lunes, 27 de agosto de 2018

Algunas grabaciones de las Sonatas y Partitas para violín de Bach (II): Julia Fischer

Después de hablar de la grabación de las Sonatas y Partitas para violín solo BWV 1000-1006 de J. S. Bach registradas por Rachel Podger, me toca decir algo sobre la que la que llevó al disco Julia Fischer para el sello Pentatone en 2004. Y debo constatar que lo de esta señorita es asombroso si tenemos en cuenta que contaba tan solo veintiún años de edad. ¡Qué increíble virtuosismo! ¡Qué sonido más increíblemente terso, homogéneo y tímbricamente bello! ¡Qué manera de clarificar la polifonía! Que Hilary Hahn tuviera solo diecisiete cuando grabó su milagro también comentado en este blog no le resta mérito a la violinista bávara.


Ahora bien, los resultados expresivos de Julia Fischer no son tan apasionantes como los de su colega norteamericana. Su acercamiento, en absoluto historicista, es ante todo elegante, esencial, trascendente, diríase que espiritual, también un punto distanciada, mucho antes que tensa o llena de aristas. El equilibrio, la serenidad y la belleza sonora se imponen sobre cualquier otra consideración en este acercamiento que podríamos calificar de apolíneo.

En este sentido, en la Sonata para violín BWV 1001 sobresale la nobleza y la fuerza expresiva del Adagio inicial, paladeado con lentitud pero pulso admirablemente sostenido. La Fuga arranca con cierta timidez y a partir de ahí se desarrolla de manera muy fluida, ofreciendo interesantes juegos dinámicos. Elegante y serena la Siciliana, y espléndido el presto final, dicho con asombrosa fluidez sin necesidad, al igual que Podger, de marcar en exceso los claroscuros.

La Partita BWV 1002 necesita una vuelta de tuerca en lo que a variedad expresiva se refiere, también en sentido de los contrastes y en incisividad rítmica, pero sobre todo en diferenciación expresiva entre cada uno de los números: el conjunto no resulta del todo variado.

En la Sonata BWV 1003 también resulta Fischer un punto distanciada, incluso falta de carácter, echándose de menos una articulación más contrastada, aunque la referida trascendencia espiritual de nuestra artista le hace ganar la partida en un Andante recreado con singular hondura.

La Partita BWV 1004 conoce una lectura de hermosísima sonoridad y admirable vuelo lírico, pero algo falta de contrastes y de tensión interna; incluso un poco sosa, lo que no le impide a Fischer salir airosa de la monumental chacona.

En el adagio inicial de la Sonata BWV 1005 Fischer atiende al dolor que alberga la página, pero procura no extremar los contrastes ni las tensiones. La gran fuga se encuentra estupendamente delineada, graduando con atención las dinámicas hacia los clímax y no renunciando a las asperezas, si bien se echa de menos algo de carácter. Tras un lírico mas no muy hondo Largo, nuestra artista ofrece gran vivacidad y comunicatividad en el Allegro assai final, todo ello con una claridad meridiana. 

Para terminar, en la Partita BWV 1006 Julia Fischer pone nuevamente su bellísimo sonido al servicio de una interpretación muy lírica y cantable, de exquisito gusto, pero escasa de personalidad, de contrastes y de garra, amén de poco atenta a las raíces dancísticas de la música, quizá por una articulación en exceso tradicional.

Muy en resumen: una interpretación para aquellos partidarios de una línea "no historicista" que antepongan la belleza por encima de cualquier otra circunstancia. La toma sonora es absolutamente excepcional, sobre todo escuchada en SACD.

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