jueves, 28 de febrero de 2013

Orgulloso de ser andaluz

No soy nada nacionalista, ni a nivel español ni al autonómico. Pero hoy 28 de febrero, día de Andalucía, me siento muy orgulloso de ser andaluz. A pesar de lo dicho. O precisamente por lo dicho. Porque aunque en nuestro pasado ha habido de todo, momentos de gran intolerancia y momentos de admirable apertura, hoy por hoy ser andaluz significa ante todo ser español, ser europeo y ser universal (lo dice nuestro himno: "por Andalucía libre, España y la Humanidad"). Significa, sobre todo, que mientras algunos se empeñan en buscar "hechos diferenciales", a nosotros nos interesa bastante más lo mucho que nos une que lo poco que nos separa. Hay motivos para el orgullo.

martes, 26 de febrero de 2013

Minkowski y la “sinfonía imaginaria” de Rameau

Este Super Audio CD lo compré y escuché hace ya tiempo, pero he querido volver a él ahora que he tenido la oportunidad de conocer mejor el universo de Jean-Philippe Rameau. Lo protagoniza uno de los directores que más detesto, Marc Minkowski, por descontado al frente de sus Musiciens du Louvre, cuyos veinte cumpleaños celebraron precisamente con este programa: una selección de páginas orquestales del gran teórico y compositor dispuestas a manera de sinfonía imaginaria hasta alcanzar casi la hora de duración. Algunas son muy conocidas, como la danza de los indios norteamericanos de Les Indes galantes, otras lo son bastante menos salvo para los buenos conocedores de este repertorio, pero todas ellas ponen de manifiesto la muy fértil imaginación ramista -a veces de extrema originalidad: escúchese el Preludio de Les Boréades, su obra póstuma- y el pleno dominio de un instrumento que él contribuyó de manera considerable a incorporar a la música francesa: la orquesta moderna, claro está. La grabación fue realizada por los chicos de Archiv en junio de 2003 y ofrece muy buenos -no excepcionales- resultados técnicos, al menos en un reproductor de SACD.

Minkowski Rameau Sinfonia imaginaria

¿Y la interpretación? Pues empeoro mi impresión inicial, que era positiva: irreprochable desde el punto de vista filológico y llena de esa energía, esa extroversión, ese gran sentido teatral y esas ganas de comunicar que caracterizan al director francés, eso es indudable, pero también muy basta, vulgar y de cara a la galería. En realidad Minkowski hace lo de siempre, que es ni más ni menos que lo habitual en los directores que buscan el aplauso por la vía fácil: irse a los extremos de la gama dinámica sin cuidar las gradaciones intermedias, contrastar todo lo posible los tempi haciendo más lentos los lentos y precipitándose en los rápidos, agitar a la orquesta en plan efectista sin atender al detalle y abusar de la percusión. Todo muy vistoso y muy primario.

También es cierto que en esta ocasión no hay problema a la hora de confundir, como le pasa tantas veces a este señor, el vuelo lírico con la frivolidad o la cursilería, entre otras cosas porque la música rococó demanda una buena dosis de levedad bien entendida; Minkowski sintoniza con ello plenamente y de este modo ofrece momentos “reposados” francamente bellos. Por eso mismo, y por las virtudes antedichas, no creo que se trate de un mal disco, sino más bien de una realización irregular que no hace plena justicia a la calidad de la música de Rameau como si lo han hecho, también en el terreno de suites orquestales, Frans Brüggen y Jordi Savall: precisamente del doble compacto de este último titulado La orquesta de Luis XV me gustaría hablar pronto.


Les dejo con una pequeña comparación para aclarar las ideas: el célebre rondeau de los salvajes de Les Indes Galantes interpretado primero por el gran William Christie (en la fantástica producción con coreografías de la granadina Blanca Li) y luego por el señor Minkowski en plan... Pues eso, muy salvaje.


domingo, 24 de febrero de 2013

Así hacen todos

No saqué entrada para el Così fan tutte de Michael Haneke (bueno, de Mozart y Da Ponte, ustedes ya me entienden) no solo por mis actuales estrecheces económicas, sino también oliéndome la tostada: con un elenco a priori poco estimulante, una batuta nada afín al salzburgués y un cineasta que vino en plan divo imponiendo multitud de caprichos, me temía lo peor.

Haneke Cosi

Pues bien, me la jugué y parece que he acertado, pues he charlado -de viva voz y por “guasap”- tras el estreno de hoy sábado 23 con tres amigos diferentes, dos de Madrid y uno de Sevilla, los tres por cierto muy fiables, y me han dicho cosas muy parecidas. Bueno, con respecto al señor Sylvain Cambreling, exactamente lo mismo: que su dirección ha sido “pésima” (según uno), “una mierda” (dice otro) y “lo peor que jamás he escuchado en ópera mozartiana” (el tercero). Y añaden todos ellos que flácida, sin vida, fuera de estilo y muy defectuosa en lo técnico, con la orquesta completamente perdida. Merece la pena copiarles -con permiso del autor, claro- lo que me ha escrito uno de ellos:
“Musicalmente no me creo que esto sea la capital de España: la orquesta es una basura y el director un puto batutero de mierda que no indica nada a los cantantes, que no hace matices ni saca provecho de una partitura tan excelsa. Encima lo hace todo lentísimo, como un oratorio: ha alargado el primer acto quince minutos respecto a una interpretación estándar.”
Los cantantes, escogidos al parecer por su físico más que por sus cualidades vocales. Las parejas de amantes les han parecido correctas o menos que eso, mediocre el Don Alonso e impresentable la Despina. Encima los recitativos han sido al parecer rarísimos, con parones interminables que cortaban toda la tensión.

¿Y la escena? Pues al parecer ni disparatada, ni provocativa ni rompedora. En eso coinciden, aunque luego mis amigos se dividen: a uno de ellos le ha resultado aceptable, con ideas interesantes y otras fuera de lugar, al segundo sencillamente no le ha gustado y al tercero le ha parecido muy normalita en lo que a dirección de actores se refiere y poco acorde con las intenciones originales de los autores.

¡Tanto jaleo con el señor Haneke para esto! En cuanto a Cambreling… Miren ustedes, yo no he estado en el Così y por ende no le puedo criticar directamente. Lo que sí censuro es que a Mortier le haya importado un pito que en París acumulase críticas negativas con su Mozart. Así hacen todos; o si no todos, al menos muchos. Así hacen gestores, agentes y cantantes: imponer por el morro a sus amigos aun sabiendo que se van a cargar una función. Vamos, lo mismo que en política. Y luego pasa lo que pasa.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Sinfonía nº 40 de Mozart: discografía comparada

La Sinfonía n.º 40 en sol menor, K. 550, penúltima de las que escribió, salió de la pluma de Mozart en 1788, esto es, algo más de tres años antes de la muerte del genial compositor salzburgués. Independientemente de la popularidad de su celebérrimo primer movimiento, su fama está plenamente justificada por la manera en la que se alcanza una comunicatividad sincera e inmediata a través de un grado supremo de belleza formal y con pleno respeto a las formas clásicas. Dicho de otra manera: esta partitura alberga un doliente drama en su interior que está narrado a través de la más absoluta abstracción y pureza formal, a la vez que se ofrece el envoltorio más hermoso imaginable.

Por eso mismo no es nada fácil de interpretar, y de la buena cantidad de grabaciones discográficas que he escuchado solo unas pocas parecen hacer justicia a la partitura. Furtwaengler y Barenboim se encuentran a mi modo de ver entre los mejores recreadores de la obra, precisamente por ser quienes con más fuego y sinceridad ponen de relieve el sustrato más desasosegante de la página. En el polo opuesto se encontrarían Abbado y Norrington, campeones a la hora de eliminar pathos y convertir la obra en una mera sucesión de sonidos bellos, ideales para tomar café con pastas o coger el ascensor.

Necesario es recordar que en una página archigrabada como la presente es natural que sean muchos los registros a cargo de nombres más o menos importantes que han quedado fuera. Mi intención no ha sido otra que intentar explicar qué me parecen los ejemplos escogidos para así contribuir al intercambio de pareceres a través de la red. Habrá siempre quien opine que esta comparativa no vale nada porque no se habla de tal versión o de tal otra “que sin duda son las mejores”. Por desgracia mi tiempo es limitado y no puedo abarcarlo todo.

Los movimientos de la sinfonía son los siguientes. 1. Molto allegro. 2. Andante. 3. Menuetto. 4. Allegro assai.



1. Karajan/Orquesta de la RAI de Turín (1942, varios sellos). Ya en fecha temprana quedaban bien claras las características del Mozart del maestro salzburgués: texturas densas, musculadas y un tanto espesas, búsqueda de grandes contrastes sonoros y belleza superficial, poco sincera, con tendencia a la dulzonería, lo que no impide que en determinados momentos se ofrezcan interesantes apuntes de tensión dramática. El muy digno rendimiento de la orquesta para tratarse de una toma en vivo en plena II Guerra Mundial nos habla, por su parte, que que la búsqueda del perfeccionismo también estaba ya muy presente en el joven Karajan. (7)


Furtwaengler Mozart 40 Tahra

2. Furtwängler/Filarmónica de Viena (TIM, Tahra, 1944). Haciendo gala de su habitual flexibilidad en la agógica y de su enorme comunicatividad, Furt –el Furt “de guerra”, atención a la fecha– construye una lectura visceral, que sale desde el dolor más angustioso en los dos movimientos extremos –apremiantes pese a estar bien controlados–, pero que no por ello desatiende al equilibrio clásico ni a la cantabilidad en un Andante paladeado con enorme aliento poético y cierto regusto amargo. Aun siendo el Menuetto más masivo de la cuenta, los resultados son impresionantes. Solo desentona la abundancia de portamenti tan propia de la época. (9)


Reiner Mozart 40 Pittsburg

3. Reiner/Sinfónica de Pittsburg (Idis, 1947). Todo un placer desmontar el tópico de que en tiempos pasados se entendía a Mozart con pesadez en lo sonoro y desde un punto de vista fundamentalmente decorativo en lo expresivo. Esta interpretación, como las de Furtwaengler y –a su manera– las de Toscanini por la misma época, se decide claramente por los tempi rápidos, la combinación de músculo sonoro con agilidad y la clara comprensión de que las notas de esta KV 550 albergan detrás de su increíble belleza formal una intensa dosis de sentido dramático, de angustia y hasta de rabia que es necesario poner de relieve para hacerle plena justicia; esto no impide al maestro húngaro remansarse en el Andante y paladearlo, sin descuidar los acentos muy lacerantes, con el adecuado vuelo lírico, aunque quizá no con toda la elegancia y depuración sonora posibles. Que haya portamenti molestos para el oyente actual no importa demasiado. (9)



4. Toscanini/Sinfónica de la NBC (DVD Testament, 1948). Una lectura vibrante, directa, de pulso firme, apreciable claridad –con la atención debida a las maderas–, enérgica y tensa pero sin exceso de músculo ni rastro alguno de pesadez, y por fortuna más atenta a los aspectos escarpados de la partitura que a la belleza sonora, es lo que ofrece en esta filmación –notable para la época– el mítico maestro italiano a sus ochenta y un años de edad. El problema, como siempre, es que con Toscanini no solo no hay rastro de cantabilidad, de hondura ni de humanismo, sino que además la tragedia resulta un tanto superficial, insincera. Repárese, por ejemplo, en cómo el movimiento final, aun siendo tan rápido como el de Furtwaengler, no suena como con aquél, es decir, deudor de una intensa angustia vital, sino sencillamente precipitado, amén de seco y cuadriculado. (7)
 
 
Furtwangler EMI The Legend

5. Furtwängler/Filarmónica de Viena (EMI, 1948). Aunque el conflicto bélico ya había quedado atrás, el corazón del maestro alemán seguía destrozado y nos ofrece, ahora incluyendo la repetición del primer movimiento y moderando el uso de los portamenti, una interpretación en la misma línea doliente, crispada y rebelde de la del 44, quizá todavía más extrema. Algo menos lento, el Menuetto resulta ahora más convincente. El resultado, una lectura de absoluta vigencia –bastante mejor grabada que la anterior, por cierto– que es imprescindible tener en la discoteca. (10)


Kleiber Decca Masters

6. Erich Kleiber/Filarmónica de Londres (Decca, 1949). Si dejamos a un lado una vez más la abundancia de portamenti, lo cierto es que nos encontramos ante una realización muy centrada tanto en el estilo como en la expresión, pues Kleiber padre sabe aunar agilidad e incisividad con elegancia y frasea con concentración sin desatender al contenido dramático de la página, particularmente en un magnífico movimiento conclusivo. En el resto, en cualquier caso, falta un grado mayor de compromiso expresivo. (8)


Klemperer Mozart 40 41 Japon

7. Klemperer/Philharmonia Orchestra (EMI, 1956). El de Breslau compartía con Furtwaengler un espíritu musical parecido: humanista, filosófico, de enorme hondura trágica y al mismo tiempo marcado por una imponente grandeza espiritual. Sin embargo, la manera de plasmarlo en sonidos no puede ser más opuesta: frente al marcado romanticismo de un Furt que no dudaba a la hora de doblegar la forma lo que hiciera falta en busca de la expresión, Klemperer apostaba por la adustez, el rigor cartesiano y sonoridades graníticas que no solo no resultaban pesantes, sino que estaban llenas de tensión. Así ocurre en esta interpretación de la más célebre sinfonía mozartiana, desde luego no la más vibrante y emotiva posible, pero siempre de irresistible atractivo para los amantes del estilo klemperiano, y en cualquier caso un verdadero prodigio desde el punto de vista técnico: es difícil tocar mejor -hay algún roce en las trompas- o encontrar un análisis más claro –alucinante estudio polifónico– del entramado orquestal. La toma sonora, estereofónica, ha resultado ser espléndida para la época en la reciente remasterización japonesa. (9)


Walter Mozart

8. Walter/Sinfónica de Columbia (Sony, 1959). Que el Mozart del maestro berlinés no ha perdido vigencia lo demuestra esta interpretación clásica en el mejor sentido del término, ortodoxa pero no sin detalles de creatividad, que sabe ofrecer un apreciable contenido dramático envuelto en un perfecto equilibrio sonoro de admirable arquitectura –la disección de las líneas instrumentales es perfecta– y gran belleza formal, respirando además un amplio aliento humanístico que le permite a Walter ofrecer un Andante realmente memorable, sin duda la cúspide de esta interpretación. El primer movimiento, sin repeticiones, está muy bien, pero interesa más el amplio y poderoso Menuetto, que no renuncia al encanto en su trío, y el dramático Allegro assai conclusivo. Suena estupendamente tras el último reprocesado. (9)


Mozart sinfonias Fricsay

9. Fricsay/Sinfónica de Viena (DG-Karusell, 1960). Interpretación amplia, lenta y densa, quizá un punto otoñal, pero trazada con decisión y sin pesadez alguna, que destaca por su pathos intenso pero muy controlado basado en una equilibrada mezcla entre lirismo, drama y cierta espiritualidad en la que no hay lugar para el arrebato ni la extroversión, pero sí para la elegancia, la calidez y la reflexión. Pierde un poco en el último movimiento, no tanto por su relativa lentitud como por la falta de garra e inmediatez, aunque en cualquier caso su polifonía está muy bien diseccionada. (8)
 

Mozart Bohm DG

10. Böhm/Filarmónica de Berlín (DG,1961). La fusión entre la sonoridad robusta de la orquesta de Karajan –amenazadora a más no poder la cuerda grave en el primer movimiento– y la sobriedad marmórea de la batuta de un Böhm que siempre supo atender a la amargura subyacente en la música mozartiana sin perder la compostura, da como resultado una interpretación sobria, poderosa y musculada, de marcados acentos dramáticos y fraseada con tanta hondura como naturalidad, pero quizá un poco más severa y monumental de la cuenta, y por ende en exceso distanciada. (8)



11. Giulini/New Philharmonia (DVD EMI, 1964). El maestro italiano, en una primera madurez que se encuentra lejos todavía de su musicalmente muy otoñal última etapa, ofrece aquí una interpretación del más absoluto e irreprochable equilibrio clásico, en el mejor y más amplio de los sentidos, esto es, tanto en el sonoro como en el expresivo. Es este un Mozart apartado de la amplitud de un Klemperer –con la misma orquesta, curiosamente– o un Fricsay, que resulta ágil pero en absoluto precipitado o falto de músculo; un Mozart controlado a la perfección, de arquitectura nítida y sin devaneos, pero en absoluto cuadriculado; un Mozart elegante y hermoso, mas no coqueto o trivial y, aunque sin que esta se ponga en ningún momento en primer plano, con una dosis considerable de tensión dramática; un Mozart, como no podía ser menos en Giulini, maravillosamente cantado, pero con acentos lacerantes que nos advierten de la inquietud que late en el interior de los pentagramas. Un Mozart-Mozart, en definitiva. ¿Qué falta? Pues quizá una dosis extra de compromiso expresivo, de personalidad o quizá, simplemente, de sal y pimienta. La imagen parece muy buena para la época, pero el sonido es monofónico. (9)


Szell Mozart Sony Jacket

12. Szell/Cleveland (Sony, 1967). Esta grabación no hace sino confirmar el tópico cierto de que el director de origen húngaro y la orquesta norteamericana ofrecían interpretaciones de asombrosa perfección técnica y excesivo distanciamiento en lo expresivo, particularmente en unos movimientos centrales de aburrida asepsia. El primero estaría bien de no ser por algunos detalles creativos –cosa rara en el objetivo Szell– que convencen más bien poco, y en el último, eso sí, el maestro logra despertarnos con una batuta tan vibrante como controlada haciendo gala de su proverbial capacidad para clarificar y tensar las líneas. Demasiado tarde. (7)


Mozart 40 Barenboim English Chamber EMI

13. Barenboim/English Chamber (EMI, 1967). En una época en la que ya se habían impuesto las interpretaciones lentas, densas y meditativas, Barenboim echa mano de una orquesta reducida y de soberbia calidad para apostar por una lectura rápida, tensa y abiertamente dramática, desde luego sin mucha chispa en los movimientos centrales, que ofrecen esa adustez del Mozart que hacía el maestro por los años sesenta, pero con impresionantes resultados tanto en lo estilístico como en su capacidad comunicativa. También en el plano técnico: el desmenuzamiento de cada uno de los planos sonoros, con especial atención a los sonidos graves, es asombroso. En cualquier caso, el de Buenos Aires aún dará una vuelta de tuerca a la partitura en el futuro. (9)

 
Mozart_-_Symphonies_Nos_35,_40,_41_(Pablo_Casals)

14. Casals/Orquesta del Festival Malboro (Sony, 1968). Aunque el instrumento no sea el mejor posible y la batuta del mítico violonchelista catalán diste de ofrecer toda la depuración sonora deseable, no es esta una realización rutinaria o de compromiso sino la recreación de un enorme músico que puso toda la carne en el asador desde el punto de vista expresivo. Otra cosa es que no todos los movimientos funcionen igual de bien. Sin duda son espléndidos los extremos, dichos con garra, vitalidad, extroversión y apropiado sentido dramático, incluyendo buenos detalles creativos. Falla por desgracia el Andante, donde la lentitud con que se intenta hacer justicia a la mezcla de amargo lirismo y hondura reflexiva que alberga la página termina produciendo la caída de la tensión interna y un desarrollo discontinuo, a trompicones. Sin problemas el Menuetto. (8)

 
 

15. Karajan/Filarmónica de Berlín (EMI, 1970). Sin rastro alguno de pesadez –aunque lógicamente haya abundante músculo– y sin el menor devaneo con la dulzonería o el amaneramiento, el de Salzburgo construye una lectura delineada con una perfección asombrosa, desarrollada con una lógica irreprochable y sonada con una belleza, una suntuosidad y un virtuosismo difícilmente superables. Sin embargo, y salvando un magnífico cuarto movimiento, la emoción se escapa: con tanta obsesión por la técnica, que por cierto queda muy en evidencia en los ensayos que acompañan esta edición, Karajan termina levantando un monumento a la frialdad. (7)
 
 
Mozart sinfonias Marriner Philips

16. Marriner/Academy of St. Martin-in-the-Fields (Philips, junio 1970). Aunque Barenboim ya había grabado la partitura con una formación de cámara, la apuesta de Marriner supone una clara renovación de los planteamientos interpretativos al optar por una mayor ligereza no solo en lo sonoro, sino también en lo expresivo, restando densidad a la partitura y resaltando así sus aspectos más apolíneos, delicados y camerísticos de la misma. Su aportación, por ende, lo que hace no es sino abrir el sendero que después recorrerán la mayoría de los historicistas, y de ahí su importancia histórica. Otra cosa es esa consabida sosería del maestro británico que, por muy bella en lo formal que resulte su realización, logra dejarnos indiferentes en los movimientos centrales, algo abiertamente censurable en una música que es cualquier cosa menos decorativa. (7)
 

Mozart 40 41 Krips

17. Krips/Concertgebouw (Philips, 1972). A sus setenta años de edad, el maestro austríaco ofrece un Mozart amplio en sus tempi, musculoso y con densidad tanto sonora como expresiva, pero nada pesante, fraseado con tanta naturalidad como lógica constructiva y desde luego muy atento a los aspectos dramáticos de la música al tiempo que apartado de todo lo que suene a trivialidad o narcisismo. Por desgracia los dos primeros movimientos no terminan de convencer; al primero, excesivamente adusto, le falta un poco de carácter y quizá resulte más lento de la cuenta, mientras que el segundo se preferiría mejor paladeado y con menos nervio. Los dos últimos son sensacionales, ofreciendo un espectacular análisis de la polifonía al que no es ajeno el asombroso rendimiento de la orquesta holandesa. (8)



18. Böhm/Filarmónica de Viena (DG DVD, 1973). Doce años después de su registro en estudio, el de Graz repite en vivo su acercamiento marmóreo, severo y un punto distanciado, pero en cualquier caso elegantísimo y admirable en el trazo, solo que sustituyendo el músculo algo excesivo para este repertorio de la Filarmónica de Berlín por el bellísimo terciopelo de la orquesta más mozartiana del mundo. También Böhm está quizá un punto más inspirado, más transparente y más ágil, esto último sobre todo en el movimiento conclusivo. Los mismos intérpretes tienen otra interpretación en estudio tres años posterior, que desconozco. (9)


Mozart 40 41 Abbado LSO

19. Abbado/Sinfónica de Londres (DG, 1980). Cuando asomaban los ochenta Claudio Abbado se hallaba aun muy lejos de los actuales coqueteos con el mundo historicista -este es un Mozart por completo tradicional, convencional incluso-, pero ya de vez en cuando saltaban señales de alarma que nos advertían de su evolución posterior. Aquí por ejemplo, tenemos dos primeros movimientos presididos por la asepsia y la blandura, e incluso con más de un amaneramiento, que resultaban por completo impropios de quien hasta entonces estaba siendo un enorme director. Menos mal que la segunda mitad de la obra, irreprochablemente trazada, mejora un poco las cosas. (6)


Kubelik sinfonias

20. Kubelik/Radio Bávara (Sony, 1980). El maestro checo ha sido uno de los directores que mejor ha demostrado que lo apolíneo no tiene por qué significar en modo alguno distanciamiento, indiferencia expresiva, trivialidad o falta de tensión interna, y eso queda bien claro en esta KV 550 sonada de modo increíblemente bello y elegante, cantada con enorme naturalidad, trazada con una arquitectura de prodigioso equilibrio y sin espacio alguno para el desgarro -estamos en terrenos opuestos a los de Furtwaengler o Barenboim-, pero de magnífico pulso interno, enérgica cuando debe ser, de hondo humanismo en un segundo movimiento memorable y, en general, atenta al drama interno que albergan los pentagramas. A pesar de un Menuetto excesivamente amplio y de aristas algo suavizadas -aun así, hay acentos lacerantes en los violines-, es una referencia absoluta dentro de las interpretaciones de corte tradicional y equilibrado. (10)
 
 
Mozart 40 41 Levine Chicago

21. Levine/Sinfónica de Chicago (RCA, 1981). Que el que fuera durante lustros director musical del Met es una batuta pedestre, superficial y de brocha gorda queda bien de manifiesto en este registro en vivo en el Festival de Ravinia, particularmente en un Andante extremadamente prosaico y aburrido. Sin embargo, en esta ocasión hay que agradecer a Levine no solo que no saque en ningún momento los pies del plato, sino que además inyecte a su interpretación una buena dosis de empuje y energía, particularmente en un Allegro assai no precisamente refinado, pero sí extrovertido, lleno de vida y de comunicatividad. La orquesta, impresionante. (7)


Mozart 31 40 Hogwood

22. Hogwood/The Academy of Ancient Music (Decca, 1981). El irregular clavecinista y director británico fue el primero que se atrevió a grabar -por partida doble, en versión sin clarinetes, que es la que comentamos, y con ellos- esta sinfonía con instrumentos originales. Fue un acierto, porque era necesario ofrecer nuevos puntos de vista para esta obra maestra partiendo de los presupuestos filológicos, y no tanto en lo que se refiere al número de ejecutantes, que ya se había reducido bastante con las experiencias de Barenboim o de Marriner, sino en la tímbrica -los violines son muy ácidos incluso para un oído acostumbrado al historicismo-, en la articulación y en la propia concepción expresiva. El problema es que Hogwood, pese a no caer en la tentación, como sí le ocurrió en algunas de sus interpretaciones haendelianas, de resultar frívolo o pimpante, era -y sigue siendo- un director bastante soso, y frente a unos movimientos extremos bastante logrados, el Andante carece de cualquier comunicatividad y el Menuetto no sabe romper con la tradición en la manera de colocar los acentos. La orquesta, llena de nombres que se harán ilustres, tampoco suena con la depuración que hoy, venturosamente, alcanza este tipo de formaciones. (7)
 
 
Mozart 40 Harnoncourt Concertgebouw

23. Harnoncourt/Concertgebouw (Teldec, 1983). No se le puede negar al maestro berlinés su carácter arriesgado e inquieto, su manera de lanzarse sin red hacia una serie de experimentos que en buena medida han arrojado nuevas luces hacia partituras architrilladas y han abierto puertas a renovadas vías de interpretación, pero tampoco podemos dejar de reconocer su deseo de resultar iconoclasta porque sí, de dejarse llevar por personalismos injustificados desde el punto de vista expresivo o, simplemente, de llamar la atención. De todo esto hay en esta lectura pionera a la hora de mezclar instrumentos modernos y articulación moderadamente historicista, que pese a huir por completo de las densidades digamos que “románticas” y ofrecer siempre la agilidad e incisividad esperables en Harnoncourt, apuesta por mezclar la garra dramática de un Furtwaengler con la sobriedad puramente neoclásica, añadiendo además una buena dosis de claroscuros teatrales y unas ligeras gotas de galantería que mira al pasado. Así las cosas, nos ofrece un primer movimiento vehemente, angustiado y dramático, pero sustituyendo la sinceridad del citado Furt con cierta espectacularidad de cara a la galería. El segundo, aun apostando asimismo por el dramatismo, resulta nervioso y un tanto pimpante. El Menuetto, generalmente en Harnoncourt el movimiento más personal e interesante por su rapidez y rusticidad, aquí resulta excesivamente rápido e innecesariamente agresivo. El final, algo lento en relación con el resto, resultaría de una admirable ortodoxia si no fuera por algunos detalles creativos no muy convincentes. La orquesta, maravillosa. (7)
 
 
 Mozart sinfonias Tate

24. Tate/English Chamber Orchestra (EMI, 1984). Esta interpretación sólida, seria, incluso severa dentro de su irreprochable musicalidad, destaca por la maravillosa arquitectura que ofrece una batuta de pulso firme, atentísima a la polifonía y al equilibrio de planos sonoros -admirable el relieve de las maderas-, alcanzando además el punto justo de equilibrio entre elegancia y músculo bien ayudada por una orquesta de maravillosa sonoridad, que no tanto por el ingeniero de sonido. Solo se pueden poner reparos a la relativa sosería de los movimientos extremos. El Andante está desgranado con una emotividad contenida que ofrece una tensión dramática no por sutil menos efectiva. En el Menuetto, poderoso pero en absoluto hinchado, destaca un elegantísimo trío. (9) 
 
 
 Mozart Bernstein

25. Bernstein/Filarmónica de Viena (DG, 1984). Este documento es un desconcertante testimonio de las dos caras de Bernstein en los últimos años de su carrera. En el primer movimiento tenemos al director narcisista, blando y amanerado, preocupado únicamente por la seducción sonora -la orquesta es la ideal para responder sus requerimientos- y muy poco atento al contenido dramático de la música. En el cuarto nos reencontramos con el comunicador sincero, directo, lleno de fuerza controlada y capaz de aunar como nadie músculo, claridad y belleza. Entre medias, un Andante muy hermoso pero un tanto otoñal y con tendencia a la blandura, más un Menuetto sonado de maravilla pero algo hinchado. (7)
 
 
Mozart sinfonias Solti


26. Solti/Orquesta de Cámara de Europa (Decca, 1984). Admirable testimonio de cómo Solti alcanzó su mayor grado de madurez en la primera mitad de los ochenta gracias a la absoluta concentración, admirable cantabilidad en el fraseo y gran atención a los aspectos apolíneos de la música que el maestro supo añadir a su estilo habitualmente directo, rápido, vibrante y de agudo instinto dramático. Nos encontramos así ante un Mozart no genial, pero sí de perfecto equilibrio entre temperamento y belleza clásica, amplio pero tenso, en absoluto pesado, tocado de manera impecable por una orquesta de la que el maestro extrae petróleo y desmenuzado con una claridad y equilibrios de planos difícil de superar: pocas veces se ha escuchado así de bien el tejido polifónico del cuarto movimiento. Por si fuera poco, la toma sonora es portentosa. (9)


Mozart 40 Bruggen

27. Brüggen/Orquesta del siglo XVIII (Philips, 1985). El maestro holandés y su notabilísima orquesta de instrumentos originales nos demostraron ya hace años en sus grabaciones para el sello Philips que interpretar el repertorio clásico con parámetros estrictamente historicistas no tiene que significar en modo alguno renunciar al vigor, el conflicto ni la tensión interna, y menos aun caer en la blandura, la ligereza expresiva o la trivialidad. Buen ejemplo es esta interpretación sobria y dramática, de magnífico trazo y espléndida ejecución, que solo pierde un tanto por el excesivo distanciamiento del segundo movimiento y la relativa sosería del minueto. (8)
 
 
Mozart 40 Giulini Orfeo

28. Giulini/Filarmónica de Viena (Orfeo, 1987). El maestro contaba ya setenta y tres años cuando realizó esta interpretación, registrada en vivo con sonido solo aceptable para ser ya de la era digital, en el Festival de Salzburgo. Y aquí la edad se deja notar, pues nos ofrece una lectura claramente otoñal, amplia y meditativa, en la que a un primer movimiento muy discutible no ya por eternizarse, sino por sus coqueteos con la dulzura, da paso a un segundo profundísimo, denso en el mejor sentido de la palabra, melancólico y trágico al mismo tiempo, fraseado con la naturalidad que es propia en Giulini, y en cualquier caso de asombrosa belleza. El tercero le queda algo pesante, y el cuarto no pierde tensión a pesar del enfoque adoptado. La orquesta aporta una sonoridad de la mejor ortodoxia mozartiana en esta lectura tan discutible como interesante, en la que por cierto se respetan todas las repeticiones. (9)
 
 
  Mozart 40 41 Gardiner

29. Gardiner/English Baroque Soloist (Philips, 1989). Bien respaldado por una toma sonora soberbia , el maestro británico realiza una rigurosísima labor técnica con su magnífica orquesta de instrumentos originales clarificando líneas, trazando las tensiones de manera irreprochable y demostrando un elevado sentido del ritmo, todo ello partiendo de una aproximación expresiva objetiva, sobria y rigurosa, por completo ajena a la trivialidad o el amaneramiento, sin necesidad de llamar la atención frente a las interpretaciones de corte tradicional. El problema, como tantas veces ocurre con Gardiner, es que se le escapa el alma de la música; los movimientos impares suenan más virtuosísticos que sinceros mientras mientras que el segundo, en exceso distante, carece de la poesía al mismo tiempo cálida y agónica que desprenden los pentagramas. El último sí es magnífico. (8) 
 
 
Mozart 40 Norrington LPO

30. Norrington/London Classical Players (EMI, 1991). Por completo alejado del pathos y de la densidad de las interpretaciones tradicionales, pero también de la seca acidez de un Hogwood o de los claroscuros, la electricidad y el sentido teatral de un Harnoncourt, el británico ofrece una recreación en la que apuesta claramente por la ligereza, y no solo en tempi y en sonoridad sino, sobre todo, en carácter. El resultado es un Mozart delicado, grácil y coqueto, digamos que “de porcelana”, en la que se pasa de largo ante los conflictos para optar por lo amable y lo luminoso. Todo esto está muy bien realizado desde el punto de vista técnico y su hoy desaparecida orquesta de instrumentos originales responde sin problemas, pero resulta dudoso que este planteamiento sea adecuado para una obra como la KV 550. (6)
 
 

31. Harnoncourt/Chamber Orchestra of Europe (DVD DG, 1991). Con un instrumento de mucha calidad aunque no tan extraordinario como el del Concertgebouw, Harnoncourt repite su acercamiento de ocho años atrás realizando algunas modificaciones y moderando algunas decisiones que, en conjunto, hacen que esta nueva lectura sea algo más ortodoxa que la anterior, aunque no por ello carezca precisamente de personalidad. En cualquier caso, está todo tan calculado que el resultado es muy frío y distante, por muy sólida que sea su factura desde el punto de vista técnico. (7)


Mozart 40 Giulini Berlin Sony

32. Giulini/Filarmónica de Berlín (Sony, 1991). No hay apenas diferencias de concepto con respecto a la interpretación registrada en vivo cuatro años antes, salvo la sustitución de la más adecuada Filarmónica de Viena por la mucho más musculosa, aunque en cualquier caso imponente, Berliner Philharmoniker, a la que por lo demás el italiano modela con una plasticidad asombrosa y hace cantar con naturalidad infinita. La toma sonora es ahora, lógicamente, muy superior, y suponemos que debe de serlo aún más en el reciente reprocesado realizado para esta caja de precio barato con interpretaciones mozartianas a cargo de la orquesta berlinesa. (9)
 
 
Mozart 40 Wand

33. Wand/Sinfónica de la NDR (RCA, 1994). A sus nada menos que ochenta y dos años, el director alemán no podía menos que ofrecer una lectura rigurosamente tradicional, amplia, densa y con músculo, también algo pesadota -salvo en el Menuetto- y sin mucha elegancia. Tampoco resulta particularmente poética o emotiva, pero sí se halla muy atenta a los aspectos dramáticos de la página. Lástima que la orquesta no sea mejor. (8)
 
 

34. Celibidache/Filarmónica de Múnich (EMI, 1994). Aunque nació el mismo año que Günter Wand, y por mucho que en su última etapa los tempi se dilataran de manera infinita, la interpretación del maestro rumano -grabada en el mes de marzo de 1994, como la de su colega- no resulta ni mucho menos tan lenta y masiva como la de este, con la excepción de un Andante que mezcla pathos y espiritualidad con resultados algo extraños y no del todo convincentes. Pero el Menuetto, siendo más amplio, está llevado con enorme naturalidad, mientras que los movimientos extremos se desarrollan no solo con lógica, fluidez y enorme belleza, sino también con una agilidad y hasta velocidad impensables en el Celi más maduro. Eso sí, y al contrario de lo que ocurre con Wand, la luminosidad se impone sobre las tinieblas y el drama no termina de salir a flote. (8)


Mozart sinfonias Pinnock

35. Pinnock/The English Concert (Archiv-DG, 1994). No siendo sus presupuestos en principio menos historicistas que los de sus colegas, e incluso atreviéndose a incorporar un clave como bajo continuo -de manera tan discreta como acertada, por cierto-, Pinnock no necesita acentuar la acidez de la cuerda, ni frasear de modo pimpante, ni excederse en la incisividad de los ataques, ni adoptar velocidades que no permiten a la música respirar. Por eso su lectura, siendo rápida, ágil y fluida, está fraseada con enorme naturalidad, sonada con gran belleza y dicha con amplia cantabilidad, alcanzando además un apreciable equilibrio entre los aspectos líricos y los dramáticos -sombríos acentos en el segundo movimiento- sin perder nunca la elegancia y la luminosidad que requieren el mundo mozartiano. Magnífica y enorme ortodoxia, pues, lejos del pathos furtwaengleriano o de las densidades de la escuela centroeuropea, pero también muy apartado de la frivolidad, la aspereza o la blandura de otros maestros historicistas. Lástima que la toma sonora, siendo muy buena, resulte en exceso reverberante. (9)
 
 
Mozart 40 Koopman

36. Koopman/Orquesta barroca de Ámsterdam (Erato-Warner, 1994). Partiendo de unos presupuestos interpretativos cercanos a los de su compatriota Brüggen, el clavecinista, organista y director holandés aporta un acercamiento menos severo, más imaginativo en el fraseo y con un colorido en el que las maderas adquieren singular importancia. Por desgracia Koopman, tras un Molto allegro muy conseguido aunque no especialmente dramático, cae en ciertas languideces en el Andante y no convence al apostar por una excesiva levedad en muchas frases de los dos movimientos restantes. La toma sonora es muy buena, pero algo reverberante. (7)
 
 
Mozart 40 41 Vegh




37. Végh/Camerata Académica del Mozarteum de Salzburgo (Decca, 1995?). Interpretación personalísima y desconcertante, pues a una orquesta de tamaño reducido tratada con una articulación ágil, nada pesante, y controlada férreamente para no dar pie al arrebato ni a la pérdida del equilibrio clásico, se añade un tratamiento de la agógica muy libre que deriva en un fraseo y una acentuación imprevisibles que descubren numerosos aspectos nuevos de la partitura y generan una sensación muy peculiar a medio camino entre el desasosiego y la espiritualidad. Interesantísimo. (9)

 
CD-Muti-Wiener Mozart 40 Prokofiev Schubert

38. Muti/Filarmónica de Viena (VPO, 2000). En medio del triunfo discográfico de las interpretaciones historicistas, esta de Muti y Viena -tienen dos más dos más en Philips, una en audio y otra en vídeo, registradas en 1991- supone el retorno a las lecturas tradicionales, esto es, relativamente lentas en los tempi, densas en lo sonoro y en lo expresivo, cálidas y nobles antes que vivaces o incisivas, de legato amplio y pathos tan profundo como controlado, desde luego no en la línea de un Furtwaengler ni de un Barenboim, pero sí en la de un Klemperer, un Fricsay o un Böhm. A destacar el enorme vuelo poético del segundo movimiento y la elegancia muy viril del Trío. El Molto allegro, sorprendentemente, carece de la garra y la inmediatez que esperaríamos en un maestro como Muti, que por fortuna sí hace gala de agilidad, su sentido teatral y fuerza expresiva en un magnífico último movimiento. La Filarmónica de Viena sabe ofrecer todo el músculo que demanda la batuta sin perder la belleza sonora que la caracteriza. (8)
 
 
Mozart 40 41 Minkowski

39. Minkowski/Les Musiciens du Louvre (Archiv-DG, 2005). El director francés es un músico más bien vulgar y pedestre, que suele resultar grueso en lo sonoro cuando se pone en plan dramático y caer en la liviandad cuando quiere ser lírico, amén de resultar por lo general bastante más vistoso que profundo. De todo eso hay en esta interpretación, pero también encontramos una buena dosis de vida, de teatralidad y de comunicatividad, incluso de garra expresiva. Y lo más importante: Minkowski tiene bien claro que los cuatro movimientos de esta partitura -el último le queda particularmente bien- salen desde el dolor y con intenciones abiertamente dramáticas, y no para ofrecer sonoridades hermosas ni relax emocional. Su orquesta, que nunca ha sido gran cosa, ofrece una sonoridad rústica y coloreada que, aun en el extremo opuesto al de una Filarmónica de Viena, resulta muy apropiada para esta música. (7)
 
 
Mozart 40 41 Weil

40. Bruno Weil/Tafelmusik (Analekta, 2006?). Si no fuera por un segundo movimiento terriblemente cuadriculado, aséptico y rutinario, nos encontraríamos ante una interpretación notable entre las de corte historicista por estar magníficamente sonada, bien trazada en sus líneas, dicha con irreprochable gusto y situada en el punto de equilibrio expresivo adecuado entre elegancia, drama y luminosidad. Aun así, los otros tres movimientos necesitarían aun un punto más de imaginación, de personalidad y de compromiso expresivo para sobresalir por encima de la media. La grabación se hizo para ser descargada, previa compra, desde la web del sello. (7)


Mozart 40 Norrington Stuttgart

41. Norrington/Sinfónica de la Radio de Sttutgart (Hänssler, 2006). Aunque ahora se sirve de una orquesta de instrumentos modernos -no muy fina en esta toma en vivo, por cierto-, Sir Roger no solo no ha moderado sus criterios sino que los ha radicalizado, en general para peor. Quizá el primer movimiento ha ganado en garra tensión interna, pero la velocidad -ahora es más rápido aún- no se ve compaginada con un fraseo natural y resulta precipitado. El Andante también posee mayores tintes dramáticos cuando debe, pero los pasajes líricos no solo están sonados de manera en exceso liviana, sino que están fraseados a saltitos, con un espíritu no ya frívolo sino abiertamente cursi, por no decir repipi. El Menuetto está planteado ahora con mucha mayor rusticidad, pero en el Trío Norrington vuelve a mostrarse en exceso interesado por lo grácil y lo coqueto. El cuarto arranca como si fuera la música de un dibujo animado, pero por fortuna se termina centrando y ofrece unos resultados por fin magníficos que, a estas alturas, ya poco pueden hacer para salvar esta recreación del mal gusto de su artífice. (5)
 
 

Mackerras Mozart Linn

42. Mackerras/Scottish Chamber Orchestra (Linn, 2007). Músico desconcertante a más no poder, Sir Charles realiza aquí un curioso intento de sintetizar no solo las sonoridades tradicionales y las historicistas, sino también el temperamento dramático con la ligereza y hasta la coquetería, con resultados irregulares. Lo más flojo es el segundo movimiento, largo por las repeticiones pero leve y apresurado, poco sensual y sin hondura. El Molto Allegro inicial está muy bien, salvando algunos detalles. Espléndidos los otros dos, ágiles pero con sentido dramático. Admirable la grabación. (7)
 
 

43. Pinnock/Filarmónica de Berlín (Berliner Philharmoniker Digital Concert Hall, 2008). Moderando de manera considerable la articulación historicista pero sin renunciar en absoluto a ella -obviamente sí elimina el bajo continuo de su interpretación con instrumentos originales-, el clavecinista y director británico vuelve a acertar con una lectura sensata, musical y de la mejor ortodoxia expresiva, esto es, elegante, apolínea y luminosa pero con una importante carga dramática, fraseada con enorme naturalidad, admirablemente expuesta -irreprochable la polifonía del movimiento conclusivo- y tan hermosa como comunicativa, en la que además logra aunar sin problema alguno la densidad sonora de la formidable orquesta berlinesa con la agilidad de su batuta. Al segundo movimiento, que posee adecuados claroscuros, se le podía pedir quizá algo más de calidez, pero en cualquier caso se trata de una interpretación de mucha altura. (9)
 
 
Mozart 40 Jacobs

44. Jacobs/Orquesta Barroca de Friburgo (Harmonia Mundi, 2008). La del contratenor francés una de las lecturas más historicistas hasta la fecha, tanto por la sonoridad áspera de la orquesta como por el fraseo particularmente ágil, incisivo y recortado que le lleva a ofrecer alguna que otra frase en exceso pimpante en el Andante. Jacobs además subraya alguna frase de las maderas en el primer movimiento que rara veces se oye y ofrece en los dos últimos una gran cantidad de retenciones de tiempo y reguladores sin duda altamente teatrales, pero que quiebran la unidad del discurso. Sin duda ha de levantar ampollas entre los más alérgicos a los instrumentos originales. Es cuestión de acostumbrar los oídos, porque el concepto que maneja Jacobs, como el de Minkowski tres años atrás, se encuentra más cercano del dramatismo y el sentido trágico de algunos directores tradicionales que de la indiferencia expresiva de un Hogwood, de la cursilería de un Norrington o del aburrimiento infinito de un Abbado, por citar a directores que realizan apuestas parecidas en lo formal. Muy lejos, en cualquier caso, de la calidez y cantabilidad de un Pinnock más moderado en sus planteamientos y más rico en concepto, como también de la sensata ortodoxia de un Bruno Weil. (8) 
 
 
Abbado Mozart 39 40

45. Abbado/Orquesta Mozart (DG, 2009). Veintinueve años después de su primera grabación, y esta vez adoptando una articulación decididamente influida por el historicismo, Abbado no solo no corrige la asepsia, la blandura y el amaneramiento de entonces, sino que los potencia de manera considerable y les añade esa molesta obsesión por la ligereza sonora propia de los últimos lustros de su evolución como director. Realmente es difícil hacer los dos primeros movimientos de manera más plana, flácida, aburrida e insulsa: no hay aquí ni tensión dramática, ni aliento lírico, ni sentido de los contrastes. Ni siquiera elegancia: cursilería más bien. De los matices expresivos, ni hablemos. Tampoco la orquesta es precisamente para tirar cohetes. Los dos últimos movimientos mejoran algo sin hacer que esta interpretación, registrada en directo con buen sonido, salga de la más absoluta mediocridad. (4)
 
 

46. Barenboim/Filarmónica de Viena (toma radiofónica en YouTube, 2012). Un amable lector de este blog ha tenido la amabilidad de subir a YouTube la toma radiofónica procedente de un concierto celebrado en Praga el 15 de mayo de 2012 en el que Barenboim y la orquesta más mozartiana del mundo interpretaron las tres últimas sinfonías del autor de manera memorable. De la nº 40 ofrece una recreación apasionadísima, poderosa y hiperdramática, muy rápida en el primer movimiento -a la cuerda le cuesta trabajo seguirle y llega a despistarse-, que logra poner de relieve los aspectos más tormentosos de la partitura sin atentar contra la naturalidad del fraseo, la belleza sonora -el sonido es muy corpulento, eso sí- ni el encanto mozartiano. La pifia de las trompas en el trío es perdonable dentro de tan tremebunda recreación. (10)

martes, 19 de febrero de 2013

Boulez dirige Wagner y Liszt

Los días 9 y 10 de junio de 2011 Pierre Boulez, Daniel Barenboim y la Staatskapelle de Berlín se reunieron en la Philharmonie de Essen, dentro del Festival de Piano del Ruhr, para ofrecer los dos Conciertos para piano de Franz Liszt. Las interpretaciones de estas dos obras, más un par de propinas, fueron editadas en un compacto de Deutsche Grammophon que ya comenté en este blog, pero quedaron fuera las dos páginas puramente orquestales de Wagner a cargo del compositor y director francés que completaron el programa: Obertura Fausto e Idilio de Sigfrido. Las piezas finalmente encontraron edición comercial en un DVD (también en Blu-ray) del sello Accentus Music que ahora ha llegado a mis manos.

Boulez Barenboim Liszt Accentus DVD

La Obertura Fausto es prototipo del Wagner interpretado por Boulez: un soberbio ejercicio de arquitectura, realizado con asombroso trazo e insólita claridad, al que le falta un verdadero interés por los aspectos expresivos. De hecho, la atmósfera fáustica brilla por su ausencia. Por eso mismo me interesa más la interpretación de Thielemann con la Staatskapelle de Dresde -menos transparente pero desde luego más idiomática- que completa la Sinfonía Fausto de Liszt comentada en la entrada anterior.

Poco interés guarda el Idilio de Sigfrido. Boulez traza las líneas con su consabido rigor, evita tanto la pesadez como la excesiva ligereza y sabe ofrecer el refinamiento que demanda esta obra sin caer -algo inimaginable en él- en lo blando ni en lo meramente ensoñado, pero el resultado no pasa de una excesivamente distanciada solvencia carente de idioma y, sobre todo, de la sensualidad y ternura aquí tan necesarias. En esta partitura el no va más lo marcan posiblemente Kubelik con la Radio Bávara (Sony, 1979) y Maazel con la Filarmónica de Berlín (RCA, 1999).


En cuanto a los Conciertos para piano de Liszt, a lo ya escrito aquí me remito. Para quien no quiera leer aquella entrada, resumo brevemente. Barenboim tiene problemas de dedos debido a la edad, sobre todo en el Primero, pero modela el sonido como un verdadero maestro, frasea con tanta naturalidad como flexibilidad y explora cada pliegue de la partitura con una musicalidad, una creatividad y un compromiso expresivo de primer orden. Boulez hace gala nuevamente de su impresionante sentido de la arquitectura y de su proverbial objetividad, pero se deja contagiar por el solista y sustituye la asepsia que exhibía en Wagner por una enorme tensión dramática bien balanceada con un nada desdeñable sentido de la atmósfera y, en el caso del Segundo, un adecuado sentido reflexivo. Los resultados son reveladores y perfectamente complementarios a los de las otra versiones de referencia, las más apolíneas e increíblemente bellas de Arrau con Colin Davis.

Ahora bien, ¿merece la pena realizar la compra si se tiene ya el CD, habida cuenta de que las dos páginas de Wagner no están muy bien servidas? A mi entender, la respuesta es afirmativa en caso de poseer en casa un equipo multicanal, porque el surround es francamente bueno y se consigue una extraordinaria calidad de sonido. Si no, puede pasarse de largo, aunque ver además de escuchar siempre resulta de interés.

domingo, 17 de febrero de 2013

Resumen denso, sesudo y profundo de la actual situación política en España

Hace semanas que quiero volver a hablar de política, pero la situación española es tan complicada que no he encontrado tiempo para ello. Por fortuna, es verdad eso de que una imagen vale más que mil palabras: aquí tienen al señor Luis Bárcenas, tesorero del Partido Popular hasta no hace tanto, saludando a la prensa hoy domingo en el aeropuerto de Barajas. ¿Hace falta añadir algo?

viernes, 15 de febrero de 2013

La Sinfonía Fausto de Liszt según Bernstein, Muti, Solti y Thielemann

Traigo hoy aquí cuatro soberbias interpretaciones de la Sinfonía Fausto de Liszt que, al ser muy distintas entre sí, ofrecen visiones complementarias de esta tan dilatada como fascinante página. Escrita en 1854 y estrenada en 1857, se divide en tres movimientos: Fausto, Margarita y Mefistófeles, incluyendo este último una sección coral final añadida en una revisión de la partitura a manera de conclusión mística y redentora. Precisamente cada una de estas cuatro recreaciones hace hincapié en una de las partes referidas.


La primera grabación es la que realizó Leonard Bernstein con la Sinfónica de Boston en julio de 1976, considerada por la mayoría de la crítica como gran referencia discográfica. Con toda justicia, a mi entender, porque Lenny ofrece una impresionante dirección: brillante, elocuente y muy sensual, nada retórica ni pesada, fraseada además con enorme comunicatividad, amplio aliento lírico y gran maleabilidad. El sentido teatral del maestro y su manera de hacer sonar fresco y espontáneo lo que está perfectamente planificado son grandes bazas a su favor.

Así las cosas, su interpretación resulta adecuadamente épica y llena de fuerza en un primer movimiento insuperable, paladeada con concentración en el segundo, incisiva en el tercero y visionaria en el coro conclusivo. La orquesta está sensacional y se amolda perfectamente a la batuta llena de plasticidad de Bernstein, que la trata con un refinamiento y un sentido del color admirables. Por desgracia, y estando muy bien el Tangelwood Festival Chorus, no convence un afalsetado Kenneth Riegel.


De esta recreación existen dos ediciones. Una de ellas es la de Deutsche Grammophon de toda la vida, editada en compacto con un sonido fabuloso salvo en el final, que no alcanza toda la gama dinámica posible. La segunda es la filmación realizada de modo paralela correspondiente a una sola velada, la del 26 del mes citado, que se encuentra en un DVD del sello Euroarts. Suena mucho menos bien que el CD, pero permite ver al maestro en acción; es justamente la misma que aquí le dejamos a través de YouTube. ¡Si no la conocen, no se la pierdan!


La segunda grabación que traigo es la de Riccardo Muti con la Orquesta de Philadelphia, registrada para EMI a principio de los ochenta. Es esta la versión mefistofélica por excelencia: electrizante, llena de tensión, de tímbrica áspera y enorme garra dramática, alcanzando su cénit en un tercer movimiento furioso y enérgico como ningún otro. Espléndido el primer movimiento, no solo épico sino también aristado. El segundo es más anhelante y ardiente que poético, echándose de menos sensualidad y refinamiento. Irreprochable el final, beneficiado por el magnífico Westminster Choir College Male Chorus. Lástima que la voz de Gösta Wimbergh suene constreñida. Una interpretación a conocer, sin la menor duda.


La de Sir Georg Solti con la Sinfónica de Chicago, grabada por Decca en 1986 con una maravillosamente natural toma sonora, no es exactamente como podíamos esperar: aunque el maestro hace gala de su habitual brillantez y electricidad, así como de su capacidad para planificar la arquitectura, hay también aquí una buena dosis de introversión y de lirismo, sobre todo en un segundo movimiento paladeado con asombrosa concentración, fraseado con sutil flexibilidad y maravilloso en el tratamiento de las texturas. Posiblemente nadie como el generalmente extrovertido Solti, vaya paradoja, haya tratado a Margarita con semejante grado de ternura, refinamiento y emotividad.



El primer movimiento del maestro húngaro es muy bueno, estando realizado de un solo trazo y carente de retórica, pero se echa de menos el punto visionario que ofrecía Bernstein. Espléndido el tercero, que sabe ser diabólico en la sección mefistofélica sin llegar a los extremos de un Muti. Maravillosamente trascendental Sir Georg en el final sin caer en lo melifluo, beneficiándose de un coro admirable y de un Siegfried Jerusalem en su mejor momento. Si quieren apreciarlo por sí mismo, ahí arriba tienen la grabación completa.


La última de las cuatro interpretaciones la he escuchado muy recientemente y es la que ha dado pie a esta entrada. Se trata de la de Christian Thielemann con la Staatskapelle de Dresde, filmada en 2011 por Cmajor y editada tanto en DVD como en Blu-ray. Puede que falte un punto de creatividad, de garra dramática y de carácter visionario, sobre todo en el primer movimiento, pero la interpretación es notabilísima por su calidez tímbrica -impresionante el sonido de la orquesta-, por la naturalidad de su desarrollo y, sobre todo, por su sentido de la atmósfera, no tanto en los aspectos más tenebrosos de la partitura como en los sensuales, atendidos con especial sentido del legato y de las texturas; recuerda un tanto en este sentido a la grabación en vivo de Horenstein con la BBC Northern Symphony (PTC, 1972).


La transición a la sección coral podía haber estado más lograda por parte de Thielemann, si bien esta última, pese al canto poco agradable de Endrik Wottrich, alcanza una asombrosa elevación poética. De hecho podríamos decir que si Bernstein se ocupa de Fausto, Solti de Margarita y Muti de Mefistófeles, el maestro berlinés -gesto seco y facciones desagradables- se encarga de hacer hincapié en la redención del protagonista de la obra de Goethe. La toma resulta algo turbia pero ofrece amplia gama dinámica y enorme relieve, aportando el DTS una gran presencia del órgano en el final.

¿Y Barenboim, se preguntarán algunos? ¿Dónde está mi admirado Barenboim? Pues lamento decir que su registro para Teldec de 1992, siendo magnífico en el primer movimiento y ofreciendo una espléndida intervención de Plácido Domingo en el final, no me parece globalmente a la altura de los cuatros citado, al menos de los de Bernstein y Muti. Qué le vamos a hacer.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Verdi y Wagner en el Diván de Barenboim

Me preguntaba el otro día un amigo sevillano cuál podría ser el próximo programa de la Orquesta del West-Easter Divan en Andalucía. Yo no tenía idea, la verdad, aunque me pareció plausible su razonamiento de que este año se centrara en Verdi y Wagner por aquello de los aniversarios. Ahora otro amigo me ha dado una posible confirmación gracias a la página del Festival de Lucerna del próximo verano, donde están previsto dos conciertos de la WEDO bajo la batuta, obviamente, de Daniel Barenboim. Abajo les copio los programas tal como aparecen en la web oficial.

Antes quiero añadir que me parecería muy adecuado que el maestro, dado el importantísimo esfuerzo económico -1.139.099 euros de presupuesto para la Fundación en 2013- que hace la Junta de Andalucía para su proyecto en estos tiempos de crisis, no haga lo del año pasado de dejarnos con un solo concierto -el de Beethoven en el Maestranza- y nos ofrezca, cuanto menos, un par de ellos en distintos puntos de la comunidad. Por cierto, no estaría nada mal que se pasara por el Villamarta, ¿no les parece?

 

Sun, 18 August 2013 | 18.30 | KKL Luzern, Concert Hall | 606

West-Eastern Divan Orchestra | Daniel Barenboim conductor

Giuseppe Verdi (1813-1901)

Overture to Les Vêpres siciliennes

Saed Haddad (*1972)

Que la lumière soit (world premiere)

Giuseppe Verdi (1813-1901)

Overture to La traviata

Overture to La forza del destino

Richard Wagner (1813-1883)

Prelude to Parsifal

Chaya Czernowin (*1957)

At the Fringe of Our Gaze (world premiere)

Richard Wagner (1813-1883)

Prelude to Die Meistersinger von Nümberg

 

 

Mon, 19 August 2013 | 19.30 | KKL Luzern, Concert Hall | 607

West-Eastern Divan Orchestra | Daniel Barenboim conductor | Michael Barenboim violin | Karim Said piano

Alban Berg (1885-1935)

Chamber Concerto for piano and violin with accompaniment of thirteen wind instruments

Richard Wagner (1813-1883)

Prelude and Liebestod from Tristan und Isolde

Ludwig van Beethoven (1770-1827)

Symphony No. 7 in A major, Op. 92

martes, 12 de febrero de 2013

El triunfo de Jacobs y de la orquesta: soberbio Haendel en Madrid

Llevo aproximadamente veintidós años acudiendo a todos los conciertos que puedo y hasta ahora no he conseguido ver en director a René Jacobs, artista que me atrae muy poco en su antigua faceta de contratenor pero me interesa bastante en la de director. Ha sido en el Auditorio Nacional de Música el pasado domingo 10, dentro del ciclo Universo Barroco que organiza el CNDM, interpretando frente a la soberbia Orquesta Barroca de Friburgo el oratorio de Haendel Il trionfo del Tempo e del Disinganno -versión original en italiano, no la inglesa-, una página de la que por cierto solo conozco dos interpretaciones completas: la de Minkowski (Erato, 1988), que me gusta regular tirando a poco, y la de Haïm (Virgin, 2006), que me gusta muchísimo. Los resultados de la velada madrileña no han estado a la altura de esta última grabación, pero por culpa de los cuatro solistas vocales, que alcanzando un digno nivel no estuvieron ni mucho menos a la altura de la parte instrumental.

Rene Jacobs

La soprano coreana Sunhae Im no es mayor de edad pero sí vieja conocida: voz preciosa, muy esmaltada, manejada con suficiente agilidad, incuestionable elegancia y cierta escasez de variedad expresiva. Realizó una buena labor en la parte de la Belleza, aunque solo nos emocionó -y lo hizo intensamente- en la bellísima aria con que concluye la obra.

Más me gustó la jovencísima (¡nació en 1989!) Julia Lezhneva, voz muy pequeña de volumen y de timbre claro que deslumbró en las dos arias de bravura por su agilidad extrema y conmovió en un “Lascia la spina” cantado con enorme belleza y sensibilidad, además de rica y sabiamente ornamentado. Los resultados fueron muy superiores a los de este vídeo de YouTube donde la mezzo rusa, mediocremente acompañada, ofrece la versión de la misma música incluida en Rinaldo.

El contratenor Christophe Dumaux no se beneficia de un timbre agradable, pero cantó de manera correcta y con intención. El tenor Jeremy Ovenden se limitó a cumplir con al parte del Tiempo; ni a él ni a su compañero les benefició que les colocaran, al contrario que las chicas, detrás de la orquesta, aunque ambos se esforzaron por teatralizar mínimamente sus roles.

Magnífica la dirección de Jacobs, no tan vibrante e imaginativa como la de la citada Haïm pero en cualquier caso llena de vida, de agilidad bien entendida, de teatralidad, de ese sentido de los contrastes tan importante en el mundo barroco, de claridad polifónica y, desde luego, de musicalidad, aunque personalmente hubiera preferido que hiciera sonar a la cuerda de modo menos ácido.

Lo mejor, en cualquier caso, fue la orquesta, de enorme solidez en los tutti y con solistas de asombroso virtuosismo. De alucinar el bajo continuo, riquísimo en su ornamentación y perfecto en su integración con el conjunto, lo que se debe sin duda tanto a la musicalidad y el rigor estilístico de Jacobs como al talento de cada uno de sus miembros: Wiebke Weidanz al clave, Sebastian Wienand al órgano -magnífico en el concierto que se incluye en la primera parte-, Shizuko Noiri al laúd y nada menos que Mara Galassi al arpa, sublime esta última en “Lascia la spina”.

El público -al que por cierto le hubiera venido muy bien tener los textos a su disposición- aplaudió a rabiar. Triunfo de los de Friburgo y de su director, pues, aunque me parece que los mayores laureles se los llevó, en un entorno aún reacio a programar este tipo de repertorio, el señor que con veintidós añitos compuso semejante maravilla. Digresiones aparte, gran velada musical. A mí, por desgracia, me tocaría después conducir cuatro horas y media soportando lluvia y viento, aunque el sacrificio mereció la pena.

domingo, 10 de febrero de 2013

Sensacional Beethoven por Khachatryan y Mena con la Nacional

El año pasado mostré en este blog mi admiración por un vídeo con el Concierto para violín de Beethoven interpretado, bajo la extrovertida batuta de Andris Nelsons, por Sergey Khachatryan. Escribí entonces que "el joven solista armenio (...) decide arriesgarse hasta el límite ofreciendo, armado de un sonido interesante con un buen registro grave, una interpretación de enorme intensidad emocional, más dramática que filosófica, en la que se ofrecen multitud de aportaciones personales que revelan aspectos nuevos de la partitura, aunque también están -por momentos- bordeando lo narcisista, que no lo blando o lo trivial, afortunadamente."


La admiración se ha transformado en entusiasmo ante la interpretación que ha ofrecido esta mañana junto a la Orquesta Nacional de España en el Auditorio Nacional, donde ya apenas he encontrado rastro de excentricidad -hay alguna frase original en el buen sentido- pero sigue existiendo la misma mezcla de tensión interna, sentido dramático y emotividad que entonces. Ahora bien, acompañado esta vez de un lento y muy idiomático Juanjo Mena, Khachatryan ahora ha abordado la partitura en una línea más introvertida y reflexiva que se beneficia de un muy adecuado sonido -desgarrado el registro agudo, poderoso el grave- y, sobre todo, de una pasmosa concentración interior para desgranar cada una de las frases con enorme claridad y plena atención al significado; impresionante en la cadencia de Kreisler. Dos propinas, sensacionales ambas: un Ysaÿe volcánico pero controlado a más no poder, y una canción armenia recreada con increíble belleza en la que logró adelgazar su sonido al límite sin menor asomo de fragilidad. Impresionante.

A la dirección de Juanjo Mena, por cierto muy superior a la que le escuché a Dudamel con la misma orquesta hace algunos años, solo le pongo como reparo la falta de garra dramática y de rebeldía en el gran clímax antes de que acabe el segundo movimiento. Por lo demás, como anticipé líneas arribas, un Beethoven paladeado con sosiego, adecuadamente denso en su sonoridad y muy centrado en lo expresivo.

Altamente experimentado en el repertorio alemán en su muy meritoria carrera internacional, el director vasco ha hecho en la segunda parte un Pelléas y Melisande de Schoenberg hiperromántico en su enfoque, dicho con tempi rápidos y pulso sostenido, encendido en el fraseo y muy arrebatado en los clímaxs, aunque determinados pasajes podían haber estado dichos con más calma y mayor sutileza en las texturas.

La orquesta parecía sonar bien, pero mi localidad en primera fila no era en absoluto adecuada para apreciar el empaste y el equilibrio de planos. Desde luego la ONE está sonando ahora bastante mejor. Fruto del trabajo intenso durante estos años con Josep Pons, posiblemente. O quizá todo lo contrario: tal vez la ausencia de éste está resultando beneficiosa, vayan ustedes a saber. En cualquier caso, espléndido concierto que ha hecho merecer a Mena y a Khachatryan grandes aplausos por parte del respetable. Y ahora les dejo, que tengo a Haendel con Jacobs en el propio Auditorio.

sábado, 9 de febrero de 2013

I due Foscari en Valencia con Domingo

Quien quiera leer una crónica completa sobre las funciones de I due Foscari que está ofreciendo en producción escénica de Thaddeus Strassberger y bajo la batuta de Omer Meir Wellber con protagonismo absoluto de Plácido Domingo, puede acudir -si no lo ha hecho ya- a los blogs de Atticus y Maac. Como tengo que salir ahora hacia Madrid, me limito aquí a dejar unos apuntes de urgencia sobre la función de ayer viernes 8, la última de cuantas ha ofrecido el Palau de Les Arts.


Plácido, maravilloso. Con un instrumento inadecuado, sí, pasándolo mal en los pasajes de bravura y con problemas para hacerse oír en los concertantes, pero conservando una voz de increíble belleza en el centro, fraseando con un legato exquisito, cantando las melodías con verdadero espíritu verdiano y matizando en lo expresivo con un altísimo grado de sutileza y emotividad. Esta semana he escuchado dos grabaciones con Leo Nucci (el DVD comentado por aquí y una toma con Muti en la Scala) y no tengo la menor duda de quedarme con el madrileño, muchísimo más musical, más emocionante y más artista, por mucho que no sea barítono.

Estupendo el tenor Ivan Magrì, con problemas en su primera aria pero a partir de ahí valiente, luminoso y entregado, muy en sintonía con el Verdi primerizo. La jovencísima y prácticamente debutante Guanqun Yu tiene aun muchas cosas por mejorar, sobre todo en dicción y espíritu italiano, pero su voz es de fuste -sin ser una dramática de agilidad, pero apuntando en esa dirección- y su técnica solvente; estuvo muy bien y probablemente en el futuro podrá desarrollar una carrera importante si se cuida. Poderosa la voz del bajo Gianluca Buratto.

Omer Meir Wellber dirigió en plan Toscanini: tempi muy rápidos, fraseo ágil, incisivo y cargado de electricidad, enorme sentido teatral y un descuido muy considerable hacia la cantabilidad, la sensualidad y la atmósfera. Así las cosas, se alternaron momentos rutilantes con otros precipitados, excesivamente nerviosos y dichos por completo de pasada, por no hablar de la habitual tendencia del director israelí al decibelio gratuito; a Domingo lo tapó en más de una ocasión, mientras que no dejó al tenor frasear con la suficiente amplitud su segunda aria. La orquesta, sensacional, con solistas repletos de musicalidad. ¡Menos mal!

La dirección de actores fue muy pobre e incluyó alguna considerable chorrada, como el hecho de que al final la infeliz Lucrezia ahogase a su propio hijo provocando la muerte por infarto de Francesco. Fueron sin embargo muy atractivas la escenografía y el vestuario, y muy sugerente la iluminación. En conjunto, muy digna producción escénica que redondeó una velada quizá no sensacional, pero sí de notabilísimo nivel: si se hubiera grabado en DVD, sería mucho más recomendable que el de Parma comentado en la anterior entrada. Yo me lo pasé divinamente. Ah, entre el público estaba Mortier: ¿estará pensando en llevarse estos Foscari al Real?



jueves, 7 de febrero de 2013

I Due Foscari en Parma con Nucci

Para prepararme la función de I due Foscari que espero ver en Valencia este viernes, he localizado por ahí el DVD de la filmación realizada en el Teatro Regio di Parma en octubre de 2009 que se incluye dentro de la edición Tutto Verdi editada por el sello CMajor. La única interpretación que yo conocía hasta ahora era la televisiva de Renato Bruson, Linda Roark-Strummer y Alberto Cupido en La Scala bajo la dirección de Gavazzeni (1988), también disponible en este formato audiovisual. Mi recuerdo es tan vago que no acierto a decir si es más recomendable que esta de Parma, de alto nivel musical y mediocre puesta en escena.

Verdi Foscari DVD Nucci Parma 2009

La gran baza de esta nueva grabación es la espléndida labor de Donato Renzetti, quien lidiando con una orquesta y un coro más bien discretos, ofrece toda la rusticidad, el sabor popular, el nervio y el sentido teatral que demandan el Verdi primerizo. Aunque en algún momento se puede echar de menos algo  más de reposo, así como de sentido de la atmósfera, su sinceridad expresiva termina imponiéndose en esta partitura sin duda desigual y de libreto lamentable, pero de una comunicatividad portentosa. ¡Enorme Verdi!

Leo Nucci, con sesenta y siete años a sus espaldas, se muestra más bien irregular. Su voz, que nunca ha sido bella, no se conserva mal para la edad y ciertamente es muy adecuada para el personaje. Su línea es indiscutiblemente verdiana, aunque por momentos su afinación parece dudosa y ciertas frases suenan en exceso agrias. De nobleza, calidez y humanismo, más bien cortito. En los dos primeros actos aburre. Eso sí, en el tercero destapa el tarro de las esencias y, armado de un extensísimo fiato y de un caudal que parece muy considerable, se muestra verdaderamente sensacional (¡lo juro!) en su enfrentamiento con el Consejo, aunque en una línea mucho antes rebelde que matizada en lo psicológico.


Los mismos derroteros, esto es, poderío vocal más que sutileza y atención a los pliegues expresivos, sigue la pareja de enamorados. Notable el tenor Roberto de Biasio, voz de calidad e intérprete vibrante, entregado y muy emotivo, a despecho de obvias insuficiencias por arriba y por abajo. Tatiana Serjan apechuga con el rol más difícil de la partitura, el de Lucrezia Contarini, y lo hace con un instrumento apropiado -asunto este nada fácil aquí- y mucha brillantez en los pasajes de bravura. El bajo Roberto Tagliavini está espléndido en sus escasas intervenciones. Entre los comprimarios, por desgracia, hay alguno para salir corriendo.

Presuntamente esenciales pero a la postre de gran pobreza la escenografía y los figurines de William Orlandi, al servicio de una dirección escénica de Joseph Franconi Lee rancia y escasa en ideas. Los cantantes deambulan como buenamente pueden; Nucci lo hace poniendo su habitual cara de estreñido. La realización televisiva resulta abiertamente mediocre. La toma sonora, muy inferior a la media actual y por completo falsificada en los canales surround. La imagen sí es buena y se incluyen subtítulos en castellano, excepto en los diez minutos que introducen en inglés o italiano esta ópera verdiana. También existe edición en Blu-ray. ¿Merece la pena? Ustedes mismos.