viernes, 30 de abril de 2021

Sinfonía nº 5 de Shostakovich: discografía comparada

Lamantándolo muchísimo, no he encontrado ninguna versión "de diez" de la Quinta sinfonía de Shostakovich. Demasiadas trampas alberga esta partitura para que salga bien, sobre todo en el Finale: hoy nadie se cree eso de “la respuesta de un compositor soviético a unas críticas justa”, pero durante mucho tiempo sí que se lo han creído. Ojalá que sirvan estas líneas, muchas de ellas aparecidas ya otros lugares de este mismo blog, para orientar a alguien en el tortuoso camino que hay que seguir para profundizar en esta obra maestra.

 


1. Stokowski/Orquesta de Philadelphia (Dutton, 1939). Solo ha transcurrido año y medio desde el estreno de la partitura. En su primera grabación occidental, el maestro británico –que ya acumulaba cincuenta y siete tacos a sus espaldas– no solo no cuenta con ningún referente para interpretar la obra, sino que tampoco ha podido escuchar la Sinfonía nº 4 –que el compositor tuvo que guardar en un cajón– y poco o nada sabe de las circunstancias personales de Shostakovich dentro de la URSS. Tiene que trabajar desde la más pura intuición, y en este sentido hay que reconocer que lo hace con bastante fortuna, porque no solo le inyecta mucha, muchísima vida y energía a los pentagramas, sino que la obra le va a sonar bastante menos “oficializada” que a quien la estrenó, Evgeni Mravinski. Ahora bien, Don Leopoldo tampoco puede disimular el trazo grueso de su batuta ni su tendencia a la vulgaridad, por lo que a la postre a lo largo de la interpretación se van a alternar momentos más que satisfactorios con otros resueltos de manera que hoy nos resulta extraña o, sencillamente, planteados de manera errónea. Sorprende especialmente la tremenda ferocidad que inyecta al segundo movimiento, rapidísimo, y hay que congratularse de que en el minuto final no se desmadre en absoluto. Bueno el trabajo de Michael J. Dutton restaurando el disco de pizarra original. (6)

 

 

2. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1959). La portada del vinilo presenta a Lenny en el podio recibiendo las felicitaciones del mismísimo Shostakovich, mientras que la contraportada reseña una larga gira por Europa y la URSS llena de triunfos. No es para menos: Bernstein no solo ofrece una lección de trabajo técnico con la orquesta –que sin ser ninguna maravilla funciona francamente bien–, sino que demuestra una magnífica comprensión del idioma del compositor, acierta a la hora de sacar a la luz la rabia dramática del primer movimiento –podía haber pasajes más concentrados–, triunfa a la hora de mezclar picardía y sarcasmo en el segundo, y se muestra tan sincero como lacerante en el tercero sin necesidad de romantizarlo. ¿El problema? El Finale, por supuesto, que Lenny se cree de principio a fin. A Stalin le hubiera encantado. La toma sonora ha resultado ser francamente buena tras la recuperación en alta definición, a despecho de la comprensión dinámica que se deriva de haber grabado a volumen más alto de la cuenta. (8) 

 

3. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (Sony, 1965). Jamás un director genial y rara vez creativo, Ormandy demostró una enorme sintonía con Dmitri Dmítrievich cada vez que se acercó a su música. Esta es una Quinta que, beneficiándose de una orquesta opulenta (¡qué cuerda grave!) totalmente entregada a su director, acierta en toda la carga al mismo tiempo amarga y rebelde que albergan los pentagramas, sin necesidad alguna de “romantizar” su lirismo –seco, punzante– y sabiendo combinar la relativa distensión del segundo movimiento con una socarronería no ya conveniente, sino necesaria. En el Finale el maestro no se toma las cosas demasiado en serio, menos mal, pero tampoco indaga en dobles lecturas: se limita a trazar la música con gran solidez, sin prisas y renunciando a cualquier efectismo, hasta desembocar en una coda neutra y ajena al carácter épico. Para lo que por entonces se sabía de esta música, todo un acierto. Toma sonora de gran naturalidad en la tímbrica, buen sentido espacial y apreciable cuerpo y relieve; lástima que se grabara a un volumen algo elevado y no posea toda la gama dinámica necesaria en una partitura que exige extremos. (8)

 

4. Previn/Sinfónica de Londres (RCA, 1965). Tardó en llegar la primera grabación en estudio en Europa occidental. Y lo hizo de la mano de un joven André Previn que estaba todavía vinculado al medio cinematográfico –el año anterior había ganado el Oscar por My Fair Lady– y que quería demostrarlo todo en el mundo clásico haciendo gala tanto de una técnica como un entusiasmo admirables. El resultado fue una interpretación no solo increíblemente bien planificada –mucho mejor, con mayor lógica y control que las de un Stokoswki o un Bernstein– y estupendamente tocada, sino que además sonaba perfecta en el estilo –nada de romantizarla a la manera de un Mravinski, ni menos aún de hacerla hollywoodiense–, con agresiva mala leche en la marcha del primer movimiento, apreciable ironía en el segundo –nada de mera distensión– y enorme intensidad en un paladeadísimo (16’01’’) y muy doliente Largo. ¿Y el Finale? Pues magnífico hasta llegar al minuto final: ahí Previn, pese al absoluto acierto expresivo de todo lo que venía delante, mete la pata creyéndose la versión oficial del asunto. Ya tendrá tiempo de plantearlo de otra manera en su siguiente grabación. (8)

 

 

5. Bernstein/Sinfónica de Londres (DVD Idéale, 1966). Nuevamente el acercamiento extrovertido, inflamado e intuitivo de Bernstein alcanza excelentes resultados en un Allegretto con empuje e ironía y, sobre todo, en un Largo lleno de pathos, rebeldía y la más sincera tensión emocional. Por desgracia el primer movimiento, admirablemente enfocado, no alcanza toda la tensión deseable, mientras que en el cuarto Bernstein se deja llevar por la emoción y no acierta a capturar la ironía de la página, por lo que termina resultando precipitado, ruidoso y excesivamente vulgar. La orquesta, tratada por la batuta del norteamericano con su consabida plasticidad, realiza una muy buena labor independientemente de algunos resbalones propios del directo, si bien dista de alcanzar el nivel de las mejores. (7)

 

6. Mravinsky/Filarmónica de Leningrado (DVD Dreamlife, 1973). Esta filmación, en color pero deficientemente planificada y con discreta toma monofónica, ofrece un extraordinario valor histórico: ver y escuchar la obra a los mismos intérpretes del estreno treinta y seis años después de aquel monumental giro en la carrera artística y en la vida de Shostakovich. A tenor del testimonio, puede comprenderse el entusiasmo no solo del público, sino también de las autoridades ante las que el compositor pudo reconciliarse. La visión de Mravinsky no puede ser más complaciente: en lugar del amargor, del carácter desolado y el nihilismo que hoy día asociamos con su música, la batuta adopta un punto de vista mucho antes épico que trágico para ofrecernos una recreación en la que el lirismo contemplativo, el consuelo, la esperanza, el humor desenfadado –aunque no exento de carácter burlón– y hasta el carácter afirmativo también tienen su lugar. Todo ello sirviéndolo con un lenguaje que mira claramente hacia el pasado romántico –espléndida para tal fin la orquesta, pese a los desafortunados metales de la coda– e inyentando una buena dosis de emotividad y convicción. Hoy día estas cosas no convencen, pero así se escribe la historia. (7)  

 

7. Previn/Sinfónica de Chicago (EMI, 1977). Nunca ha sido Previn un maestro genial ni proclive a reinterpretaciones. Lo suyo es la solidez, la objetividad y el respeto absoluto hacia lo que está escrito, pero haciéndolo desde el pleno conocimiento del idioma adecuado y con absoluto compromiso expresivo. Es el caso de esta Quinta ajena a lecturas políticas en uno u otro sentido. Música pura, increíblemente bien planificada por la batuta e inmejorablemente tocada por una orquesta a quien Sir Georg Solti había hecho alcanzar su mejor momento. Que suena a Shostakovich, no a Tchaikovsky. Que sabe ser intensa bajo el más absoluto control. Resultar sórdida en la marcha del primer movimiento y burlesca en el segundo sin necesidad de cargar las tintas. Explayarse en un Largo (15’53’’) de acongojante lirismo y en absoluto consolador. Y ofrecer enorme garra dramática en un Finale brillante como pocas veces se haya escuchado, dudosamente triunfalista (¡ahora sí comprende el significado!) pero tampoco opresivo: la ambigüedad está servida. La toma se ha conservado bien y ofrece una gama dinámica espectacular. (9)

 

 

8. Leonard Bernstein/Filarmónica de Nueva York (CD Sony y DVD Kultur, 1979). Enorme prestigio alberga este registro en vivo realizado en Tokio, editado en su momento por CBS con sonido digital  y de circulación limitada en DVD –estereofónico, pero de volumen muy bajo–. Como era de esperar, Lenny nos vuelve a ofrecer una recreación juvenil y fresca, poco dada a dobles lecturas y caracterizada por su sinceridad e intensidad emocional, sobre todo por la de un Largo de dimensiones metafísicas. Los movimientos extremos, pierden un poco, pues siendo muy intensos y sin caer en la retórica no resultan lo suficientemente dramáticos y opresivos. En cualquier caso se avanza mucho sobre la filmación de Londres: esta es más refinada, posee más concentración, no se deja llevar por el arrebato y atiende mejor a la polifonía orquestal. El cuarto movimiento, dicho sin precipitaciones ni vulgaridad, mejora muchísimo. También la orquesta de Nueva York funciona mejor que la LSO. (9)

8. Haitink/Orquesta del Concertgebouw (Decca, 1981). Esta interpretación gira en torno a un Largo lentísimo (15’40’’) y lleno de concentración; ciertamente no posee la intensidad visionaria de un Bernstein y ni el humanismo que encontraremos en un Sanderling, pero aporta una dosis incomparable de hondura, amargor y fuerza trágica, revistiendo todo ello de una subyugante belleza sonora. En contrapartida, al segundo movimiento le faltan ese punto de ironía y sarcasmo típicamente shostakoviano, incluso de sentido del humor en general; también se echa de menos sabor popular en el, por lo demás, espléndido solo de violín. Sobrio y maravillosamente planificado el movimiento inicial, dicho desde una óptima mucho antes trágica que épica. La toma es admirable. (9)


9. Kurt Sanderling/Sinfónica de la Radio de Berlín (Berlin Classics, 1982). Como ocurría en la versión de Haitink del año anterior, lo que convierte a esta lectura en una referencia es un Largo muy concentrado (15’34’’), lleno de congoja y desolación, aunque no desde el distanciamiento no poco nihilista –y muy adecuado– que que adoptaba el maestro holandés sino aportando ese humanismo, esa vuelo lírico y esa emotividad que caracterizaban al gran Kurt. Los dos primeros movimientos están francamente bien, expuestos desde una óptica más “romántica” que expresionista, pero siempre bajo la más sensata ortodoxia y una plena sinceridad. Y el finale funciona de maravilla, controladísimo en su manifiesta fogosidad y rematado en una coda en absoluto épica ni festiva: el maestro siempre supo ver qué había detrás de las notas en la música de Dmitri Dmítrievich. La toma sonora se benefició de la acústica de la Christus-Kirche y de unos ingenieros que grabaron con enorme naturalidad tímbrica e inmejorable equilibrio de planos, pero el volumen en exceso elevado produjo una muy molesta compresión dinámica que la reciente recuperación en HD no logra remediar. (9)

 

10. Rozhdestvensky/Sinfónica del Ministerio de Cultura de la URSS. (Melodiya, 1984). El maestro moscovita nos ofrece exactamente lo que en él es de esperar, una lectura intensa, dramática, áspera y rebelde, con un clímax muy antimilitarista en el primer movimiento, un elevado sarcasmo en el segundo –aunque no tanto como pudiera esperarse–, una gran rebeldía en un tercer movimiento nada contemplativo ni resignado, y una clara intención de no hacer triunfalismo en el final, machacón y mecanicista aunque no todo lo opresivo y antirretórico que pudiera ser. La orquesta se queda algo corta, y la grabación decepciona seriamente tanto en la tímbrica como en la dinámica. ¡Qué lástima! (9)

 

11. Celibidache/Filarmónica de Múnich (audio en YouTube, 1986). Este testimonio de extremadamente precario sonido no parece proceder, aun siendo estéreo, de una toma radiofónica, sino de una grabación “in-house”, es decir, grabadora en mano. Pero no parece tratarse de un fake: las maneras del Celi tardío se reconocen desde la primera a la última nota, empezando por los dilatadísimos 56’51’’ que le dura en asunto. ¡Y eso que el segundo movimiento lleva a un tiempo relativamente normal! Decisiones tan extremas no pueden sino conducir a la polémica, y de hecho entre los aplausos parecen escucharse algunos abucheos. Yo solo le pongo serios reparos a toda la introducción, tan extremadamente lenta que pierde su carácter premonitorios: creo que no es momento de meditar, sino de inquietarse ante lo que está por venir. La irrupción del piano resulta muy amenazadora y la marcha se encrespa de manera muy adecuada hasta alcanzar un clímax desgarrador; a partir de ahí vuelven las lentitudes, esta vez no tan inconvenientes. Irreprochable el allegretto, no el más sarcástico posible pero sí muy certero. El Largo se extiende nada menos que hasta los 18’45’’. El maestro aplica aquí los mismos parámetros que con los adagios brucknerianos, obteniendo similares resultados. Es decir, sublimes: nunca se ha escuchado esta música tan honda, tan sincera y tan conmovedora; tan doliente y visionaria en sus clímax (¡qué manera de planificar y de encrespar las tensiones!), al tiempo que revestida de la más digna nobleza. Y el finale, ajeno a cualquier número de cara a la galería, se encuentra portentosamente diseccionado y alcanza momentos de una elevadísima temperatura emocional sin que exista precipitación; la coda podría ser más opresiva, pero en su contexto funciona de manera muy convincente. En fin, toda una experiencia que se ve lastrada, aparte de por la toma sonora, por una orquesta fallona y de solistas limitados que se las ve y se las desea para seguir al maestro. (9)


12. Ashkenzy/Royal Philharmonic (Decca, 1987). El maestro siempre se desenvolvió con solvencia en la música del autor, pero rara vez terminó de profundizar en la expresión: aunque en conjunto se trata de una versión vistosa y bien llevada, la blandura y resignación de las partes líricas llega a resultar molesta, sobre todo en el tercer movimiento. (7) 

 

13. Svetlanov/Sinfónica Estatal de la Federación Rusa (Exton, 1992). La caída del comunismo permitió que la tecnología extranjera entrara a grabar a las grandes formaciones rusas con mucho mayor acierto que en la desdichada era anterior. En este caso fueron los japoneses los que se lucieron con una espléndida toma que recoge perfectamente a la orquesta de Svetlanov y a su particular sonido “soviético” de metales poco empastados. De alto nivel la interpretación, no exenta de irregularidades. El primer movimiento funciona bastante bien, aunque me hubiera gustado que la breve marcha fuera más lenta y esperpéntica, así como una conclusión más paladeada y negra. El segundo es sensacional, uno de los mejores que conozco en su tratamiento extremadamente sarcástico, lleno de sorna y de recochineo, del juego de madera y pizzicatos; sorprende quizá que el solo de violín no opte por la caricatura, sino que se presente como una evocación lírica que contrasta con la mordacidad que le rodea. Intenso, concentrado y doliente el Largo, como debe ser, a despecho de que alguna frase concreta podría sonar aún más rebelde. El Finale está globalmente muy bien comprendido y mejor resuelto, aunque en la coda la ambigüedad no termina de decantarse por lo opresivo y los últimos compases disten de convencer. Una lástima, porque se podía haber redondeado una gran versión. (8)

 

 

14. Solti/Filarmónica de Viena (Decca, 1993). Ese enorme director que fue Sir Georg conoció un importante declive en su inspiración en los últimos años de su trayectoria, y quizá fue por eso por lo que con Shostakovich, al que llegó bastante tarde, nunca acertó como con otros compositores. Tal circunstancia queda en evidencia en esta toma en vivo –formidable, aunque hay que poner el volumen alto– en la que el perfecto equilibrio entre el trazo global y la atención al detalle, la electricidad, el sentido teatral y la brillantez férreamente controlada que caracterizaban su arte no se vean acompañadas –mejor dicho: no se encuentren al servicio– de una expresión sincera. Da la impresión de que Sir Georg, aunque aporta frescura e incuestionable gancho comunicativo, no se entera de qué hay detrás de las notas como sí lo hicieron, desde ópticas distintas entre sí, un Previn, un Sanderling o un Haitink. En cualquier caso, es difícil resistirse ante los milagros que obran el virtuosismo de batuta y orquesta en el segundo movimiento (¡qué pizzicati!), o ante el alto voltaje de los momentos más hirientes del Largo. (8)

 

 

15. Rostropovich/Orquesta Sinfónica Nacional de Washington (Teldec, 1994). Este es el punto "menos alto" de la que, globalmente, es la mejor integral sinfónica del autor. El de Baku se conforma con ofrecer una lectura espontánea y juvenil, de tempi ágiles, poco sarcástica y quizá algo superficial, aunque muy cálida y emocionante, como suele ocurrir con todo su Shostakovich. La orquesta se queda algo corta. (7)

 

16. Jansons/Filarmónica de Viena (EMI, 1997). El letón comparte la perspectiva “soviética” de esta obra y, armado de una sólida técnica –eso nadie se lo discute a este maestro con frecuencia rutinario– al tiempo que demuestra enormes ganas de hacer música, nos entrega una interpretación sin atmósferas opresivas, retranca ni –menos aún– dobles lecturas, pero sí espléndidamente planificada y recorrida por una vitalidad contagiosa. El primer movimiento resulta épico y un punto cinematográfico. El segundo es todo chispa y felicidad: se le escapa un tanto el tratamiento de las maderas, no siempre bien atendidas. El tercero, sin ser agónico ni nihilista, emociona intensamente. Y el cuarto arranca con júbilo y termina de manera moderadamente afirmativa. Jansons cae, por tanto, en la trampa que el compositor le puso a Stalin, pero lo hace con tan absoluta convicción y tanta comunicatividad que termina ganando la partida en esta a la postre notabilísma lectura en la que la espléndida sonoridad de la Filarmónica de Viena desempeña un papel determinante. La toma es soberbia: la tímbrica es impecable y el volumen bajo al que se realizó garantiza esa amplia gama dinámica que la partitura demanda. (8)

 

17. Sanderling/Orquesta del Concergebow (RCO, 1999). Otra vez es en el Largo donde el veterano maestro hace gala de su concentración, de su capacidad para frasear al mismo tiempo con sereno humanismo y tremenda congoja, demostrando una absoluta comprensión del transfondo trágico de la música de Shostakovich. Los dos primeros movimientos están francamente bien, no confundiendo calma inquietante con languidez en el primero ni recurriendo a una gran virulencia en el segundo –el violín del Allegretto se queda algo corto en sabor popular e ironía, como ocurría en la interpretación de Haitink con la misma orquesta–, mientras que en el Allegro non troppo conclusivo sabe ofrecer brillantez, potencia expresiva y grandeza bien entendida sin caer en la tentación del efectismo y aportando ese punto de carácter opresivo y ambigüedad que necesita la coda para convencer. Muy buena la toma sonora para ser en vivo. (9)

18. Caetani/Sinfónica de Milán Giuseppe Verdi (Arts, 2001-02). El hijo de Markevitch no solo sabe obtener un digno rendimiento de una orquesta que es claramente de segunda –flojo el violín–, sino que además parece comprender a la perfección tanto el idioma shostakoviano como los pliegues expresivos que se esconden bajo la partitura. Falta, eso sí, unpoco de mayor compromiso expresivo y de tensión sonora, así como aquilatar mejor la planificación del último movimiento. Espléndido el sonido en DVD-Audio. (7)

 

19. Gergiev/BBC Symphony (YouTube 2002). Aun reconociendo que sabe ofrecer un tercer movimiento muy emocionante y que, en general, su lectura desprende buenas dosis de frescura y extroversión, el maestro no logra disimular su tendencia a lo superficial, a lo masivo y a la tosquedad sonora. Demasiada competencia como para atender su propuesta. (7)

 

20. Kitajenko/Gürzenich-Orchester Köln (Capriccio, 2003). Notable interpretación que sobresale por un Largo concentrado y muy hermoso, ya que no particularmente desazonador. El primer movimiento está bien planteado, perdiendo por una sección final en exceso nerviosa. El segundo es espléndido, siempre que aceptemos una comicidad desenfadada y ajena a lo corrosivo. Flojea el cuarto, trazado con corrección pero ayuno de fuerza y rabia. La toma sonora, sin ser la mejor posible, ofrece gran relieve en SACD. (7)

 

21. Rostropovich/Orquesta Sinfónica de Londres (LSO Live, 2004). Nuevamente el de Bakú da la impresión de que Rostropovich no quiere ver ningún tipo de "significado oculto" en la partitura, ofreciendo una lectura en conjunto estimable pero no del todo convincente que, por otra parte, va de menos a más: empieza un tanto rutinaria y descafeinada, continúa con un Allegretto muy centrado, continúa con un Largo emocionante aunque más lírico que nihilista y culmina de manera brillante pero en absoluto retórica ni efectista.  (8) 

22. Maazel/Nueva York (DG Concerts, 2006). Impresionante y atrevida recreación la del anciano Maazel, porque alcanzar los 20’30’’ en el Moderato inicial es un verdadero riesgo. El maestro lo hace sin que decaiga la tensión, proeza que está reservada a técnicas de batuta de primerísimo orden como la suya. Pero es que además acierta al evitar una aproximación digamos “romántica” a la partitura, decantándose por un calculado distanciamiento –auténtica llama fría– que evita los excesos de retórica y de emotividad sin dejar a un lado los aspectos más inquietantes de la obra, muy especialmente en un Largo de un marcado nihilismo que el maestro sabe conducir hasta un clímax sobrecogedor. En el último movimiento no hay la menor retórica triunfalista, aunque aún se podría incidir más en su carácter ambiguo y opresivo. (9) 

 

 

23. Ozawa/Orquesta Saito Kinen (Philips, 2006). El maestro oriental realiza un trabajo de gran finura en el tratamiento de la orquesta, pero como era de esperar, su temperamento no termina de cuadrar con lo que la obra demanda. El primer movimiento, aun irreprochablemente planteado y resuelto, carece de aspereza, rabia y garra dramática. El segundo, elegantísimo y refinado, resulta una verdadera delicia, pero solo eso: necesita más sarcasmo. Al Largo, no especialmente lento pero sí muy bien cantado, le falta carácter. A la postre, y aun sin terminar de convencer, lo más personal es un Finale expuesto con lentidud y subrayando sus aspectos más maquinistas y obsesivos, apuntando con gran acierto a la tragedia interior que se esconde detrás de semejante despliegue de brillantez. La toma en vivo es espléndida y posee unos graves de verdadero impacto. (7)


24. Tilson Thomas/San Francisco (Blu-Ray San Francisco Symphony, Proms 2007). Al contrario que otros maestros que dicen una cosa sobre la partitura para luego terminar haciendo otra muy distinta a la hora de ponerla en sonidos, el norteamericano lleva a la práctica el magistral análisis que realiza en el documental al que complementa esta interpretación. Es decir, apuesta por una lectura en la que los aspectos más sombríos, amargos y opresivos de la obra quedan en primer plano y subrayan la ambigüedad que subyace en mucho de los pasajes, de manera muy particular en un Finale que demuestra ser una beligerante denuncia política cargada de negrura. Los otros tres son francamente buenos, destacando un primero cargado de poderoso dramatismo y un segundo no particularmente corrosivo ni sarcástico, pero dicho con saludable socarronería y magníficamente expuesto. En el Largo cosas aun más profundas y acongojantes se han escuchado, pero aun así Tilson Thomas, que en el documental relaciona el pasaje con la música litúrgica de la iglesia ortodoxa, logra convencer por su sabia mezcla de vuelo lírico e intensidad emocional. La orquesta funciona de maravilla y es tratada por la batuta con una claridad y una plasticidad admirables, bien recogida en Blu-ray por una toma sonora en surround auténtico que supera las limitaciones propias de la acústica del Royal Albert Hall, aunque no del todo las del origen televisivo del producto: la gama dinámica no es todo lo amplia que podía haber sido. Por cierto, yo estuve allí. (9)

 


25. Vasily Petrenko/Real Orquesta Filarmónica de Liverpool (Naxos, 2008). Gran nivel en esta interpretación lenta, pero de magnífico pulso y admirable concentración, que ofrece dos primeros movimientos muy centrados en lo expresivo que no llegan a ser del todo ácidos ni expresionistas: al "Petrenko bueno" –nada que ver con Kirill– no le gusta cargar las tintas. El Largo es doloroso y profundo, ya que no especialmente terrible, pero no quejumbroso ni blando. Magnífico el Finale, no visceral pero sí muy sincero, con un final adecuadamente opresivo, ambiguo y antirretórico. Muy bien la orquesta. (8)

 

26. Gergiev/Orquesta del Mariinski (Mariinski, 2012). Queda claro que Gergiev no solo domina el idioma shostakoviano y que conoce todos los dobleces del universo expresivo del compositor –la visión no es nada “oficialista”–, sino también que ama su música y es capaz de recrearla con enorme intensidad, logrando combinar brillantez y sentido lirismo, sarcasmo y garra dramática, siempre dentro de ese estilo vitalista, impulsivo antes que reflexivo, que caracteriza sus maneras de hacer. El problema es que en el cuarto movimiento Valerio se suelta la melena y monta el numerito decibélico que en él era de esperar. No es que no comprenda el sentido último de esta música, que sí lo comprende: es que resulta basto y vulgar como él solo. Espléndida toma en SACD multicanal. (7)

 

27. Gergiev/Orquesta del Mariinski (Blu-ray Arthaus, 2013). Esta filmación mejora, en la Sala Pleyel de París, el registro en audio del año anterior. Ahora el cuarto movimiento no es un desmadre: simplemente se queda en lo superficial sin indagar en las notas. Al primero, más que correcto, se le puede pedir una atmósfera más cargada y opresiva, así como mayor rabia en sus clímax. El segundo y el tercero están francamente bien, y Gergiev demuestra una vez que es capaz de comprometerse con esta música. Toma de enorme pureza tímbrica e inaceptable compresión dinámica. (7)

 

28. Sokhiev. Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2014). La sonoridad musculada y poderosísima de la orquesta, sencillamente la ideal para esta partitura (¡qué tremenda la cuerda grave “a lo Quinta de Beethoven” en el segundo movimiento, por no hablar de los metales en el cuarto!) es la gran baza de esta interpretación dirigida con enorme solvencia, aunque sin nada en particular que decir por parte de un Sokhiev que, siendo correcto y acertando con la ambigüedad del final, no sabe resultar particularmente intenso ni profundo, y que además incluye algún que otro discurtible portamento. El ocho es por la orquesta. (8)

29. Nelsons/Sinfónica de Boston (DG, 2015). La ejecución es impresionante. La planificación, portentosa. Exquisito el gusto con el que todo está dicho, tanto por la naturalidad del fraseo como por la ausencia de cualquier efectismo. Pero Nelsons se niega a ver más allá de las notas y, aunque no cae en la tentación de oficializar la partitura, tampoco está dispuesto a profundizar en su expresión. Se echan de menos atmósfera opresiva, rebeldía y desesperación, como también ese particulara retranca shostakoviana que le da sentido a su música. De este modo, el primer movimiento arranca sin verdadera congoja y, aunque está admirablemente construido hacia un clímax de enorme tensión, no desprende la rabia y la desesperación que necesita. El segundo está bien, siempre dentro de una línea más amable que socarrona, pero se podría echar mucha más imaginación a las intervenciones de las maderas. El tercero es quizá el que más convence, paladeado con amplitud y concentración aun sin dejar que la música nos hiera en los más hondo. En el cuarto Nelsons ve notas y nada más que notas: asepsia pura que dice bien poco del trasfondo verdadero de esta obra. Magnífica la toma en vivo. (7)

4 comentarios:

Observador dijo...

Excelente trabajo. Gracias, Fernando.

Agamenón dijo...


Como siempre, motivador y pleno de detalles que al profano se le escapan. Inicio estudio personal de esta obra maestra. Gracias.

Cristian Muñoz Levill dijo...

Estimado Fernando:

Hace años que esperaba el día de ver esta comparativa. Infinitas gracias.

Un abrazo libre de covid,

Cristian.

Julio dijo...

Excelente comparativa, dan ganas de ponerse de cabeza a degustarlas, compararlas y acompañarlas de esta excelente lectura. Me interesaría saber su opinión (no sé si ha pasado por sus equipos) la quinta de Kondrashin del 67, considerando su incomodidad con el régimen y la lectura que él hizo de la obra. La encuentro muy contenida.

Deutsche Grammophon recupera el Sibelius de Karajan

Aprovechando una oferta de Amazon, he comprado una cajita que contiene todo el Sibelius grabado por Herbert von Karajan y la Filarmónica d...