sábado, 8 de octubre de 2016

Rattle y Gavrilov en 1977: inmadurez y genialidad

Al hilo del nombramiento de Sir Simon Rattle como futuro titular de la London Symphony, el sello Warner se apresta a reeditar, mediando una nueva remasterización en HQ, el primer disco del maestro de Liverpool con la célebre formación británica, registrado por EMI en los estudios de Abbey Road en el mes de julio de 1977, cuando el director contaba tan solo con ¡veintidos años! Concierto para piano nº 1 de Prokofiev y Concierto para la mano izquierda de Ravel en los atriles. Como solista, el hoy desaparecido Andrei Gavrilov –le escuché en 2008 en el Villamarta, regular de dedos–, solo unos meses más joven que su colega. Los resultados son irregulares y, como intentaré explicar, tienen mucho que ver con la corta edad de los dos artistas, para lo bueno y para lo no tan bueno.


La interpretación del Prokofiev resulta personal y muy atractiva, pero a mí no me acaba de convencer, sobre todo por parte de la batuta. En perfecta comunión con un solista dotado de un virtuosismo descomunal que no excluye la variedad en el toque, Rattle propone una interpretación juvenil en todos los sentidos, brillante y fogosa a más no poder, de una incandescencia fuera de serie, dispuesta a colorear timbres y a marcar aristas, también a subrayar el humor grotesco que anida en la partitura, y desde luego a desplegar garra dramática y lirismo doliente en el segundo movimiento. Lo que ocurre es que, por desgracia, este “ardor juvenil” implica también mucho de velocidad y precipitación, de nerviosismo incluso, de fuegos artificiales que se ponen por encima del sentido atmosférico y de la reflexión que también demandan las notas. De inmadurez, en definitiva.

El Concierto para la mano izquierda de Ravel funciona bastante mejor, aunque lo cuerto es que recibe una recreación poco o nada idiomática desde el punto de vista de la ortodoxia raveliana. Los dos artistas proponen una visión particularmente tensa y encrespada, incluso virulenta, de progresión amenazadora e implacable, apremiante en su sentido del ritmo y con claroscuros muy marcados tanto por la batuta como, especialmente, por un piano de sonoridad poderosísima, temperamento encendido y virtuosismo espectacular. Por ventura, la planificación del vehemente Rattle resulta minuciosa, atenta al color y a las texturas, y aunque el fraseo no es precisamente relajado tampoco cae –como sí ocurría en Ravel– en el exceso de nervio, encontrándose los clímax perfectamente estudiados para que las descargas alcancen una fuerza dramática espectacular. En fin, discutibilísimo pero genial. La toma sonora, que equilibra de manera muy convincente –asunto nada fácil– solista y orquesta, se ve magnificada por la escucha en HD, formato éste que libera y otorga toda su significación a los decisivos registros más graves de la partitura.

Hay propinas por parte del solista, grabadas asimismo en Abbey Road en las mismas fechas. De las piezas para piano extraídas del Romeo y Julieta por el propio Prokofiev, el pianista moscovita ofrece las nº 2 y 9, Escena y Danza de las jóvenes con lirios: esta última aún mejor –bastante mejor: más creativa, personal e inspirada– que en el registro de la selección completa realizado por el mismo artista en 1992 para Deutsche Grammophon. Y la Pavana para una infanta difunta sorprende porque al indispensable refinamiento que exige esta página aporta un temperamento no ya doliente, sino terriblemente encrespado, muy en la línea de lo que hace con el Concierto para la mano izquierda. En el referido disco del sello amarillo volverá a grabar esta obra, y lo hará tomándose las cosas con más calma (7'48 frente a los 6'24 del registro de EMI que comento), paladeando las melodías con aún mayor cantabilidad y aportando una todavía más desarrollada depuración sonora, pero con un grado algo menor de carga dramática del que aquí hace gala.

En fin, un disco no ya espléndido sino obligatorio, pero no por el concierto de Prokofiev sino por el de Ravel y las propinas.

viernes, 7 de octubre de 2016

Solti con piloto automático: Octava de Bruckner

Hce pocos días el lector Nemo me comentaba que a veces Sir Georg Solti parecía poner el piloto automático. Le replicaba yo que, aun tratándose de un enorme director, esto no dejaba de ser verdad, sobre todo en los últimos años de su trayectoria. Como ejemplo de ello he querido traer esta Octava de Bruckner con la Chicago Symphony que pude conocer en su momento (¡muchas gracias, Radio Clásica!) y ahora he tenido la oportunidad de repasar. Registrada en vivo, con espléndida toma sonora, en San Petersburgo en noviembre de 1990, los resultados dejan bien claro que, al igual que el maestro maduró como director bruckneriano –y se diría que como intérprete en general– en los años ochenta, algo de lo que daba buena cuenta su maravillosa Séptima de 1986, a partir de entonces su batutaría empezaría a perder el nivel alcanzado.


Por descontado que en esta Octava la planificación es portentosa; que la polifonía está plenamente atendida; que la claridad es admirable; que el fraseo resulta tan natural como concentrado –ni nerviosismo ni precipitaciones, como tampoco blanduras ni languideces–; que los picos de tensión se alcanzan con una lógica portentosa; y que la increíble sección de metales de la orquesta norteamericana está plenamente aprovechada para ofrecer una brillantez fuera de serie sin que ésta, en modo alguno, traiga consigo la ampulosidad o el exceso de retórica.

Y sin embargo, el maestro falla. Aunque no es él precisamente, por su propia personalidad interpretativa, quien vaya a regatear los aspectos más dramáticos y escarpados de la partitura, la falta de inspiración se deja notar. Todo suena un tanto líneal, frío, distanciado, los clímax resultan más externos que sinceros y la sensualidad y la hondura humanística se pierden por el camino. En el Finale se consiguen los mejores momentos, aunque éste tampoco es redondo y la coda decepciona de manera considerable: suena equivocadamente épica.

¿Mi versión favorita? Difícil escoger, aunque quizá me decante por la filmación de Karajan con la Filarmónica de Viena en San Florián.

jueves, 6 de octubre de 2016

Bartók por Dorati: sensualidad antes que expresionismo

PD: Esta entrada la publiqué hace días, pero ayer la borré por error. Buceando entre los borradores he podido recuperarla. Mil perdones a los lectores que habían dejado comentarios en su primera aparición.

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Gracias a una tienda de segunda mano he conseguido por un precio de risa este disco registrado por Decca en 1983 en el que el maestro de Budapest Antal Dorati se pone al frente de la Sinfónica de Detroit para interpretar dos obras de quien fuera su profesor de piano: el mismísimo Bela Bartók. Esto en principio supone un rigor absoluto en el estilo, pero tras la audición el asunto no me ha quedado tan claro: no he encontrado aquí con tanta claridad como con otros directores –pienso en un Reiner o un Solti– ese sentido rítmico tan peculiar que subraya los vínculos de este universo sonoro con el folclore magiar, ni tampoco esa incisividad tímbrica ni esa garra dramática a la que estamos acostumbrados, sino más bien un muy notable interés por la sensualidad y por el misterio que dicen cosas nuevas sobre este repertorio. Eso sí, funcionando mucho mejor en la primera de las obras incluidas en el compacto que en la segunda.


Efectivamente, la versión completa del ballet El mandarín maravilloso recibe una interpretación de primer nivel, a la altura de las de Boulez, Dohnanyi, Abbado y Chailly. O casi: he comparado con la citada de Abbado, registrada tan solo un año atrás por DG, y lo cierto es que Dorati no llega a conseguir la extrema garra dramática y la trepidante inmediatez expresiva de su colega; en contrapartida, ofrece quizá un sentido tímbrico más sensual que pone de relieve el parentesco de esta obra con el impresionismo, y alcanza quizá unos clímax más atmosféricos, densos y opresivos. Lástima que flojee un poco el final, a partir de la sección coral: la concentración y el misterio podían ser aún mayores.

La interpretación de la Música para cuerdas, percusión y celesta sobresale de nuevo por un muy desarrollado sentido atmosférico, quizá más sensual que opresivo aunque no por ello menos interesante; también sabe ser refinada en las texturas y mostrarse atenta al tejido contrapuntístico. El problema es que aquí Dorati, el contrario que en el Mandarín, no solo se desentiende en exceso de las aristas tímbricas y expresivas de la partitura, sino que además no parece dominar algo tan decisivo en esta página como es el manejo de las tensiones. Así ocurre en un primer movimiento donde no se notan el “ascenso” y el “descenso” en torno al gran clímax central, y también en un movimiento conclusivo falto de empuje rítmico, de fuelle y de garra. Los centrales están mucho mejor, aunque el segundo resulte un poco laxo y en el tercero se puedan preferir enfoques más inquietantes. Disco grande a medias, en definitiva.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Jerez: Una nueva oportunidad para la ópera en cines

Entre 2009 y 2010, si no me equivoco en las fechas, los Cines Yelmo de Jerez se apuntaron al proyecto de ofrecer ópera. Fue un monumental fracaso. Al año siguiente lo intentaron los hoy desaparecidos Cines Ábaco. No funcionó mejor: tres personas en Fidelio de Haitink, cuatro en la Bohème de Nelsons, siete en el ballet Mayerling... Un desastre. De ello me hice eco en este blog:
"¿Dónde estaban todos esos jerezanos que se dicen amantes de la ópera y hasta hace pocos años guardaban cola para asistir a algunas de las funciones de nuestro teatro? Novelería, mayormente, diluida con el paso del tiempo. ¿Dónde estaban los numerosos miembros del Coro del Villamarta? Parece que lo que les gusta es salir a escena, pero no escuchar ópera y aprender de paso algo sobre el género. ¿Dónde están los miembros de la asociación La Arcadia? Pues allí donde “sean algo” y puedan figurar, alternar con los artistas y medrar en el mundillo, porque ser público corriente y moliente no va con su espíritu. ¿Y dónde están todos aquellos que claman al cielo por la posibilidad de que, con el nuevo gobierno municipal encabezado por el PP, el Teatro Villamarta pierda su programación lírica o incluso eche el cerrojo? Cuento, mucho cuento es lo que hay en mi tierra."
Quienes lean los comentarios a la entrada original, comprobarán cómo saltaron enseguida los del Coro del Villamarta. Era de esperar. Pero mis quejas sirvieron de poco: la empresa decidió dejarse de experimentos y optar por una programación puramente comercial, para finalmente echar el cerrojo. Cuando Yelmo empezó a retransmitir las óperas desde el Met en España, Jerez de la Frontera quedó fuera del circuito, aunque sí se apuntaron al carro ciudades con no mayor tradición lírica que la ciudad gaditana, como pueden ser Albacete o Logroño. Y ahí siguen. Hace unos meses fui a ver Elektra en Valencia: la sala más grande de los Yelmo Campanar estaba casi llena. El asunto funciona a pesar del elevado precio de las entradas, que por otra parte es mucho menor si se saca un abono. Los hay de cinco y de diez sesiones, y se ahorra bastante.


Pues bien, se nos da una nueva oportunidad a los aficionados de Jerez: por primera vez, se retransmite en directo la temporada del Met. Comienzan el próximo sábado 8 de octubre con el Tristán e Isolda que dirige Rattle. Yo ya tengo mi entrada. Por lo que veo en la taquilla on-line, de momento hay vendidas ocho en total. Entiendo que no es fácil para muchos pagar un precio (21 euros si no se saca abono) muy superior al de las películas comerciales. También entiendo que algunas funciones coinciden con espectáculos en directo en el Villamarta. Y que pueden coincidir con compromisos familiares varios. Todas las funciones son los sábados por la tarde –son matinales en Nueva York–, y ya se sabe lo que pasa: que si los niños, que si la compra, que si salir a cenar es mucho mejor que meterse cuatro y hasta cinco horas en una sala oscura... Estamos de acuerdo. Yo mismo no podré ir a todas, que son diez en total, pero sí espero al menos asistir a seis o siete. Y seguro que mucha gente puede hacer lo mismo, si es que de verdad les interesa la ópera.

Miren ustedes, para que los proyectos culturales salgan adelante tiene que haber no solo un público que los reclame y una organización que satisfaga la demanda. Es imprescindible que, además, se congregue una asistencia lo suficientemente numerosa como para justificar la inversión. Probablemente con cuarenta o cincuenta personas en cada una de las diez funciones bastaría para que se repitiera la experiencia. Es el momento de que los aficionados de Jerez demuestren que, además de quejarse por la falta de oferta cultural, saben comprometerse cuando es necesario.

Por cierto, aquí la programación y aquí las entradas.

martes, 4 de octubre de 2016

Heras-Casado vuelve a Mendelssohn

Había escuchado dos interpretaciones de la Sinfonía escocesa a Pablo Heras-Casado, una toma radiofónica de 2010 con la Sinfónica de la Radio de Berlín, comentada por aquí, y la filmación de la Digital Concert Hall del años siguiente, con nada menos que la Berliner Philharmoniker a su servicio, que también reseñé en este blog en su momento. En los dos casos se trata de lecturas de notable alto que daban buena cuenta del enorme talento del maestro granadino, quien tras un primer movimiento sin toda la magia posible y un segundo fogoso pero algo bruto, conseguía unas magníficas recreaciones del Adagio y un movimiento conclusivo de gran nivel.


Esta nueva interpretación, registrada por Harmonia Mundi en el Auditorio Víctor Villegas de Murcia en marzo de 2015, sigue el mismo concepto de las anteriores, de nuevo flojeando en la primera mitad de la obra para convencer bastante más en la segunda, pero globalmente no me ha convencido de la misma manera. Hay una diferencia importantísima: mientras entonces dirigía a dos orquestas de la más pura tradición centroeuropea, aquí colabora con la Orquesta Barroca de Friburgo, que no solo es una de las formaciones originales de sonido más seco que existen –lo que no tiene nada que ver con su extraordinaria calidad–, sino que se encuentra dirigida con un absoluto rigor historicista, adoptando una articulación que irritará a los aficionados más tradicionales y que no estoy seguro hasta qué punto beneficia al universo de Menselssohn. Hay que advertir que los resultados no tienen nada que ver con la levedad, el carácter excesivamente volatil o los amaneramientos de ciertos directores tanto historicistas como tradicionales-renovados, como pueden ser Roger Norrington o Thomas Fey, sino más bien con la rusticidad y el sentido dramático de un Brüggen o un Gardiner, pero aún así distan de ofrecer la emotividad que con esta música lograba aquel genio antirromántico, cerebral pero increíblemente profundo, llamado Otto Klemperer.

En la Sinfonía italiana las cosas funcionan de manera todavía menos convincente. Por descontado que el trazo es enérgico y decidido, que la claridad resulta muy apreciable y que el maestro tiene muy claro –en este disco, no en su mediocre Schumann del que he preferido no hablar– que hacer uso de instrumentos originales no implica caer en ligerezas sonoras ni en excesivas velocidades en los tempi, como tampoco renunciar al pathos, a los claroscuros expresivos y a la carga dramática que este repertorio –incluyendo esta luminosa sinfonía– sin duda exige, pero el resultado es un punto frío, mecánico incluso –segundo movimiento–, alicorto en sensualidad y en vuelo lírico. ¿Responsabilidad de la articulación adoptada, que aun siendo un medio más que un fin influye de un modo u otro en los resultados, o más bien de la irregular inspiración de la batuta? Habida cuenta de los flojos resultados de su Segunda de Mendelssohn, que no solo no era historicista sino que resultaba más bien masiva, podría tratarse de los segundo.

En fin, soy de los que pensaba que Pablo Heras-Casado era una de las cosas más grandes que le había ocurrido a la interpretación musical en España en los últimos años. Sigo creyendo que alberga un enorme talento, pero a la vista de algunos de sus últimos discos, tengo la sensación de que le hemos perdido. Veremos qué tal se le da su Shostakovich con Alisa Weilerstein.

domingo, 2 de octubre de 2016

Sexta de Mahler por Solti: adrenalina pura

Necesitaba una descarga de adrenalina, y bien que la he conseguido con la Sexta de Mahler que Solti grabó frente a su Chicago Symphony en abril de 1970 para Decca. Confieso que nunca había escuchado esta grabación –muy buena toma para la época–, pero sabía perfectamente a lo que me enfrentaba habida cuenta de las características de la partitura, de la personalidad de Sir Georg y de las posibilidades de la formación norteamericana: la ocasión ideal para que el maestro, totalmente en su salsa, hiciera rugir a la orquesta como nunca lo ha hecho, lanzándose en plancha al caleidoscopio de ritmos y timbres propuestos por el compositor, acumulando decibelios sin el menor complejo, subrayando todas las aristas tímbricas posibles (¡virulentas a más no poder las maderas, increíbles los metales de la CSO!) y fraseando con una electricidad y una vehemencia realmente implacables, todo ello con una furia y una ferocidad que convierten a esta obra más que nunca en una carrera al abismo.


Ahora bien, que nadie se piense que esta es una interpretación lineal, plana o de trazo grueso, porque la flexibilidad en el fraseo y la riqueza de matices están garantizadas, por no hablar con la pasmosa claridad con que la batuta trata el complejísimo emtramado orquestal. Tanmpoco anda escasa de concentración, porque aunque haya nervio en cantidad Sir George sabe remansarse cuando debe, tanto en los pasajes líricos intercalados entre las grandes explosiones sonoras como en un Andante moderado –ubicado en tercer lugar– dicho con cantabilidad suprema e irresistible emotividad. Ni tampoco es una versión externa, porque la sinceridad de los sentimientos, arrebatadísimos, se pone por encima del deslumbrante espectáculo sonoro.

Que un servidor, y probablemente la mayoría de la tribu mahleriana, nos quedemos con los logros irrepetibles de un Barbirolli o un Bernstein en esta partitura –ellos van con menos prisa, paladean mejor la música, atienden más a las atmósferas– no es menoscabo para que este registro sea un perfecto ejemplo del arte de un enorme maestro al que todavía algunos siguen tratando mucho menos bien de lo que merece. Si no lo conocen, intenten escucharlo. Adrenalina pura.

PD. Anoche falleció el bueno de Sir Neville Marriner. Descanse en paz.

A veces...

A veces los críticos musicales nos llevamos bien. Ahí me tienen, ayer a las ocho de la tarde, con mi amigo Juan José Roldán en Vejer de la Frontera, en un día de relax que incluyó un baño maravilloso en la zona de Zahara de los Atunes –muy cerca de donde tenía una residencia Wernicke– y una espectacular cena en el restaurante vejeriego El Jardín del Califa. Ya sé que esta entrada tiene poco que ver con la música, pero tenía ganas de celebrar públicamente esta vieja y entrañable amistad.


Aprovecho para disculparme por el retraso en contestar a algunos comentarios y para anunciar que, con excepciones, las entradas seguirán estando programadas con antelación para que vayan saliendo de manera regular a las tres de la tarde. Hasta la próxima.

Rapsodia española, de Ravel: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN - 29.VIII.2026 A la entrada original del 21 de septiembre de 2015 añado ahora Ormandy en estéreo, Giulini/Philharmonia y Baren...