Dice el veterano Rafael Ortega Basagoiti en este artículo de Scherzo que es una pena que se esté perdiendo la crítica de conciertos. La tradicional, la que se hace bien sobre papel, bien por suscripción en internet, en diarios y revistas especializadas. En él hace referencia a este otro artículo en el que plantean sugestivas preguntas en torno a esta progresiva sustitución de los “críticos de renombre” por esa presunta “democratización de la crítica” que es internet. Quién vigila. Quién filtra contenidos de, por ejemplo, un blog como este. Nadie, habría que responder. El bloguero o forero de turno escribe y luego se le hará mayor o menor caso. O ninguno.
Realmente, nadie garantiza que lo que escribamos en las redes tenga fiabilidad. Lo que ocurre es que tampoco los críticos “de toda la vida”, los “profesionales”, los que siguen la partitura en su tablet durante el concierto (¡viva el postureito fino!) y en el intermedio departen con los responsables de la organización, tampoco tienen filtro. ¿De verdad me quieren ustedes hacer creer que la mayoría de los redactores jefe ponen como prioridad la capacidad del crítico para aunar conocimientos y compromiso, léase valentía para decir las cosas? ¿No habrá quienes antepongan otros intereses más mundanos? ¿No existen acaso los que tienen en cuenta la publicidad en sus páginas, los vínculos del medio como patrono de determinada institución o incluso la necesidad de quedar bien ante los lectores? Circunstancias estas que, como todo el mundo sabe, un crítico con pocos escrúpulos puede, con total independencia de su mayor o menos nivel de conocimientos, aprovechar luego para codearse con los artistas, para hacerle un favor al amiguete con el que luego se va a cenar o incluso –esto lo he visto personalmente– para que te coloquen a tu esposa en el teatro. Con éxito.
Viene esto a cuento porque, de las cuatro críticas “oficiales” que he podido leer del concierto de Riccardo Muti en el Festival de Música y Danza de Granada, solo dos me han parecido realmente profesionales. Es posible que ambas se pasen de rosca a la hora de poner mal a la orquesta que se trajo el maestro Muti, porque al fin y al cabo era una formación de chavales y los que allí acudíamos sabíamos lo que nos podíamos encontrar, pero son respetuosos no solo con los músicos, sino también con los lectores. Se mojan. Pero las otras dos solo de manera muy solapada insinúan las insuficiencias de la Orquesta Joven Luigi Cherubini, trasmitiendo una imagen de triunfo artístico que en absoluto fue tal. Y no me vengan con la subjetividad de la crítica. Subjetivo es si te gusta o no el concepto interpretativo del artista de turno. Pero los desajustes son los desajustes, las pifias son las pifias. En el concierto del pasado domingo 28 en el Carlos V las hubo. No es subjetividad, no es percepción. A quienes somos más duros de oído se nos pueden pasar por alto determinados problemas de afinación, estridencias, puntuales ausencias de empaste y cosas así, pero a nadie se le escapan ni la mera discreción del nivel medio ni, menos aún, los “gambazos” sonados. Hace un montón de años vino Karajan a Madrid con sus Berliner Philharmoniker. En el Bolero de Ravel pasaron cosas terribles con el trombón: aquello fue un escándalo por tratarse de quienes se trataba, e incluso hay quien afirma que el maestro tomó represalias contra el instrumentista. Pues bueno, en el Carlos V pasó lo mismo y ciertos críticos se lo callan. El concierto fue buenísimo, y punto. Y claro, cuando el medio es de muy elevado prestigio y los lectores tenemos que pagar suscripción para leer, el asunto es más grave: se nos está dando gato por liebre. Se nos engaña.
Lo que más me ha llamado la atención es que ninguno de los cuatro críticos hace apenas referencia, salvando algunas pinceladas puntuales, al “estilo” de la interpretación, a la postura expresiva de Riccardo Muti frente a la partitura. Se fijan en lo cuantitativo, en cuánto de bien sonó aquello –bastante bien para dos de ellos, poco para los otros dos–, pero no en lo cualitativo, en cómo estuvo sonado. A mi modo de ver, y esto sí que es plenamente subjetivo, allí nos encontramos a un Riccardo Muti muy distinto del de otros tiempos. A ver si hablo de ello en la siguiente entrada.
¿Quiero decir con todo esto que los que escribimos en la red somos mejores que “los de toda la vida”? Bajo ningún concepto: una afirmación así sería una falacia monumental. En todas partes hay de todo. Lo que sí quiero dejar claro que, si a los críticos que nos movemos en blogs o foros de internet no nos vigila nadie, a los otros tampoco. ¡Y hay por ahí quienes escriben cada cosa!

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