Me repugna profundamente la dictadura de extrema izquierda que Venezuela ha estado soportando durante años, primero con Chávez y luego con Maduro. Me repugna la que sufre ahora con esa Delcy Rodríguez convertida en títere del vampiro Donald Trump. Me repugna María Corina Machado como líder de la oposición aspirante a presidenta. Pero me aguanto. Con lo que no puedo es con el desastre natural que acaban de sufrir allí. De hecho, apagué el telediario durante el almuerzo. Demasiado para el cuerpo.
Lo peor de todo es que no hay nada que hacer. Únicamente se me ocurre confirmar desde mi rincón que sus hermanos españoles –todos los de aquí nos sentimos hermanos de los del otro lado– les tenemos el mayor cariño, que tienen nuestras puertas abiertas –en mi ciudad hay una importante colonia de refugiados de Venezuela– y que nos gustaría que por una vez todos los políticos se pusieran de acuerdo para que la prioridad sea ayudar económicamente a las personas que han sufrido los daños del terremoto. No lo harán, menos aún con Trump de por medio. Millones de abrazos al pueblo de Venezuela.
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