martes, 27 de marzo de 2018

Un bodrio semanasantero

Algunos de ustedes ya saben que soy entusiasta de la Semana Santa sevillana y jerezana, así como indisimulado amante de la buena música que forma parte de nuestros desfiles procesionales. Pero confieso que con frecuencia se escuchan bodrios que a mí me resultan imposibles de soportar.


Ayer Lunes Santo se me pusieron los pelos como escarpias cuando tuve que aguantar –Hermandad de la Cena de Jerez– una de las más horrorosas marchas que forman parte del repertorio más habitual de esos terroristas del pentagrama que se denominan "agrupaciones musicales" y que suelen ir detrás de los pasos de misterio de ciertas hermandades para complacer los gustos del público más chabacano que llenan nuestras calles: imaginen la cara de los canis y de sus respectivas chonis cuando los pasos se mecen a los sones de semejante chunda-chunda. La cosa en concreto se llama "Alma de Dios" y la gestó un tal Manuel Rodríguez Ruiz –el Señor le tenga en su gloria– a partir de la zarzuela homónima de José Calixto Serrano Simeón (sí, el de La canción del olvido). Hoy Martes Santo la hermandad sevillana de San Esteban amenaza con taladrar nuestros oídos con la dichosa marchita. Estaremos prevenidos.

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