la que Sir Colin nos da un auténtico respiro a quienes estamos un poco cansados de aproximaciones catedralicias. La lectura es tradicional, ciertamente, pero el fraseo es muy fluido, la sonoridad no resulta en exceso gótica, toda pompa es borrada de un plumazo y en la expresión se impone un lirismo elegante, sensual y emotivo por delante de las tensiones, el conflicto y la religiosidad más dramática. ¿Interpretación otoñal? No, lo no es en absoluto. Simplemente se realiza una aproximación desde la belleza y el humanismo, lo que tampoco impide al maestro apostar por el pathos cuando corresponde: en este sentido, los dos últimos números son magníficos. El joven Bryn Terfel luce una voz espléndida, pero no termina por entrar en la obra, menos aún en la visión propuesta por el director británico, cosa que sí logra Angela Maria Blasi. (8)
17. Harnoncourt/Filarmónica de Viena (RCA, 2007). El vibrato se ha moderado lo suficiente como para que se note la “preocupación filológica”, pero en realidad todo suena con una belleza sonora tersa y pulida como la del Abbado más refinado, o bien con la masividad hinchada del Karajan más narcisista. En cualquier caso, lo hace con una absoluta falta de compromiso expresivo, léase de tensión sonora, de matices, de creatividad; de emoción, en definitiva. El tierno lirismo brahmsiano brilla por su ausencia, mientras que la angustia que albergan los pentagramas solo llega a aflorar (¡menos mal!) en el nº 3, donde Harnoncourt sí parece dar lo mejor de sí mismo –incluso revela detalles muy interesantes en la orquestación– y Thomas Hampson sabe conjugar naturalidad, belleza canora y congoja sincera. Genia Kühmeier está correcta, mientras que la orquesta da buena cuenta de su nivel y el Coro Arnold Schoenberg resulta técnicamente insuperable en su comprometidísima parte. (7)
18. Gardiner/Orchestre Révolutionnaire et Romantique (SDG, 2007). A diferencia de Harnoncourt, Gardiner sí que apuesta –ya lo había hecho en su grabación para Philips de 1990– por los instrumentos originales y una articulación completamente historicista. Su intención es renovar la praxis interpretativa y alejarse de ese legato continuo al que, relacionándolo con Wagner, alude en sus notas, para procurar acercarse –según él– hacia el mundo del pasado clásico y del primer romanticismo. La diferencia es sustancial. Sonoridad muchísimo menos densa y empastada, mayor claridad de las líneas internas de la obra, sustitución de la tersura y calidez que habitualmente asociamos a Brahms por una tímbrica ácida, áspera e incisiva... Y pérdida total, claro está, de esa densidad armónica que procura el tejido de la cuerda grave que en buena medida es base de la arquitectura de la página. Se escuchan muchas cosas nuevas, al tiempo que se pierden otras que son importantísimas. A mi entender, funciona de manera magnífica el primer número, mientras que en el resto se alternan pasajes resueltos de manera depurada y sensible con otros más bien toscos, a veces precipitados, y de tarde en tarde emborronados por cursilerías en forma de exagerados portamentos. La gran baza es el Coro Monteverdi, cuyo reducido tamaño y pasmoso virtuosismo permiten una claridad en la dicción y en la articulación que permiten aportar muchos más matices expresivos de lo habitual. Poquita cosa Mathew Brook, vocalmente limitado, y en exceso aniñada Katherine Fuge. Magnífica toma en vivo en el Festival de Edimburgo. (7)
19. Nézet-Séguin/Filarmónica de Londres (LPO, 2009). Recreación lenta, densísima en las texturas, muy brahmsiana en su sonoridad, que apuesta por un óptica particularmente dulce, lírica y sensual, de una cantabilidad conmovedora y un profundo sentido humanista, y que –paradójicamente– por momentos se acerca a Bruckner en su solemnidad, grandiosidad y potencia sonoras, sobre todo en el nº 6. El nº 2 resulta más hinchado de la cuenta. Muy sereno y hermoso –sin blanduras– el nº 4. Irreprochables, sin resultar del todo personales, Elisabeth Watts y Stèphane Degout. El sonido presenta un volumen muy bajo. (8)
20. Nézet-Séguin/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2017). ¿Qué ocurre si, tras su admirable recreación con la LPO, le ponemos a Yannick la orquesta más idónea de todo el orbe terrestre para esta partitura y un coro que canta divinamente como es el de la Radio de Berlín? Pues sencillamente, que sale una interpretación redonda. Si no se lleva el diez en la nota es porque flojea la soprano Hanna Elisabeth-Müller, que tiene problemas en la franja aguda y en lo expresivo se muestra centrada sin más; mejor el barítono Markus Werba, que dice su parte con cierta autoridad. Pero triunfa el maestro canadiense, siempre dentro de una visión lírica y humanística, ajena a negruras y a grandes arrebatos pasionales, decididamente desinteresada por los aspectos más escarpados de la página, pero sincera y emotiva a más no poder. Belleza sonora se destila en gran cantidad, al tiempo que se corrige ese carácter hinchado en el que incurría en nº 2 en la anterior ocasión. Lo del coro es milagroso: justo es citar a su director Gijs Leenaars. La filmación, disponible en lujurioso 4K, permite disfrutar a tope de la amplísima gestualidad de un Yannick sin batuta ni partitura –tampoco la llevan los solistas vocales ni el coro– que con su rostro deja bien claro lo que quiere para cada momento. La conclusión está clara: hoy por hoy, versión más recomendable para acercarse la partitura. (9)
21. Haitink/Sinfónica de la Radio de Baviera (YouTube, 2018). Aun sin dejar de ser una interpretación por completo tradicional, los treinta y ocho años (¡nada menos!) que han pasado desde la grabación de Haitink en Viena suponen una modificación sensible en el planteamiento del maestro holandés. Los tempi son algo más rápidos –se aprecia especialmente en el segundo número–, las texturas menos densas, la atmósfera menos gótica, la expresión menos dramática y más humanística. El equilibrio que entonces se conseguía entre extroversión e introversión se sustituye por un lirismo hermosísimo y a flor de piel. ¿Versión otoñal? Se podría decir así, aunque en realidad hay melancolía ni nada parecido. Simplemente, nos encontramos ante la versión de un anciano director que ve las cosas al margen de los grandes conflictos y se nos entrega una lectura esencial, despojada e incuestionablemente hermosa. Formidables orquesta y coros, estupendo Hanno Müller-Brachmann y muy justita Camilla Tilling. (8)


















9 comentarios:
Doce versiones del Réquiem alemán de Brahms para mí son más que suficientes. Suelo manejarme con una media tres o cuatro grabaciones de las obras musicales que conozco,- en alguna obra concreta quizá alguna más-. Pero en estos límites, el tiempo es finito... Todavía recuerdo su reciente comparativa de la quinta de Sibelius, -26 versiones-, me pareció una estupenda barbaridad!.
Pues habrá que escuchar ese Requiem alemán de Brahms por Yannick en la Digital Concert Hall. Este director no deja de sorprendernos; una de las primeras cosas que le escuché fue una Sinfonía Escocesa de Mendelssohn en vivo (en Pamplona) cuando aún no era muy conocido, muchísimo mejor que la que luego hizo en el ciclo Mendelssohn. La verdad, Yannick me tiene despistado…
De lo demás, una lástima que Furtwängler no pudiera hacer la obra en estudio, con mejor sonido, mejor orquesta y, sobre todo, un mejor coro. Totalmente de acuerdo con tus apreciaciones sobre las versiones de Giulini II y Kempe. Sin embargo, me atrae mucho más que a ti la versión de Klemperer, (también me gustan mucho sus sinfonías de Brahms, por cierto), aunque es verdad que objetivamente el Coro Philharmonia no tuvo su mejor día (esa primera entrada…). En fin, una comparativa muy interesante.
Muy buenas, don Fenando y compañía. Muchísimas gracias por su estupendo trabajo... :)
Tengo que escuchar la grabación de Barenboim. Gracias, Fernando.
Gracias a todos. Pero ya tengo un amigo, crítico musical de las Islas Canarias, que me dice que "vaya trabajo de investigación", que hay muchas grabaciones importantes que han quedado fuera, que esto no es más que un boceto, bla bla bla. Pues vale. Mis días tienen veinticuatro horas y tengo muchísimas más cosas que hacer que escuchar una versión tras otra de una partitura que ronda los setenta minutos de duración. Ya les digo: o esto, o no publicar.
Muchas gracias por sus comparativas, Fernando. Es sorprendente su capacidad de análisis, de escucha comparativa, de conocimiento, de buen gusto y... de trabajo. ¿En serio doce versiones del Réquiem Alemán le parecen pocas a alguién? Supongo que ese crítico musical canario que tan injustamente le afea el trabajo no se habrá quejado nunca de las más de 20 o 25 versiones que suelen adornar habitualmente sus espléndidas discografías comparadas. Por otra parte, resulta muy sencillo criticar, pero ¿dónde puedo leer los comentarios, las comparativas discográficas, los análisis o las críticas de ese crítico canario que tan alegremente fiscaliza su trabajo, Fernando? Criticar es lo más fácil del mundo; cualquiera puede hacerlo. Lo difícil y lo encomiable es demostrar con nuestros propios actos que somos capaces de mejorar el trabajo de que aquel a quien criticamos tan frívolamente. No se deje usted amilanar ni permita que esos comentarios tan injustos (yo diría que hasta envidiosos) le desanimen lo más mínimo: su trabajo es excepcional, y nos explica, ilustra e instruye con fundamentos, opiniones y argumentos muy bien razonados y documentados a todos aquellos que tenemos la suerte de conocer y seguir su blog. Muchas gracias una vez más, Fernando.
El crítico criticado.
Bueno, mi amigo no me lo decía con mala intención. Lo que yo pretendía exponer es lo difícil, por no decir imposible, que resuta satisfacer a todo el mundo. Se reseñen diez grabaciones o se reseñen cincuenta, siempre habrá alguien que diga que falta esta o aquella otra, que son fundamentales. Así de memoria, pienso que Karajan tiene cinco -si no he contado mal, mientras que directores como Walter, Klemperer, Giulini, Abbado, Levine, Previn, Gardiner, Norrington, Nézet-Séquin la tiene por duplicado, entre grabaciones de estudio y en vivo. Luego hemos de sumar, qué sé yo, de Toscanini a Thielemann pasando por Sinopoli, Blomstedt, Rattle, Jansons... Y dirán que por qué fulanito sí y menganito no, y tal.
Lo mejor es enemigo de lo bueno, dicen. Por eso mismo es mejor optar por el pragmatismo que por un ideal inalcanzable. Y que no me vengan con que Pérez de Arteaga se escuché todos los discos Mahler que existen para poner las puntuaciones de su guía, porque eso no se lo cree absolutamente nadie.
Buenos dias D. Fernando. Vaya por delante que este es su blog, sus opiniones y sus gustos, y que bastante tiene con atendernos ademas de a sus alumnos por lo que agradecer es siempre de recibo su esfuerzo y dedicación. Dicho esto siempre faltará alguien, alguna versión, se escuche lo se escuche. Le comentaría que las versiones de Kubelik y Previn, merecen una escucha -siempre que tengas interés y tiempo - y veo no ha podido poner un 10 a ninguna. La de Kemplerer, es como bien dice @xabierarmendariz88 también es de mi gusto a pesar de que el coro no está al mismo nivel que el director, por así decirlo. Por cierto, que belleza de música este Requiem meditación sobre la vida, la muerte y el consuelo para los vivos.
¡Claro! La de Previn la tengo desde hace días puesta en un lugar destacado de en la estantería para escucharla pronto. La de Kubelik la tengo marcada en Qobuz. Pero antes me gustaría seguir con las de Karajan... No es fácil encontrar tiempo. De momento, hoy Josep Pons en directo. Gracias y un saludo.
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