sábado, 27 de febrero de 2010

Nueva entrega del Shostakovich de Petrenko

SHOSTAKOVICH. Sinfonías nº 5 y 9.
Royal Liverpool Philharmonic Orchestra. Dir: Vasily Petrenko.
Naxos 8.572167
CD 78’07’’
DDD
Ferysa
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Naxos olvida su máxima de no repetir obras en su catálogo con este nuevo ciclo Shostakovich (apareció ya la Undécima), y lo hace a la mayor gloria de su nuevo fichaje estrella, Vasily Petrenko. ¿Hay para tanto? Me he puesto manos a la obra y he escuchado un montón de retransmisiones radiofónicas del joven director ruso al frente de su espléndida Royal Liverpool Philharmonic Orchestra: Beethoven, Tchaikovsky, Grieg, Verdi, Rachmaninov, Strauss, Elgar, Ravel, Korngold, Stravinsky, Gershwin, Bernstein… A pesar de algún llamativo tropiezo (el Réquiem verdiano, por ejemplo), me ha parecido un muy notable director, dotado de una estupenda técnica, de unas ideas muy claras y de una gran comunicatividad.

En este disco convence por completo en una Quinta de Shostakovich de magnífico pulso y admirable concentración, no especialmente visceral ni desgarrada en los dos primeros movimientos, pero sí muy profunda y doliente en el tercero y adecuadamente opresiva, ambigua y antirretórica en un magnífico Allegro non troppo conclusivo. No tan redonda le queda la Novena, debido a un tercer movimiento algo rutinario y a un quinto más bien festivo, sin la ironía, el sarcasmo y la mala leche que demanda. Excelente toma sonora, por encima de la media de Naxos.

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Artículo publicado en el número de febrero de 2010 de la revista Ritmo.

jueves, 25 de febrero de 2010

La Nuevo Mundo por Kubelik, en DVD

Acaba de llegar a mis manos -no puedo decir cómo, no vaya a ser que se entere la ministra- un DVD japonés del sello Dreamlife que incluye, con buen sonido e imagen superior a lo esperable, una interpretación de la Novena Sinfonía de Dvórak a cargo de Rafael Kubelik y su Sinfónica de la Radio Bávara filmada en Múnich en 1977. Sobre el papel, el no va más. ¿Hay para tanto? Para mi gusto no, aunque está claro que se trata de una buenísma y en muchos sentidos admirable recreación.


En ella se pueden reconocer fácilmente las virtudes que hicieron del director checo uno de los grandes maestros del siglo XX. De entre ellas yo destacaría tres: una asombrosa naturalidad en el fraseo -siempre fluido y flexible, jamás caprichoso-, una elegancia que no conoce asomo de amaneramiento y, sobre todo, una óptica de enorme frescura y de perfecto equilibro expresivo a la hora de abordar los pentagramas que evita tanto posturas personalistas como cualquier caída en la retórica vacua o en el efectismo.

Su interpretación de la Nuevo Mundo conoce así una interpretación ortodoxa, muy sincera, realizada de un solo trazo, siempre comunicativa, atenta tanto a los aspectos líricos de la obra (¡con qué humanidad suena el celebérrimo Largo!) como a los épicos y a los dramáticos. Kubelik consigue además una sonoridad que, sin renunciar a su habitual elegancia, ofrece ese toque de rusticidad tan apropiado para Dvorák, y evita al mismo tiempo esa densidad brahmsiana por la que optan otros grandes recreadores de este repertorio (Giulini, por ejemplo). El scherzo ofrece, por descontado, todo el sabor folclórico que demanda, y en el clímax final de la partitura acierta a evitar la tentación de caer en lo meramente afirmativo.

Entonces, ¿dónde está el problema? Pues sencillamente en que esta increíble música necesita hurgar más aún en sus numerosos pliegues expresivos: la objetividad y equilibrio del enfoque arriba referido quizá impiden a Kubelik profundizar del todo en los aspectos más dramáticos de la misma. Por ello se echa en falta un poco más de imaginación, de riesgo, de compromiso expresivo, en suma. Justamente lo que sí han sabido ofrecer maestros como Giulini (la grabación en Chicago), Celibidache (en Múnich) o, como ya intenté explicar en este blog, Karl Böhm (enlace).

Los resultados de esta lectura, con todo, mejoran los que Kubelik ya obtuvo en su famosa pero un tanto sobrevalorada grabación de 1972 con la Filarmónica de Berlín para Deutsche Grammopohn, y en cualquier caso ofrecen una enorme cantidad de elementos positivos como para no pasárselo en grande con su visionado. Pues eso.

martes, 23 de febrero de 2010

Octava de Bruckner por Thielemann en Berlín: el discreto encanto de la artesanía

Escuché hace tiempo una Octava de Bruckner a cargo de Christian Thielemann, con nada menos que la Filarmónica de Viena a su servicio, verdaderamente admirable. Había allí, eso es verdad, algunos tirones de tempo "a la Furtwängler" no muy convincentes en este compositor, así como un trazo no del todo unitario en el adagio; pero la interpretación, sincera y creativa, sabía aunar un dramatismo muy escarpado con una poesía altamente conmovedora, trufando todo con numerosos detalles de gran belleza e inteligencia. La toma radiofónica databa de 2007. Por eso ha sido un chasco esta otra interpretación del 13 de diciembre de 2008 que se puede disfrutar, previo pago, a través de la Digital Concert Hall de la Filarmónica de Berlín (enlace).


Ni que decir tiene que el lenguaje es el adecuado, que la sonoridad -germánica hasta la médula- es idónea, que el trazo es firme y que esta por lo demás muy sólida interpretación no conoce (enorme peligro de esta música) caída en la retórica, la ampulosidad o la pesadez. Pero el riesgo, la creatividad y el compromiso expresivo de antes se ven ahora sustituidos por el distanciamiento, la ortodoxia más acomodaticia y hasta la rutina. El primer movimiento desprende cierta sensación de frialdad, y solo al llegar a su acongojante clímax la tensión parece llevar a alguna parte; por desgracia la muy indiferente coda nos deja sumidos en la asepsia.

Mejoran las cosas en el Scherzo, mucho más trabajado y desde luego muy convincente; por descontado que el trío no lo huele, pero eso les pasa a todos con excepción de Klemperer. El adagio está mejor construido que en la interpretación con Viena, pero ahora no hay rastro de esa emotividad, de ese profundo sentido humanista que convierten a esta página en una de las cimas de la música sinfónica. Y muy bien el Finale, bien trazado y dicho con energía -véase clip de YouTube-, aunque en él se echa de menos el carácter visionario que debe desprender su acumulación de tensiones. Así las cosas, cuando la interpretación concluye uno tiene la sensación de haber asistido a un magnífico ejemplo de excelente artesanía musical, pero nada más. Otra vez será.

domingo, 21 de febrero de 2010

Rózsa visita Sodoma y Gomorra

La primera vez que escuché la banda sonora de Miklós Rózsa para el peplum Sodoma y Gomorra (Robert Aldrich, 1962) fue hace ya muchos años en un barato vinilo español de la serie RCA Cinematres. Me dejó maravillado, y desde entonces se ha convertido en una de mis partituras cinematográficas preferidas. Tiempo después me grabaron un doble lp italiano que ofrecía la partitura completa: el prensado era tan horrible que la audición se convertía en poco menos que una tortura. Ya en tiempos del compacto recé para que apareciera en formato digital, pero lo que salió fue una edición estadounidense más o menos pirata con una selección en sonido monofónico, más luego otra edición limitada ya en estéreo, aunque de nuevo incompleta.


Por fin hace un par de años el sello italiano Digitmovies, celebrando el centenario del nacimiento del compositor, realizó una edición en perfectas condiciones, estereofónica y en un doble cd con más música de la que hasta ahora había aparecido... pero el disco se descatalogó en seguida. Afortunadamente en una de mis visitas a Valencia he podido encontrarlo en la estupenda tienda especializada Rosebud (enlace), a un precio más que decente. Reescuchar esta música me ha supuesto un verdadero placer.

¿Dónde radica el secreto de la atracción que ejerce este compositor retórico, grandilocuente y, en el caso de sus films históricos, bastante cercano al kitsch? Pues en algo tan sencillo como en la fuerza de sus inspiradísimas melodías, de las que Sodom and Gomorrah ofrece un surtido extraordinario. Deberíamos quizá hacer una excepción con el tema principal, que a mi modo de ver roza la vulgaridad. Los demás son todos maravillosos, muy especialmente el "tema de amor" vinculado al personaje de Ildith (Pier Angeli), posiblemente el más bello salido nunca de la pluma del compositor húngaro. Pero no se queda atrás el vuelo lírico del resto, incluyendo no sólo los motivos insinuantes vinculados a los deseos más o menos prohibidos en las ciudades bíblicas, sino también hermosas páginas corales vinculadas al pueblo hebreo y diferentes danzas diegéticas muy conseguidas. Lo más flojo es el conjunto de secuencias de acción diseñadas por Rósza, tan funcionales como rutinarias, si bien las dos escenas finales, la destrucción de las ciudades y la conversión de la mujer de Lot en estatua de sal, poseen una estridencia tímbrica bastante atractiva.


Se trata en cualquier caso, vista en conjunto, de una obra musical de enorme atractivo, que si bien puede resultar un tanto convencional para un momento en el que Alex North había renovado sustancialmente el sonido de las películas "de romanos" (ustedes ya me entienden) con Spartacus, conserva íntegra la fuerza melódica y expresiva que el compositor húngaro supo desplegar en sus momentos de más feliz inspiración.

La interpretación musical es de buena calidad, aunque nunca sabremos si es cierta la reivindicación de Carlo Savina de que él ayudo a Rózsa en la dirección de la orquesta tanto en este título como en Ben-Hur y Rey de Reyes: conocemos gracias a la última edición en compacto que el italiano intervino muy parcialmente en las grabaciones que se hicieron del título de Wyler, pero sobre las otras dos cintas no hay de momento confirmación oficial. Miklós Rósza fue, en cualquier caso, un excelente director de su propia música, como demostró en sus maravillosas grabaciones de los años setenta para Polydor y Decca, varias de ellas aún pendientes de aparición en CD.

La edición de Digitmovies es bastante buena, muy abundante en material gráfico aunque con notas no todo lo pormenorizadas que debieran. El sonido es irregular. Los fragmentos mejor conservados, que son la mayoría, están por encima de la media técnica de la que hacían gala las bandas sonoras de la época, pero hay algunos tracks que son monofónicos y se encuentran en mal estado. Resulta además muy discutible que se haya aumentado tanto el volumen para los fragmentos diegéticos, porque no es de recibo que un simple oboe con percusión acompañante suene más fuerte que el tutti orquestal. En cualquier caso es muy improbable que se realice en el futuro una edición mejor que la que comentamos, así que la cosa está clara: imprescindible para fans de Rózsa. Y ahora a ver si sale una edición decente en DVD, porque la que circuló por España no traía ni el audio original en inglés.

viernes, 19 de febrero de 2010

Rattle y Harnoncourt se acercan a Las Estaciones

En los últimos días he podido escuchar dos interpretaciones distintas -y admirables, adelantémoslo ya- de ese genial oratorio de Haydn que es Las estaciones. En la primera de ellas Nikolaus Harnoncurt dirige a su Concentus Musicus Wien de toda la vida; fue registrada en vivo en verano de 2007 y ha sido editada en un doble compacto por Deutsche Harmonia Mundi. La otra se puede ver -previo pago- en el Digital Concert Hall de la Filarmónica de Berlín, y se corresponde con un concierto dirigido por Sir Simon Rattle el 9 de septiembre de 2009.


Harnoncourt nos sorprende al dejar de lado todos sus tics "marca de la casa" sin renunciar a la poderosa personalidad interpretativa que le caracteriza. Dicho de otra manera, no encontramos excentricidades en los tempi, ni una excesiva sequedad en los ataques ni efectistas salidas de tono para realizar presuntos descubrimientos, pero sí que tenemos esa irresistible electricidad, esa teatralidad llena de contrastes, esa aguda incisividad en el tratamiento de los timbres y -algo fundamental en una obra como ésta- esa refrescante rusticidad sonora de la mejor ley que él sabe extraer de su agrupación, sin duda ideal para semejante partitura: con instrumentos originales esta obra suena aún más moderna, sin menoscabo de que Harnoncourt sepa al mismo tiempo poner de relieve la influencia haendeliana. Un poquito más de vuelo lírico, en cualquier caso, no le vendría mal.

En la recreación de Rattle no encontramos en semejantes dosis las virtudes de Harnoncourt, y si de ellas hay que echar en falta una, señalaríamos la agudeza que el austríaco muestra para la onomatopeya. Pero el británico guarda un as en la manga: un entusiasmo fuera de lo común, tan impetuoso y trepidante que por momentos pone al borde el precipicio a esta jubilosa, fresca y muy comunicativa recreación. La Filarmónica de Berlín, que lógicamente está maravillosa, no posee las cualidades "historicistas" del Concentus, si bien Rattle utiliza trompas naturales -sabia elección- y al igual que Harnoncourt opta por fortepiano para los recitativos. Por otra parte el británico, que no es ajeno a la interpretación con instrumentos originales, se aleja de la pesadez y la grandilocuencia de algunas versiones "tradicionales", aunque por otra parte un poco más de reposo y concentración para obtener claridad y paladear la música como es debido sería recomendable para redondear la lectura.



Los solistas vocales son en los dos casos de alto nivel, si bien Harnoncourt gana la partida con la excelsa línea del tenor lírico Werner Güra, la exquisitez -un tanto impersonal- de Genia Kühmeier y la nobleza de canto del barítono Chistian Gerhaher. En Berlín está espléndido John Mark Ainsley, pero Christiane Oelze tiene problemas técnicos -el agudo le queda tirante- y el admirable Thomas Quasthoff, voz más adecuada que la de Gerhaher por ser un barítono-bajo, pasa serios apuros en las agilidades. Los coros son fabulosos, tanto el Rundfunkchor Berlin con Rattle como el Arnold Schoenberg en la interpretación harnoncourtiana, especialmente este último.

Aquí va el link para ver -existe la posibilidad de abonarse al Digital Concert Hall, como yo he hecho- la interpretación de Rattle (enlace).

miércoles, 17 de febrero de 2010

El Rosenkavalier de Wernicke, una obra maestra

Herbert Wernicke preparó un Caballero de la Rosa a petición de Gérard Mortier para Salzburgo. Se estrenó allí en 1995 bajo la dirección -dicen que equivocada, yo no conozco documento sonoro- de Lorin Maazel. Pues bien, ha saltado a la prensa (qué morro tienen los de "El País", qué morro) que el belga pretende resucitar la producción en el Teatro Real madrileño. Y qué quieren que les diga, me parece una extraordinaria idea, a tenor de la maravilla teatral que podemos disfrutar en esta reposición que tuvo lugar en Baden-Baden en enero de 2009 recogida por los micrófonos y cámaras de Decca a mayor gloria de Renée Fleming.

No está clara del todo la época en que se ubica la acción: hay artilugios y algunos elementos de vestuario que remiten a un momento inconcreto de la primera mitad del siglo XX, pero la escenografía (en realidad un juego de espejos en los que se realizan multitud de proyecciones) y los trajes remiten constantemente a la Viena de María Teresa. Parece así que nos encontramos en el siglo pasado, pero en un entorno nobiliario que conserva vestidos y rituales propios de otros tiempos. Al margen de esta decisión, que ni aporta ni quita nada a la obra original, la propuesta de Wernicke es de una fidelidad al texto de Hofmannsthal realmente asombrosa.

El milagro, como dice Christian Thielemann en la media hora de bonus que acompaña al doble DVD, es la manera en la que el malogrado regista alemán consigue resultar personal sin que el espectador tenga la sensación al salir de que no ha visto el verdadero Rosenkavalier. ¿Cómo lo consigue? Pues con una dirección de actores magistral, extremadamente minuciosa, que nos aporta mil y un detalles enriquecedores sobre la psicología de los personajes, además de con un admirable sentido del ritmo teatral, con un gran sentido para no enturbiar la inteligibilidad de la acción con movimientos innecesarios y, más aún, con una enorme capacidad para ilustrar desde la escena las múltiples peripecias que nos cuenta la partitura: en algunos momentos la música parece ser la banda sonora de una película o de una obra teatral cuya existencia es previa a la composición.

En cuanto a la vertiente musical de esta grabación, la presencia de Thielemann es sin duda la piedra angular de un nivel más que satisfactorio: su irreprochable conocimiento del idioma strausisano y su alto sentido teatral terminan ganando la partida. Ahora bien, su interpretación no termina de ser redonda porque el maestro berlinés, como ya evidenció en la suite de la ópera que grabó para DG años atrás, atiende mucho más a la parte trepidante y humorística de la partitura que a su vertiente melancólica y reflexiva. Así las cosas, triunfa por completo en escenas como el enfrentamiento con Ochs o, sobre todo, la mascarada en la taberna, dotadas de un sentido del ritmo, del color y del humor realmente grandioso; la claridad orquestal es apabullante.

En otros momentos, por el contrario, se echa de menos un tratamiento más sutil de las texturas, una mayor atención al matiz expresivo y, en definitiva, un poco más de esa magia sonora que destiló Karajan en sus recreaciones de los años ochenta, inalcanzables incluso para ese otro grandísimo recreador de esta partitura que fue Carlos Kleiber. La Filarmónica de Múnich, por su parte, realiza un formidable trabajo; a decir verdad, parece sonar mejor que en tiempos de Celibidache.

Renée Fleming tiene la voz, el estilo y el físico ideales para el personaje. Su recreación, como no podía ser menos, es maravillosa, aunque es verdad lo que se ha dicho de que hace una Mariscala excesivamente ensoñada. Le pasó ya en su grabación para CD de Daphne (enlace), donde parecía en más de un momento estar cantando los cuatro últimos lieder, de los que por cierto la soprano norteamericana nos ha dejado dos espléndidos registros (enlace). En cualquier caso lo más maravilloso para mí no ha sido escuchar su Mariscala, sino verla: el rostro de esta señora, sin ser ni mucho menos el de la inalcanzable Schwarzkopf, alcanza en los finales de los actos impares una temperatura dramática acongojante, más aún incluso que con la otra gran intérprete del rol en tiempos modernos, Felicity Lott. Verdaderamente es difícil decir tantas cosas con solo una mirada. Véase si no el video adjunto.



El de Sophie Koch es un Oktavian cantado con excelente gusto y muy bien actuado, tanto en lo vocal como en lo escénico. El problema, no soy el primero en señalarlo, es que su voz es menos grave de lo que quiere el personaje. Diana Damrau, físicamente algo mayor para lo que requiere Sophie, canta de manera irreprochable y evita por completo caer en la cursilería que a veces se asocia con el papel. Lástima que junto a ellas se encuentre el Ochs mediocremente cantado -aunque bien interpretado- de Franz Hawlata, quien unos meses después nos decepcionaría protagonizando en Sevilla La mujer silenciosa (enlace).

Entre el resto del elenco hay algunas sorpresas, no siempre agradables. Nada menos que Franz Grundheber se encarga de Faninal: en lo canoro es muy poca cosa, pero su maestría en la escena se deja notar. Jane Henschel es un lujo como Annina, sobre todo porque su gracioso físico es ideal para el personaje. Y el señor Jonas Kaufmann, finalmente, hace gala de las evidentes limitaciones de su técnica destrozando la parte del tenor italiano.

Como la imagen y el sonido son excelentes -supongo que lo serán más aún en blu-ray-, este doble DVD no puede dejar de recomendarse, sobre todo por su maravillosa vertiente teatral. Y ahora, a rezar para que Mortier traiga un elenco y una batuta dignas de esta acertadísima reposición del Rosenkavalier de Wernicke para la próxima temporada.

lunes, 15 de febrero de 2010

Nueva Cuarta de Shostakovich por Rattle

En 1994 Simon Rattle grabó para EMI al frente de la Sinfónica de Birmingham una rabiosa, visceral y muy comprometida interpretación de la Cuarta Sinfonía de Shostakovich. Cierto es que atendía más a la parte dramática y corrosiva de la obra que a la atmosférica, que a ratos su violencia parecía algo externa y que el final no resultaba tan inquietante como debe, pero aun así el director británico redondeó una gran interpretación de esta partitura nada fácil de abordar. De ahí que tuviera yo mucho interés por conocer lo que hizo con la misma el pasado 13 de septiembre nada menos que con la Filarmónica de Berlín, interpretación que ofrece on-line la Digital Concert Hall de la que venimos hablando últimamente en este blog.



Pues bien, los resultados han sido para mí un relativo chasco. La ejecución es soberbia, la planificación irreprochable, la expresión siempre certera. No hay la menor caída en la acumulación decibélica ni en el efectismo. Pero la intepretación, muy objetiva y bastante abstracta, poco interesada en hurgar en recovecos expresionistas, desprende una sensación de distanciamiento e incluso frialdad que no termina de convencer. Esta partitura que en su momento Shostakovich escondiera en un cajón, sin atreverse a estrenarla a la vista que lo que se le venía encima por su Lady Macbeth, necesita bien un planteamiento a tumba abierta como el de Rozhdestvensky (enlace), o incluso el del propio Rattle años atrás, bien una visión fantasmagórica, atmosférica, ambigua y sutil como la de Rostropovich. En cualquier caso hay que alabar una soberbia ejecución de la Filarmónica de Berlín y un tercer movimiento en general bastante conseguido.

La velada se había abierto, acertadamente, con los geniales diez últimos minutos de esa obra maestra absoluta que es la Lulu de Berg, interpretada por Rattle con desbordante pasión "romántica", más que "expresionista". El británico no escatima aristas, sin embargo, en el marcado expresionismo de Les Voix, para soprano, piano y orquesta, obra concluida en 1941 por Paul Dessau, un compositor del que hasta ahora quien esto firma nada conocía. Lars Vogt exhibe un piano muy acerado y Angela Denoke, ideal para este repertorio, sale airosa de las extremas dificultades de su parte. Interesante recuperación, sin duda, de una página que hasta hace muy pocos años no ha visitado el disco y las salas de concierto, y gran acierto de un Rattle que ha sabido inyectar sabia nueva a la programación de la orquesta.

Como en las anteriores ocasiones, dejo aquí el link para escuchar el concierto (enlace).

sábado, 13 de febrero de 2010

Cosa rara en Valencia

Ofrece el Palau de Les Arts una nueva producción de Una cosa rara, ópera que en su momento hizo furor (no hace falta insistir en la archiconocida cita en el banquete de Don Giovanni) pero a la que en tiempos recientes solo se le ha prestado atención desde que la recuperase a principios de los noventa Jordi Savall. ¿Ha merecido la pena? Rotundamente sí, porque al fin y al cabo se trata de nuestro patrimonio musical y, como se hace con cuadros o edificios, es deber de las administraciones públicas restaurarlos y ponerlos en valor para que luego tanto los historiadores como el público disfruten y opinen. Máxima tratándose de una partitura que en su día alcanzó semejante celebridad.

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Dicho esto, ¿nos encontramos ante una gran ópera? A mí me parece que no. Independientemente de las inevitables comparaciones con Mozart (no vamos a encontrar aquí la sutil definición de personajes ni el dominio orquestador del genial salzburgués), la obra de Vicente Martín y Soler parece más la de un artista con enorme sabiduría y oficio que la de un músico dotado de verdadera inspiración. Por decirlo de modo vulgar, uno escucha la obra con mucho placer pero no sale del teatro con ninguna melodía en la cabeza.

A nivel dramático, Una cosa rara, ossia Bellezza ed onestà supone toda una decepción viniendo su libreto de quien viene, es decir, de Lorenzo da Ponte, en la que era su segunda colaboración con el valenciano. Que se tiene que jugar con las convenciones es inevitable, como también que hay que rendir pleitesía al Antiguo Régimen: la obra se estrena en 1786, tres años antes de la Revolución Francesa, en el Teatro de la Corte de Viena. En problema está en otro lado: en la falta de verdadera progresión dramática. Tal es así que se llega al final del primer acto con la acción prácticamente resuelta y a partir de ahí se puede perder el interés por lo que pasa sobre la escena.

Consciente de semejantes limitaciones, Francisco Negrín ha realizado una propuesta escénica absolutamente soberbia que es capaz de ser fresca, original, dinámica y muy divertida sin caer en el grave error que cometen muchos “modernizadores” de libretos, es decir, hacer que la acción se dirija en un sentido opuesto al que lo hace la música o, peor aún, caer en la más vulgar y previsible provocación gratuita.

No diré mucho más para no reventarle la sorpresa a quienes no la hayan visto: me limito a apuntar que nos encontraremos en una especie de club privado para pijos cuya dueña parece ser Isabella (Isabel la Católica el original), y que el juego entre los dos distintos niveles de acción (los cortesanos y los campesinos) se resuelve con una propuesta que ha sido descrita por un amigo como un cruce entre Gran Hermano y El Show de Truman. Originalísimo además el desarrollo del espacio escénico en tres niveles de altura diferentes para rimar con el empinado graderío de la sala donde se ofrece esta producción, no en balde el Teatre Martín i Soler (sic) del Palau.

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La interpretación musical tuvo el acierto de contar fundamentalmente con voces del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo del propio Palau: la mayoría lo hicieron con mucha corrección, y bastante más que eso en el caso de Maite Alberola, de la que ya hemos hablado en alguna ocasión por aquí (enlace). Entre los que no pertenecían a la “academia”, la valenciana Ofelia Sala se enfrentó con desigual fortuna a las agilidades del rol de la reina Isabella y el joven Joel Prieto exhibió una hermosísima voz como el príncipe Giovanni, mientras que quien se llevó el gato al agua fue María Hinojosa en el papel que da título a la obra, es decir, en el de esa “cosa insólita” que según el misógino Da Ponte es una chica al mismo tiempo hermosa y fiel.

La dirección musical (en dos funciones cambiará la batuta) corre a cargo de Ottavio Dantone, enorme clavecinista y director más discutible que no termina de encontrar el punto de equilibrio necesario entre sus planteamientos historicistas y la pequeña pero magnífica orquesta de instrumentos modernos que tiene a su disposición. Me pareció la suya una dirección muy teatral, muy animada y con mucha vida, pero también bastante seca y de escaso vuelo lírico. Es un acierto utilizar clave y fortepiano para el continuo y los recitativos. El Cor de la Generalitat Valenciana, por desgracia, se ve perjudicado por su ubicación al principio del primer acto.

¿Conclusiones? Con sus virtudes y limitaciones, Cosa rara hay que conocerla, y difícilmente se va a contar con una ocasión mejor que esta que se nos ofrece en Valencia, merced sobre todo al soberbio trabajo de Francisco Negrín y su equipo. Muy recomendable.

viernes, 12 de febrero de 2010

Vida de héroe por Jansons

STRAUSS: Una vida de héroe.
Royal Concertgebouw Orchestra. Dir: Mariss Jansons (+ documental “The Sixth Maestro”).
RCO Live
DVD. 45’12’’ (+ 49’17’’)
DDD
Diverdi
***

Este nuevo sello en el que la Royal Concertgebouw va a presentar, ya sea en DVD o en Super Audio CD (el lanzamiento que comentamos lo hace en ambos formatos), grabaciones del hoy y del ayer de la que es una de las mejores orquestas de Europa, se abre lógicamente con el primer registro junto a su nuevo titular. Un nombramiento que hasta dentro de algunos años no podremos saber si ha sido tan acertado como lo fue el de Chailly, pues el sin duda talentoso Mariss Jansons siempre se ha mostrado de lo más irregular.

Da la de cal con esta Vida de Héroe no especialmente clara, poética o personal, pero sí sincera y de en general sólida factura, equilibrando los aspectos épicos y líricos de la partitura, logrando el imprescindible sentido del humor en “los enemigos del héroe” y ofreciendo buen sentido narrativo en “el campo de batalla”; lástima que en “la plenitud” haya algún devaneo hacia la dulzura y el efectismo (¡esa percusión en el final!) que empaña el resultado. Artesanía de primera, pues, que no quita de su podio al milagro de Böhm/Viena (D.G.). De todas formas es un DVD muy recomendable por su calidad audiovisual y por el espléndido documental sobre esta nueva pareja de futuro incierto.

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Artículo publicado en el número de junio de 2005 de la revista Ritmo.

PS. Parece mentira, pero esta reseña tiene ya cuatro años y medio. ¿Qué ha aportado Jansons a la orquesta a lo largo de este tiempo? A esta pregunta deberían responder los críticos que le han aclamado como una de las mejores batutas del mundo a raíz de su recién concluida gira española. Yo aún estoy por verlo.

En cuanto a esta versión de Ein Heldenleben, que se grabó en el propio Concertgebouw el 4 de septiembre de 2004, tras volver a escucharla confirmo mi impresión inicial de que se trata una muy buena lectura a la que le falta una mayor dosis de refinamiento: la sonoridad es no ya robusta, sino un tanto tosca. Asimismo le sobra cierta dulzonería en el final, en este caso más por parte del violín solista que por la del propio Jansons, quien en todo caso nos intenta epatar con una coda de lo más efectista. Sea como fuere, y como además la imagen y el sonido son espléndidos, he disfrutado bastante con la audición.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Lucia di Lammermoor en Valencia: lo mediocre, lo plausible y lo magnífico

Anoche se ofreció en el Palau de Les Arts la última función de Lucia di Lammermoor. Se ha escrito bastante sobre ella: sin salir de la blogsfera, se pueden leer las bastante positivas crónicas de Maac (enlace), Titus (enlace) y Atticus, en este último caso por partida doble (enlace 1) (enlace 2). Quizá por esperar demasiado, la función del pasado sábado 6 de febrero me resultó algo decepcionante. Mejor dicho: irregular. Encontré cosas francamente mediocres, otras bastante plausibles y otras de todo punto admirables.


Lo peor fue para mí la batuta de Karel Mark Chichon, director gibraltareño al que yo sólo había tenido la oportunidad de escuchar en un concierto de esos de Año Nuevo (valses y polcas de los Strauss) en el Villamarta. Entonces no me causó mala impresión. Ahora sí: la flacidez, la indiferenciación expresiva y la rutina caracterizaron su labor en el foso, subrayando las debilidades de la escritura orquestal donizettiana y quedando muy lejos de lo que demanda la belleza de momentos tan conseguidos como el sexteto. Por si fuera poco la orquesta sonó mucho menos bien de lo que suele. Dice su señora esposa Elina Garança, que "casualmente" está contratada para cantar Carmen en el Palau de Les Arts el próximo mayo, que su marido no la necesita para nada en su carrera porque tiene talento más que suficiente. ¡Tendrá morro la tía!

Ya dije en este blog a raíz de su Julieta (enlace) que Nino Machaidze me parece una soprano de gran futuro. Lo sigo manteniendo, pero debo reconocer que hoy por hoy el papel de Lucia le viene grande. Y no solo porque la voz, en directo, no tenga todo el volumen deseable, ni porque el instrumento no posea todo el peso que demanda el papel, sino también porque la soprano georgiana no parece dominar del todo los recursos belcantistas: hay que trabajar mucho más los reguladores, dominar mejor las agilidades y ornamentar con más riqueza en los da capo. En cualquier caso nos encontramos ante una artista que canta con buen gusto y mucha sensatez, y en este sentido se permitió triunfar en una escena de la locura en la que no quiso dar los sobreagudos espúreos que podían ponerla en aprieto y en la que supo derrochar tanta belleza como sensibilidad. Una Lucia plausible, pues, que aún tiene mucho por mejorar.

Como a todo el mundo, para mí lo mejor de estas funciones valencianas ha sido Francisco Meli, un Arturo de muchos quilates. Empezó con la voz un tanto atrás, pero poco a poco se fue centrando y puso su notable instrumento, gracias a Dios más lírico que ligero, al servicio de una recreación de irreprochable línea italiana, muy cálida y efusiva, por momentos algo exhibicionista, pero en cualquier caso ajena a las caídas en la blandura y en la vulgaridad que afectan, por ejemplo, a un Alagna. En el "tombe..." estuvo magnífico, pese a una pequeñísima vacilación final y a llegar algo cansado a la dificilísima "pseudocabaletta" que pone fin a la partitura.

Correctísimos pero más interesantes en lo vocal que en lo expresivo el Enrico de Vladimir Stoyanov y el Raimondo de Diógenes Ranges, y estupendo el Arturo de Angelo Antonio Poli. Excelente el coro. Así las cosas, en lo que a la interpretación musical de esta Lucia valenciana se refiere, me aburrí mucho en los dos primeros actos y me lo pasé estupendamene, pese a la batuta, en el tercero, que es donde el tenor cobra protagonismo y donde la Machaidze da lo mejor de sí.

De la puesta en escena de Graham Vick no tengo gran cosa que decir. Muchos la habían visto ya en España, y yo la conocía por el DVD con la Bonfadelli. Es hermosa, sensata y funcional. No aporta nada en particular pero está bien hecha. Por desgracia la dirección de actores resultó inexistente, fruto sin duda de la incompetencia de quienes se encargaron de reponer la producción, Marco Gandini y Patrizia Frini. Lástima.

Ah, se me olvidaba. La Machaidze aparenta poseer una belleza más bien exótica y en sus entrevistas ha ofrecido una imagen superficial y muy de diva. Pues bien, me pasé por los camerinos y descubrí que se trata de una chica simpatiquísima, vivaz y de talante muy juvenil, encantada de sacarse las fotos que haga falta (yo no me atreví) y de firmar todo lo que le pongan por delante. Y su belleza, que desde luego es apreciable, resultó no ser sofisticada sino maravillosamente natural.

lunes, 8 de febrero de 2010

Concertgebouw en Murcia: el peor Jansons posible

He escrito varias veces por ahí que Mariss Jansons me parece un director sumamente irregular, capaz de hacer cosas extraordinarias (ahí están sus dos grabaciones de la Sinfonía Litúrgica de Honegger, obra que tuve la suerte de escucharle en los Proms), de ofrecer la solidísima corrección de un gran artesano (lo que ocurre con buena parte de su Tchaikovsky, su Rachmaninov o su Shostakovich) o de caer en el más absoluto aburrimiento. En este mismo blog (enlace) di cuenta de un mediocre DVD con la Novena de Beethoven (página que también tuve la oportunidad de oírle en el citado festival londinense), y ahora me toca comentar el insufrible concierto que le escuché ayer domingo 7 de febrero con el que el Auditorio Víctor Villegas de Murcia (recinto de muy amplio aforo e irreprochable acústica) celebraba su decimoquinto aniversario.


Concierto para violín de Sibelius y Cuarta de Brahms (sustituyendo a última hora a la Segunda de Rachmaninov) integraban el programa. La partitura del finlandés fue interpretada con grisura, limitándose Jansons a cuidarse de no sepultar a la solista y a conseguir pianísimos de ciencia ficción, cosa que no le fue difícil teniendo delante a la Orquesta del Concertgebouw. De tensión sonora, comunicatividad y fuerza dramática, ni rastro, aunque al menos se movió dentro de unos correctos parámetros expresivos. Janine Jansen, violinista de enorme talento (espero hablar pronto de su recreación del Concierto de Britten) ofreció un sonido de gran belleza y un virtuosismo a prueba de bombas, pero su visión de la obra fue meramente contemplativa, muy tímida en el aspecto expresivo y, por ende, bastante superficial. Perfecta sintonía con Jansons, pues. La propina bachiana tampoco estuvo a la altura.

La Cuarta de Brahms me pareció detestable, pues el maestro letón confundió la esencialidad con la superficialidad, el equilibrio con la indiferencia, el carácter otoñal con la flacidez y la elegancia con la cursilería. Eso sí, e independientemente de que en lo técnico la ejecución no fuera irreprochable (el maestro no logró que empastaran los metales), toda la lectura estuvo revestida de una verdadera obsesión por la belleza sonora. Mejor dicho, por el preciosismo sonoro. La tensión dramática y la fuerza expresiva estuvieron por completo ausentes de esta aburridísima, incincera y muy tramposa recreación en la que la increíble Passacaglia final (nunca la he escuchado tan morosa y aséptica) resultó especialmente perjudicada. Muy original la propina: Danza húngara nº 5. Interpretación en la misma línea, incluyendo brutalidad efectista en la coda similar a la que minutos antes había puesto colofón a la sinfonía.

Fabulosa la orquesta, por supuesto. Para mí no hay duda de que se trata una de las tres mejores de Europa, y si alguien me dice que es la mejor no seré yo quien se lo niegue: la sonoridad de Berlín es más robusta e impresionante, la de Viena es indudablemente más bella, pero la combinación de virtuosismo y flexibilidad de la formación holandesa seguramente no conoce parangón. ¿Y con semejante nivel en la orquesta puedo yo afirmar que el concierto fue mediocre? Pues sí, porque una cosa es la ejecución y otra la interpretación, aunque muchos aficionados (y algunos críticos ignorantes) sigan confundiendo ambos conceptos.

sábado, 6 de febrero de 2010

Lammermoor, francesa y en DVD

Como esta noche ofrece el valenciano Palau de Les Arts la penúltima función de Lucia de Lammermoor (allí espero estar), traigo este DVD que supone la única oportunidad de disfrutar con imágenes de la versión francesa de la partitura, estrenada en París en 1839. Es inferior en lo musical a la de toda la vida, porque la sustitución de "Regnava nel silenzio" por un aria procedente de Rosmonda d'Inghilterra se deja notar, pero a mi modo de ver resulta muy superior en lo dramático. Lo más vistoso en este sentido sea quizá la casi completa desaparición del personaje de Raimondo (y de su escena con la protagonista en el segundo acto, claro está), para favorecer al antes muy desdibujado Normanno, que aquí se transforma en un personaje mucho más sólido y siniestro, Gilbert, que contribuye a crear una atmósfera aún más opresiva en torno a la protagonista. Otras modificaciones del libreto contribuyen a hacer la acción más ágil e inteligible, así que se puede afirmar que a nivel escénico Lucie de Lammermoor es preferible al original en italiano.



Este DVD editado por TDK se filmó (con espléndida calidad de imagen y sonido 5.1 auténtico) en enero de 2002 en la Ópera Nacional de Lyon. De las primeras funciones, que contaron con la participación de Natalie Dessay, queda testimonio sonoro gracias a la grabación comercial en CD editada por Virgin cuya reseña colgué hace poco en este blog (enlace). Una enfermedad -tengo entendido que más o menos seria- obligó a la diva a cancelar antes de que se realizara la filmación, así que a quien aquí vemos es a Patricia Ciofi. Creo que no salimos ganando, pues la muy sólida y solvente soprano sienesa es una artista menos personal y creativa que su colega. En cualquier caso Ciofi exhibe una voz con un muy sólido centro -el grave se queda corto, el agudo es tirante-, se desenvuelve con corrección en las fórmulas belcantistas y, pese a su relativa sosería, pone toda la carne en el asador en una escena de la locura justamente aclamada por el respetable. Ni que decir tiene que no se incluye la cadenza con la flauta.



De Alagna escuché en su momento una grabación radiofónica de estas mismas funciones en la que sufría serios descalabros. En esta edición comercial no hay nada de eso, claro, pero aun así su actuación deja que desear: su emisión es estentorea, matiza con escasa sutileza y por momentos tiende al sollozo. Al menos hace gala de una adecuada extroversión y se desenvuelve estupendamente con el francés. A su lado Ludovic Tézier presta su espléndida voz a Enrico/Henry, Yves Saelens hace un aceptable Gilbert y Marc Laho cumple como Sir Arthur, otro personaje que alcanza mayor entidad en la versión parisina. La dirección musical de Evelino Pidò (uno de los directores preferidos de la Dessay) alterna momentos muy correctos con otros más bien rutinarios, cuando no vulgares. Los sollozos de la cuerda en la última aria del tenor (la presunta cabaletta) resultan lamentables, por mucho que acompañen los de Alagna.

La puesta en escena se debe a Patrice Cauriér y Moshe Leiser. Sobria, eficaz y muy respetuosa con el libreto, basa su fuerza expresiva en la potencia dramática de los claroscuros; la renuncia a la horterada historicista resulta muy de agradecer. La dirección de actores podía estar más trabajada, eso es cierto, aunque en contrapartida se ofrece una escena de la locura muy bien planificada en la que se saca gran partido de la Ciofi. Lástima no poder disfrutar de esa gran actriz que es la Dessay.

jueves, 4 de febrero de 2010

Jansons dirige y ensaya El mandarín maravilloso

A partir del próximo domingo 7 el director letón Mariss Jansons (Riga, 1943) realizará al frente de la portentosa orquesta del Concertgebouw, de la que es titular desde 2004, una gira por España que incluye visitas a Murcia -donde espero escucharle-, Valencia, Zaragoza y Madrid. Por ese motivo traigo aquí este breve DVD editado por Arthaus que procede de un trabajo televisivo, de fines claramente promocionales, en el que el maestro ensaya y dirige la genial suite de El mandarín maravilloso al frente de la que fue su orquesta entre 1979 y 2002, la Filarmónica de Oslo.


El documental, independientemente de los inexcusables elogios que los instrumentistas tienen que dedicarle al maestro, deja entrever la gran calidad humana de Jansons, su trato educadísimo, su profesionalidad, su amor al trabajo y su pasión a la música. Virtudes todas ellas que explican en gran medida el éxito de su carrera internacional, toda vez que como artista, al menos para quien suscribe, dista de ser un gran director: los desiguales resultados de su intensa labor discográfica saltan a la vista.



Por fortuna este Bartók está bastante bien, haciendo gala -véase video de YouTube- de las mejores virtudes del maestro: entusiasmo, calidez y un notable sentido tanto del ritmo como del color. El lenguaje bartokiano es irreprochable y Jansons hace gala de un buen olfato para la narración. ¿Qué le falta a esta lectura para ser genial? Pues además de un más minucioso trabajo de disección orquestal -la claridad nunca ha sido el fuerte de nuestro artista-, pienso que una mayor dosis de imaginación, visceralidad y compromiso expresivo no vendría nada mal a esta partitura en la que la última palabra la dijeron Claudio Abbado y Pierre Boulez. En cualquier caso el DVD, de imagen y sonido mejorables para estar grabado en 1997, se ve con agrado y se disfruta en su contenido musical.

martes, 2 de febrero de 2010

Lucie de Lammermoor con Alagna y Dessay

Donizetti: Lucie de Lammermoor
Natalie Dessay, Roberto Alagna, Ludovic Tézier, Marc Laho, Nicolas Cavallier.
Coro y Orquesta de la Ópera Nacional de Lyon. Evelino Pidó, director.
Virgin
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En 1839 se presenta en París una versión francesa de Lucia en la que se agiliza la acción, se perfilan mejor los conflictos, desaparecen algunos pasajes orquestales y se sustituye el emblemático “Regnava nel silenzio” por “Que n'avons-nous des ailes”. Como sólo se contaba con la grabación de Dynamic protagonizada por Patricia Ciofi, es bienvenido este registro realizado al hilo de las representaciones en Lyon con Alagna y Dessay.

La últimamente problemática diva tuvo que dejar la mitad de sus funciones a la citada Ciofi (parece será a ésta a la que veremos en el DVD), pero en el presente compacto ofrece una Lucia más que notable, luciendo registro homogéneo, pasta vocal sólida, con suficiente cuerpo, amén de una solvente -no excepcional-coloratura. Que nadie se sienta defraudado por la ausencia de sobreagudos y cadencias espurias.

Aun sin los tropiezos evidenciados en retrasmisión radiofónica, el tenor sí que presenta sus habituales “señas de identidad”; al menos, hemos de reconocerle la morbidez de su fraseo y su aquí creíble talante heroico. Tézier impresiona más en el plano vocal que en el interpretativo. La batuta de Pidò es briosa, pero carece de cantabile y tiende a la vulgaridad.

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Artículo publicado en el número de mayo de 2003 de la revista Ritmo.

PS. Efectivamente, meses más tarde de escribir esta reseña salió al mercado el DVD con Alagna y Ciofi. De él espero hablar próximamente en este blog. En cuanto a Dessay, es una verdadera lástima que no se conserve ninguna filmación comercial de su Lucia, porque es una fenomenal actriz. Véanse si no los clips que se encuentran en Youtube con su escena de la locura en la misma producción que en la temporada siguiente protagonizó y grabó la Netrebko, que comentamos aquí hace unos días (enlace). La comparación, por cierto, no deja en muy buen lugar a la soprano rusa, especialmente en el aspecto escénico.