martes, 31 de marzo de 2009

Così en DVD por Pritchard

MOZART: Così fan tutte.
Doese, Lindenstrand, Perriers, Allen, Austin, Petri.
Glyndebourne Chorus, London Philharmonic Orchestra. Dir: John Pritchard.
Arthaus, 101 081
DVD. 158’
ADD
Ferysa
***
M

Este de Glyndebourne es un Così disfrutable. Fundamentalmente porque el conjunto está bien dirigido desde el foso y sobre las tablas, y eso en ópera es tan importante (¡oh, herejía!) como el propio elenco vocal. Así, la convencional realización escénica de Adrian Slak y la agradable escenografía de Emanuele Luzzati han envejecido mucho menos que otras propuestas cercanas en el tiempo, mientras que la batuta de Pritchard, que no es precisamente muy refinada ni poética, inyecta vitalidad y energía sin caer en cursilerías ni frivolidades.

Excepción hecha del mediocre Ferrando de Austin, el reparto es homogéneo y cumplidor, sobresaliendo la sensible Fiordiligi de Helena Doese (con sus apurillos en “come scoglio”, claro está) y el viril Guglielmo de nada menos que Thomas Allen. Filmación y sonido muy buenos para la época (1975). DVD recomendable, pues, aunque la versión que el lector no debe perderse es una que en su momento no fue comentada en RITMO: la prodigiosa de Daniel Barenboim y Doris Dörrie.
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Artículo publicado en el número de diciembre de 2004 de la revista Ritmo.

lunes, 30 de marzo de 2009

Jarre by Jarre

Ha fallecido Maurice Jarre. Que a sus ochenta y cuatro años llevara ya un tiempo retirado de la composición para la gran pantalla no impide que los aficionados a la música de cine nos sintamos apesadumbrados por la pérdida que quien ha sido, pese a sus insuficiencias y desigualdades, uno de los grandes compositores de bandas sonoras entre principios de los sesenta y finales de los noventa. Como pequeño homenaje personal quiero traer aquí el que quizá sea el disco más recomendable para acercarse a su música.

Jarre by Jarre fue una producción realizada para CBS por David Motley (más tarde responsable de las últimas grabaciones de Giulini) y pensada aún para el LP: de ahí su escasa duración de cuarenta y cinco minutos. Con la espléndida Royal Phiharmonic a sus órdenes, el propio compositor tuvo la oportunidad de dirigir suites o temas de Lawrence de Arabia, La hija de Ryan, Doctor Zhivago, Pasaje a la India, La caída de los dioses, Único testigo, Arde París?, Mad Max III y Villa cabalga. Una reivindicación en toda regla, pues, del Jarre sinfónico y espectacular (la página de Único Testigo se ofrecía en orquestación del malogrado Christopher Palmer) en un momento, el año 1987, en el que el compositor se hallaba inmerso en su período puramente electrónico.

En la temporada 1988-89 Maurice Jarre visitó los Encuentros Internacionales de Música de Cine de Sevilla (nunca lamentaremos lo suficiente su desaparición) para ofrecer en el Teatro Lope de Vega un programa con estas mismas suites de concierto, algunas de ellas ampliadas, más otras piezas diversas de su cosecha. De las ondas Martenot se encargaba nada menos que Jeanne Loriod, la cuñadísima de Messiaen. Se trató desde luego de un concierto muy vistoso, y muchos aplaudimos entonces a rabiar, pero la audición del disco compacto que más tarde editarían Varese Sarabande y la Fundación Luis Cernuda hoy no permiten dudar que se trató de un mal concierto, tanto por la mediocridad de la Sinfónica de Madrid como por la dirección de un Jarre entregado a la vulgaridad más estrepitosa.

Este disco de CBS, grabado de manera espléndida con tecnología digital, nos mostraba sin embargo a un Jarre comedido, elegante y cuidadoso que procuraba –orientado sin duda por el productor- disimular todo lo posible la tendencia al empalago de sus melodías y el regodeo decibélico de sus orquestaciones. El resultado fue magnífico. Como aún se puede encontrar con facilidad en las más famosas tiendas de Internet, me permito recomendar vivamente este compacto por el que, independientemente de sus cualidades puramente musicales, siento un cariño muy especial: fue el primero que compré en mi vida.

Brahms y Korngold por Znaider y Gergiev: un genio mal acompañado

Me reprocha un amigo que la mayoría de los discos que comento en este blog son antiguos. Tiene razón. Pero aquí va una novedad: los conciertos para violín de Johannes Brahms y Erich Wolfgang Korngold en grabación realizada por RCA (con toma demasiado reverberante) en la Musikverein de la capital austríaca entre el 12 y el 19 de diciembre de 2006. Los protagonistas fueron un Nicolaj Znaider que se confirma plenamente como uno de los mejores violinistas del panorama mundial (en el que no escasean precisamente los grandes nombres asociados al instrumento), y un Varely Gergiev que vuelve a relevarse como un monumental bluff del mercado discográfico.

Znaider

El violinista danés lo tiene todo. Su sonido es poderoso, homogéneo, acerado y un punto hiriente, recordando no poco al del extraordinario Perlman. Su virtuosismo no conoce mácula. Y su poderoso olfato musical le hace ofrecer interpretaciones de una sinceridad y fuerza expresivas sobrecogedoras. Su recreación del bellísimo concierto de Korngold, a la altura de la de un Shaham y por encima de una Hahn, de una Mutter o de un Kavakos, por poner ejemplos recientes de grandes intérpretes de la obra, es un prodigio de imaginación y frescura, ofreciendo música a espuertas sin caer nunca -tentación grande de esta partitura- en el preciosismo decadente y ensoñado.

Y qué decir del Brahms. La monumental página no es precisamente fácil en lo técnico ni simple en lo expresivo, pero Znaider se codea sin ningún problema con los más grandes violinitas del pasado siglo ofreciendo una recreación apasionada pero no carente de control, hiriente a más no poder pero no por ello menos bella, encontrando el punto justo entre extroversión e introversión y consiguiendo un sonido y un fraseo puramente brahmsianos. La manera en la que su violín ilumina todas y cada una de las líneas de la partitura, amoldándose a las diferentes situaciones anímicas propuestas, es de las que dejan con la boca abierta. Basta comparar esta recreación con la también reciente y en cualquier caso muy notable de Vadim Repin (dirigida por un Chailly algo despistado) para darnos cuenta de que Znaider es un caso fuera de lo común.

En cuanto a Gergiev, pues lo de siempre. Mucho músculo, mucha robustez sonora y mucho decibelio, con resultados fogosos y a menudo aparentes, pero la brocha gorda de la que se sirve, su desinterés por profundizar en los pentagramas y su incapacidad para diferencia estilos terminan descubriéndonos a un batutero vulgar y mediocre. Su Brahms es tan masivo como superficial. En Korngold, donde en principio podría encontrarse más cómodo, hay verdaderas caídas en el efectismo hortera: ¡menuda coda la del primer movimiento!

Claro que lo más irritante no es eso, sino el “milagro” de hacer que la Filarmónica de Viena, por increíble que parezca, no suene a Filarmónica de Viena. ¿Dónde están esos inconfundibles violonchelos, cielo santo? Con una batuta en condiciones este disco hubiera sido de referencia. RCA se merece no vender un solo ejemplar por haberlo dejado a medias contratando a un director tan mediocre: parece que en “la mula” se puede encontrar, dicho sea a quien le interese imaginar lo que esta grabación, genial en la parte violinística, podía haber sido.

sábado, 28 de marzo de 2009

Una maravillosa horterada: Kismet con Gemiagni, Ramey & Co.

Aunque me gusta bastante el género (más que la zarzuela, sin ir más lejos), no soy precisamente un experto en musicales. Tanto es así que no conocía Kismet, una horterada pergeñada por unos tales Robert Wright y George Forrest sobre temas del mismísimo Alexander Borodin -las Danzas Polovsianas en primer plano, claro está- sobre un delirante argumento ambientado en la Bagdad del siglo XI (“A Musical Arabian Night”) que debió de dar pie en Broadway a un tan lujoso como cateto despliegue de escenografía, vestuario y chicas voluptuosas. Arrasó en los Tonys de 1953 y fue pronto llevada al celuloide (con Howard Keel y la dirección de Vincente Minelli: tampoco he visto la película).

Kismet_Gemignani

Pues bien, hete aquí que he podido escuchar (¡gracias, Amazon, por vender barato discos de segunda mano!) la grabación realizada por Sony Classical en 1990 y me lo he pasado realmente en grande. La idea, vuelvo a repetirlo, es una horterada monumental, pero está realizada de manera tan brillante que el resultado termina enganchando; la belleza melódica de Borodin tiene mucho que ver con ello. Y la interpretación contenida en este disco es sencillamente un prodigio.

Elemento fundamental, sin duda, la batuta de Paul Gemignani, quien al frente de una prodigiosa Sinfónica de Londres hace gala de una brillantez, un colorido, una chispa y un swing realmente excepcionales. Los Ambrosian Singers (si no fueron el mejor coro del mundo, poco les faltó) estuvieron maravillosos. Y los cantantes realizaron todos ellos una excepcional labor in que se notase que sus voces fueron grabadas en Nueva York sobre un registro previo de las partes orquestales.

Un Samuel Ramey ya algo mayor pero artistazo como él solo delineó al mendigo-poeta protagonista con una línea vocal envidiable pero sin sonar a cantante de ópera metido en camisa de once varas. Julia Migenes destiló con picardía y sensualidad toda el erotismo de su personaje. El malogrado Jerry Hadley y una deliciosa Ruth Ann Swenson, por entonces los dos aún bien de voz, compusieron a la parejita de enamorados evitando totalmente la cursilería. El actor Dom DeLuise (sí, el que hacía pareja con Burt Reynolds) es un villano gracioso pero afortunadamente no bufonesco. Y Mandy Patinkin tiene una breve pero divertidísima aparición casi al final de la partitura. Una impresionante toma sonora redondea un disco de esos para dejarse de prejuicios y pasárselo en grande.

viernes, 27 de marzo de 2009

La mujer sin sombra de Böhm de 1955

 
R. STRAUSS: Die Frau ohne Schatten.
Rysanek, Höngen, Hopo, Goltz, Weber, Böhme, Hellwig, Termal, Dickie. Coro y Orquesta de la Ópera de Viena. Dir: Karl Böhm.
Orfeo C 668 053 D
3 CDs. 199’33’’
AAD
Diverdi
****
A H

Tan sólo unos días antes de realizar la grabación de estudio en estéreo para Decca (con Schöffler en lugar de Weber), y veintidós años de registrar la lectura en vivo editada por DG, Karl Böhm dirigía a las huestes de la recién reabierta Ópera de Viena para ofrecer esta versión señera de La Mujer sin Sombra que ahora edita Orfeo, sello al que hay que alabarle su soberbia restauración sonora pero también censurarle su elevado precio.

El cast está dominado por la Emperatriz de Leonie Rysanek, entonces en la plenitud de sus facultades vocales y ya una acongojante recreadora del personaje. El resto mantiene un alto nivel para tratarse de una función en vivo: tosco aunque con poderosos agudos el Emperador de un Hans Hopf más soportable que de costumbre, engolado y algo bobalicón pero solvente Tintorero de Ludwig Weber, temperamental al tiempo que algo basta Tintorera de Christel Goltz y quizá adecuadamente agria Ama de una Elisabeth Höhngen a la que se le adivina una poderosa presencia escénica.
El de Graz logra el milagro de aunar tensión dramática, elevación poética (¡qué final del Acto I!), absoluta claridad de texturas y -por descontado- la más refinada belleza sonora. Impresionante.
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Artículo publicado en el número de abril de 2006 de la revista Ritmo.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Discografía de las sinfonías de Brahms (V): la naturalidad del joven Giulini

Este ciclo editado por EMI no es exactamente tal. Las Variaciones Haydn se grabaron, con un sonido que dejaba que desear, en 1961. Las tres primeras sinfonías y la Obertura trágica fueron registradas por el sello británico entre octubre y diciembre de 1962, siempre con una fabulosa Orquesta Philharmonia que ya había grabado la integral bajo la dirección de Otto Klemperer. Pero la Cuarta no llegaría hasta 1968, mientras que al año siguiente Carlo Maria Giulini volvía a repetir la misma obra con una orquesta diferente, la Sinfónica de Chicago.

A pesar de la relativa dispersión los resultados fueron homogéneos y coherentes. Bueno, en realidad fueron mucho más que eso: seguramente el mejor Brahms hasta el momento y, aún hoy, uno de los ciclos discográficos más logrados sobre la materia. Lástima que, salvo la citada Cuarta de Chicago, estos registros se encuentren descatalogados, como también lo están casi todos los que realizó ya en la era digital para Deutsche Grammophon, aún más bellos y geniales que estos que ahora comentamos.

¿Cuál es el secreto de este primer Brahms de Giulini? Pues seguramente su naturalidad: la música fluye con una lógica pasmosa sin bache alguno en el discurso combinando de manera admirable elegancia sin amaneramientos, calidez en el fraseo y sinceridad expresiva, todo ello con una cantabilidad digamos “italiana” que, combinada al cincuenta por ciento con la imprescindible dosis de “brumas germánicas”, ofrecen un equilibro ideal para esta música.

Ni que decir tiene que aquí no encontramos tirones de tempo a lo Furtwängler (enlace), ni latigazos a lo Toscanini (enlace) ni sonoridades graníticas a lo Klemperer (enlace), como tampoco esa extrovertida luminosidad un tanto superficial de Bruno Walter (enlace). ¿Significa esto que se trata de un Brahms menos personal? Pues no exactamente: la impresión que da es que este Brahms es más auténtico que los de los directores citados, tal es el grado de identificación que el aún joven maestro italiano, por entonces más vinculado al foso operístico que al repertorio sinfónico, alcanza con el autor del Réquiem alemán.

No hace falta decir que Giulini evita en todo momento deleitarse en la mera belleza sonora, pero que al mismo tiempo no deja de trabajar a fondo con la Philharmonia para obtener ese peculiar sonido tan difícil de conseguir, oscuro y aterciopelado, que hoy inevitablemente asociamos con el autor. La comparación con los ciclos de Toscanini y Klemperer deja bien claro que el de Barletta, contando con una técnica no inferior a la de los citados, hace que la agrupación londinense se amolde con mucha mayor fortuna que aquéllos al peculiar universo sonoro brahmsiano.

En cualquier caso, y siendo en todo momento un ciclo de alto nivel, no podemos dejar de revelar algunos altibajos. De hecho es una relativa decepción la Primera Sinfonía, no en balde la página que menos extraordinariamente bien haría Giulini a lo largo de su carrera. Esta notable interpretación de 1962 resulta muy sincera y va directa al mensaje, pero le falta un poco más de de tensión interna y de imaginación en comparación con lo que más tarde haría el propio Giulini con la Filarmónica de los Ángeles, con la Filarmónica de Viena o con nuestra JONDE.

No hay reparo alguno ante esta cálida Segunda, pues aunque ciertamente sus dos registros posteriores (Los Ángeles y Viena)son aún más emocionantes, aquí ya Giulini alcanza el punto exacto entre dramatismo y vuelo lírico, entre belleza sonora y contenido expresivo, entre extroversión e introversión. Una maravilla.


La Tercera vuelve a ser una lectura de extraordinaria naturalidad y sinceridad expresiva que va al grano sin detenerse en ningún tipo de devaneo. Siendo sin lugar a dudas genial el primer movimiento y manteniéndose casi al mismo nivel el segundo, el Poco Allegretto queda muy por debajo del mucho más efusivo y conmovedor que más tarde haría con una milagrosa Filarmónica de Viena; al Allegro final, en todo caso espléndido, le faltan el arrebato y el poso siniestro de la referida versión.

La Cuarta con la New Philharmonia (recordemos que tras la ruptura con Walter Legge la formación británica había adquirido este otro nombre) es una versión admirablemente ortodoxa que sabe aunar poesía íntima y rebeldía sin caer ni en el preciosismo ni en el desmelene, si bien el tercer movimiento parece más lento de lo que pide el conjunto, que tampoco es precisamente rápido. Magnífica lectura, en cualquier caso, que palidece ante la que el propio Giulini grabó solo un año después con la portentosa Sinfónica de Chicago para la propia EMI.

Reeditada recientemente en la serie Great Recordings of the Century (y en una caja cuádruple dedicada a Giulini), es esta última una poderosísima interpretación, llena de fuerza interior, dramatismo y rebeldía, que en conjunto va de menos a más, culminando en un Allegro energico e passionato de una fuerza y sinceridad arrolladoras. Puede que se eche de menos el punto de melancolía otoñal, de esencialidad y de creatividad de su posterior interpretación con la Filarmónica de Viena para DG, pero ésta no es menos genial que aquélla y ofrece un punto de vista complementario e igualmente acertado.


La caja de EMI con las grabaciones londinenses se completa con unas magníficas Variaciones Haydn, de las que ofrece una versión paradójicamente tan ortodoxa como personal, muy sincera y poética, no especialmente brillante pero sí equilibrada, y con una Obertura trágica bastante menos interesante, pues manteniendo la sobriedad y estando magníficamente trazada, ofreciendo incluso algunos momentos espléndidos, en conjunto resulta algo impersonal y falta de magia. Sea como fuere, si se produjese la esperada reedición la compra sería absolutamente recomendable. Y con respecto a la Cuarta de Chicago, que sí se puede encontrar hoy en cualquier tienda, la cosa está clara: disco imprescindible en la discoteca de cualquier aficionado a la música sinfónica.

martes, 24 de marzo de 2009

El folclore según Béla Bartók y Ahmed Adnan Saygun

Bartok_Saygun

BARTÓK: Sonata para violín y piano nº 2. Rapsodia para violín y piano nº 1. ADNAN SAYGUN: Suite nº 3. Sonata op. 20.
Tim Vogler, violín. Jascha Nemtov, piano.
Hänssler PH09001
CD 70’
DDD
Gaudisc
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A S

En octubre de 1938 Béla Bartók viajó hasta Estambul con el propósito de conocer al joven compositor turco Ahmed Adnan Saygun (1907-1991). Con él tendría la oportunidad de viajar por la península de Anatolia para recopilar la música popular de la región, más húngara y menos persa de lo que en un principio el autor de El mandarín maravilloso había pensado.

Partiendo de esta colaboración, no muy diferente de la que el propio Bartók había mantenido con Kodály, se nos ofrece este disco en el que podemos escuchar sendas piezas para violín y piano, llenas de referencias folclóricas, de cada uno de los compositores. Las de Bartók, no hace falta decirlo, son magníficas. Las de Adnan Saygun no llegan a semejante altura, pero aun así merece la pena una escucha atenta tanto de la Sonata op. 20, escrita en 1941, que conoce en este soberbiamente grabado compacto su primer registro mundial, como de la espléndida Suite nº 3, ya de 1956. Ahora bien, que las piezas de ambos posean numerosos elementos en común no debe interpretarse como la influencia de un genio sobre un compositor menor, sino como el ofrecimiento de una respuesta parecida ante unos planteamientos estéticos similares.

El violín de Tim Vogler alcanza un admirable punto de equilibro entre tensión, rusticidad, vuelo lirico y sentido atmosférico.

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Artículo publicado en el número de febrero de 2009 de la revista Ritmo.

PS. En casos como este lo apropiado es hablar de la música, pero no por ello se puede obviar la excelencia de las interpretaciones. La toma sonora es fabulosa.

lunes, 23 de marzo de 2009

La Fanciulla en Sevilla: de lo mejor del Maestranza

He visto casi todas las producciones líricas que se han ofrecido en el Maestranza desde su inauguración en 1991, exceptuando la Tosca con Domingo, la Favorita con Kraus, el Nabucco, el doblete Cavalleria/Pagliacci y alguna otra cosa que se me escapa. Pues bien, esta Fanciulla del West con doble reparto (tres funciones con Baird/Berti/Sgura y otras tantas con Dessì, Armiliato y Carroli) me ha parecido de lo mejor que se ha visto en el teatro sevillano en lo que al campo operístico se refiere. Una pena que aún queden entradas por vender, porque el espectáculo que se ha visto es, pese a algunos reparos vocales, un homenaje a lo que debe ser la ópera: un conjunto de buenas voces, una inspirada batuta y una propuesta escénica en condiciones al servicio única y exclusivamente de las ideas musicales y dramáticas del compositor, mas no del exhibicionismo gratuito de los músicos o de las originalidades del regista. Vayamos por partes.

La escena

Quien conozca el DVD del Metropolitan editado por Deutsche Grammophon (Daniels, Domingo, Milnes, Slatkin) ya sabe de qué va la cosa, porque esta producción de Gian Carlo del Monaco es virtualmente idéntica a la que realizó para el teatro norteamericano. ¿Tradicional? Desde luego. ¿Realista? Sí, si entendemos el adjetivo desde el punto de vista teatral. Pero lo que no resulta en absoluto esta propuesta es rancia, adocenada o convencional, porque son muchísimos los elementos dramáticos que el regista aporta para perfilar mejor personajes y situaciones. Y es que las propuestas no se dividen entre “antiguas” o “modernas”, sino entre sensatas o insensatas: los Cuentos de Hoffmann que Del Monaco ofreció hace unos años también en el Maestranza era “raros” pero igualmente maravillosos.

Ni que decir tiene que la iconografía propia del western cinematográfico presidía la realización visual, soberanamente realizada. La escenografía y el vestuario, a cargo del propio director italiano, eran espectaculares. La iluminación de Wolfgang von Zoubk ofrecía una gran belleza plástica y estuvo utilizada con sentido dramático. La dirección de actores fue buena. Y, por encima de todo, los movimientos de masas -coro más figurantes- alcanzaron un detallismo de realización que pocas veces he visto resuelto en directo con semejante éxito. Total, una maravilla salvo para los pedantes que piensan que lo “comprometido” es provocar al personal con disparates varios a la manera de Bieito y demás desvergonzados con talento.

El foso

Sigo pensando que la mejor orquesta española de foso en la actualidad es la del Palau Les Arts, pero la Sinfónica de Sevilla estuvo en estas funciones muy, pero que muy cerca: la cuerda sonó con bellísimo terciopelo, la madera se mostró muy empastada y los metales, flojos en otras ocasiones, realizaron una formidable labor. Pocas veces, o nunca, he escuchado a la ROSS sonar así de bien en ópera, mérito sin duda tanto de los propios músicos que la integran como de su actual titular.

Semejante exhibición técnica vuelve a dejar claro que eso de que Pedro Halffter no sabe dirigir una orquesta no es más que un embuste. ¿Hace falta insistir en que la labor directorial de este señor hay que juzgarla por sí misma y no por quién es su padre, por quién le puso al frente del Maestranza, por el repertorio que le gusta programar, por el color de su pelo, por el número de zapato que calza o por el signo de su horóscopo? Me parece que sí, que hay que repetirlo, porque no hay peor sordo que quien no quiere escuchar.

Por mi parte, al igual que cuando lo he creído oportuno lo he puesto a caer de un burro, no dudo ahora a la hora de afirmar -ya estoy escuchando las risas- que su trabajo ha sido formidable no sólo en el ya citado aspecto técnico, sino también en el expresivo: la elegante sensualidad de su fraseo, el apropiado legato de su batuta, la minuciosa matización de la gama dinámica, el bien sostenido pulso dramático de cada uno de los actos, el vuelo poético de los pasajes más emotivos y la adecuada atmósfera turbulenta, gótica incluso, que supo extraer de la partitura, hicieron que su labor elevara esta Fanciulla (aquí la batuta es más importante que las voces) a un altísimo nivel musical. Un poco más de imaginación y garra dramática en el segundo acto, y su dirección podría considerarse de referencia. Así de claro.

El coro

Se merecen un punto y aparte: el Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza (su sección masculina) firmó su mejor actuación hasta momento en un título, además, bastante comprometedor. Parece que hay tensiones con su director, Julio Gergely, pero desde el punto de vista técnico su trabajo conjunto está siendo admirable. Reforzaban su labor miembros del Coro Intermezzo. Mérito adicional para todos ha sido cantar cumpliendo las minuciosas instrucciones escénicas de Del Monaco: también en este sentido su actuación resultó formidable. Ellos son en gran medida responsables del fenomenal éxito de esta Fanciulla.

Las voces

Janice Baird hizo en el Maestranza una magnífica Elektra y una digna Brünnhilde. Ahora no le ha ido tan bien: con un grave muy pobre y un centro sin cuerpo, sólo encuentra desahogo en un agudo más poderoso que bien timbrado. Sin embargo es joven, guapa y buena actriz, y comprende el personaje mucho mejor que una Daniela Dessì que entiende a Minnie de una manera ingenua que no casa bien con su imagen de señora madura. Ahora bien, la soprano italiana se pone muy por encima de la norteamericana en el plano musical, pues a pesar de que su buen instrumento de lírica pura anda algo sobrado de vibraciones, su línea genuinamente italiana, su excelente técnica y la cálida emoción con la que canta le hicieron ser muy convincente.

Un físico no muy agraciado y unas dotes de actor más bien escasas le hicieron flaco favor a Marco Berti en su encarnación del bandido, en cualquier caso correcta en lo vocal e incluso a ratos brillante merced a un registro agudo poderoso, seguro y de gran luminosidad. El agudo de Fabio Armilato no es ni mucho menos tan interesante, pero su instrumento es más homogéneo y su desenvoltura escénica muchísimo mayor; sin poseer la calidez ni la sinceridad de un Plácido Domingo, su Dick Johnson fue my notable.

El joven Claudio Sgura posee un buen instrumento canoro y procura cantar con intención, aunque en la escena crucial de la partida de cartas podía haber matizado tanto como frente a él lo hizo Janice Baird. El veteranísimo Silvano Carroli ofrecía en el video del Covent Garden de 1982 (la correcta producción de Faggioni que inicialmente estaba prevista para Sevilla) un Jack Rance engolado y tosco. Ahora, tras encarnar cientos de veces al sheriff, ha hecho lo mismo… con veintiséis años más a sus espaldas. De nada le sirvió oscurecer artificialmente su -eso sí- poderosa voz, porque tanto en lo canoro como en lo escénico su interpretación fue el colmo de la vulgaridad. Por si fuera poco se saltó una importante indicación escénica: en lugar de amenazar a Dick Johnson tras la partida de cartas mientras Minnie grita aquello de “È mio!” (estupenda aportación de Del Monaco), se limitó a marcharse como está acostumbrado a hacer y dejó a la Dessì con un palmo de narices.

Buenísimo -con alguna excepción que prefiero no decir- el nivel de los comprimarios, abundantes y decisivos esta partitura, sobresaliendo muy especialmente un Vicente Ombuena –Nick, el camarero- que no en balde tiene tras sus espaldas una digna carrera en la que el autor de Gianni Schichi ha desempeñado un papel fundamental. Gran trabajo de equipo.

.. y Puccini.

El compositor ha sido, con toda justicia, el gran triunfador de estas veladas hispalenses (comento las de los días 20 y 21 de marzo). Cierto es que este título no alcanza la inspiración melódica de La bohème, la redondez dramática de Tosca ni la imaginación de Madama Butterfly, pero aun tratándose de una obrar “menor” es una magnífica ópera.

Sigue sin entusiasmar a mucha gente por circunstancias como la dispersión del libreto o -y esto no es un defecto en modo alguno- la casi total falta de arias, pero una batuta en condiciones -como la que ha habido en Sevilla- es capaz de desvelar que el núcleo musical de la obra se encuentra en la orquesta y tiene muchísimas cosas que aportar desde el punto de vista dramático. Que la partitura nos fascine a los amantes de la música cinematográfica no es casualidad.

La belleza melódica de La fanciulla del West, por lo demás, resulta innegable, aunque de nuevo hay que buscarla mucho antes en el foso que en las voces: tan hermosísimos son los leitmotivs asociados a Minnie y al baile entre ambos que es difícil contener las lágrimas cuando lo que se ve en escena está a la altura. Melodías que rezuman italianidad por los cuatro costados, aunque estén dentro de una de las partituras más avanzada de su autor.

Para finalizar, no es difícil suscribir la afirmación de José Luis Téllez según la cual (cito sus notas al programa) la partida de cartas es “una de la más intensas escenas de todo el operismo”. ¡Qué música! Total, doble triunfo para Sevilla: haber devuelto a España una ópera muchísimo más interesante de lo que algunos creen, y haberlo hecho en condiciones difícilmente superables hoy por hoy para cualquier teatro de primera.


PD. Aquí se puede encontrar un excelente comentario con fotos de la producción (enlace) y aquí todas las críticas que han aparecido hasta el momento (enlace). Eso por si alguien le quedan ganas aún de leer después de esta soporifera parrafada mía...

jueves, 19 de marzo de 2009

Dos Toscas en DVD: Sinopoli-Zeffirelli y Chailly-Lehnhoff

Como hace unos días hablé de la aparición en DVD de la Tosca “en los lugares y horas de la acción” de 1992 con Mehta, Malfitano, Domingo y Raimondi (enlace), me parece oportuno realizar una comparación entre otras dos filmaciones que he visto recientemente. Una, la del Metropolitan de Nueva York de 1985 editada por Deutsche Grammophon bajo la dirección de Sinopoli y Zeffirelli. La otra, la original producción escénica de Nikolaus Lehnhoff para la Opera de Holanda que contó en el foso nada menos que con la Orquesta del Concertgebouw y Ricardo Chailly; filmada en 1998, ha sido editada no hace mucho por el sello Decca.

Tosca_DVD_SinopoliLas dos puestas en escena me parecen magníficas. La del Met responde plenamente a los gustos del teatro neoyorkino y, obviamente, de Zefirelli: espectacularidad, naturalismo y minuciosidad a partes iguales. Claro que lo que en otras ocasiones termina lastrado los resultados artísticos aquí funciona de maravilla, en parte porque Zefirelli está más contenido que de costumbre y porque comprende plenamente los resortes de este drama, en parte porque a Tosca, página “teatral” como ella sola, le sienta bastante bien semejante desmelene.

Lo de Lehnhoff es otra cosa. Ni sensualidad italiana, ni grandiosidad barroca ni nada de nada. La acción es intemporal. La escenografía, extremadamente opresiva. Los diferentes escenarios son, en palabras del director, trampas mortales de las que no hay salida. El vestuario, bastante feo y de corte sado-maso, contribuye a acentuar la atmósfera gótica y siniestra. Scarpia es una especie de Mefistófeles y en el Te Deum, espectacular, parece que se huele el azufre. ¿Discutible? Muchísimo. Pero uno termina entrando en el juego, sobre todo porque la propuesta está plagada de detalles de extraordinaria inteligencia y la dirección de actores, no hace falta decirlo, es perfecta.Tosca_DVD_Chailly

Decepciona la dirección de Sinopoli, pues aunque el maestro veneciano despliega aquí una admirable teatralidad y hace gala de esa riquísima gama de colores a la que nos tiene acostumbrados, su habitual nervio resulta en esta ocasión excesivo y tanta crispación perjudica los resultados, especialmente durante el primer acto, llegando incluso a haber momento brutales y atropellados. La Orquesta del MET parecía estar en baja forma. Todo lo contrario que la del Concertgebouw, claro, dirigida por un Chailly seguramente no genial, pero siempre ortodoxo, brillante, emotivo y, al contrario que su colega, desplegando una gran cantabilidad; ofrece además algunos detalles creativos de gran interés.

En 1985 Hildegard Behrens estaba ya fatal de voz, hasta el punto de que se hace insufrible escucharla en el primer acto; ahora bien, su electricidad, garra y apasionamiento del duelo con Scarpia son sensacionales y por ello merece la pena atender a su recreación. Catherine Malfitano tiene problemas en el grave y, obviamente, se encuentra peor de voz que en su citado registro con Domingo seis años atrás, pero ofrece una interpretación de gran intensidad ; soberbia actriz, se muestra aquí más controlada que en otras ocasiones y ofrece, en su visión temperamental y enajenada del personaje, una recreación de alto voltaje.

Domingo está arrollador, muy entregado y sincero, perfecto en el estilo, vocalmente pletórico y, como siempre, mucho más atento a la verdad dramática del personaje que al exhibicionismo canoro. Al lado de tan portentosa recreación de Cavaradossi (mucho mejor que la del 92, claro), poco tiene que hacer, en la producción holandesa, un Richard Margison de bella y adecuada voz, solvente técnica y buenos agudos, pero plano y sin morbidez en la línea de canto.


Ya muy mayor y algo primario, aunque con autoridad, el gran Cornell MacNeil en el Met. Interesa más el Scarpia de Bryn Terfel, cuya voz de primerísima calidad se encuentra, esta vez sí, lo suficientemente aprovechada por un artista que en tantas ocasiones tiende a la vulgaridad; desde luego aún podría ofrecer más matices canoros en su recreación, pero su talento escénico resulta impagable.

En Nueva York se muestran solvente el Angelotti de James Cortney, mediocre el sacristán de Italo Tajo y sobresaliente el Spoletta de Anthony Laciura. En Amsterdam destaca el magnífico Angelotti de Mario Luperi por su capacidad para matizar dramáticamente sus frases. ¿Conclusión? Si la Behrens no estuviera tan mal de voz, el DVD del Met sería imprescindible. El de la Nederlandse Opera no en en absoluto para todos los paladares, pero merece la pena para disfrutar de una recreación orquestal de primerísimo orden y para dejarse fascinan por una propuesta escénica muy diferente a lo que estamos acostumbrados.

martes, 17 de marzo de 2009

Brillante temporada para el Real, si no fuera por López Cobos

Acaba de presentarse la temporada 2009/2010 del teatro madrileño (enlace). Como ahora todo el mundo dará su opinión, yo también quiero dejar la mía: he aquí la demostración de cómo se puede ofrecer relativa variedad de contenidos y diversidad de estilos sin necesidad de Mortiers y similares, pero también de cómo elencos vocales de alto nivel pueden verse ensombrecidos por la aplastante mediocridad de la batuta de la casa, un López Cobos cuya calidad artística está muy por debajo de las disparatadas sumas que cobra por sus diferentes ocupaciones en el Real. Dejo aquí unas notas a vuelapluma.

Lulu: una obra maestra absoluta que por fin llega al Real, y lo hace con la baza de contar con la batuta analítica del veterano Inbal. Se ofrece, sensatamente, la versión en tres actos. Encima, el morbo de ver a la Larmore como la condesa. ¡Bravo! Esperemos que las dos protagonistas estén a la altura.

La vera costanza: no conozco la obra, pero a falta de Mozart en esta temporada muy bienvenido sea ese genio maravilloso que fue F. J. Haydn. Gran idea la de reunir un elenco de voces jóvenes. Pero la orquesta estaría muchísimo mejor en manos de Lorenzo Ramos que de su padre, Jesús López Cobos.

Italiana en Argel: estupendos elencos para este título delicoso, y muy prometedora sobre el papel la producción de Joan Font, pero... ahí está el maestro del aburrimiento en el foso. Al menos esta vez al genial Chausson le han dado primer reparto (¡qué feo estuvo lo del Barbero por parte de Sagi!).

Jenufa: la presencia de Anja Silja como la kostelnicka (segundo reparto, en el primero está la Polaski) anima a acudir a todas las funciones del título. Para babear. El resto promete.

Holandés errante: dirige el de Toro, así que mejor corramos un tupido velo. Me alegra, no obstante, que le hayan hecho un hueco a Elisabete Matos.

Andrea Chénier: otro título que se echaba de menos, con las lujosísimas presencias de M. Álvarez/Cedolins y Armiliato/Dessí. Para disfrutar a tope, si es que Víctor Pablo dirige bien y Marco Vratogna (¿por qué han vuelto a contratar a este hombre?) no mete mucho la pata.

L’arbore di Diana: no está mal que recuperen este título, aunque ponerle a Dantone una orquesta como la Sinfónica de Madrid es de juzgado de guardia.

Salomé: ya iba siendo hora de que llegara al Real, pero la presencia del musicalmente “mojigato” López Cobos no hace augurar nada bueno. Estimula más lo de Robert Carsen.

Il viaggio a Reims: no importa nada que se recupere esta producción tratándose de un título tan maravilloso. De nuevo, gran idea la de hacerlo con jóvenes cantantes.

La ciudad muerta: una ópera preciosa -salvo para quienes detestan a Korngold- en una producción muy aplaudida, con un buen elenco y una batuta adecuada, la de Pinchas Steinberg. Si las voces lo hacen bien, cosa que está por ver, será una maravilla.

L’incoronazione di Poppea: había que cerrar la trilogía. En la primera entrega Pizzi y Christie no estuvieron a la altura del genio monteverdiano. Ahora bien, gran atractivo escuchar a Jaroussky como Nerone.

Simon Boccanegra: morbo a tope, posibles cancelaciones aparte, por las dobles parejas de Álvarez/Mula y Domingo/Gheorghiu. ¡Y qué ópera! Ojalá que para esas fechas López Cobos se haya jubilado anticipadamente.

A todo esto hay que sumar varios títulos en versión concierto, sobresaliendo -por su tirón popular- Norma con la Urmana y Puritani con Flórez, aunque Theodora y Agrippina no son moco de pavo. Fleming, Bartoli, Damrau, Gruberova, Ciofi y Nucci para recitales: convencerán unos más y otros menos, pero el taquillazo está asegurado. Un lujo la presencia del Nederlands Dans Theater. Y muchas más cosas. Total, una temporada que podría ser brillante si muchos de los títulos tuvieran una batuta menos gris que la del que aún sigue siendo (costosísimo) director musical del Teatro Real.

lunes, 16 de marzo de 2009

Giordano en Siberia

GIORDANO: Siberia.
Scaini, Lee, Vitelli, Tufano. Coro de cámara de Bratislava, Orquesta Internacional de Italia. Dir: Manlio Benzi.
Dynamic, CDS 444/1-2
2 CDs. 97’24’’
DDD
Diverdi
**Giordano_Siberia Estrenada en La Scala en 1903, Siberia alcanzó una notable aceptación entre críticos y colegas de Giordano para después verse condenada al olvido. No es de extrañar: la inspiración melódica de que su autor hace gala en sus más afamados títulos brilla aquí por su ausencia. Sin embargo, es de justicia destacar un conciso y bien trabado libreto de Illica -parcialmente inspirado en Dostoievski y Tolstoi- de corte puramente verista, una espléndida orquestación y, sobre todo, un atmosférico y atractivo tratamiento coral en el que se hace un interesante uso de las tradiciones eslavas.

La presente versión, una discreta toma en vivo llena de ruidos escénicos realizada en el Festival de Martina Franca del pasado verano, es de las pocas disponibles en compacto. La solvente e inspirada batuta de Manlio Benzi obtiene un relativamente satisfactorio rendimiento de una mediocre orquesta y de un estimable coro, mientras que el joven y voluntarioso elenco vocal no pasa de lo aceptable.

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Artículo publicado en el número de julio de 2004 de la revista Ritmo.

domingo, 15 de marzo de 2009

Discografía de las sinfonías de Brahms (IV): Bruno Walter, sin brumas.

Aparte de diferentes tomas radiofónicas de calidad sonora presumiblemente discreta, existen dos registros en estudio de las sinfonías brahmsianas a cargo del mítico Bruno Walter: el de la Filarmónica de Nueva York, grabado entre 1951 y 1953 y disponible hoy a buen precio, y el mucho más conocido de la Sinfónica de Columbia, que se registró entre 1959 y 1960 con notable sonido estereofónico, del que aún se pueden encontrar algunas copias en la edición presentada hace años por Sony Classical. De este último es del que voy a hablar.

Walter_Brahms

Para mí escuchar este ciclo fue un verdadero chasco. No porque sea malo, que no lo es, sino porque tanta es su fama que esperaba algo más. ¿Qué falla? Dos elementos, a mi modo de ver. Uno, la calidad de la orquesta: por mucho que la Columbia Symphony de estas grabaciones fuera un conjunto de músicos específicamente seleccionados de entre los disponibles en la costa oeste norteamericana por el octogenario Walter para volver a grabar, en el novedoso sistema estereofónico y con las mejores condiciones artísticas posibles, su repertorio “de toda vida” (Mozart, Beethoven, Mahler, etc), los resultados dejaron que desear, tal vez debido a que muchos de estos instrumentistas no estaban acostumbrados a trabajar en formaciones sinfónicas.

El otro elemento que falla es el propio Walter. Ya sabemos que su concepción de la música es con frecuencia apolínea y luminosa. Eso en sí mismo no es absoluto reprochable. Ahora bien, la música de este compositor necesita un sonido muy particular, oscuro y denso, que habitualmente se suele calificar de “brumoso”, que el director berlinés dista de conseguir. Logra, eso sí, una irreprochable transparencia, pero este Brahms no suena a Brahms. En lo expresivo, además, la batuta evidencia importantes desigualdades.

Así, de la Primera Walter ofrece una lectura muy ortodoxa y bien encaminada, pero falta de inspiración elevada y, a la postre, más bien prosaica. Muchísimo mejor la Segunda, que siendo antes extravertida y brillante que otra cosa, ofrece un adagio especialmente dramático; siendo intenso el cuarto movimiento, en los impares se echa de menos una mayor dosis de magia y poesía.

De la Tercera Walter no parece tener una idea clara, ofreciendo una lectura tan vistosa como superficial: faltan humanismo, poesía, ternura... y también carácter siniestro. De la Cuarta realiza una interpretación no menos brillante, pero de nuevo sin elevación poética; las tensiones no están del todo bien planificadas, lo que conduce a unos clímax en los que se echa de menos mayor desgarro.

Magníficas las Variaciones Haydn, en interpretación comunicativa antes que intimista o lírica; la batuta no se muestra muy refinada, pero tanto entusiasmo y naturalidad terminan convenciendo. De nuevo excelente la Obertura trágica, siempre en una línea extrovertida e -insistimos- con pocas brumas. La Académica resulta muy alegre, vistosa y adecuadamente festiva, pero parca en vuelo poético, además de algo tosca en lo sonoro y un tanto “pueblerina”. ¿Un Brahms a conocer? A mi modo de ver, y con lo que ha llovido desde entonces (Giulini, Barbirolli, Böhm, Haitink, Solti, Bernstein, Sanderling), me parece que no, lo cual, dicho así, debe de ser motivo de excomunión. Por lo menos.

sábado, 14 de marzo de 2009

La Octava de Shostakovich por Jansons

SHOSTAKOVICH: Sinfonía nº 8.
Orquesta Sinfónica de Pittsburg. Dir: Mariss Jansons.
EMI 57176
DDD
EMI-Hispavox
**
En los doce minutos de ensayos incluidos en este compacto, el único que ha realizado con la orquesta de la que es titular desde 1997 -y que ha tenido que hacer un importante esfuerzo económico para que se efectuara la grabación-, Jansons ofrece tan lúcidas y entusiastas reflexiones sobre la Octava de Shostakovich que esperaba encontrarme una memorable lectura. Sin embargo, este es el disco que menos me ha gustado de los seis que he tenido la oportunidad de escucharle dirigiendo a este compositor con el que, se dice, presenta una gran afinidad.

La versión, en vivo y con toma de sonido mejorable, no está bien trazada: el pulso es irregular, no se establecen tensiones internas, y a los clímax, faltos de fuerza y rabia, se llega sin suficiente preparación. Se echa de menos una mayor claridad, y la orquesta, que cuenta con algunos solistas espléndidos, no está a la altura de las grandes que han grabado esta muy exigente página. Por lo demás, la interpretación resulta bastante descafeinada y exhibe ciertos detalles de blandura.

Con la modélica grabación de Haitink recién pasada a la baratísima serie Eloquence, este disco sólo sirve para que Jansons avance un paso más en su irregular integral.
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Artículo publicado en el número de octubre de 2002 de la revista Ritmo.

PS. Se me había olvidado colgar este artículo, el primero que realicé en Ritmo sobre el Shostakovich de Jansons. Lo hago ahora. Cuando volví a escuchar la grabación para comentar la integral me pareció que los movimientos segundo y tercero estaban bastante logrados, y que además, al contrario que otras veces, Jansons no optaba por limar las aristas tímbricas. Aun así, en conjunto la interpretación me siguió resultando bastante mediocre, por blanda y deslavazada. Sigo sin comprender por qué tantos críticos (unos muy serios y otros bastante menos) la pusieron por las nubes. Quizá se deba a que no tengo ni la más pajolera idea de lo que escucho, aunque tal vez la explicación sea otra….

viernes, 13 de marzo de 2009

Las sinfonías de Shostakovich por Jansons: un enfoque “posmoderno”

SHOSTAKOVICH: Sinfonías 1-15. Suite de El tábano. Suites de jazz. Tahiti Trot.
Gogolewskaja, Aleksashkin. Coro y Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara. Orquesta Filarmónica de Berlín. Orquesta Filarmónica de Londres, Orquesta Filarmónica de Oslo, Orquesta Filarmónica de San Petersburgo (Leningrado), Orquesta de Filadelfia, Orquesta Sinfónica de Pittsburg, Orquesta Filarmónica de Viena. Dir: Mariss Jansons.
EMI 3 65300 2
720’03’’
DDD
EMI-Hispavox
***

Shostakovich_Jansons

Nada menos que diecisiete años y ocho orquestas distintas le han hecho falta a Mariss Jansons para completar su integral de las sinfonías del autor de La nariz. Es el suyo un Shostakovich digamos “posmoderno”, que ha superado ya los complejos y traumas de la era de la Perestroika, que es ajeno a buscar mensajes ocultos políticamente contestatarios o a subrayar angustiosas obsesiones en torno a la presencia de la Muerte, y que mira de reojo no tanto al futuro como al pasado, y más concretamente a Tchaikovsky.

Jansons realiza lecturas poco o nada cerebrales que desprenden espontaneidad, frescura e inmediatez, de sonoridad más “romántica” que “expresionista”, en las que apuesta por los grandes contrastes sonoros, insiste en primar los aspectos líricos y épicos sobre los dramáticos y permanece al margen de elucubraciones políticas y existenciales.

Obviamente semejante enfoque para un autor tan complejo y poliédrico como Shostakovich no funciona por igual en todas las partituras, y si a eso añadimos que el director letón no siempre muestra el mismo entusiasmo a la hora de volcarse en el contenido expresivo, como tampoco en cuestiones técnicas tales como la planificación horizontal o la claridad de texturas, el resultado es un ciclo profundamente desigual.

Otorgaríamos nuestro sobresaliente para una Séptima y Undécima a las que les falta la genialidad de -respectivamente- Bernstein o Rostropovich, pero expuestas con contagioso entusiasmo y apabullante brillantez, y un notable alto para unas Cuarta y Quinta sin muchas aristas ni dobleces, pero emocionantes.

Notable a secas para Primera y Novena, vistosas y con un acertado sentido del humor y la ironía, pero por momentos un tanto precipitadas y superficiales; la misma nota para una interesante Segunda que pierde por un final algo domesticado, y para una Decimotercera dicha con entusiasmo por batuta y solista pero poco opresiva y más externa que sincera.

Un Bien para la Sexta y Decimoquinta, a las que les falta una idea expresiva clara detrás. Y un aprobado sin más para unas rutinarias y en exceso descafeinadas Tercera, Duodécima y Decimocuarta, y para una deslavazada Octava en la que se alternan pasajes logrados con otros flácidos y sollozantes.

Como estos diez compactos se venden al precio de dos la compra puede merecer la pena, pero que conste que si usted lo que busca es una integral por muy poco dinero ahí está la muy notable de Barshai, menos irregular que ésta y de precio aún más barato.

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Artículo publicado en el número de diciembre de 2006 de la revista Ritmo.

PS. Cuando escribí esta crítica la caja se vendía a un precio irrisorio. A estas alturas la oferta ha terminado, así que la cosa está clara: sólo para fans de Jansons, que tenerlos los tiene.

jueves, 12 de marzo de 2009

Sinfonías 3 y 14 de Shostakovich por Jansons: aburrimiento

SHOSTAKOVICH: Sinfonías 3 y 14.
Gogolewskaja, Aleksashkin. Coro y Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara. Dir: Mariss Jansons.
EMI 3 58830 2
79’22’’
DDD
EMI-Hispavox
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Shostakovich_14_Jansons

Habiendo reservado unas cuantas horas para volver a escuchar otras diversas interpretaciones, la comparación no deja lugar a dudas: estas lecturas con las que Mariss Jansons cierra (¡después de dieciocho años!) su integral Shostakovich quedan bastante lejos del ácido expresionismo de Rozhdestvensky, de la solidez y densidad dramática de un Haitink e incluso de la idiomática solvencia de un Barshai, por no hablar del profundo humanismo de un Rostropovich, quizá el más lúcido recreador de estas dos sinfonías tan diferentes entre sí.

Con el letón todo suena en su sitio, pero su batuta, amén de parca en el sentido del color y de los matices expresivos, tiende a suavizar aristas y a relajar las tensiones sonoras en un vano intento de resultar lírico y emotivo. O quizá sea simple desinterés por su parte, pero en cualquier caso se trata de lecturas tan correctas como aburridas con las que no aporta nada en absoluto. Tampoco lo hacen los solistas de la Decimocuarta, un solvente bajo -más por voz que por penetración dramática- y una discreta soprano mucho menos convincentes que, por ejemplo, la pareja Matilla-Quasthoff de la magnífica versión de Rattle publicada hace muy poco por la propia EMI (enlace).
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Artículo publicado en el número de noviembre de 2006 de la revista Ritmo.

lunes, 9 de marzo de 2009

Jansons aburguesa la revolución de 1917

SHOSTAKOVICH: Sinfonía nº 2 “A Octubre” y Sinfonía nº 12 “El año 1917”. Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara. Dir: Mariss Jansons.
CD EMI 3 35994 2 0
58’19’’
DDD
EMI-Hispavox
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Vengo leyendo en esta revista opiniones sorprendentemente negativas sobre la música de Shostakovich vertidas por algunos de mis más admirados colegas. Pues bien, no estoy en absoluto de acuerdo con ellos, pero tampoco voy a negar la muy escasa calidad de páginas como sus dos sinfonías dedicadas a la revolución de Octubre de 1917, esto es, las Segunda y Decimosegunda de su catálogo. Separadas entre sí por treinta y cuatro años, la primera de ellas consigue aburrir a pesar de su brevedad y de sus interesantes propuestas formales, mientras que la más reciente, ruidosa y deslavazada, no puede ser calificada sino como bodrio monumental.

En todo caso no es mala idea unir las dos en este disco, penúltimo capítulo (ya sólo quedan Tercera y Décimocuarta) en la integral grabada por ese singular y desconcertante músico que es Mariss Jansons, quien da aquí buena cuenta de su manifiesta irregularidad: junto a una Segunda hermosa y sincera que podría ser considerada como una referencia si no fuera porque el coro final le suena más “burgués” que “proletario”, nos tropezamos una Decimosegunda blanda y descafeinada cuya audición resulta verdaderamente interminable. La toma sonora no ayuda en esta ocasión.

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Artículo publicado en el número de febrero de 2006 de la revista Ritmo.

PS. Shostakovich sigue siendo uno de mis compositores favoritos, pero no me duele reconocer que estas dos sinfonías son un coñazo. El irregular ciclo del no menos irregular Jansons, obviamente, ya está terminado. Más adelante subiré la breve crítica que hice del mismo en su conjunto.

domingo, 8 de marzo de 2009

Rattle se pone siniestro: sinfonías 1 y 14 de Shostakovich

SHOSTAKOVICH: Sinfonías 1 y 14.
Mattila, Quasthoff. Orquesta Filarmónica de Berlín. Dir: Sir Simon Rattle.
EMI 3 58077 2
2 CDs 53’59’’ + 32’09’’
DDD
EMI-Hispavox
****
M

Con excepciones tan inesperadas como su rebelde y desgarrador Primero de Brahms con Barenboim, suele Rattle sentirse más a gusto subrayando los aspectos lúdicos, hedonistas y extravertidos de la música antes que los reflexivos y/o dramáticos. De ahí la sorpresa de que en su enfoque de la Primera Sinfonía de Shostakovich -obra redonda escrita a los dieciocho años- deje a un lado su vertiente juvenil, irónica y juguetona para ahondar en ese lado sombrío, fúnebre y pesimista que no deja de apuntar algunas de las constantes de la personalidad del autor en su madurez.

Así resulta además más lógico acoplarla discográficamente (un doble compacto a precio de sencillo) con la terrorífica Decimocuarta, en la que secundado por una voluntariosa Mattila y un vocalmente apabullante Quasthoff, Sir Simon sabe resultar sombrío y dramático sin caer en el desgarro ni perder la compostura británica, resultando una turbadora y sincera recreación más volcada hacia el mundo de Britten que al de Mussorgsky.
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Artículo publicado en el número de octubre de 2006 de la revista Ritmo.

sábado, 7 de marzo de 2009

La Tosca “in the setting and the times of”, por fin en DVD

Pues sí, ya iba siendo hora. Claro que la edición, presentada con gran lujo en una gruesa caja de cartón y ofrecida por un precio bastante razonable (me costó unos 22 euros en un “Ricordi” de Roma), parece enfocada tan solo para el mercado italiano, pues es el idioma de Dante el único que aparece en el precioso librito de cuarenta y cuatro páginas encuadernado en tapa dura que acompaña el producto.

Tosca_Mehta_DVD

Pero bueno, al menos ya tenemos en este formato la Tosca que dio tanto que hablar allá por 1992 cuando el productor Andrea Andermann se decidió a ofrecer la ópera de Puccini en directo utilizando no sólo los lugares de la acción (con la orquesta en estudio, claro), sino también rodando a las horas del día correspondiente: la monumental iglesia barroca de San Andrea della Valle al mediodía, el renacentista Palazzo Farnese a la hora de la cena y la azotea del Castel Sant’Angelo al amanecer. Giuseppe Patroni Griffi sería el director de una filmación retransmitida “live” a ciento siete países (España no se encontró entre ellos) y posteriormente editada en VHS y Laser Disc.

La idea estuvo muy bien realizada si tenemos en cuenta las dificultades logísticas que entraña el asunto: la planificación cinematográfica se había de atener a las posibilidades de encuadre que ofrecía el espacio con que contaban las cámaras, y por ello en muchos momentos lo que se ve y lo que se oye no terminan de encajar. Aun así, los resultados son dignos, a ratos de un extraordinario atractivo dada la belleza de los escenarios. Ahora bien, el montaje podía haber estado mejor resuelto, pues sin duda la filmación de los ensayos ofrecía a la hora de la edición una cierta flexibilidad que debería haberse aprovechado para algo más que para corregir alguna incidencia, como el famoso batacazo de Domingo.

Se ha beneficiado de un excelente trasvase a DVD -a pesar del grano en los momentos más oscuros- la bellísima fotografía de Vittorio Storaro, quien se recrea en los marcos de la acción sin excederse en el preciosismo y realizado algún que otro hallazgo importante, como el travelling en contrapicado de Scarpia durante el Te Deum, aunque de nuevo aquí el montaje no termina de estar a la altura de la que es una de las más geniales y acongojantes músicas de toda la historia del género operístico.


La dirección teatral es más bien convencional, ofreciendo algunos errores de bulto (¡los soldados leyendo junto a Floria y Cavaradossi el salvoconducto!) junto a algunas aportaciones de gran interés; entre estas últimas sobresale cómo Tosca le ofrece su collar a Scarpia como pago por la vida de su amado, este último se lo vuelve a poner en el cuello (“A donna bella…”) y aprovecha el instante para acariciarla. En cualquier caso, un director más inteligente que Giuseppe Patroni hubiera sacado mayor partido a las diferentes situaciones.

Zubin Mehta, pese a la mediocridad la Orquesta Sinfónica de la RAI de Roma, ofrece una dirección brillante y teatral, de notable sentido del color y magnífico idioma, que podría ser calificada como modélica si no sobrase algún portamento y no se echase en falta un poco más de concentración y creatividad en determinados pasajes.

En cuanto a los cantantes, hay que tener muy en cuenta que debieron de pasarlo muy mal al cantar no sólo a horas intempestivas, sino además escuchando a la orquesta por altavoces y rodeados de cámaras girando continuamente en torno a ellos. No se puede valorar su labor, pues, como la realizada sobre un escenario convencional o en un estudio de grabación. Dicho esto, puntualicemos.

A Catherine Malfitano se le han de poner reparos vocales, pues aunque canta bien no podemos dejar de reconocer una voz de discreta calidad tímbrica, un grave más bien pobre y una gama de recursos no muy amplia. Ahora bien, su recreación del personaje, que debe muchísimo la genial e inigualable de María Callas, es portentosa. Es la suya una Tosca que actúa las veinticuatro horas del día, inocente y al mismo tiempo manipuladora, hecha de pasión, sexo y religiosidad a partes iguales, teatral y apasionada hasta la misma muerte… Su sobreactuación escénica, que quizá debería haber estado un poco más controlada, es consecuente con este planteamiento.

Ese genio de la ópera que es Plácido Domingo (carcajadas aquí de cierto sector de la melomanía) ha hecho Cavaradossis mejores, más cálidos y espontáneos. Y desde luego ha ofrecido de manera mucho más satisfactoria “E lucevan le stelle”, que por cierto canta aquí a las seis de la mañana. Ahora bien, su adecuación vocal, su estilo y -sobre todo- su capacidad para conjugar emoción y buen gusto le hacen ganar por completo la partida. Incluso se le perdona que sea un actor normalito, algo que una narración cinematográfica pone mucho más en relieve que una función teatral.

El que es un actor como la copa de un pino es Ruggero Raimondi, quien sencillamente se merienda aquí a sus colegas: su Scarpia terrible y lascivo es de verdadera antología en lo escénico y notabilísimo -por aquellas fechas, claro- en lo vocal, una faceta en la que, aun siendo más actor que cantante, no olvida en absoluto matizar el personaje; impresionante el “Te Deum”. Muy bueno el Angelotti de Giacomo Prestia.

Esta edición incluye un “making of” de 55 minutos rodado en 2008 que, la verdad, aun estando bien realizado se queda un tanto en la superficie, y además no ofrece testimonio de ninguno de los cantantes. Los subtítulos vienen sólo en italiano, francés e inglés, lo que hace que este DVD, que sería ideal para un primer acercamiento a Tosca, no pueda recomendarse a los melómanos de habla hispana que no conozcan de antemano la ópera. Una verdadera pena, pero menos es nada. ¿Cómo ha estado un producto tan comercial sin salir en DVD hasta ahora? La imagen es 16:9 anamórfica, y el sonido viene en 2.0, 5.1 y DTS. Edita “Rada Film” y distribuye “01 Distribution” (enlace).

viernes, 6 de marzo de 2009

La primera Tosca en los escenarios de la acción: Kabaivanska, Domingo, Bartoletti

Tosca_BartolettiPUCCINI: Tosca.
Kabaivanska, Domingo, Milnes, Luccardi, Ferrara, Mariotti, Grella.
Ambrosians Singers. New Philarmonia Orchestra. Dir: Bruno Bartoletti.
Deutsche Grammophon, 00440 073 4038
DVD. 115’
ADD
Universal
***

No es esta una grabación redonda, pero merece la pena. Por ejemplo, y ya que Teldec no parece dispuesta a sacar en DVD la suya con Malfitano y Domingo, para tener una Tosca filmada en los lugares de la acción. O para recordar cómo el tenor madrileño aún sería capaz de profundizar aún más que en esta ya de por sí magnífica interpretación de 1976. O para descubrir que Sherrill Milnes era en escena igual que en discos, esto es, tan basto como eficaz. O para disfrutar de los hallazgos de un Bartoletti que, todo sea dicho, no alcanzó aquí el nivel de su Manon Lescaut. O para comparar la filmación de Gianfranco de Bosio con la Butterfly de Ponelle que comentamos a la derecha y reparar en que se puede filmar con mayor sentido cinematográfico que el francés pero estar lejos de conseguir su veracidad dramática. Pero sobre todo, para confirmar lo que siempre se ha dicho sobre Raina Kabaivanska: que es imprescindible verla si se quiere comprender en qué consistió este singular fenómeno operístico. No se la pierda.

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Artículo publicado en el número de septiembre de 2005 de la revista Ritmo.

PS. La reseña sobre la Butterfly de Ponelle que se comentó “a la derecha” en las páginas de Ritmo la he colgado en la entrada anterior. En cuanto a la Tosca con Malfitano y Domingo, me congratula anunciar que por fin ha salido en DVD, aunque de momento creo que sólo se distribuye por Italia. De ella hablaré en la próxima entrada.

jueves, 5 de marzo de 2009

La Butterfly de Freni, Domingo y Karajan

Butterfly_KarajanPUCCINI: Madama Butterfly.
Freni, Domingo, Ludwig, Kerns, Sénéchal, Rintzler.
Filarmónica de Viena. Dir: Herbert Von Karajan.
Deutsche Grammophon, 00440 073 4037
DVD. 145’
ADD
Universal
**** R

Con la inestimable ayuda de Mirella Freni y la Filarmónica de Viena, Karajan registraba en enero de 1974 para Decca una Madama Butterfly verdaderamente genial en la que lograba, al igual que la soprano modenesa, la imposible cuadratura del círculo: alcanzar el mayor grado de virtuosismo, refinamiento y belleza sonora sin perder ni un ápice de intensidad y veracidad dramática.

Ocho meses más tarde volvían a la Sofiensaal vienesa para volver a grabar las partes de tenor, sustituyendo a Pavarotti por un Plácido Domingo sin los electrizantes agudos del italiano pero más adecuado en la vertiente escénica, pues precisamente la grabación estaba destinada a servir de soporte para esta película de Jean Pierre Ponelle.

La labor del director francés se resume fácilmente: notable dirección de actores y soberbia propuesta dramática, repleta de extraordinarios hallazgos, ambas recogidas por una filmación cinematográfica tendente a la cursilería y con todos los molestos tics de los años setenta. En todo caso, DVD imprescindible.

Si usted, al igual que yo, no lo adquirió en su primera edición… pues hizo bien: ahora se reedita algo más barato y añadiendo espectacular sonido DTS para gozar en un Home Cinema.

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Artículo publicado en el número de septiembre de 2005 de la revista Ritmo.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Meier será Leonora en Sevilla

Un par de novedades en la agenda de Waltraud Meier, según su propia web oficial (enlace).

La primera, que no cantará La Canción de la Tierra en Granada con Barenboim, pues al final no será esa obra la que clausure el Festival de este año (que se presenta el próximo lunes), sino la Cuarta de Bruckner, según se recoge en la página del director argentino; obras de Mendelssohn, Mahler, Beethoven, Carter y Wagner ocuparán sus otros dos programas en el Carlos V, dicho sea de paso (enlace).

Segunda novedad con respecto a la Meier: será ella finalmente la Leonora del Fidelio que Barenboim ofrecerá en concierto frente a la West-Eastern Divan Orchestra en el Teatro de la Maestranza. Por cierto, parece que cambia la fecha de éste: será el 3 de agosto. Confiemos en que la grandísima mezzo alemana se encuentre en mejores condiciones vocales que en el Strauss que ofreció no hace mucho en el propio Maestranza. Confiemos también en que el público local sepa apreciar el enorme lujo que supone contar en Sevilla, la ciudad de Fidelio, con dos de los mejores intérpretes de la ópera beethoveniana que se han conocido: Waltraud Meier y Daniel Barenboim.

Discografía de las sinfonías de Brahms (III): el inclasificable Klemperer

No hace falta decir que cuando para grabar el soberbio ciclo de sinfonías brahmsianas en el sello EMI Klemperer se puso entre 1956 y 1957 al frente de la Philharmonia, por cierto mucho mejor aprovechada con él que con Toscanini (enlace), los resultados lograron evidenciar la poderosísima personalidad del anciano director alemán: su sonoridad granítica, su marcada sobriedad, la solidísima arquitectura de su trazo y la densidad dramática de su enfoque son inconfundibles. Ahora bien, ¿hasta qué punto es compatible el “antirromanticismo” de Klemperer con elementos tan decisivos en esta música como son el vuelo lírico, la melancolía o la ternura? Gustándome muchísimo el estilo de este director, no lo tengo claro: los resultados me parecen no ya discutibles, sino decididamente irregulares.

Brahms_Klemperer

Las sinfonía que mejor le sale es sin duda la Primera. De ella existía un asombroso documento de 1928 que, aun mostrando en el ultimo movimiento algunas licencias y un entusiasmo desbordado que no deja de sorprender tratándose de quien se trata, nos muestra ya un enfoque mucho antes tenso, dramático y ominoso más que cálido o contemplativo. Claro que este magistral registro de 1957 es muy superior: la fuerza que Klemperer desarrolla en esta construcción, planteada con una solidez insólita, resulta descomunal. La introducción es tremenda, como reveladora es la rebeldía de los clímax del Andante sostenuto. A la introducción al cuarto se le podría sacar más partido, pero luego impresiona la tensión interna sin triunfalismos ni retórica que desarrolla en el resto del movimiento.

Las cosas funcionan bastante menos bien en la Segunda (cuya calidad sonora deja que desear: aun siendo estereofónico, se nota que pertenece a 1956). Y es que aquí la renuncia de Klemperer a no dejar volar las melodías, a no ofrecer concesiones a la ternura ni a dar flexibilidad al fraseo son un serio problema, como lo es también que el último movimiento, aun lleno de fuerza, no resulte todo lo personal ni emocionante que se podría haber sido. En contrapartida la tensión, la sonoridad oscura y al mismo tiempo de gran claridad que obtiene de la portentosa orquesta y, más aún, el enfoque rebelde y dramático del segundo movimiento ofrecen un manifiesto interés.

De la Tercera ofrece una interpretación muy desigual. El primer movimiento, pese a unos remansos no todo lo reposados y misteriosos que deberían ser, deslumbra por su fuerza y, sobre todo, por su genial arquitectura, con una orquestación tan desmenuzada que se descubren muchas cosas nuevas en la escritura. El Andante es amargo y concentrado. El tercero -como era de esperar- resulta muy distanciado, pero al contrario que en muchos otros “experimentos” del director, aquí Klemperer no logra decir cosas nuevas. El cuarto no alcanza toda la fuerza ni toda la personalidad deseables; el final es lento e inquietante, pero más intelectual que emocional.

La Cuarta resulta algo atípica para tratarse de quien se trata, al no ser tan clara y sobria como en él suele y dejarse llevar en algún momento por la emoción y el frenesí; tanto, que hay partes que resultan algo atropelladas. Eso sí, y como era de esperar, Klemperer se mantiene por completo ajeno a la poesía íntima y la espiritualidad, aunque en cualquier caso la interpretación tiene tanta garra que termina triunfando sobre sus carencias.

En cuanto a la Obertura trágica, parece claro que se le puede sacar más partido a los momentos introvertidos, pero la sobria fuerza expresiva y la solidez arquitectónica del director vuelven a ganar la partida. La Académica, directa y sobria, carece tanto de lirismo como de pompa, si bien se halla dotada de un singular sentido del humor, sarcástico y burlón. No podía ser menos tratándose de Klemperer. A sus fans, más que a los que quieran profundizar en Brahms, les gustará ante todo este ciclo, singularísimo y a ratos fascinante, pero desde luego nada recomendable como primer acercamiento a estas partituras.

martes, 3 de marzo de 2009

András Schiff hace Mozart en Roma

De los tres conciertos íntegramente dedicados a Mozart que el gran pianista húngaro ofrece estos días en la Sala Santa Cecilia (enorme y de sensacional acústica) en el Parco della Musica de Roma vi el segundo, el del pasado viernes 27, aprovechando mi estancia en la capital italiana para empaparme del maravilloso barroco que por allí tienen. Por cierto, menuda complicación eso de sacar una entrada desde el extranjero: en España, en esa como en muchas otras cosas, funcionamos bastante mejor.

Pero a lo que voy. Me gusta bastante más el Mozart de un Barenboim, por ejemplo, que el de Schiff. Y sin embargo, el de este último me parece muchísimo más sensato que el del argentino. Tanto, que quizá sea el suyo el Mozart más indiscutible del momento. ¿Por qué? Pues no por estar increíblemente bien tocado (qué pulsación más bella, qué limpieza, qué agilidad, qué uso más sensato de los pedales), sino por lograr ser extremadamente cálido y comunicativo dentro de un enfoque, el del equilibrio, la elegancia y la moderación de las pasiones, que en manos de otros pianistas podría convertirse en superficialidad y aburrimiento.

Obviamente este enfoque marcadamente apolíneo aún da mejores resultados en unas obras que en otras. Por eso, siendo irreprochables sus recreaciones de las Sonatas K. 332 y K. 570, y más que notable la de la Fantasía en re menor K. 397, me quedo con sus ágiles, matizadas y moderadamente contrastadas lecturas de las Doce variaciones K. 500, del Minuetto K. 355/576b, de la Pequeña giga en sol mayor K 574, o de las maravillosas -qué gran idea alternar piezas “mayores” con estas otras- Diez variaciones sobre un tema de Gluck K. 455.  Gran Mozart, grandes interpretaciones. Aplausos entusiastas y propina de Haydn.