Un cajón de sastre para cosas sobre música "clásica". Discos, conciertos, audiciones comparadas, filias y fobias, maledicencias varias... Todo ello con centro en Jerez de la Frontera, aunque viajando todo lo posible. En definitiva, un blog sin ningún interés.
JANÁCEK: La zorrita astuta. Tsallagova, Rasilainen, Lagrange, Minutilo. Coro y Orquesta de la Ópera Nacional de París. Dir: Dennis Russell Davies. Medici Arts, 3078388 DVD - 101’ (+20’ extras) DDD Ferysa ***
Esta Zorrita Astuta que se presentó en la capital francesa en otoño de 2007 marcó un hito en la difusión del género operístico: por primera vez en la historia, una función de ópera era retransmitida -con imagen y sonido- de manera gratuita vía Internet a cualquier persona que quisiera conectarse a la red. Un grandísimo acierto, sin duda, por parte de ese vendedor de humo nato que es Gerard Mortier. Otra cosa son los resultados artísticos que consigue quien tiene el descaro de afirmar que le concede mucha mayor importancia a los aspectos musicales que a los escénicos: aquí los segundos sobrepasan con mucho a los primeros.
Denis Russel Davies saca buen partido de los cuerpos estables de la Ópera de París, dirige con buen pulso y apuesta por la claridad, pero no sabe atender al riquísimo colorido que demanda este compositor y resulta incapaz de destilar la mágica belleza que albergan los pentagramas. De voz pequeña y excesivamente ligera, Elena Tsallgova debuta en el rol titular ofreciendo buenas intenciones, una excelente desenvoltura escénica y un rostro de infinita poesía. Jukka Rasilainen cumple en lo vocal como el guardabosque, si bien carece de poesía en su decisivo monólogo final. Solvente el zorro de Michèle Lagrange y correcto el resto, sobresaliendo ese buen actor que es David Kuebler en el papel del maestro.
La escena de André Engel es hermosa e inteligente, está muy trabajada en lo que a la dirección de actores se refiere y realiza importantes hallazgos. Sin embargo, lo que ocurre en escena no siempre rima con la poesía de la música, y no resulta difícil echar de menos la portentosa creación de Nicolas Hytner para el Chatelet -que se vio en el Teatro Real madrileño- y sus inolvidables coreografías.
La imagen y el sonido de este DVD bien editado por Medici Arts (hay veinte minutos de extras ad maiorem gloriam de Mortier) alcanzan un extraordinario nivel. No se ofrecen, sin embargo, subtítulos en castellano. Sí que los tenía la edición realizada en su momento por Arthaus de la referida producción de Hytner, beneficiada en lo artístico de una sensacional dirección de Sir Charles Mackerras y de un estupendo elenco vocal encabezado por Eva Jenis y un impagable Thomas Allen. Ese DVD, a juicio de quien suscribe uno de los más imprescindibles en la discoteca de cualquier melómano, pone a este que comentamos en el lugar que le corresponde: el de una función muy atractiva en lo escénico pero correcta sin más en lo musical. Signo de los tiempos que corren, sin duda. Si esto es musicalmente hablando lo mejor que nos espera en el Real de Mortier, apaga y vámonos.
________________________________ Artículo publicado en el número de septiembre de 2009 de la revista Ritmo.
Rossini: Cavatine per musico Angelo Manzotti, sopranista. Orquesta del Festival de Emilia Romagna. Dir: Marco Berdondini. Bongiovanni, GB 237-2 69’58’’ DDD Diverdi **
En la carpetilla se nos explica la particular técnica del joven sopranista Angelo Manzotti -hace vibrar solamente una parte de las cuerdas vocales en lugar de recurrir al falsetto-. El propio artista, sin cortarse un pelo, se dedica unos cuantos elogios. Pues bien, reconocemos el atractivo de su muy femenino timbre, la extensión de su tesitura, la belleza de su legato y la sensible utilización de los reguladores.
También la entrega y comunicatividad que evidencia en este recital de escenas (Tancredi, Matilde di Shabran, Adelaide di Borgogna, La donna del lago, Maometo II y Semiramide) que Rossini escribiera para contralto en travesti, pero con la mente puesta en los castrati.
Por desgracia, ciertos “problemillas” (brutales cambios de color, estrangulamientos, tiranteces, insuficiencias de fiato, etc) hacen que se alternen pasajes muy hermosos con inevitables descalabros, sobre todo en las desmadradas cabalette. El sobrio, equilibrado y elegante acompañamiento orquestal no arregla gran cosa.
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Artículo publicado en el número de junio de 2002 de la revista Ritmo.
PS. Aquí va (enlace) la web oficial del artista, “El nuevo Farinelli”, por si a alguien le interesa.
Dejo aquí el enlace a dos textos que he escrito recientemente sobre el futuro de la crítica musical, por si a alguien le interesa reflexionar un poco sobre el asunto. De paso os animo a visitar y participar en Forumclásico.
¿A dónde va la crítica de conciertos? (enlace) El futuro está en la red (enlace)
Afirma mi amigo y colega José Sánchez Rodríguez que con Leonard Bernstein la Filarmónica de Viena sonaba más a Filarmónica de Viena que nunca. Y tiene razón. Basta para comprobarlo comparar su ciclo Brahms registrado entre 1981 y 1982 para el sello Deutsche Grammophon, con filmaciones paralelas para Unitel, con cualquier otra de las integrales protagonizadas por la misma orquesta, las excelsas de Barbirolli, Böhm y Guilini entre ellas.
Y es que el inolvidable Lenny trata a la formación vienesa con una plasticidad sin parangón. Con él suena sensualísima a más no poder, con una riqueza tímbrica infinita, más embriagadora que nunca, muy especialmente en lo que a esos inconfundibles violonchelos se refiere. Ciertamente menos robusta que la Filarmónica de Berlín, pero más tersa, más luminosa y más “femenina” (perdón por el tópico machista), la Wiener Philharmoniker bajo la dirección de Bernstein no tiene rival que la supere.
Ahora bien, ¿quiere decir todo esto que las interpretaciones a las que nos referimos son, como ocurre con las de, entre otros, un Karajan o un Rattle, se quedan en una seductora combinación de sonidos? Pues no. Bernstein es un hedonista de la interpretación musical, pero para él el placer de la música no tiene que ver únicamente con los sonidos por sí mismos, sino con cómo el goce sensual que produce esos sonidos conducen a una serie de reacciones emocionales. Hedonismo, sí, pero hedonismo indisoluble del sentido expresivo. La intensidad y profundidad de las emociones, por consiguiente, están garantizadas, aun siempre dentro de un absoluto control de la arquitectura.
Tales cualidades quedan meridianamente expuestas en su descomunal interpretación de la Primera Sinfonía, en la que la sensación de espontaneidad no va en menoscabo una planificación extremadamente minuciosa y detallada; en este sentido la introducción del último movimiento, llena de hallazgos, es reveladora. Se trata por lo demás de una lectura de óptica juvenil, vitalista e impulsiva, muy emocionante en todo momento, no tan fogosa como la de Solti pero más reflexiva en los pasajes líricos.
No llega tan alto la Segunda, que no resulta tan carnal y arrebatada como lo esperable en Bernstein; incluso por momentos se echa de menos algo más de emoción. En cualquier caso se trata de una lectura bellísima, de perfecto equilibrio entre lo apolíneo y lo dionisíaco, lo lírico y lo épico, y por ende muy ortodoxa en su planteamiento.
La Tercera es, por el contrario, heterodoxia pura. Colocándose en las antípodas de su interpretación con la Filarmónica de Nueva York (perteneciente a su extrovertido ciclo para CBS, cálido pero muy tosco), Bernstein nos ofrece una lectura lentísima, muy estudiada, tan paladeada que llega a resultar parsimoniosa, estando sembrada además de diversos detalles de excentricidad. Versión en este caso más apolínea que dionisíaca, misteriosa y espiritual mas no dramática, uno se deja finalmente arrastrar por su incomparable belleza sonora, por su lógica interna y por gran fuerza que alberga. ¿Discutible? Mucho. Pero fascinante.
En la Cuarta no hay reparos que valgan. Bernstein aquí nos ofrece una increíble demostración de cómo se puede compatibilizar la belleza sonora más inigualable con la sinceridad, la emoción y la garra dramática, todo ello sin perder nunca el equilibrio de la arquitectura y obteniendo una claridad asombrosa.
El Allegro non troppo, no obstante, podía estar más paladeado en algunos pasajes líricos, si bien la sutileza de la matizadísima gama dinámica le deja a uno con la boca abierta. El segundo movimiento difícilmente habrá sonado nunca tan bello. Cargado de fuerza, el tercero es igualmente magistral. En el cuarto, lento y ominoso, Bernstein materializa lo que afirma en su locución introductoria que acompaña a la edición en DVD, esto es, la existencia de una fuerte palpitación romántica en un marco absolutamente clásico. Para quitarse el sombrero.
Su muy ortodoxa recreación de la Obertura Trágica resulta, para ser sinceros, algo rápida y escasa de dramatismo en comparación con las más extraordinarias (Barbirolli, Barenboim), pero en cualquier caso es nivel es muy alto. De la Académica Bernstein ofrece una lectura rápida, directa, realizada de un solo trazo y sin devaneos. Entusiasta, fresca y brillante, es quizá la mejor de entre las de enfoque festivo, y por eso mismo le falta algo de “bruma” y de sonido brahmsiano; asombroso, como siempre, el juego con la gama dinámica.
Hasta aquí, los registros en CD y los que han aparecido en DVD editados por la propia DG coinciden en las fechas (las tomas no son idénticas, pero proceden de conciertos ofrecidos en días consecutivos). De las Variaciones Haydn, sin embargo, tenemos dos interpretaciones bien distintas. La del DVD se remonta a 1972, una fecha en la que Bernstein aún no había terminado de madurar como el grandísimo director que después sería. Por eso quizá nos encontramos con que algunas variaciones le quedan un tanto nerviosas, mientras que las más líricas podrían estar más paladeadas aún.
En cualquier caso esta por lo demás dinámica, extrovertida y luminosa interpretación queda muy superada por la del CD, ya de 1981, de enfoque ahora más apolíneo -en el buen sentido-, equilibrada mas no otoñal ni morosa, y aún más maravillosamente sonada. Sólo le falta un poco de “sustancia poética” para ser genial.
La edición en DVD que incluye las sinfonías se complementa, lo dijimos de pasada, por unas introducciones del propio Bernstein en las que vuelve a dejar claro que no sólo con la batuta fue un enorme comunicador. Total, quien no tenga este doble DVD, que se lo compre cuanto antes, y a ser posible que adquiera también el DVD complementario que incluye oberturas, variaciones y una portentosa recreación de la la Serenata nº 2. Lo ideal sería, claro está, tener también la edición en CD, que trae su lectura “mejorada” de las Variaciones Haydn.
Una cosa más. Se encuentra disponible en eMule un vídeo en formato DIVX con la Primera Sinfonía en interpretación de Lenny y la Filarmónica de Israel en Osaka. Año, 1985: estamos pues ante el mejor y último Bernstein. Extrañamente falta el tercer movimiento. Una pena, porque de estar completa nos encontraríamos ante la más impresionante interpretación de toda la discografía. Mucho más "gótica" que su lectura de 1981 arriba comentada, vuelve a sobresalir la introducción del cuarto movimiento, rematadamente genial, aunque no sea menos memorable el clímax final del mismo, nunca igualado en semejante grandeza sin retórica. Descárguesela y disfrútela, por favor.
Mi retorno tras más de treinta años a esa bellísima localidad onubense que es Aracena coincidió (miércoles 26 de agosto) con el comienzo de una nueva edición de su Festival de Música Antigua. Del programa La América viva se encargaba Música Liberata, una agrupación procedente en principio de Cuba en la que, paradójicamente, pude identificar al menos a dos músicos andaluces: el tañedor Aníbal Soriano -no tuvo intervenciones solistas pero me dio la impresión de ser cuanto menos notable- y la soprano Sara Rosique, que -como me habían dicho- canta tan bien como su hermana Ruth y es aún más guapa.
Disfruté bastante el concierto. Siendo más que digno el nivel técnico (hubo comprensibles desigualdades, tanto entre los instrumentistas como entre las cuatro voces congregadas), estos chicos mostraron unas contagiosas ganas de hacer música y una admirable sensibilidad, haciendo sonar el Barroco hispanoamericano con absoluta propiedad estilística (dentro de una línea historicista, claro está) y sabiendo dosificar los toques “exóticos” para no caer en los excesos.
A la bondad de los resultados no debe de ser ajena la labor de Calia Álvarez, tan apasionada a la viola da gamba como a la hora de dirigir al equipo para que su labor conjunta desplegara toda la luminosidad, la fantasía, el gracejo y la comunicatividad requeridas. A destacar igualmente la flauta de Daniel Bernaza y el voz tenoril de Karim Díaz, a quienes se ofreció buenas oportunidades de lucimiento. Los aplausos fueron cálidos y merecidos.
Tirón de orejas, eso sí, a la persona encargada de preparar el programa de mano: comprendo que no hubiera dinero para preparar unas notas medianamente dignas, pero ubicar cronológicamente al cubano Esteban Salas entre 1795 y 1803 (1725 es la fecha correcta de su nacimiento; el error lo repiten tres veces) y al milanés Roque Ceruti entre 1683 y 1670 (falleció en 1760) no es de recibo. Alguien en el Ayuntamiento debería prestar mayor atención a estas cosas.
“Las cuatro sinfonías de Brahms se encuentran muy en el núcleo del repertorio y de la reputación de la Filarmónica de Berlín. Gracias a la combinación entre la visión de Sir Simon y su enfoque iconoclasta, y la extraordinaria técnica de la orquesta y su sonido incomparable, estas interpretaciones marcan un nuevo hito en la historia de las grabaciones de Brahms”.
Con estas palabras (mediocre traducción y subrayado son míos) EMI Classics lanza por todo lo alto el triple CD que recoge la integral brahmsiana -sólo las sinfonías, no hay complementos- grabada en vivo entre octubre y noviembre de 2008 en la Philharmonie berlinesa.
¡Pues menudo morro! Se nos quiere vender algo novedoso cuando en realidad Sir Simon, que en su momento presumía de refrescar con nuevos enfoques la vetusta tradición de la orquesta, lo que hace seguir los pasos de los dos anteriores titulares de la Berliner Philharmoniker. Y es que Rattle aquí parece querer imitar al Karajan más narcisista. O peor: al Abbado de los años noventa, es decir, el que copiaba los peores defectos de Karajan.
Este Brahms es puro sonido. La orquesta realiza una labor técnica espectacular, haciéndola Rattle sonar con una brillantez, una tersura y un refinamiento incomparables. La arquitectura está perfectamente trazada, sin altibajos en las tensiones. Y la habitual extroversión del director británico, cuyas ganas de comunicar logran como siempre enganchar al oyente, se ve sensatamente acompañada por un notable sentido de lo otoñal, sobre todo en las dos últimas sinfonías, que es donde más hace falta. Pero…
Pero Rattle se queda ahí, en un brillante y extremadamente virtuosísimo espectáculo sonoro que no trasciende en absoluto. Su batuta se vuelca en las sonoridades rotundas (los graves parecen exagerados por la toma sonora), subraya con intenciones efectistas los contrastes dinámicos y se recrea en numerosos detalles narcisistas que por momento rozan lo melifluo. El director británico, claramente, no se cree esta música, no alcanza a comprenderla en toda su dimensión, pero intenta a toda costa seducir al oyente. De ahí que su Brahms seduce y a ratos engancha, pero resulta insincero y, la postre, no emociona.
Cuando llegue en este blog al final de la serie sobre la discografía de las sinfonías brahmsianas (enlace), de la que aún me quedan muchos capítulos por delante, quizá concrete algo más sobre esta integral. De momento me conformo con añadir que lo que menos me ha gustado es su muy aséptica Primera y que, si no fuera por algunos innecesarios detalles narcisistas, la Tercera casi me llega a convencer. Segunda y Cuarta, muy vistosas pero volcada en el decibelio puro, se quedan a medio camino.
¡Ah! Me gustaría saber qué quiere decir EMI con eso de que estas obras han contribuido desde siempre a la reputación de la Filarmónica de Berlín, porque ninguna de la integrales de Karajan, ni la de Abbado, ni la de Harnoncourt, parecen haber pasado precisamente a la historia. Esta de Rattle, desde luego, es una más entre tantas: magníficamente sonada, eso sí, pero bastante superficial e insincera en lo expresivo. Otro día les hablo de lo que está perpetrando Gardiner, que la cosa también tiene su miga.
Aunque desde el punto de vista musical mi viaje por Renania ha sido muy poco estimulante, no puedo dejar de citar mi visita a la casa natal de Beethoven en Bonn, una ciudad -por cierto- bastante provinciana, pero con cierto encanto. El museo había cerrado, así que me limité a visitar la tienda (Karajan y Masur como opciones para comprar las sinfonías, manda huevos) y a sacarme la fotografía turística de rigor en la fachada.
Pocos metros más adelante me llevé una sorpresa: en la embocadura de la calle, uno de esos pintores callejeros ofrecía, junto a una imagen del genial sordo, otra nada menos que de… ¡Giuseppe Sinopoli!
En la esquina superior izquierda del cuadro, aunque en caracteres apenas visibles a quien no se acerque, puede leerse “AIDA III AKT”. Nos encontramos, pues, ante una representación del maestro veneciano en el momento previo a su fallecimiento, que como es sabido tuvo lugar dirigiendo el tercer acto de la genial ópera verdiana.
Qué quieren que les diga: no es que sea el irregular Sinopoli mi director preferido de todos los tiempos, pero me emocionó encontrarme un homenaje a su figura en el lugar donde me lo encontré, y me reconfortó comprobar que en Alemania hay personas capaces de reconocer su talento (que pese a las citadas desigualdades lo tuvo, y mucho) mientras en otros lugares, fundamentalmente en Reino Unido pero también en nuestra querida España, hay melómanos empeñados en difundir la imagen de un director mediocre y hasta incompetente. Claro que estos aficionados son los mismos que luego no regatean elogios a batuteros como Gergiev como Minkovki, lo que explica muchas cosas…