martes, 1 de mayo de 2018

La Heroica más negra de la historia del disco

Creía uno, ingenuamente, “saberlo todo” sobre Heroicas de referencia: Furtwängler, Klemperer y Kubelik, con mención especial para el segundo de los citados. Nada más, que no en balde nos encontramos ante las más difícil de interpretar de las sinfonías beethovenianas. Pero en 2011 le pude escuchar a Barenboim en directo una interpretación que superaba a todas las anteriores, incluidas las suyas propias; no más personal ni renovadora que las de sus colegas, en las que se encuentran hallazgos que ni él ni los demás rebasarán nunca, pero sí más redonda, más perfecta y, por ende, más indiscutible. Porque lo que hizo aquella noche el de Buenos Aires junto con los chicos de la WEDO fue explorar todas las diferentes posibilidades expresivas, desde el desgarro dramático puro y duro hasta el más emotivo humanismo, integrarlas en una lectura de enorme riqueza conceptual, moldearlas con un sonido beethoveniano cien por cien, servirlas con un fraseo tan flexible como perfecto en su construcción y llevar a cabo todo ello con la mayor convicción posible. Esa es la versión que editó Decca en audio –la del vídeo de los Proms, un año posterior, no llegará a semejante nivel de excelsitud– y que para un servidor sigue siendo la número uno.


Parecía imposible ir más allá. Pero de pronto Warner rescata de los archivos una grabación de 1967 hasta ahora olvidada en el mundo de compacto por los ineptos responsables del sello EMI, que llevaban lustros ninguneando a su protagonista: Sir John Barbirolli. Y resulta que se convierte en “primus inter pares” junto con las citadas, aun siendo la más discutible de todas ellas al alzarse como la Heroica más negra de la historia del disco. Lenta, a veces lentísima, pero de una fuerza abrumadora. Gótica a más no poder. Plagada de ataques ásperos e incisivos por parte de unas maderas no precisamente sensuales. Fraseada con una cantabilidad cargada de amargura, particularmente en las frases líricas del primer movimiento. Portentosamente planificada hacia unos clímax de fuerza abrumadora, indescriptible (increíble crescendo a partir de 15’03’’ en el primer movimiento, por no hablar de los momentos más rebeldes del segundo, especialmente el de 7’10’’). Trabajada con una plasticidad asombrosa a la hora de moldear a la cuerda (solo un ejemplo: de infarto la melodía a partir de 1’18’’ de la marcha fúnebre) o de equilibrar planos sonoros. Todo ello sin rastro de ese humanismo, esa ternura y esa humanidad de un Furtwängler, un Barenboim y, especialmente, un Kubelik. Aquí no hay concesiones.

Pero bueno, ¿no está usted describiéndonos más bien alguna de las interpretaciones de Herr Klemperer en lugar de a Barbirolli? Efectivamente, mucho del de Breslau hay aquí. No sé si es casualidad que el mismo año de esta Heroica el uno le prestara al otro a su formidable instrumento para grabar una Sexta de Mahler que tiene mucho que ver en lo conceptual (¡y en la genialidad!) con el presente Beethoven. Pero hay al menos dos diferencias. Una en lo que se refiere al sonido: el de Sir John es mucho menos granítico, menos masivo, más áspero, mucho menos entroncado con la "gran tradición germánica". Otra en la expresión: mientras Klemperer cargaba de sesuda hondura filosófica a su recreación, y por ende se mantenía a cierta distancia del sufrimiento que destilan los pentagramas, aquí solo hay espacio para el dolor. Insisto: una lectura muy negra. Nigérrima.

Se me olvidaba decir que la Sinfónica de la BBC se encuentra a distancia de las grandísimas orquestas que han grabado esta página, pero que aún así realiza una formidable labor bajo una batuta que la trata con mano maestra. Cuestiones expresivas aparte, ¡qué técnica la de Barbirolli! Escuchen el cuarto movimiento: ni un solo director, Klemperer incluido, lo ha desmenuzado con tan increíble claridad. Y probablemente nadie ha cantado con mayor inspiración el tema sacado de Las criaturas de Prometeo, ni lo ha integrado con mayor coherencia en un todo que, aun manteniendo la más depurada elegancia en la exposición, desprende tremenda potencia sonora y expresiva.

En fin, no sé qué más añadir. Mientras escribía estas líneas he estado escuchando otra vez la lectura. Vuelvo a no dar crédito, e incluso radicalizo mi opinión: ni Furt ni Klemperer llegaron tan lejos en aspereza dramática.

Una cosilla adicional sin importancia: esta Heroica suena de escándalo. La tienen en las plataformas de streaming habituales, así que no dejen de escucharla: estamos hablando de una de las más grandes interpretaciones beethovenianas que existen. Y si quieren perder el tiempo, también tengo mis recomendaciones: Leibowitz, Harnoncourt, Gardiner, Antonini, Tilson Thomas, Rattle, Chailly, Abbado...

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