domingo, 4 de octubre de 2026

Las cancelaciones no son culpa suya

He escrito varias entradas muy parecidas a esta. Merece la pena insistir. 

Vengo de urgencias. El COVID me ha pillado bien, ha ido de menos a más y me está causando trastornos dolorosos. Entre otros, como no podía ser menos, la pérdida de la voz. Es decir, del instrumento de trabajo que utilizo para hacer lo que más me gusta en la vida y aquello para lo que creo que estoy más capacitado. La sensación es de impotencia y humillación.

La consecuencia a extraer resulta obvia: no tenemos ningún derecho a enfadarnos cuando uno de nuestros cantantes favoritos cancela. Cierto es que hay cancelaciones producto del capricho, como también del egoísmo. Ya se sabe que a veces sale un contrato jugoso o una sustitución a última hora en un lugar importante, así que algunos pocos sinvergüenzas cancelan lo previsto para acudir a los ensayos de aquello otro que nos interesa más. Dicho esto, estoy convencido de que en la inmensa mayoría de los casos los cantantes cancelan porque REALMENTE la voz está tocada. ¡Qué fácil resulta olvidarnos de que son los únicos músicos cuyo instrumento es su propio cuerpo! Verse obligado a renunciar a las funciones previstas después de duros ensayos, de ilusiones y de tremendos deseos de encontrarse con el público debe de suponer un golpe psicológico durísimo. Si encima les apaleamos desde las redes, lo que hacemos es ponérselo muchísimo peor a quienes no han estado pensando sino en darnos lo mejor de su arte.

Valga esta reflexión para cualquier artista y cualquier momento, pero hoy va dedicada a Xabier Anduaga, que ha tenido que cancelar su recital previsto para esta tarde en el Teatro Real por culpa de una afección respiratoria que suena a ese mismo virus que ahora mismo nos está afectando a miles de españoles. Vayan para él mis mejores deseos.

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