martes, 13 de noviembre de 2018

El sublime Brahms de los Khachatryan

He vuelto a este disco, registrado por el sello Naïve entre julio y agosto de 2012, y de nuevo he quedado por completo maravillado. En él los hermanos Sergey y Lusine Khachatryan interpretan las tres hermosísimas sonatas para violín y piano de Brahms, y lo hacen mejor, e incluso mucho mejor, que otros intérpretes más famosos que han grabado estas partituras.


Haciendo uso de tempi lentos y de un fraseo flexible, natural, rico en inflexiones, matizadísimo en las dinámicas, nuestros artistas ofrecen de la Sonata nº 1 una recreación acariciadora, sensual a más no poder, impregnada de atmósfera a ratos poética, a ratos luminosa, de enorme belleza y emotividad a flor de piel, que aún haciendo hincapié en la poesía íntima de la página ofrece picos de tensión a los que se llega con tanta lógica como incandescencia. Ni de lejos llegan a semejante altura Pauk/Vignoles, Znaider/Bronfman, Zukerman/Barenboim ni Perlman/Barenboim, que son las otras grabaciones con las que he podido comparar.

En la Sonata nº 2 la comparación ha sido con Oistrakh/Richter, Znaider/Bronfman, Pauk/Vignoles, Znaider/Bronfman y Perlman/Barenboim. Magníficas las dos primeras parejas, no así las otras dos; en cualquier caso los Khachatryan nos ofrecen la interpretación más intimista, más cantable, sensual y embriagadora, también la más atenta a la atmósfera, aunque por fortuna no resulta blanda ni deja de ofrecer apasionamiento en los clímax. Para derretorse el violín de Sergey, que dice cada frase con una emotividad y un aliento poético subyugantes.

Vuelven a maravillarnos en la Sonata nº 3 la efusividad del fraseo, el lirismo tierno y al mismo tiempo muy intenso que desprende, la flexibilidad y lógica absoluta del trazo –cuidadísimas las transiciones– y el desarrolladísimo sentido de la atmósfera, todo ello llegando a su culmen en un Adagio prodigioso. Lo que ahora hay que recalcar, dadas las características de la pieza, es el enorme grado de arrebato y extroversión, con carácter no poco escarpado pero manteniendo siempre la más absoluta belleza sonora, que los dos hermanos alcanzan en los movimientos extremos, particularmente en el último, que se beneficia de un sonido muy poderoso y muy brahmsiano por parte de Lusine. Un prodigio, que tampoco alcanzan Oistrakh/Yampolsky –desgarrador a más no poder el violinista– ni las ya citadas parejas de Znaider/Bronfman, Pauk/Vignoles, Znaider/Bronfman y Perlman/Barenboim. Solo se acercan, sin llegar a tan sublime excelsitud, Vengerov y Barenboim en su único acercamiento conjunto a este trilogía. ¡Lástima que no grabaran las otras dos!

No hace fata decir mucho más: el disco de los Khachatryan es de audición total y absolutamente imprescindible.

3 comentarios:

LaViejaPartitura dijo...

Pues lo estoy escuchando en Spotify y vaya delicadeza el violín presentando la primerísima frase de la primera sonata con su serena y tierna aspiración. Perfectamente ejecutada. Vaya si promete.

Muchas gracias!
Ricardo de los Rios.-

Jorge Luis Argüero dijo...

Tengo la versión
Pierre Amoyal - Federic Chiu
No está nada mal.!
Tampoco soy muy experto y por éso mismo,
sigo sus apreciaciones.
Visitaré Spotify.
Muchas gracias. Saludos.!

Profesor dijo...

Me encantan. A veces puedo echar de menos algún detalle de Oistrakh, Zukerman, o de alguno de los grandes violinistas o pianistas mencionados, aunque no se quedan atrás. Lo que me parece absolutamente impresionante es la compenetración que tienen, algo que les da un extra muy especial.