Aprendí a amar Aida de Verdi con la mítica grabación de Karajan y la Filarmónica de Viena de 1959 para Decca. De hecho, fue una de las primeras óperas que compré en compacto, aunque en mi casa desde siempre había un vinilo con una selección de este mismo registro. He querido volver a ella después de muchísimos años, esta vez en el último reprocesado, y he querido compararla con otra que tenía comprado desde hace tiempo y aún no había escuchado: Claudio Abbado con las fuerzas de la Scala de Milán para DG y un elenco all stars.
Karajan hace de sí mismo, pero de lo que era allá a finales de los cincuenta. ¿Y eso qué significa? Que además de enormes contrastes dinámicos, refinamiento extremo, sensualidad, opulencia y exhibicionismos varios, que los hay, todavía una influencia del Verdi de Toscanini que termina siendo beneficiosa: sanas asperezas en los metales -que cobran excesivo protagonismo, eso desde luego-, vigor rítmico, altísimo voltaje teatral en los clímax, carácter unitario en el discurso... He escuchado un poco de su posterior grabación con la misma orquesta y ese es el otro Karajan. El del desmelene.
De Renata Tebaldi adoro la voz –aquí no en su mejor momento– y la línea de canto puramente italiana. Interpretar, no interpreta. Tampoco lo hace Carlo Bergonzi, que ni huele –la falta de squillo es evidente– la faceta heroica del personaje. Pero claro, es difícil imaginar un Radamés de mejor estilo verdiano, ni cantado con mayor nobleza, ni con una más conseguida mezcla entre efusividad y carácter amoroso. Me derrito con los dos, lo confieso, a pesar de sus insuficiencias. Estas últimas no las presenta Giulietta Simionato, Amneris de enorme altura vocal y expresiva que no necesita recurrir al exceso para trasmitir el desgarro de la hija del Faraón. Cornell MacNeil está estupendo como Amonasro, aun atendiendo más la faceta combativa que la paternal del personaje. Algo toscos Fernando Corena y Arnold van Mill, Rey y Ramfis respectivamente. Muy digno el Coro de la Asociación de Amigos de la Música de Viena.
Lo de Abbado desconcierta, porque aún no había iniciado su declive y ya se detectan aquí cositas raras: el ballet en la habitación de Amneris es una horterada. En opulencia sonora no le va a la zaga a Karajan, e incluso la sonoridad que obtiene de los cuerpos milaneses resulta (¡increíble!) más carnosa y sensual que la de la Filarmónica de Viena con el maestríssimo, quizá por la antedicha influencia de Toscanini en este último. En cualquier caso, Abbado sabe bien lo que es Verdi, posee una técnica descomunal y es capaz de ofrecer no solo buen teatro, sino también detalles exquisitos de la orquestación.
Al contrario que Tebaldi, Katia Ricciarelli sí interpreta, pero su retrato es el de una Aida escasamente temperamental, poco rebelde y con tendencia a lo lacrimógeno. En cuanto a la voz, posee un centro de belleza diamantina. Solo eso: el agudo es problemático, el grave inexistente. Plácido Domingo carece del legato de Bergonzi, pero le supera ampliamente porque él sí es capaz de equilibrar la faceta amorosa del personaje, que atiende de maravilla en la última escena, con la faceta militar y juvenil del mismo.
Tremenda, tremendísima Elena Obraztsova: salvo que a uno no le guste la típica emisión eslava, difícil será que encuentre una Amneris más imponente que la de la diva soviética. Como a su personaje le corresponde la mejor y más verdiana música de esta ópera, obviamente la escena del juicio, el valor de este disco sube como la espuma. A su lado, el Rey que encarna con sabiduría Ruggero Raimondi se queda en poquita cosa. El asunto de Leo Nucci es más complicado: cortísimo en lo vocal, en esta ocasión se cree lo que hace y dota a Amonasro de sutiles acentos. No sé si me gusta, la verdad. Aunque un poquito más cavernoso de la cuenta, el enorme Nicolai Ghiaurov hace un gran Ramfis. Cameo de verdadero lujo el de Lucia Valentini Terrani como la sacerdotisa. Ah, el mensajero es el mismo en las dos grabaciones, un excelente Piero de Palma.
La grabación vienesa se realizó en la Musikverein Saal bajo la producción de John Culshaw. Suena bastante bien para la época, y hay que aplaudir la buena diferenciación sonora de los espacios. La de Milán la grabó un Klaus Hiemann que no se lució particularmente, aunque hay que aplaudir una gama dinámica increíblemente amplia.
¿Recomendación? Escuchen la de Karajan y todas las partes de la Obraztsova de la de Abbado. Ahora mismo no tengo versión favorita de esta ópera: en su momento fue la de Muti, pero hace ya demasiado tiempo que no la escucho. La recuerdo como maravillosa.


6 comentarios:
Mi registro de estudio favorito de Aida sigue siendo, en su conjunto, el dirigido por Zubin Mehta con Birgit Nilsson en el papel titular y el mejor Radamés del disco: Franco Corelli. Por encima de todas las que han interpretado el papel sigue destacando Maria Callas quien, pese a no gustarle, dotó a Aida de una profundidad que hasta ahora ha sido inigualada. El dúo con Gobbi es extraordinario. El registro de Muti es, bajo mi punto de vista, la tercera opción, pero Domingo nunca ha sido un Radamés de quilates, a Cossotto directamente no la soporto por su excesiva nasalidad y Caballé sigue, como siempre, deslumbrando con sus pianissimi pero cuyo retrato de Aida queda un poco en la tangencial. El resto del reparto un lujo y no digamos la dirección de Muti. Mi segunda preferencia es Leontyne Price, Jon Vickers, Rita Gorr y Robert Merrill dirigidos por Solti. Saludos.
Muchísimas gracias por compartir las apreciaciones.
He vuelto a escuchar el primer acto de Muti: me ha encantado, aunque también tengo reparos para la Cossotto. De la Callas conozco la grabación con Barbirolli: me parece un retrato algo feroz de la esclava.
De la de Mehta tengo las siguientes anotaciones: "magnífica dirección de los dos primeros actos, brillante y extrovertida, si bien en los dos últimos resulta algo superficial y precipitada. Nilsson vocalmente suntuosa, al tiempo que fría y ajena al personaje y al estilo. Corelli es puro metal, pero su talante le va al belicoso personaje. Sereni es un Amonasro correcto. Lo mejor, la sensacional Bumbry."
Tengo que volver a escuchar también yo con más atención la de Muti. Creo recordar de una crítica que leí hace muchos años y que hablaba de esa grabación en comparación con Karajan, (la de Muti era reeditada por EMI en Great Recordings of the Century y la de Decca salía en la serie Legends, y como se publicaban a la vez, la comparación estaba servida). Allí, Ángel Riego Cue decía que a su parecer la dirección de Muti flaqueaba en los concertantes más espectaculares porque Muti no se los creía del todo… Son grabaciones míticas, en todo caso; incluso podríamos meter también ahí a Solti.
Respecto a la Aída de Callas, me pasa algo parecido a lo que le ocurre a Fernando con la de la Nilsson. Ahora bien, la Aída de Callas que más me gusta es su directo con Del Monaco en el Palacio de Bellas Artes de México. El sonido es atroz a pesar de las recientes reediciones de Warner, y el resto del reparto no tiene mayor interés, (así que no estoy hablando de ninguna recomendación a gran escala), pero escuchar el Mi bemol sobreagudo que se inventa la Callas al final del segundo acto y la reacción del público es impagable…
Tengo la última edición de la mítica Aida de México, pero el sonido me echa para atrás...
La reciente Aida de Pappano creo que es la mejor que se ha grabado de los últimos 20 o 30 años.
Personalmente me gusta mucho la segunda de Karajan a pesar del desmadre que se monta: creo que a una ópera como está le va muy bien ese Karajan del que habla. Tendré que escuchar esta primera versión.
La de Muti, creo que sigue invatible a pesar de los años, sobre todo por la batuta, un sonido que ha mejorado con los reprocesados y, discrepando con la opinión de Domingo, creo que ahí le va muy bien el papel de Radamés, pues tenía una voz en apogeo y con un metal que poco le duró y pronto perdería (escúchese el final de "Celeste Aida" en esta versión y luego en la de Levine en CD para darse cuenta del squillo).
En vídeo no tengo una que me convenza por elenco y batuta. Visualmente, la del Met de los 80, aunque algo acartonada, me gustaba mucho (muy inspirada en Cecil B. DeMille)... Y la de La Scala de la primera década del 2000 (en la que abuchearon a Alguna y que dirigió Chailly) también me parecía muy bella en lo visual.
Imagino que estás al tanto, pero los primeros años de Callas con cantantes como del Monaco, Kurt Baum (especialmente Baum, un mediocre en toda regla)... eran tremendos porque eran batallas por ver quien aguantaba más un agudo... de ahí el espectacular mi bemol sobreagudo de Maria al final del segundo acto. Lástima que el sonido de muchas de esas grabaciones era como estar en un restaurante de comida rápida y registrando al lado de la freidora.
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