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Adiós, Michel

Nunca he sido gran amante del jazz –aunque me gusta, por descontado– ni me he visto especialmente atraído por la chanson. Tampoco he sentido particular interés por la música de Michel Legrand. Pero hete aquí que ayer me dejó mal sabor de boca conocer el fallecimiento del compositor parisino. Decidí ver en su homenaje un blu-ray que tenía hace mucho tiempo aparcado, el del recital junto a Natalie Dessay filmado –con verdadera excelencia en la planificación visual– en los jardines de Versalles en el verano de 2014, cuando el artista contaba 82 años. Y quedé más tristre.


Porque el señor Legrand, aparte de un extraordinario maestro del jazz al piano –deliciosa la serie de imitaciones de grandes maestros que realiza en este recital–, es el autor de algunas de las canciones más bellas que se hayan compuesto. Canciones forman parte de nuestras vidas, independientemente de que hayamos visto o no las películas para las que muchas de ellas fueron compuestas o incluso de que sintamos interés por el citado género lírico: su enorme inspiración las ha hecho formar parte del imaginario popular del siglo XX.

Legran toca al piano de maravilla a su edad. Cantar, canta rematadamente mal, pero solo lo hace aquí dos veces. Dessay está estupenda, por las mismas razones que la yan llevado al olimpo de la clásica: no por su cualidades canoras sino por su capacidad por recrear con intensidad y sinceridad la expresión exacta que demanda cada frase. Su señor marido Laurent Nauri también está espléndido en sus apariciones sorpresa. Y los cuatro instrumentistas que se trae Legrand son sensacionales.

En fin, querido Michel, olvidaré de una vez por todas tu terrible banda sonora para Nunca digas nunca jamás y te recordaré como lo que a todas luces has sido: uno de los grandes músicos del siglo XX.

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