sábado, 8 de diciembre de 2018

Gergiev vuelve a Berlín: Impresionismo en el punto de mira


He quedado sorprendido esta tarde al presenciar la entrada de Valery Gerviev en el concierto de la Filarmónica de Berlín que he podido seguir en directo a través de la Digital Concert Hall: mitad calvo, mitad canoso. Cierto es que le he visto envejecer tanto en filmaciones como en vivo, pero no me lo esperaba tan estropeado. ¡Qué diferencia con la imagen que tengo de él de aquellas portadas de los discos de Philips de sus mejores tiempos, o de aquél autógrafo que me firmó allá por 1992 en Sevilla! Pero centrémonos: programa integrado por Debussy, Rimsky-Korsakov, Prokofiev y Stravinsky, con la clara intención de subrayar los lazos que unen a los citados autores en general y las obras programadas en particular, y siempre con el Impresionismo en el punto de mira.


Preludio a la siesta de un fauno para empezar: muy buena realización del maestro ruso, quien sin ofrecer una recreación particularmente inspirada ha sabido destilar importantes dosis de erotismo y planificar muy bien las tensiones. Memorable la flautista –desconozco el nombre, no estoy seguro de que fuera Jelka Weber– y fatal el gran Albrecht Mayer por una metedura de pata histórica que invalida toda la versión. Duda que la suban al archivo sin arreglarla.

Muy hermosa la suite de El gallo de Oro, dicha con rico sentido del color y apostando por subrayar los aspectos más sensuales de esta música, difuminando aristas y mirando de manera decidida al mundo francés: quizá por eso se echada de menos un punto de intensidad dramática.

Ya en la segunda parte, Gergiev se mostró como el director mediocre que suele ser en la selección de La Cenicienta: insufribles portamentos, languideces varias y escasa incisividad caracterizaron una interpretación globalmente fallida en la que solo interesó, por su voluptuosidad y ensoñación bien encaminadas, el paso a dos entre el príncipe y la protagonista. Fatal el Vals de la medianoche, mal cerrado con unas campanadas dichas sin el carácter ominoso que merecen.

Nada en particular en la suite de El pájaro de fuego: todo en su sitio, por descontado que con memorables solos por parte de la orquesta –aquí sí estuvo formidable Mayer–, dentro de una lectura de nuevo con el mundo impresionista en el punto de mira, y que por ende convenciendo más en los momentos líricos que en los dramáticos. Muy digna interpretación, en cualquier caso, cerrando un concierto muy irregular.

3 comentarios:

Julio César Celedón dijo...

Sin afán de causar controversia, me causa morbo el por qué tiene usted o le solicitó un autógrafo al señor Gergiev, si no le gustan sus maneras de dirigir?

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Respuesta fácil: en 1992 yo era jovencito y no le había escuchado nunca. Era la primera vez, y me gustó: Concierto para violonchelo de Dvorák (¡con Rostropovich!) y Tercera sinfonía de Prokofiev.

Ricardo dijo...

Estimado Fernando, recurro a ti, porque sé que eres gran conocedor y admirador de la obra de Prokofiev, para saber tu opinión del ciclo Sinfónico de Prokofiev por Zdeněk Košler.

Un saludo desde Chile