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Barenboim, Celibidache y los conciertos de Brahms

Daniel Barenboim y Sergiu Celibidache grabaron en vídeo los conciertos para piano de Brahms en 1991. El resultado, unánimemente alabado por la crítica, pudimos en su momento conocerlo en VHS y Laser Disc. Ahora tenemos las filmaciones por fin pasadas a DVD por Euroarts con imagen y sonido notables para la época, aunque por debajo de los estándares de hoy día. Hay que tenerlo en la estantería, en cualquier caso, porque nos encontramos ante la confluencia entre dos genios de la interpretación que fusionan sus estilos para ofrecer lecturas con toda la riqueza posible, ofreciendo humanismo, atmósfera, tensión, rebeldía, sensualidad y luminosidad a partes iguales. La polifonía es asombrosa, como también el sonido brahmsiano de piano y orquesta, densos, poderosos y claros a la vez. Ni una frase hay mecánica o descuidada; todo es natural, flexible, lógico y lleno de significado. Hay muchas grandes versiones por ahí, pero pocas se habrán escuchado con semejante grado de fusión entre incandescencia extrema -pero controladísima- y hondura poética.

Celibidache Brahms conciertos piano DVD Euroarts

Dicho esto, me gustaría hacer alguna matización. A mi modo de ver, la mayor compenetración entre los artistas se consigue en el Primero, toda vez que no solo Barenboim hace suyo el singular temperamento de Celibidache (cuando le escuché la obra en Granada dirigiendo a Lang Lang esto se evidenció también en su batuta), sino que el maestro rumano inyecta a su otras veces muy contemplativo y esencial Brahms tardío una buena dosis del carácter dramático, escarpado y rebelde del de Buenos Aires: impresionantes en este sentido los clímax del Maestoso, sin arrebatos pero de una tensión inigualable. Tampoco podemos desdeñar precisamente al Adagio y su singular mezcla de poesía, dolor y elevación espiritual. El tercer movimiento, cómo no, posee la brillantez y el encanto requeridos, si bien tomándose las cosas con calma y analizando a la perfección el entramado orquestal.


En el Segundo, siendo igualmente excelso, las cosas no funcionan exactamente igual. Y es que aunque los dos artistas coinciden en comprender a la perfección el estilo brahmsiano, con lo que tiene de densidad sonora, naturalidad en el fraseo, nobleza expresiva y hondura filosófica, no se establece un diálogo tan rico entre el enfoque sereno y otoñal -aunque siempre lleno de fuerza- de Celibidache, que se mantiene hasta cierto punto analítico y distanciado, y el mucho más tempestuoso y dramático de un Barenboim rico e imaginativo en los acentos, inflamado sin perder el control pero más variado, imaginativo y comprometido en lo expresivo. Lo diré de otra manera: el pianista, que alcanza aquí uno de sus más geniales logros fuera del terreno beethoveniano, aporta aún más a la interpretación que el maestro.


La Filarmónica de Múnich realiza una muy buena labor, pero no logra disimular que no se encuentra entre las primeras del orbe, sobre todo por la calidad de algunos solistas: el chelo del tercer movimiento del Segundo es el caso más significativo. ¿Qué hubiera sido esto con las filarmónicas de Berlín o Viena? En cualquier caso, no es necesario insistir en que nos encontramos ante un documento de valor extraordinario. Si saben ustedes buscar, lo encontrarán por ahí a buen precio. Y si no, siempre tienen los youtubes.

Comentarios

Juan Zaragoza ha dicho que…
Veo, Fernando, que a ti Barenboim te tira un poco menos que a nuestro querido Carrascosa, quien afirma, literalmente sobre estos conciertos:

“Puede que éstos que ahora se lanzan, con Celibidache, sean los más geniales de todos ellos”

La pregunta sería: ¿Cuáles son, en tu opinión, los conciertos para piano de Brahms más geniales llevados al disco?

¿Y en vídeo?

Muchas gracias de antemano.

Juan Zaragoza.
Ante todo, Juan, perdona pro el retraso en contestar.

A mí me pasa como a Ángel, las interpretaciones que más me gustan de los dos conciertos son estas de Barenboim con Celibidache. También me gustan muchísimo las otras del argentino con Barbirolli y Rattle, y un poco menos las de Mehta y Kubelik.

Pero luego hay otras. Sobre todo, las sensacionales de Jochum con Gilels, este último con el más impresionante sonido brahmsiano que he escuchado. O las de Bernstein dirigiendo a Zimerman, que están en CD y en DVD.

También me gusta bastante el Primero con Haitink y Ashkenazy, aunque esté un tanto por debajo de todos los citados.

Y hace muy poco escuché un Segundo sensacional en el Digital Concert Hall de la Filarmónica de Berlín: Ove Andsnes con Haitink.

Las clásicas de Arrau y Giulini hace siglos que no las escucho. Saludos.

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