miércoles, 24 de marzo de 2021

Bruckner, sinfonía nº 7: discografía comparada

Textos ya publicados y una buena cantidad de comentarios que bien estaban por subir a la red, bien han sido escritos para esta ocasión, me permiten improvisar una comparativa de la Sinfonía nº 7 de Anton Bruckner. No voy a entrar en la cuestión de las edición de la partitura que se sigue en cada una de las grabaciones: mejor consulten este enlace. Tampoco voy a hablar del platillazo del segundo movimiento. Recuerden que tienen aquí esta otra discografía comparada, mucho mejor que la mía. Y que esto de poner puntuaciones es más un juego que otra cosa.

 

1. Furtwängler/Filarmónica de Berlín (DG, 1951). Ya desde los primeros compases, dichos con una mezcla singularísima de intensidad y elevación poética, se evidencia que la batuta la empuña alguien muy especial. Efectivamente. Y aunque el fraseo no alcance esa sensualidad y ese carácter agónico que sí conseguirán los más grandes recreadores de la partitura, Furt nos ofrece una recreación de considerable altura, perfecta en el estilo, admirable en el trazo, rebosante de sinceridad, atentísima siempre a los aspectos conflictivos de la música –nada de religiosidad más o menos confiada– y por momentos –escúchese a partir de 16’15’’ del primer movimiento– de una genialidad difícilmente superable. Una lástima que el maestro pinche en Finale: ahí el nerviosismo “del vivo” le puede y no logra encontrar la concentración necesaria para aunar rebeldía y grandeza. Muy digna la toma. (8)

 

2. Jochum/Filarmónica de Berlín (DG, 1964). Hay que descubrirse aquí ante un Adagio hermosísimo, maravillosamente cantado y de una poesía a flor de piel, aunque el enfoque sea más contemplativo que inquietante y al gran clímax se le pueda pedir una arquitectura más tensa y escarpada. En cualquier caso, admirable. En el tercer movimiento sobresale el trío, un prodigio de cantabilidad, belleza sonora y elocuencia; el resto del scherzo está bien, pero cosas mucho más poderosas se han escuchado. Y en los movimientos extremos Jochum hace gala de una enorme fluidez y de un buen dominio de la polifonía, pero frasea con cierta premura, o al menos sin la concentración debida, pasando de largo ante muchas bellezas melódicas que debería estar mejor paladeadas y no ofreciendo esa mezcla de calidez, tensión dramática y grandeza visionaria que esta música necesita. La orquesta de Karajan ofrece una muy buena prestación, pero extrañamente las trompetas resultan un punto chillonas. (8)

 


3. Karajan/Filarmónica de Berlín (EMI, 1970-71). El maestrissimo no podía consentir que su orquesta tuviera grabada la página con Jochum para DG, así que acude a los chicos de EMI y, ayudado por  una soberbia ingeniería que luce espléndida tras el reciente trasvase a HD, ofrece una interpretación más perfecta en lo técnico, más organística en la polifonía, más impresionante en la sonoridad; más poderosa en los fortísimos y más mórbida en los pianos; más paladeada en el fraseo y más hermosa en su canto. También más, mucho más insincera, hasta el punto de que esta lectura no hay quien se la crea. El primer movimiento seduce, pero termina resultando superficial, amen de dulzón en algunos momentos clave. El segundo se queda en lo contemplativo y no conmueve; el clímax, un desmadre. El tercero deslumbraría en su momento a los amantes de la alta fidelidad, pero hoy suena a Obertura 1812 más que a otra cosa. Y el Finale es un desmelene de contrastes dinámicos, de opulencia sin sentido y de espectáculo de cara a la galería. En definitiva, puro Karajan en la cima de la egolatría. (7)

 


4. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1975). Adoptando tempi algo más rápidos que en su registro para EMI, el de Salzburgo se muestra bastante menos narcisista y más centrado registrando para la integral DG una interpretación de buen idioma bruckneriano, tan brillante como pulcra en lo sonoro, perfectamente trabajada en la polifonía y fraseada con admirable naturalidad, que solo pierde un tanto por la excesiva tendencia al “trompeterío” propia del maestro, por centrar su interés antes en la superficie sonora que en la expresión –por mucha voluntad que le ponga, la cabra tira al monte– y por pasar un poco de largo ante el sublime tema lírico del segundo movimiento. Muy buen sonido en HD, salvo por unos metales en exceso metálicos. (8)

 

5. Böhm/Filarmónica de Viena (DG, 1976). Al contrario de lo que se pudiera esperar, no estamos aquí ante una interpretación otoñal, pues Böhm aplica una óptica juvenil y muy épica que la que inyecta, eso sí, una maravillosa dosis de vuelo lírico, todo ello manteniendo la sobriedad y sentido arquitectónico que caracterizan a su batuta. Ciertamente podría haber paladeado más las melodías y haber alcanzado mayor profundidad metafísica, pero el resultado es aun así admirable, a lo que ayuda una fabulosa prestación orquestal. (9)

 


6. Solti/Chicago (DVD Decca, 1978). En esta filmación en el Royal Albert Hall Sir George no termina de ahondar espiritualmente en el trasfondo de los pentagramas, pero es difícil resistirse ante tamaña ejecución orquestal y, sobre todo, ante la perfectísima planificación horizontal y vertical de toda la arquitectura, siempre dentro de un punto de vista expresivo que consigue un excepcional equilibrio entre la brillantez propia del maestro y la serenidad y concentración mas poéticas. Admirables el primer movimiento y, sobre todo, el tercero. (9)

 

7. Barenboim/Sinfónica de Chicago (DG, 1979). La apuesta de Barenboim, como en todo su Bruckner de los setenta, es la de potenciar los aspectos más incandescentes, escarpados y visionarios de la música del autor, consiguiendo en los dos últimos movimientos unos admirables resultados gracias en buena medida a la potencia, solidez y brillantez de los metales de la formación norteamericana. Los dos primeros, sin embargos, necesitarían enriquecer esta perspectiva con una dosis mayor de sensualidad, espiritualidad y hondura, y quizá también con mayor concentración en el fraseo, cosa que justamente el argentino logrará en su recreación de 1992. (8)

 

8. Giulini/Filarmónica de Viena (DG, 1986). Ya desde un arranque en el que el maestro italiano despliega su mágico legato y la Filarmónica de Viena la inconfundible sonoridad de sus violonchelos, las cartas quedan todas ellas boca arriba. Esta va a ser, ante todo, una interpretación noble, luminosa y relativamente serena. Afirmativa en el mejor de los sentidos, esto es, en absoluto exenta de carga dramática y de claroscuros, plena de sentido orgánico a la hora de plantear tensiones y distensiones, pero muy alejada del carácter combativo, de las angustias existenciales y de la visceralidad en los clímax con que otros grandes directores abordan la página. El canto más hermoso y dulce –mas no blando ni dulzón– se impone sobre las demás consideraciones en una interpretación puede que algo unilateral, pero ante la que no no puede sino caer de rodillas. La toma es espléndida. (9)


9. Giulini/Filarmónica de Viena (Memories Excellence, 1986). Esta toma del 10 de junio es paralela a la grabación sin público de DG, pero las cosas salieron mucho menos bien. Por descontado que el idioma es irreprochable y que el buen gusto, el cálido aliento lírico y el humanismo de Giulini están presentes, pero su inspiración es irregular. Flojea el primer movimiento, rápido y algo nervioso, sin mucha magia sonora, poso reflexivo o espiritualidad. El segundo no está del todo paladeado (22’28’’ frente a los 24’08’’ del disco oficial), pero es muy hermoso y posee un atractivo sabor anhelante, punzante e incluso exaltado. Magnífico el tercero, y muy bien el cuarto, aun sin poseer –lo mismo ocurría en el registro oficial, reconozcámoslo– especial grandeza ni inspiración. (8)


10. Colin Davis/Sinfónica de la Radio Bávara (Orfeo, 1987). Interpretación muy hermosa y apolínea que no termina de sonar a Bruckner ni de profundizar en el sentido de la partitura. Desconcierta así el primer movimiento, con momentos bellísimos pero de sonoridad algo liviana, por momentos en exceso elegante y poco implicado en el drama. El scherzo, colocado por deseo de Sir Colin en segundo lugar, está muy bien, pese a que la percusión resulta excesiva. El adagio es hermosísimo, aunque mucho antes lírico y apolíneo que agónico. Bien el Finale, sin terminar de ofrecer toda la garra dramática, la tensión y el carácter visionario deseables. (8)

 

11. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1988). De entrada, vuelven a impresionar la calidad de la ejecución y planificación, absolutamente portentosas. La batuta se muestra siempre tensa, intensa y sincera, muy brillante al tiempo ajena a la retórica superficial y al efectismo. Otra cosa es que se eche de menos una versión más personal, más lírica y emotiva, en los dos primeros movimientos. El tercero es absolutamente genial, poderosísimo y apabullante pero en absoluto descontrolado. El cuarto, no del todo visionario, es prodigioso por su fuerza, brillantez y solidísima construcción. Toma de sonido admirable. (9)


12. Karajan/Filarmónica de Viena (DG, 1989). El de Salzburgo vuelve a la carga, con las mismas virtudes y menos defectos. Venga, vamos a reconocerlo: la sonoridad es tan increíblemente bella, la ejecución tan prodigiosa, la construcción arquitectónica tan impresionante, el fraseo tan elocuente y el enfoque (¡qué diferencia con respecto a las ocasiones anteriores!) tan ajeno tanto a la retórica como al efectismo, que se perdona por completo cierta falta de profundidad y sentido visionario. (9)


13. Celibidache/Filarmónica de Múnich (Sony DVD y SACD, 1990). En su primera grabación oficial de la partitura, Celi ya demuestra conocer a la perfección todos sus secretos ofreciendo una sonoridad perfecta para el autor, una planificación perfecta de las tensiones a pesar de la lentitud –genial la manera en la que va construyendo la coda del primer movimiento–, una portentosa clarificación de la polifonía, una concentración fuera de serie y, sobre todo, un fraseo altamente cantable que sabe ser al mismo tiempo sensual, reflexivo, tierno y espiritual, sin que falte una enorme grandeza visionaria en los clímax. Eso sí, con tempi aun más lentos, en sus dos registros posteriores logrará paladear aún más las melodías y conseguir una más emotiva magia sonora, aunque en todos los casos los dos primeros movimientos, sublimes, convencerán más que un tercero algo falto de nervio y un cuarto no del todo dramático. Imagen 16:9 con mejora anamórfica, pero discreta calidad en lo que a definición se refiere. El SACD suena muy bien, aunque no tanto como las otras sinfonías de la misma caja. (10)

 

14. Sinopoli/Staatskapelle de Dresde (DG, 1991). He aquí una idiomática, encendida y brillante recreación, más impulsiva y espontánea que arquitectónicamente preparada, dotada asimismo de una amplia cantabilidad italiana y de un buen sentido de las atmósferas. Solo se resiente un tanto por la tendencia de la batuta a las explosiones sonoras y por, para qué ocultarlo, alguna chapuza de la ejecución del primer movimiento. (8)

 

15. Barenboim/Filarmónica de Berlín (Teldec, 1992). Ahora sí, Barenboim redondea su visión de la Séptima y ofrece no solo una interpretación mucho mejor que la de 1989, sino seguramente la cumbre de todo su Bruckner grabado. Y es que en este ciclo con la Berliner Philharmoniker supo equilibrar el carácter dramático y escarpado con el que interpretaba al compositor en Chicago con ese componente esencial en este universo expresivo que es el del equilibrio, la reflexión y –también– la religiosidad. Posiblemente panteísta, humanista si se quiere, muy alejada del fervor más o menos dulce y confiado, pero religiosidad al fin y al cabo. Todo ello queda bien de manifiesto en un primer movimiento más concentrado, más lógico y más natural en su fraseo, ortodoxo en lo que al concepto se refiere, y más aun en un Adagio que pese a ser uno de los más lentos de la discografía –Celibidache aparte– en absoluto resulta moroso o narcisista, tan perfecta es la construcción de sus tensiones y tan reveladora la mezcla de espiritualidad, anhelo y vuelo poético que destila la batuta del maestro. El Scherzo vuelve a ser un prodigio: puro fuego, nada de exhibicionismo. Pero la gran aportación del de Buenos Aires está en el Finale, minimizando el carácter épico con el que habitualmente se le recrea para acentuar el terror –las sonoridades que extrae de la orquesta son catedralicias, imponentes–, el carácter opresivo y la rebeldía todo lo posible, cuidándose muchísimo de no caer en el nerviosismo, y planificando al milímetro hasta llegar a una coda visionaria, incandescente a más no poder y bastante más ambigua que afirmativa. La toma, espléndida, se realizó sin público en la Konzerthaus de Berlín en febrero de 1992. (10)


16. Abbado/Filarmónica de Viena (DG, 1992). Tras Böhm, Giulini y Karajan, Abbado también quería utilizar a la Wiener Philharmoniker para dejarnos su visión de la obra. No aporta nada con respecto a sus predecesores: puro sonido sin emoción. El fraseo es hermoso, flexible y natural, pero en absoluto se percibe esa mezcla de sensualidad, carácter agónico y elevación espiritual que esta música demanda. Ni siquiera suena muy a Bruckner: antes al contrario, en algún momento se percibe cierta tendencia hacia una inconveniente ligereza. Tampoco la planificación resulta especialmente depurada, e incluso el Scherzo llega a ser un tanto vulgar. (7)

 

17. Celibidache/Filarmónica de Berlín (Blu-ray, 1992). En su "triunfal retorno" –así se definió el evento– al podio de la Berliner Philharmoniker, el rumano ofrece una visión ante todo equilibrada y meditativa, controladísima, de arquitectura perfecta en la que, a pesar de la extraordinaria lentitud de los tempi, la tensión está perfectamente administrada. Todo está recreado y desgranado con tanta calma como detalle sin perder de vista la estructura global. No hay lugar para los arrebatos ni para visiones al borde del abismo, pero no por ello deja de haber una intensísima emoción espiritual que incluye su buena dosis de potencia dramática. En cualquier caso, teniendo en cuenta semejante enfoque, se entiende que los dos primeros movimientos sean por completo sublimes mientras que los dos últimos, aun espléndidos y en perfecta coherencia con el resto, no tengan la carga de electricidad y fuerza visionaria de otras recreaciones. La orquesta, frente a su habitual de Múnich, ofrece una seguridad, potencia y brillantez asombrosas, aunque Celibidache nunca se recrea en ellas. Bellísima su sonoridad densa y oscura, al igual que resulta admirable la claridad polifónica. Una pena que la gama dinámica de la toma no sea mayor, porque estamos ante un verdadero hito de la discografía brukneriana. (10)


18. Celibidache/Filarmónica de Múnich (EMI, 1994). Obviamente, esta es una interpretación parecida a la suya en Berlín dos años anterior. Se nota, desde luego, que la orquesta es inferior. Los tempi no son ahora tan lentísimos (79’10’’ frente a 86’15’’). Quizá por eso no se consiga la misma increíble elevación poética del primer movimiento, pero a cambio los clímax del mismo son más escarpados y rebeldes. Quizá también los dos últimos movimientos son aun más convincentes, aunque la orquesta manifieste ahí sus limitaciones. A destacar el hallazgo lírico que supone el trío del scherzo y la monumental construcción polifónica del final. (10)

 

19. Harnoncourt/Filarmónica de Viena (Teldec, 1999). “No puedo distinguir mi interpretación de la interpretación tradicional”, decía Herr Nikolaus en una entrevista de 1994 recogida en el libro La música es más que las palabras. Y ciertamente parece ser así cuando arranca esta Séptima registrada en vivo en la Musikverein vienesa. Sensatez, equilibrio y cierta musicalidad parecen que van a presidir esta interpretación que, poco a poco, va evidenciando una sonoridad excesivamente ligera que borra de un plumazo el carácter organístico de la música de Bruckner, así como un considerable distanciamiento expresivo. Pero en el Adagio la frivolidad hace acto de presencia y uno se pregunta si el cacareado respeto a las indicaciones metronómicas de la partitura al que Harnoncourt se refiere en el mismo texto es tal, o más bien deseo de llamar la atención. Por lo demás, su empeño en diferenciar secciones aporta claridad a la hora de comprender la estructura de la obra, pero a cambio se pierde continuidad en el discurso. En el Scherzo aparece el Harnoncourt “de toda la vida”: sequedad, agresividad y muchísima rigidez. Puro mecanicismo y espectáculo de decibelios de cara a la galería. En el Finale hay exceso de nerviosismo, y la única grandeza que hace acto de presencia es la que pueden aportar los plateados metales vieneses. (5)

 

20. Wand/Sinfónica de la NDR (DVD TDK, 1999). La fluidez, la naturalidad y el estilo están garantizados, pero Wand adopta una postura acomodaticia y domestica de manera considerable la partitura, restando rebeldía a los clímax y eludiendo los aspectos más visionarios. La orquesta se queda corta, sobre todo en los metales, lo que acentúa más esta circunstancia. El resultado es tan correcto como aburrido. El DVD recorta un poco la gama dinámica. (6)

21. Thielemann/Filarmónica de Múnich (DVD CMajor, 2006). El controvertido maestro, sin duda buen conocedor del idioma bruckneriano, se toma las cosas con calma para optar por la delectación melódica, recrearse en la belleza sonora y adoptar una inequívoca pose de transcendencia, pero lo cierto es que tampoco logra dotar de continuidad al primer movimiento, que bajo su batuta resulta un tanto plúmbeo. La parsimonia vuelve a hacer su aparición en un Adagio muy paladeado pero más contemplativo que doliente, e incluso por momentos un punto dulzón; el clímax apabulla sin terminar de resultar visionario. Magnífico el Scherzo, viril y decidido, en el que Thielemann demuestra manejar las masas sonoras con apreciable plasticidad. Grandioso e imponente un Finale en el que el maestro no logra ocultar su búsqueda de la opulencia, resultando a la postre un tanto hinchado y culminando en una coda de puro desmelene decibélico admirablemente recogido por la toma. (7)


22. Nézet-Séguin/Metropolitain du Grand Montréal (Atma, 2006). Lectura de pulso irregular, muy deslavazada, cuya mayor virtud es la enorme cantabilidad de la batuta del joven Yannick, que frasea con efusividad y hondo sentido humanista, y su principal defecto la incapacidad para acumular tensiones en grandes estructuras. El primer movimiento resulta en este sentido muy flojo, con frases hermosas aquí y allá pero en conjunto aburrido, salvo un final lleno de grandeza. Notable el andante, que culmina en un clímax muy logrado. Bien a secas el scherzo, a cuyo trío se le podría sacar más partido. Mal el último movimiento, nervioso y muy pimpante, culminando en una coda en exceso premiosa y sin la amplitud necesaria. La orquesta se queda corta y parece menos grande de la cuenta. (7)

 

23. Welser-Möst/Orquesta Cleveland (DVD Arthaus, 2008). El maestro vienés adopta un enfoque antes lírico que épico, obteniendo una sonoridad muy adecuada de la orquesta y desplegando un fraseo muy bruckneriano, si bien en más de un momento resulta algo tímido, en exceso delicado. Muy bien el primer movimiento, aunque su final es más apabullante que visionario. Solo correcto el segundo, prosaico, superficial y algo falto de concentración, concluyendo sin magia alguna. El tercero empieza sin mucha fuerza, atraviesa un trio muy rutinario y después mejora bastante. Bien el cuarto, que no obstante debería estar más matizado en lo expresivo y cuya coda resulta precipitada, muy poco grandiosa y nada visionaria. Gran trabajo de la orquesta, con unos chelos de hermosísima sonoridad. (7)

 


24. Barenboim/Staatskapelle de Berlín (Blu-ray Accentus y CD DG). Ante todo llama la atención la premura de los tempi, pues Barenboim se despacha la obra en menos de 66 minutos, cuando su versión de Chicago alcanzaba los 66’36’’ y la de Berlín los 70’41’’. En este sentido se nota mucho que el adagio de Teldec le duraba 24’54’’ y este tan solo 21’34’’, siendo intensísimo pero no estando ni mucho menos tan paladeado. Globalmente, la interpretación ha perdido algo de profundidad, de hondura filosófica, ganando en agilidad, naturalidad y lógica constructiva. Se trata, en cualquier caso, de una lectura perfecta de idioma, incandescente a más no poder ya desde los primeros compases, por momentos visionaria y ajena a cualquier retórica. Soberbia la orquesta, de sonido empastado y profundo, con una cuerda de gran flexibilidad y unas trompas admirables. Como siempre, la polifonía es muy organística y está plenamente atendida. El Blu-ray ofrece una impresionante calidad de imagen y sonido, y por ello es muy preferible a la edición paralela realizada en DG en una caja con todas las sinfonías a cargo de los mismos intérpretes. Por cierto, la Séptima editada en solitario en compacto por el mismo sello no es exactamente la misma: se grabó en el mismo mes que esta, pero las duraciones dejan claro que es una toma por completo distinta. (9)

 

25. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2013). No puede decirse, claro está, que esta no sea una buena lectura. No puede ser de otra forma con la orquesta más adecuada en todo el planeta para este repertorio y con una batuta que no solo logra –asunto no precisamente fácil– planificar los dilatadísimos arcos de tensión, sino que además se mantiene muy alejado tanto de la pesadez como de los excesos en los que se puede caer en esta música. Por desgracia, y como era de prever, hay una falta de sintonía evidente entre Sir Simon y el mundo de Bruckner: aunque los decisivos aspectos épicos están bien atendidos, se echa de menos esa particular mezcla de sensualidad, reflexión filosófica (no necesariamente “espiritual”) y carácter visionario. Y sobre todo falta grandeza. Ratte resulta un tanto frío y distanciado, incluso soso. No solo eso: se evidencia cierta tendencia a hacer sonar los primeros violines con una ingravidez inconveniente. (7)

 

26. Nelsons/Gewandhaus de Leipzig (DG, 2018). Sonoridad hermosísima y plenamente bruckneriana, cantabilidad maravillosa, construcción de tensiones y distensiones plena de naturalidad…. Pero todo ello dentro de un concepto místico en el peor de los sentidos, es decir, de una elevación espiritual en la solo hay espacio para la contemplación más serena, apolínea y equilibrada, no así para la duda, para la inquietud. Las peores sospechas se confirmaron a continuación en un Adagio de belleza suprema –más de la cuenta: la sonoridad de la cuerda resulta en exceso pulida– y que se escucha sin emoción, así hasta llegar a un clímax sin rastro de espiritualidad agónica ni de carácter visionario. Alguien me dirá que el concepto de Celibidache, a todas luces el mayor recreador de esta partitura, era igualmente místico. Pues sí, pero con el rumano se apreciaban una desazón interna y una fuerza dramática, bien soterrada pero en todo momento presente, que aquí no hace acto de presencia. Nelsons no indaga en las notas: se limita a transfigurar los pentagramas creyéndose a pies juntillas eso del “buen Dios”. Más que correcto el Scherzo, pero las puertas del infierno no se intuyen ni de lejos; el trío es pura rutina. El Finale me pareció correctísimo, pero a estas alturas un servidor ya estaba deseando que terminara la audición. Ingeniería mejorable. (7)

 


27. Haitink/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2019). A sus noventa años de edad, Bernard Haitink se despide de la Berliner Philarmoniker con una Séptima de absoluta perfección dentro de su enfoque marcadamente apolíneo. Nadie puede esperar aquí grandes claroscuros dramáticos, tensiones extremas, sonoridades escarpadas ni éxtasis visionarios. Es la suya una lectura clásica en el mejor de los sentidos, por completo equilibrada en la expresión, concentradísima en el fraseo, materializada con una belleza sonora que, siendo difícilmente superable, no ofrece la menor concesión al narcicismo ni a la opulencia, revestida de un sereno carácter contemplativo y dicha desde más allá del bien y del mal. Es decir, justo desde el lugar en el que se sitúa quien ya lo ha dicho y vivido todo en el mundo musical. Habrá quien eche de menos mayor emotividad e incandescencia –el sublime tema lírico del Adagio podría estar más paladeado–, pero no por ello se puede calificar a esta interpretación de superficial. Lo que tenemos es aquí es Bruckner en su más ortodoxa sonoridad y en su más incuestionable esencia. La orquesta está formidable, aunque el maestro holandés no solo no subraya su personalidad –estamos en el polo opuesto a un Karajan o un Barenboim–, sino que opta hacerla sonar con una ligereza bien entendida –nada que ver con las ingravideces de un Abbado– diríase que camerística, aun sin renunciar al componente organístico, “catedralicio” de esta música: la cuerda grave y los metales de la formación berlinesa convierten, en conjunción con una batuta que levanta el edificio de manera modélica, al cuarto movimiento en toda una experiencia. (9)

 

9 comentarios:

Observador dijo...

Enhorabuena. Hace tiempo deseaba la presente comparada de una de mis sinfonías favoritas. Muchas gracias, Fernando.

Cristian Muñoz Levill dijo...

Muchísimas gracias por compartir esta nueva entrega comparada.
Sin ánimo de ser majadero, ¿ha escuchado alguna de las 7mas de Klemperer?

Saludos cordiales,

Cristian.

ipromesisposi dijo...

Completísima revisión que me mantiene en la actualidad de las grabaciones. Mil gracias, Fernando.

Observador dijo...

Furtwängler se supera a sí mismo con la grabación berlinesa de 1949:

https://www.pristineclassical.com/products/pasc259?_pos=13&_sid=01651aa00&_ss=r

Jochum hará lo propio con la siguiente grabación en vivo (a mi entender muy superior a sus dos de estudio para DG y EMI):

https://www.amazon.es/Bruckner-Anton-Symphony-Philharmoniker-2009-05-29/dp/B01K8OAU0C/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&dchild=1&keywords=bruckner+7+jochum&qid=1616680136&s=music&sr=1-1

Y también Böhm con otra en vivo:

https://www.amazon.es/Bruckner-Symphony-Symphonieorchester-Bayerischen-Rundfunks/dp/B01AXL696O/ref=sr_1_11?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&dchild=1&keywords=bruckner+7+bohm&qid=1616680241&s=music&sr=1-11

Pablo Daffari dijo...

Exhaustiva reseña muy de agradecer tanto por el discófilo consagrado como el que quiera iniciarse en el insondable mundo bruckneriano. En mi oponión Jochum es el perfecto Bruckner "standard" para establecer el primer contacto. Coincido en que Karajan resulta demasiado melifluo y perfeccionista, es decir, un tanto artificial (dentro de un nivel técnico excelso) y que Celibidache es, una vez iniciado, el Bruckner "gran reserva" para paladear. Una curiosidad: ¿no debería estar Knappertsbusch en esta lista con su lectura al frente de la Filarmónica de Viena? Un saludo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

En un principio pensaba no publicar esta comparativa hasta que tuviera escuchados a Kna, a Klemperer y a Sanderling, pero al final he desistido: el día tiene 24 horas y tengo muchísimo repertorio en el que profundizar. De veras que lo siento.

Pablo Daffari dijo...

Le ruego no se lo tome a mal. Era simple curiosidad.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Jajaja, no, no me lo tomo a mal. Me lo digo a mí mismo, porque me he agobiado haciendo esta comparativa. Me pongo unos objetivos que son difíciles de alcanzar. Tengo que convencerme a mí mismo de que en algún punto hay que cortar, por muy importantes que sean tal o cual director. Porque ahora mismo para lo que no estoy precisamente es para más agobios: desde hace justo un año, cuando comenzó la pandemia, la mayoría de los profesores estamos trabajando más que nunca. En mi caso he llegado a una saturación tal que no sé ni cómo logro mantener el blog. Saludos.

Agamenón dijo...


Fabulosa comparativa. De Tennstedt existe un video con la Orquesta de Boston.

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