Acontecimiento el pasado sábado 2 de mayo en la Filarmónica de Berlín: con andador y llevando nada menos que noventa y ocho años a sus espaldas, Herbert Blomstedt se marcó una Séptima de Bruckner gloriosa. Largo silencio al terminar y prolongadísimos aplausos del respetable, que me parece que no eran solo por la interpretación, sino también como homenaje a la carrera del maestro noruego-estadounidense. Gran recreación, insisto, que ya mismo se pone entre las más grandes de las últimas décadas. Vamos a matizar, empezando por la orquesta.
Soy de los quienes piensan que la labor del director es la determinante, pero parece obvio que la Filarmónica de Berlín tuvo muchísimo que ver con la circunstancia de que Sergiu Celibidache y Daniel Barenboim lo hicieran particularmente bien allá por 1992 en sus referenciales recreaciones. Lo mismo puede decirse ahora, con el añadido de que esta nueva orquesta –de aquellos tiempos no debe de quedar casi nadie– es todavía mejor que la de entonces, aunque parezca imposible. Mejor en empaste, en solidez de ejecución (¡impresionantes metales!), en depuración sonora, en implicación expresiva de los primeros atriles (¡qué flauta la de Emmanuel Pahud!). También en maleabilidad, y justo aquí quería yo llegar: al señor Blomstedt la formación berlinesa no le ha sonado exactamente como suele, sino un tanto a orquesta sajona, más concretamente a la Gewandhaus de Leipzig de la que el maestro fue titular. Creo que es voluntario. Blomstedt quiere hacer un Bruckner sonado sin tanta densidad, más luminoso, más terso en la cuerda, sin tanto músculo, de metales especialmente empastados y gran tersura. Quiere hacerlo, sabe hacerlo y además convence a la orquesta para que lo haga.
Tales decisiones tienen que ver con la idea expresiva. ¿Bruckner otoñal? Si por ello entendemos lentísimo, desmaterializado, más pacífico que rebelde y un tanto resignado, pues no. Rotundamente no. Tempi normales, tensión dramática plena cuando es necesario –implacable, soberbio Scherzo– y ninguna resignación. Ahora bien, sí que es cierto que lo de Blomstedt se aparta de la línea digamos escarpada y combativa de un Furtwängler, un Walter, un Jochum o un Barenboim para acercarse a esa otra en la que podemos clasificar a Giulini, a Celibidache, a Ozawa y, curiosamente, a Sir Georg Solti, cuya grabación en audio de Chicago fue comentara en Ritmo con enorme lucidez por Luis Gago hace siglos: un Solti "disfrazado" que no parece él mismo.
¿Y qué línea es esa? Pues la de un Bruckner lírico, claro está. Ni lo épico ni lo trágico –esta obra tiene más de lo primero que de lo segundo– se ponen en primer plano. La música se ve desde cierta abstracción digamos que "clásica", relativamente apartada del gran pathos "romántico", pero las tensiones están ahí. Y también el amargor: impresionante arranque del Adagio, que si no es la mejor música de la historia, como decía Böhm, bastante se le acerca. Lo importante es que, aun moviéndose en terrenos parecidos, Blomstedt no cae en el error de Andris Nelsons, precisamente en su registro con la Gewandhaus: confundir lo lírico con lo pacífico, con la ausencia de claroscuros y con lo en exceso meditativo.
El secreto del "archiveterano" maestro se encuentra en el estudio de las tensiones. Lo que decía Barenboim acerca de concebir el discurso como una única transición, lo consigue Blomstedt con una aparente facilidad que asombra. No hay ni rastro de ese nerviosismo que afecta a tantísimos maestros en este repertorio, el de Buenos Aires incluido. Tampoco caídas en el discurso ni puntos muertos, el otro gran peligro. Todos los ascensos a los picos de tensión suenan con la mayor naturalidad, como si se llegara a ellos sin esfuerzo. Nada de forzar a los metales ni de recurrir al decibelio y la opulencia sonora. ¡Qué distinto suena este Finale de los tan imponentes como artificiales que ofrecía Karajan!
Total, una versión increíblemente bien tocada y de enorme altura expresiva que sigue los pasos de una que hasta ahora no he citado, la de Haitink con la misma orquesta de 2019, pero que alcanza un grado de inspiración –por su cercanía y humanismo– aún mayor que aquella. Suena y se ve de maravilla. No se la pierdan.

5 comentarios:
Precisamente ayer pude apreciar por primera vez esta maravillosa interpretación, que me enganchó desde el primer compás. Estaba tan emocionado que ni terminaba el primer movimiento y llamé a un amigo para comentarle! Me tomé con calma la cosa, como disfrutanto una cena de celebración. Como bien señalas, las cumbres sonoras se sentían totalmente naturales, las tensiones no te rompen el discurso, todo en su lugar pero al mismo tiempo sientes que estás escuchando la sinfonía por primera vez. Maravilloso el movimiento lento con una profundidad que ni Karajan alcanzó y el coro de tubas Wagner estuvo magnífico. El Scherzo lleno de detalles que lo hacen chispeante. Y el Finale, caramba fue el que más me sorprendió porque este movimiento casi siempre palidece en comparación a los dos primeros y hasta se pasa por agua tibia, total ya la sinfonía dió casi todo en su primera parte; pero Blomstedt lo llevó a cabo con una presentación de los temas tan amena y profunda que me volvió a meter en la música de nuevo! Es cierto que esta gente de los Berliner Philharmoniker está a un nivel superlativo y todo lo que tocan lo hacen con maestría insuperable, pero también se nota a leguas la mano de Don Herbert: una maravilla. Punto aparte, me sorprendió que al concluir este finale no saltara todo el mundo de los asientos y soltaran papel picado aullando como hienas. Primero pensé en alguna indicación para efectos de una grabación de audio; fue casi un minuto de silencio total hasta que por fin alguien soltó un Bravoooo!!! Y yo como loco frente a la pantalla también gritando y silbando! Por qué no estuve ahí?! Ya es hora que la Digital Concert empaquete todo este material de Blomstedt y nos lo presente en físico adecuadamente, en audio, video, con fotos y demás. Esa Quinta de Nielsen también merece un lanzamiento aparte. Ah! y no te pierdas la entrevista, que en realidad es una disertación del gran director, es estupenda. Escucharlo tararear los temas es entrañable, siempre lo ha hecho y demuestra el gran amor que tiene por la música. Allí dice que efectivamente en esta sinfonía el clímax se alcanza en el segundo movimiento. Bueno, podría seguir con diez mil palabras más (se nota que es mi sinfonía favorita, verdad?) pero este es tu blog y siempre te sigo, agradecido por tus publicaciones y tus comentarios. Saludos desde Lima.
¿Lima? ¡Qué envidia! Es una de las dos grandes cuidades americanas que me gustaría conocer. La otra es Ciudad de México. En ambos casos es por su espectacular Barroco. Por cierto, que en Lima hay gente con mi apellido Vargas-Machuca, que no es usual. Lo hay aquí en Jerez de la Frontera, en Jaén, en Ceuta... ¡y en Lima! Millones de gracias por compartir sus impresiones sobre este inolvidable concierto.
Muchas gracias por la publicación. Tal vez tengamos la suerte de que alguna compañía discográfica, como Decca o Deutsche Grammophon, publiquen en audio CD (no video) la presente toma en vivo, tal como hizo el citado sello amarillo con el último y genial Franck de Barenboim.
¡Yo también espero que esto se edite en audio de alta calidad! Las imágenes están muy bien, pero muchas veces escuchamos música sin querer o poder prestar atención a la imagen. O en formato portátiles (archivos digitales que nos llevamos a donde sea). Lo mismo pasa con Barenboim. Hay cosa de sus últimos años increíbles que no están en audio.
Don Fernando, le comento que en mis épocas universitarios conocí a una compañera con sus apellidos, tal cual: Vargas-Machuca, con todo y guión; esto en Trujillo del Perú.
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