jueves, 13 de enero de 2011

El padre, el hijo y la Ley Sinde

No me he pronunciado hasta ahora sobre la polémica en torno a la “Ley Sinde”, entre otras cosas porque no tengo las ideas muy claras al respecto. Sobran, quizá, visceralidad y demagogia por ambas partes, y se echa de menos una lectura de conjunto sobre el complicado asunto. Por eso mismo quiero invitarles a leer dos recientes artículos, ofrecidos por el diario El País, que ofrecen dos visiones opuestas sobre el tema. La gracia es que están escritas por padre e hijo: el filósofo Fernando Savater (enlace) y Amador Fernández-Savater (enlace), precisamente el dedicatario del libro Ética para Amador al que tanto hemos recurrido los docentes en nuestras aulas. Lean y reflexionen, por favor

Además quiero aprovechar la oportunidad para hacer unas puntualizaciones sobre el caso concreto de la música clásica, desde luego sin intención de ponerme de parte de unos o de otros, pero sí para corroborar que las soluciones fáciles al problema no existen, y que desde luego cualquiera de ellas pasa por la adaptación de todos -industria, artistas y consumidores- a unos tiempos cuyo rapidísimo desarrollo tecnológico plantea continuamente nuevas interrogantes. El refugio en el pasado no vale.

1) Las grandes compañías de música clásica se hicieron de oro en los primeros tiempos del disco compacto, toda vez que reeditaron su fondo de catálogo ya más que amortizado, y vendiéndolo a un precio muy superior al de los antiguos LP, cuando hoy sabemos que la fabricación de CDs es más barata que la de vinilos. ¿Recibieron algo Furtwaengler, Callas o Rubinstein por el rescate de sus antiguos registros? Obviamente no, pero tampoco lo hicieron Karajan, Pavarotti o los monjes de Silos, por muy vivos que estuviesen en la era del CD, ya que los emolumentos estaban más que abonados. Lo que hicieron DG, Decca, EMI, Sony y compañía fue forrarse y emprender una política de grabaciones puramente comerciales (¿recuerdan cuántos discos grabó James Levine en sus buenos tiempos?) en las que, eso sí, los artistas subieron su caché de modo desorbitado.

2) La crisis del disco en clásica llegó mucho antes de que se extendieran las descargas. Lógico: cuando los aficionados reconstruyeron su discoteca en el nuevo formato del CD las ventas empezaron a decrecer. Y es que, salvando a cuatro majaretas como el que esto suscribe, a la inmensa mayoría de los aficionados les bastaba con un solo ciclo de sinfonías de Beethoven, una sola Traviata y una única Bohème, a ser posible en grabación digital (algunos picaban y se hacían con nuevas versiones solo por el DDD, pero pronto se descubrió que esto no significaba necesariamente una sustancial mejora en el sonido). La rápida bajada de precios con la difusión de las series medias y la aparición de las baratas apenas frenó el descenso de las ventas. Recuerdo perfectamente como las compañías empezaron a recortar plantillas desde mucho antes de que existieran eMule y similares, y no digamos de la aparición de foros y blogs cargados de enlaces de descargas.

3) Ya en aquellos tiempos en que comenzaba la crisis del mercado clásico (insisto, antes del eMule) muchos discos importantes quedaron descatalogados y con escasas oportunidades de reedición. Alguien dirá que esos registros hubieran terminado reapareciendo tarde o temprano de no ser por las descargas. No estoy del todo de acuerdo: las reediciones se habían frenado ya antes de que el personal comenzara a intercambiar/piratear de modo masivo en la red, algo que solo ha ocurrido en fechas recientes, cuando el ancho de banda ha permitido bajar música con cierta agilidad y calidad aceptable para los aficionados a la clásica (que por fortuna suelen ser bastante exigentes en este sentido). Al final resulta que estos intercambios-descargas-robos, o como se les quiera llamar, han servido para que el aficionado pueda acceder con facilidad a esos discos que se encontraban en las estanterías de los años noventa y que ahora solo se pueden localizar, no sin dificultad, en circuitos de venta de segunda mano.

4) Sea como fuere, y pese a las elevadas ventas del DVD, lo cierto es que la industria del disco clásico está en crisis, pero no tanto debido a las descargas -que también- como al estallido de esa burbuja artificial que se había producido gracias a la referida introducción del compacto. El modelo que se estableció a partir de finales de los ochenta ya no sirve, ni terminan de funcionar alternativas como las grabaciones editadas por las propias orquestas. Mejor les va a los sellos pequeños, quizá porque han cuidado más que los grandes algo tan fundamental como la presentación del producto, pero también porque trabajan con grupos de artistas reducidos en número, de cachés no astronómicos y con gastos de grabación no muy elevados. Estos casos son, de todas maneras, los de unos pocos marineros en botes salvavidas dentro del naufragio general.

5) Paradójicamente, el aficionado tiene hoy más acceso gratuito a música grabada que nunca, desde luego mucho más que en aquellos tiempos en los que grabábamos desesperadamente todo lo que podíamos de Radio Clásica en cintas de casete. Y esto es así no solo por las descargas más o menos ilegales, no, sino por algo que es donde se esconde el futuro: en el acceso legal a través de la red a registros radiofónicos y, progresivamente, a los fondos de catálogo de las discográficas. Estos últimos pueden volver a hacer su agosto, por cierto, ya que la descarga -no soy el primero en señalarlo- abarata muchísimo los costes: ya no hay soporte físico, ni distribuidor ni minorista. Claro que en este nuevo esquema ya no van a ser necesariamente los grandes sellos los que marquen las pautas, porque desde el momento en el que una orquesta o un artista puedan colgar su música gratis en Internet, ya no es “grande” el que ha firmado un contrato en exclusiva con DG, sino el que más descargas recibe. Y curiosamente es la red la que nos ha permitido acercarnos a los que empiezan a ser nuevas estrellas del disco: ¿saben ustedes la enorme cantidad de música gratis y legal que se pueden bajar, procedente de tomas radiofónicas, protagonizada por Yannick Nézet-Séguin, Vasily Petrenko o Andris Nelsons, pongamos por caso? Por no hablar de las retransmisiones de ópera a disposición de todo el mundo que ya no van a poder ser comercializadas, de esa manera absolutamente ilegal y sin costes que hasta ahora venían practicando, por sello del tipo Golden Melodram.

Con todo esto no quiero decir que el futuro fonográfico de la música clásica vaya a ser mejor que su pasado. Habrá luces y sombras, como antes y como ahora. Lo que sí es seguro es que el panorama va a ser muy diferente. El mercado nunca se destruye: solo se transforma. ¡Larga vida a la música grabada!

miércoles, 12 de enero de 2011

Luisa Miller: Maag controlando a Pavarotti y Caballé

VERDI: Luisa Miller.
Caballé, Pavarotti, Milnes, Giaiotti, Van Allan, Reynolds, Céline.
London Opera Chorus. Nacional Philharmonic Orchestra. Dir: Peter Maag.
Decca, 457 8496 2 CDs. 144’
ADD
Universal Music
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M

El sonido es extraordinario en esta nuevamente reprocesada Luisa Miller de 1975 en la que con su rústica, teatral, sincera y emocionante batuta Peter Maag supo “meter en vereda” a un Pavarotti que sabía ser mucho más que una voz de incomparable belleza cuando se lo proponía y a una Caballé algo incómoda y distante en el primer acto, pero descomunal artista en el tercero; incluso Milnes, quién lo diría, ofrece una recreación dramática de primer orden. Empaña los resultados la presencia de Van Allan como Wurm.

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Texto extraído de un artículo publicado en el número de noviembre de 2007 de la revista Ritmo sobre un lanzamiento de la serie "The Originals", editada por Decca.

sábado, 8 de enero de 2011

Haydn por la Filarmónica de Viena: extraña seleccion

HAYDN: Sinfonías nº 12, 22, 26, 93, 98, 103y 104.
Orquesta Filarmónica de Viena. Dir: Christoph von Dohnányi, Zubin Mehta, Franz Welser-Möst, Nikolaus Harnoncourt y Pierre Boulez.
Vienna Philharmonic Records, WPH-L-2009/1/2/3
3 CDs. 166’28’’
ADD/DDD
Ferysa
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M

Haydn Filarmonica Viena

En principio hemos de alborozarnos ante el hecho de que la Filarmónica de Viena abra un sello discográfico propio, y más aún cuando lo hace en serie media, con una presentación atractiva y excelentes notas introductorias (alemán e inglés). Pero la selección de este homenaje a Haydn es desequilibrada: tres páginas de la primera etapa para pasar directamente a cuatro de las “sinfonías londinenses”. Y con la excepción de Harnoncourt, ninguno de los directores que aquí desfilan se encuentra particularmente asociado a esta música. ¿No había nada de Böhm, Bernstein o Colin Davis?

La grabación más antigua -y la única de estas tomas radiofónicas que no suena de manera irreprochable- se remonta a 1972, y nos trae a un joven Zubin Mehta recreando la Sinfonía nº 22, “el filósofo” con sonoridades gruesas, sin gran densidad “filosófica” ni tampoco mucho encanto. Hoy día Mehta la hace algo mejor (circula por la red una interpretación reciente con la misma orquesta, y se la escuché hace poco en Valencia); además ahora apuesta por incluir -sabia elección- un clave al continuo.

Sí que incluye clave, por cierto bastante coqueto y ornamentado, Christoph von Dohnányi en su Sinfonía nº 12 registrada ya en 1991, excesivamente adusta en sus dos primeros movimientos -dramático el tratamiento de la cuerda grave, impresionante en todas estas recreaciones- y muy vitalista en el Finale.

Pierre Boulez hacía gala en 1996 con una Sinfonía 104, “Londres” de todos los tópicos a él atribuidos: objetividad, capacidad analítica, buen gusto y un evidente distanciamiento expresivo. El scherzo le queda particularmente lento y soso, para tomar el final una velocidad no muy convincente.

En 1998 Welser-Möst ofrecía una Sinfonía nº 26, “Lamentatione” más bien lánguida y no del todo clara, defraudando sobre todo en un Adagio que, al igual que otros colegas, hace más bien Andante. Mucho mejor está el director austríaco en 2009 con la Sinfonía nº 98, cálida y bien encaminada, aunque un tanto precipitada en el último movimiento. Un fortepiano se encarga aquí del discreto continuo y del solo final.

Al final es Harnoncourt quien sale mejor parado con las sinfonías nº 93 y 103 “redoble de timbal”, ofrecidas en un concierto del 10 de mayo de 2009 en interpretaciones muy teatrales y contrastadas, llenas de claroscuros, en las que su habitual renuncia a la cantabilidad y al vuelo lírico se ve relativamente compensada por la electricidad, el sabor rústico, la incisividad y la imaginación de que hace gala, siempre dentro de un enfoque adusto, tenso y dramático antes que jubiloso o risueño. A destacar las largas improvisaciones al timbal de Anton Mittermayr, que es precisamente el productor musical de esta edición.

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Artículo escrito en mayo de 2010 para la revista Ritmo, finalmente no publicado por falta de espacio.

jueves, 6 de enero de 2011

Crespin frente a Sutherland

REGINE CRESPIN: Prima Donna en París.
Obras de Gluck, Berlioz, Gounod, Saint-Saëns, Massenet y otros.
Régine Crespin, soprano. Orquesta de la Suisse Romande y Orquesta de la Volksoper de Viena. Dirs: Alain Lombard y Georges Sebastian.
Decca, 475 8243
2 CDs. 87’14’’
ADD
Universal Music
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M

JOAN SUTHERLAND: Arias románticas francesas.
Obras de Offenbach, Meyerbeer, Charpentier, Auber, Bizet y otros.
Joan Sutherland, soprano. Coro del Gran Teatro de Ginebra y Orquesta de la Suisse Romande. Dir: Richard Bonynge.
Decca, 475 8743
2 CDs. 90’27’’
ADD
Universal Music
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M

Muy interesantes estos dos dobles compactos de Joan Sutherland y Regíne Crespin consagradas al repertorio francés, grabados respectivamente en 1969 y 1970. Aunque sólo se llevaban unos meses de edad, la soprano de Marsella se encontraba por aquellas fechas ya bastante tocada en lo vocal -registro grave más bien escaso, agudos realmente problemáticos-, pero el centro seguía siendo muy bello y su mórbida dicción la hacía de lo más adecuada al repertorio, rebosando además irresistible chispa e irreprochable estilo en las páginas de opereta. La australiana, por el contrario, aún podía hacer gala de un instrumento de homogeneidad y extensión considerables y una coloratura apenas igualada en todo el siglo XX, pero como intérprete -ya se sabe- era de una sosería que echaba para atrás. En cualquier caso hay aquí mucha música menor pero deliciosa que Bonynge dirige de manera admirable. Sebastian y Lombard están bastante menos acertados en los discos de la Crespin.

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Texto extraído de un artículo publicado en el número de noviembre de 2007 de la revista Ritmo sobre un lanzamiento de la serie "The Originals", editada por Decca.

miércoles, 5 de enero de 2011

Valses y polcas con la Sevilla Symphoniker

En los años noventa tuve que sufrir un montón de “conciertos de Año Nuevo” en mi Jerez de la Frontera natal; los directores eran mediocres, las orquesta rematadamente malas y la acústica del templo donde se celebraban muy inadecuada, pero es lo que había. El último al que acudí, ya en el Villamarta, fue quizá el único que se salvó: dirigía un gibraltareño por aquel tiempo poco conocido llamado Karel Mark Chichon. Desde entonces decidí dejarlo, porque para disfrutar de verdad de esta música necesito que esté bien interpretada. Pero hete aquí que la Sinfónica de Sevilla ha decidido ofrecer su particular concierto de valses y polcas y me he animado a viajar este 4 de enero a la capital hispalense y rascarme el bolsillo (34 euros la butaca, no parece excesivo) por recomendación de un colega y amigo que me había hablado bastante bien de Manfred Mayrhofer (web oficial) como director de este repertorio. Quizá por ir con las expectativas muy altas he salido relativamente defraudado.

Manfred Mayrhofer

El maestro austriaco aborda la música de Johann Strauss II (casi todas las piezas eran suyas) con dos virtudes importantes. Por un lado, una estimulante frescura que aleja a sus interpretaciones de la excesiva artificiosidad, como también de la blandura y del narcisismo. Por otro, un gran plasticidad en el tratamiento orquestal que, unido a un fraseo de sensualidad muy considerable, le permiten alcanzar momentos muy atractivos. Pero manifiesta también sus insuficiencias, la más importante de ellas la falta de tensión interna, de garra dramática y, en general, de compromiso expresivo de algunas de sus lecturas, aunque también hay que citar los excesos de la percusión, la falta de transparencia y el escaso control de los medios a su disposición. Que es un poco basto, vamos. La ROSS no parecía estar en la mejor forma posible, y en concreto el primer trombón apenas logró empastar a lo largo de la velada. Tampoco la orquesta sevillana es capaz de ofrecer, huelga decirlo, la tersura sonora, la belleza y la agilidad que esta música demanda, pero quizá la culpa sea nuestra por no saber quitarnos de la cabeza a la Wiener Philharmoniker.

El programa, que era precioso y muy popular, tenía la curiosidad de coincidir con el vienés del 1 de enero de 2009 a cargo de Daniel Barenboim en nada menos que en cinco piezas, sin contar con las propinas del Danubio Azul y la Marcha Radetzky. Comenzó con la obertura de Doña Diana, una páginas sin mucho interés del apenas conocido Emil Nikolaus von Reznicek. Siguieron las célebres Sangre Vienesa, Eljen a Magyár y Annen Polka, que conocieron interpretaciones más bien sosas. Mejoró el nivel con la Marcha egipcia, en la que el veterano y simpático Mayrhofer, además de hacer canturrear al respetable, logró frasear con sensual voluptuosidad. Vino, mujeres y canciones nos devolvió a la rutina, la Champagner-Polka permitió una pequeña broma por parte de la orquesta y la obertura del Murciélago, dicha sin exagerar los rubatos, permitió que saliéramos con la sonrisa en los labios.

La segunda parte me pareció mejor interpretada. Tuvo animación, ya que no mucho refinamiento ni distinción, la marcha de El Barón gitano, y en la polca rápida Leichtes Blut el maestro parecía salir por completo de su sopor, consiguiendo a continuación momentos mágicos -la introducción, sobre todo- en el maravilloso vals Rosas del Sur. No estuvieron mal la Nueva polca pizzicato ni la Tik-tak Polka, esa con la que Eisenstein intentaba conquistar a una enmascarada que resultaría ser su propia esposa (¡a ver cuándo hacen en Sevilla El Murciélago, una obra que se merienda con patatas a muchas de nuestras zarzuelas!). Cerró el programa oficial la obertura de Suppé Una mañana, una tarde y una noche en Viena, que lució un muy hermoso y dulce -pero no dulzón- solo del espléndido chelista Dirk Vanhuyse.

La primera propina, la irresistible Polca bajo truenos y relámpagos, la estropeó el primer trombón. Arrancó luego en falso el vals más famoso de la historia, Manfred Mayrhofer realizó el saludo ritual (“Feliz Ano Nuevo”, sic) y seguidamente se escuchó ya completo un Danubio Azul solvente sin más. La Marcha Radetzky fue más bien bastorra e incluso descuidada en cuestión de planos sonoros, pero el público aplaudió a rabiar. Se lo pasaron bien y de eso se trataba, ¿no?

Muy descuidados los responsables de comunicación y publicaciones de la ROSS. En la web de la orquesta no se ha ofrecido información alguna sobre las obras a interpretar. El programa apareció tan solo en un comunicado de prensa recogido únicamente por Giralda Información (enlace), por lo que los aficionados solo supieron qué piezas iban a escuchar cuando llegaron al teatro. Y no con exactitud, porque lo que se anunciaba como Obertura de El Barón gitano era en realidad la celebre marcha de la opereta. En el programa de mano se nos ha escamoteado el nombre de la concertino invitada (obviamente no era Eric Cambres ni Alexandre Da Costa, nombres recogidos en la ficha de la plantilla). La conferencia de los días 20 y 21 de enero no la ofrecerá Juan José Roldán, como se afirma en la última página, sino Pedro Halffter. Y la Sinfonía nº 2 “Pequeña Rusia” que se anuncia los días 27 y 28 obviamente no es de Erich W. Korngold, sino del pobre Tchaikovsky. ¿No hay quien revise estos detalles, o es alguien no ha hecho los deberes?

lunes, 3 de enero de 2011

Alson y Thibaudet hacen Gershwin con Jazz Band

GERSHWIN: Rhapsody in Blue. Variaciones “I Got Rhythm”. Concierto para piano.
Jean-Yves Thibaudet, piano. Orquesta Sinfónica de Baltimore. Dir: Marin Alsop.
Decca, 478 2189
CD 57’26’’
DDD
Universal
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S


El 12 de febrero de 1925 Gershwin se sentaba al piano para estrenar junto a Paul Whiteman y su conjunto de jazz la Rhapsody in Blue, en orquestación dejada en manos de Ferde Grofé debido a los desconocimiento del artista en la materia. Al día siguiente recibía el encargo de un concierto para piano en el que se especificaba que en esta ocasión la instrumentación debería correr a cargo del propio compositor. Éste cumplió con la referida especificación y estrenó su Concierto en fa en diciembre del mismo año, con la Sinfónica de Nueva York bajo la dirección de quien le realizó el encargo, Walter Damrosch. Poco después Whiteman le pide a Gofré para su “jazz band” una nueva orquestación, que es precisamente la primera en llevarse al disco justo tres años después (audio disponible en Youtube). El comprensible disgusto de un Gershwin que debió de sentirse herido en su amor propio dejó este arreglo fuera de circulación en beneficio de la orquestación original.

El mayor interés de este disco, grabado en vivo en noviembre de 2009, es precisamente escuchar el Concierto en fa en el arreglo de Gofré. Encuentro preferible la versión original, obviamente más sinfónica, más brillante y también más emotiva, pero esta incisiva y rústica orquestación jazzística guarda un gran atractivo, sobresaliendo un Andante con moto que no resulta tan melancólico ni ensoñado como en otras ocasiones, pero que desprende un sugerente aroma a tabaco y licor.

Marin Alsop, destacada figura del sello Naxos que aquí realiza su presentación en Decca, se encarga del rescate al frente de la orquesta de la que es titular, una más que notable Sinfónica de Baltimore, en este compacto que también incluye las deslavazadas Variaciones “I Got Rhythm” y, cómo no, la Rhapsody in Blue, obviamente en su versión jazzística (la primera de las tres diferentes orquestaciones realizadas por Gofré). La directora neoyorquina hace gala de un notable conocimiento del idioma, pulso sostenido y buen gusto, ofreciendo ritmo y brillantez sin caer en excesos, pero no sintoniza del todo con su solista.

Y es que el irregular Jean-Yves Thibaudet, aun haciendo gala de un sonido muy adecuado, poderoso y un punto percutivo, como también de una enorme agilidad digital y de un elevado sentido del swing, no siempre logra la concentración deseable, fraseando en ocasiones con exceso de nervio e incluso dejándose llevar por el mero virtuosismo, lo que se evidencia en el final del Concierto y, sobre todo, en la Rahpsody in Blue, algo que también ocurría en su primer registro de la pieza (junto a Hugh Wolff). Sea como fuere, un interesante y recomendable disco en el que, dicho sea de paso, bien hubiera cabido Un americano en París. Sonido excepcional.

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Artículo escrito en mayo de 2010 para la revista Ritmo, finalmente no publicado por falta de espacio.

sábado, 1 de enero de 2011

Concierto de Año Nuevo 2011: francamente, peor que la mayoría

No sé quién fue el cachondo que bautizó a “Frankie” Welser-Möst como Frankly Worse than Most, pero desde luego dio en la diana: no es que el austríaco sea un mal director, simplemente es peor que la mayoría. La mayoría de los directores famosos, se entiende. Eso mismo se puede aplicar al Concierto de Año Nuevo que acaba de terminar, para el que la Filarmónica de Viena le ha invitado a tenor de su nombramiento como titular de la Staatsoper. Lo mejor, a mi juicio, ha sido el brío y el entusiasmo que ha sabido inyectar a las piezas rápidas, dichas además con un sentido del humor rústico de lo más adecuado. Lo peor, la tosquedad general de sus interpretaciones, el carácter lineal y poco matizado de las mismas, la falta de elegancia y la tendencia a que todo suene de mezzoforte para arriba. Por ello han sido los valses lo menos satisfactorio de un programa con numerosas piezas nuevas en el uno de enero.

Se abrió el concierto con una sosa y cuadriculada recreación de la Reiter-Marsch de Johann Strauss. Le siguieron el vals Donauweibchen, escaso de estilo, y unas animadas Amazonen-Polka y Debut-Quadrille del mismo autor. Más bien basto le quedó el vals Die Schönbrunner, de Josef Lanner, cerrándose la primera parte con una extrovertida y muy alegre Muthig voran!, polca rápida de Johann Strauss.


La segunda arrancó de manera trepidante con la obertura de Ritter Pasman para continuar con un correcto vals Abschieds-Rufe, páginas ambas de Johann. Pasamos al padre con el Furioso-Galopp sobre motivos de Liszt, donde de nuevo Welser-Möst evidenció su problema para conjugar la manifiesta electricidad de su batuta con ese particular sentido de la elegancia y la transparencia que demanda este repertorio. Del propio Liszt escuchamos el Vals Mephisto nº 1, dicho con muchísimo virtuosismo por la orquesta y más bien escasa imaginación por parte de la batuta. Correcta la Polca mazurca Aus der Ferne, de Josepf Strauss, y algo nerviosa la Marcha española de Johann, rematada por un final bastorro. Los aires hispanos continuaron con la danza gitana de Die Perle von Iberien, de Joseph Hellmesberger, que sonó con el adecuado sabor folclórico, y se remataron con un vistosísimo Cachucha-Galopp de Johann padre. Mein Lebenslauf ist Lieb und Lust, de Josef Strauss, fue el vals mejor recreado por el maestro austríaco.

De propina, la polca rápida Sin demora de Eduard Strauss, trazada con enorme animación, un Danubio Azul prosaico y por momentos algo gangoso y una Marcha Radetzky dicha de trámite. Total, un concierto de Año Nuevo no malo… Simplemente peor que la mayoría.

PS. En este enlace se ofrece una crítica mejor realizada que la mía y la noticia de que el próximo concierto del 1 de enero lo protagonizará... Mariss Jansons. Oh, no.

PS2. Otra valoración poco positiva en el blog de Nina la Pazza (enlace). Aprovecho para incluir un vídeo desde Youtube.

La canción de la Tierra, de Gustav Mahler: discografía comparada

Tenía muchas ganas de presentar una comparativa de la obra maestra absoluta de Gustav Mahler , un compositor que parece interesar bastante a...